Y mientras seguía diciéndole obscenidades, que le ponían como un jamelgo, noté como su lengua repasaba la entrada de mi culo y como apoyaba el glande en mi esfínter esperando la orden de ataque. Me eché un poco hacía atrás, como una gatita en celo para que los primeros centímetros inauguraran aquel pasadizo del pecado.
Nada más entrar cerró la puerta de la tienda, y agarrado a mi espalda, me abrazó por detrás y sobándome el culo a la vez que me arrimaba su paquete, me susurraba al oído, esta noche no vas poder dormir por el placer que te voy dar. Te voy dejar preñado y el culito repleto de leche. Hoy vas a ser mi princesita, y tu papi te va hacer gozar como nunca.
Como veía que no le decía nada y me había quedado quieto, el viejo se iba animando, y ahora me estaba bajando poco a poco el pantalón del chándal. Primero me sacó los huevos y a la vez que me los agarraba, con la otra mano me iba bajando por detrás, para que me quedara el culo al aire.
Me había cogido en sus brazos, y había terminado por meterme toda aquella polla dentro de mi culito. Y luego ver como miraban aquellos 2 jovencitos con aquella cara de asombro y lujuria, al ver como me daba por el culo aquella tremenda polla, que no me extraña que no pudieran aguantar las ganas de volver a pajearse.
¡Dios!, estaba a mil por hora, y caliente a más no poder. Era la primera vez que estaba con un negro, y aquel semental además de joven alto y delgado, era guapo. Lo que tenía miedo era de su polla, no fuese a ser un monstruo de polla y me fuese a romper el culo.
¡Ahhh! ¡Dios! Parecía que estaba clavado en una estaca. Cada vez que me culeaba, me hacía poner de puntillas. Iba despacio y a la vez con su boca me mordía la nuca, y susurraba; que bueno estás, te voy a follar toda la noche. Te voy a llenar el culo de leche hasta dejarte preñado.
Al ratito se fue el doctor, y el chico joven me hizo pasar a una habitación contigua. "Bájate los pantalones y los calzoncillos y túmbate en esa camilla". Yo hice lo que me dijo. Él se puso unos guantes y comenzó a bajarme lentamente el prepucio.
¿Ay! Grité, al sentir una tremenda punzada en mi hoyito. ¡Dios que dolor! Espera espera, le pedí. Aquella punzada que me había dado, hizo que mi polla se desinflara como si quedara sin vida, y el dolor que había sentido, subía por toda mi columna vertebral. El muy hijo de puta, ni siquiera dejó que mi culo se preparara para recibir aquella gruesa polla.
Cada vez que me mordía el cuello y nuca, hacía que se me pusieran los pezones de mis tetillas, duros y excitados, a tope; hasta la polla la tenía ya tiesa y dura de nuevo, y el culito, pedía guerra.
Fue una gran casualidad que me encontrara con Antonio, pensé que nunca lo volvería a ver, cuando lo mire al voltear sentí que mi corazón se me saldría de mi pecho tenia tantas ganas de verlo en persona ,aunque siempre lo hago por las mañanas al mirar su foto y recordar los días en que siempre estábamos juntos…
Cuando accedimos al pequeño claro que quedaba entre aquellos matorrales, la visión que tuvimos fue de campeonato. Allí se encontraba el viejo de pie, sin los pantalones, con aquella tremenda polla, ensartada en la boca del jovencito, que desnudo como dios lo trajo al mundo, se hallaba a cuatro patas, y siendo montado por el perro del viejo.
Viajé mucho tiempo en el tren nocturno del Sureste de México y una noche tuve la gran experiencia de conocer un compañero de compartimento caliente y morboso como yo, con una gran verga y un culo deseoso de ser llenado.
Allí me invitó a 2 cubalibres, que terminaron por colocarme por completo. Cuando vio como me tenía, me dijo que era mejor que nos fuéramos, y así lo hicimos. Me iba llevando hacia su casa, por el camino, se iba aprovechando de mí, metiéndome mano, morreándome, hasta ponerme bien cachondo.
