Capítulo 1
- Ibiza paraíso prohibido I
- Ibiza paraíso prohibido II
- Ibiza paraíso prohibido III
Amanece en Madrid y el sol ya nos calienta la piel aunque estemos en pleno invierno. Tú me miras con esa sonrisa pícara mientras preparamos las maletas en el piso.
—Bebé, ¿estás lista para Ibiza? —me dices mientras me das un azote fuerte en el culo, dejando marca.
—Papi, más que lista… estoy ardiendo solo de pensarlo ufff —te respondo mordiéndome el labio, pegándome a ti para que sientas cómo palpito ya.
El maletín de juguetes va en la maleta de mano: el vibrador de tres puntas (pinchos, lengua, largo y finito), el de V para doble penetración, la joya preciosa para mi ano, el que se pega en la ducha, esposas de metal frío, cuerdas suaves para atarme, vendas negras para cegar mis ojos, plumitas que me hacen cosquillas hasta volverme loca, cremas comestibles de chicle y fresa, velas de masaje que queman justo lo suficiente… todo bien escondido para que no nos paren en seguridad jjjj.
Llegamos al aeropuerto de Barajas con el corazón a mil. Tú con camisa negra ajustada que marca cada músculo, yo con vestido corto marrón, escote profundo que deja ver mis pezones endurecidos y sin bragas (como me ordenaste). Mientras facturamos, te pego el culo contra tu entrepierna en la cola, moviéndome despacio para que sientas cómo estoy ya mojada.
—Papi… siento cómo te pones duro —te susurro al oído, mordiéndote el lóbulo.
Tú me agarras la cintura fuerte, me aprietas contra ti.
—Bebé, como sigas así no llegamos al avión. Te follo aquí mismo.
Pasamos seguridad. El maletín pasa sin problemas (menos mal jjjj). En la sala de espera, nos sentamos en un rincón apartado. Tú me acaricias la pierna por debajo del vestido, subiendo despacio, rozando mis labios hinchados.
—Estás empapada ya, bebé —me dices al oído mientras me metes un dedo lento.
Gimo bajito, me muerdo el labio.
—Papi… necesito más… ufff.
Te meto la mano en el pantalón disimuladamente, te acaricio la polla por encima del bóxer, sintiendo cómo se endurece.
—Bebé… nos van a pillar —dices, pero no me paras, al contrario, me metes dos dedos y me follas despacio con ellos.
Nos miramos con esa mirada de «te follo aquí mismo». Pero esperamos. Subimos al avión. Asientos juntos, ventanilla. Apenas despega, te cojo la mano y te la pongo entre mis piernas.
—Papi… necesito algo ahora —te susurro.
Tú sonríes malo.
—¿El baño?
Asiento, roja como un tomate. Nos levantamos como si nada. Caminamos por el pasillo, yo delante contoneando el culo, tú detrás con la mano en mi cintura. Entramos al baño pequeño, cerramos con pestillo.
Apenas cabe espacio, pero nos sobra. Me empotras contra la pared, me levantas el vestido, me abres las piernas de un tirón.
—Bebé… estás chorreando —me dices mientras me metes tres dedos de golpe, curvándolos para tocar ese punto que me vuelve loca.
Gimo fuerte, me tapas la boca con la mano.
—Shhh… que nos oyen —susurras, pero me follas más rápido, más profundo.
Con la otra mano me pellizcas el pezón por encima del vestido, lo retuerces hasta que duele rico.
—Papi… ufff… no pares… me corro… me corro… —gimo contra tu mano.
Tiemblo entera, aprieto tus dedos dentro de mí, me vengo fuerte, empapándote la mano. Tú me besas el cuello, me muerdes la oreja.
—Buena chica… ahora te toca a ti.
Me arrodillo en ese espacio minúsculo, te bajo los pantalones, te saco la polla dura como piedra, con el piercing que me vuelve loca. Te la meto en la boca de una, profunda, hasta la garganta, sintiendo cómo palpitas. Tú gimes bajito, me agarras el pelo fuerte.
—Bebé… qué boca tienes… ufff… chúpame los huevos también.
Te los lamo, te los meto en la boca, te miro a los ojos mientras te masturbo con la mano.
—Papi… dámelo… quiero beberte todo —te digo entre chupadas.
Te corres fuerte en mi boca, caliente, salado, mucho. Me lo trago todo, te lamo la punta para no dejar ni una gota, te miro con cara de buena chica mala.
—Te amo, bebé —me dices mientras me ayudas a levantarme y me besas, saboreándote en mi boca.
Nos arreglamos rápido, salimos como si nada. La azafata nos mira raro, pero sonreímos inocentes. Volvemos a los asientos. Tú me acaricias la pierna.
—Cuando lleguemos a Ibiza… te voy a follar hasta que no puedas caminar —me prometes.
Llegamos a Ibiza. El calor nos pega de golpe, el olor a mar y libertad. Cogemos el coche de alquiler, un descapotable negro. Tú conduces, yo me quito la parte de arriba del vestido, quedo en bikini, el viento azotándome el pelo y los pezones.
Paramos en una cala escondida antes del hotel. Arena blanca, agua turquesa, nadie alrededor. Me tiro encima de ti en el asiento del conductor.
—Papi… aquí, ahora —te digo mientras te bajo los pantalones y te monto despacio, sintiéndote entrar centímetro a centímetro, estirándome, llenándome.
—Ufff bebé… qué apretada estás —gimes mientras me agarras las tetas, me pellizcas los pezones fuerte.
Empiezo a moverme lento, circular, profundo, sintiendo cómo me rozas dentro. El coche se mueve con nosotros.
—Más rápido, papi… fóllame fuerte —te pido, acelerando, chocando, el sudor resbalando por mi espalda.
Me das la vuelta en el asiento, me pones a cuatro, me follas desde atrás fuerte, profundo, una mano en mi clítoris frotando rápido, la otra tirándome del pelo.
—Papi… ufff… me corro… me corro… —grito mientras tiemblo, aprieto tu polla dentro, me vengo fuerte.
Tú no paras, me follas más rápido, me das azotes en el culo que dejan marca roja.
—Bebé… toma… toma toda mi leche —gimes mientras te corres dentro, caliente, mucho, llenándome hasta que resbala por mis muslos.
Nos quedamos jadeando, sudados, riendo en el coche.
—Esto es solo el principio, bebé —me dices.
Llegamos ala Suite con piscina privada infinita, vistas al mar Mediterráneo que brilla bajo el sol. Me tiras a la piscina desnuda de un empujón.
—Ven papi… el agua está perfecta —te digo mientras nado hacia ti, te abrazo, te beso con lengua profunda.
Me coges en brazos en el agua, me empotras contra el borde de la piscina, me abres las piernas.
—Bebé… ahora sí te follo como te mereces —me dices mientras me metes la polla de una, profunda, hasta el fondo.
El agua salpica con cada embestida, fuerte, salvaje. Me agarras las tetas, me pellizcas los pezones, me muerdes el cuello.
—Papi… ufff… más fuerte… rómpeme —te pido.
Me das la vuelta, me pones de espaldas, me follas el culo despacio al principio, sintiendo cómo me abres, cómo me estiras, cómo me llenas.
—Bebé… qué apretado tienes el culo… ufff —gimes mientras me metes dedos en mi coñito al mismo tiempo.
Me follas el culo fuerte, profundo, una mano frotándome el clítoris rápido, la otra tirándome del pelo. El agua nos ayuda a movernos, a chocar más fuerte.
—Papi… me corro… me corro por el culo… ufff —grito mientras tiemblo, aprieto tu polla dentro, me vengo fuerte, las piernas flojas.
Tú no paras, me follas más rápido, me das azotes en el culo mojado que suenan fuerte.
—Toma bebé… toma toda mi leche en el culo —gimes mientras te corres dentro, caliente, mucho, llenándome hasta que resbala.
Salimos de la piscina temblando, nos secamos con toallas grandes. Me llevas a la hamaca, me atas las manos con las cuerdas del maletín, me vendan los ojos.
—Ahora sí, bebé… ahora te torturo rico —me dices.
Enciendes la vela de masaje, dejas caer cera caliente en mis pezones.
—Ufff papi… quema rico… —gimo.
Bajas la cera por mi vientre, cerca de mi clítoris, pero no tocas. Me pones la joya en el ano, fría al principio, luego caliente con mi cuerpo. Enciendes el vibrador de lengua en mi clítoris.
—Papi… por Dios… no aguanto… —gimo mientras tiemblo.
Me metes el vibrador de pinchos despacio en mi coñito, me follas con él mientras la lengua vibra en el clítoris.
—Bebé… mírate… temblando como una puta mía —me dices mientras me pellizcas los pezones.
Me corro tres veces seguidas, gritando, temblando, empapando la hamaca. Tú me desatas, me das la vuelta, me follas la boca mientras el vibrador sigue dentro.
—Papi… dámelo… quiero beberte —te pido.
Te corres en mi boca, caliente, mucho. Me lo trago todo, te lamo la punta.
Pasamos la tarde así: juguetes, cremas, cera caliente en los pezones y el clítoris, bálsamo de tigre que quema y enfría, esposas que me atan a la hamaca, plumitas por todo el cuerpo hasta que suplico que me folles… hasta que no podemos más.
Al atardecer, en la playa privada. Arena fina, mar calmado. Me llevas de la mano, desnudos. Me tumbas en la toalla, me atas las manos con la cuerda.
—Bebé… aquí te follo bajo las estrellas que nos vieron nacer —me dices.
Me comes el coño lento, profundo, con lengua y dedos, hasta que me corro gritando tu nombre. Me follas despacio, mirándome a los ojos, luego fuerte, salvaje, hasta que nos corremos juntos otra vez.
La noche en la discoteca: luces, música, cuerpos pegados. Bailamos salsa, tú detrás de mí, mano en mi cintura, polla dura contra mi culo. En un rincón oscuro, me levantas el vestido, me follas de pie despacio pero fuerte, mientras la música retumba.
—Papi… nos ven… ufff —gimo.
—Que nos vean, bebé… eres mía —me dices mientras me corres dentro.