Pasaron unos minutos, y ambos seguíamos en la misma posición, ambos simulando que estábamos meando. Nos mirábamos, pero ninguno se decidía a dar el paso, él me miraba a los ojos, como diciéndome ¿quieres esta verga? Claro que la quería.
Yo por aquel entonces mantenía una relación de varios años ya con una chica, la cual iba a contraer matrimonio conmigo a los pocos meses. El, mi jefe, estaba casado y era padre de una niña, su matrimonio iba viento en popa, es más a veces su esposa venía a buscarlo al trabajo para comer e íbamos los tres juntos.
Me estaba dando por el culo mientras con sus manos se aferraba a mis caderas y con su boca, me besaba la espalda, luego con una de sus manos, me agarraba la polla, haciéndome una suave paja.
Me dio por el culo, me hizo gozar, luego me utilizó. Me decía así mi niño, así, goza. Mira como tienes la pollita, la tienes empalmadita. Mira como te gusta, ves, mira como goza tu culito con el juguetito, mi niño.
Me dio por el culo, me hizo gozar, luego me utilizó. Como vio que dudaba, me echó mano a la cabeza empujándola hacia su polla, me dijo, pruébala, ya verás como te va gustar, verás que bien sabe.
Camilo retiró un poco la presión que ejercía con su miembro sobre el orificio de su amigo, hizo una pausa para tomar fuerzas y sujetando enérgicamente las caderas de Mauricio se lanzó hacia adelante con todo el peso de su cuerpo logrando introducir, de una sola vez, su gran miembro de dieciocho centímetros hasta lo más hondo de la cuevita hasta hacía poco inexplorada.
Rondando la cincuentena estoy rememorando mi primera relación sexual, a los dieciséis, no, en realidad no, para ser justos debo remontarme a los trece, donde inicié el camino que he seguido hasta ahora, y que si bien lo inicie yo solo fue determinante para mi elección.
Eh, dije al darme cuenta mientras giraba la cabeza para ver quien era. Calla, me dijo, mientras con una mano me tiraba de los pantalones y slip, hacia los tobillos.
El era casado... nos conocíamos desde la adolescencia... habían pasado mas de 25 años... El placer de ese encuentro con Antonio hizo reveer su vida... Lo mismo que Ernesto... lo mismo que Fernando... no podía creer que el sexo entre dos hombres fuera esto.
Me fue llevando por la mano hasta donde había un barco pequeño que estaba en reparación, allí me agarró el cinturón y fue desabrochando hasta que consiguió desabrocharlo todo, para empezar a desabotonarme el pantalón, e irlo bajándolo junto al slip.
El aire acondicionado se había roto y tuvimos que abrir la puerta-ventana que daba al balcón para que entrara un poco de aire, el calor era intenso y afuera había mucho ruido (estábamos en el cuarto piso), había otros edificios con balcones con gente bebiendo y charlando pero el cansancio pudo más y nos dormimos pese al ruido.
Cuando estuve a su altura pude ver que lo que estaba haciendo, era lo que yo había pensado; estaba meando; él ni se inmutó, giró la cabeza hacia donde yo pasaba y al verme lo que hizo, fue enseñarme la polla y ponerse a masturbarse, haciéndome señas con la cabeza para que le viera la polla; tenía un buen rabo, se le notaba que estaba empalmado, o al menos eso me parecía, ya que se le notaba algo erecta.
Ufff, suspiré cuando me entraba aquella polla, ¡aaahhh! Ya la tenía toda dentro, ¡ooohhh! Que sensación más rica, notar como me entraba aquella polla en mi caliente culito, mmm, que delicia.
Salimos del cine y tomamos un taxi, cuando llegamos al departamento me dijo si tenía alguna preferencia o había algo que no me gustara y le dije que no me gustaba que me dieran besos en la boca pero que lo demás me gustaba todo.
¡Dios! No podía más, aquella visión era una tortura que me estaba matando de placer y la polla ya no quería seguir enjaulada, ¡ufff! Ya no aguantaba más.