Capítulo 2

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Habían pasado ya varios días desde que Luli cayó presa de su amo. Capturada en ese sótano contra su voluntad, pasaba los momentos más tranquilos de su rutina encerrada desnuda en la jaula que poco a poco se convirtió en su hogar. Siempre lo peor ocurría fuera de ella. El amo solía bajar diariamente y ella sabía que cuando la sacaba de su jaula lo peor iba a ocurrir.

En sus días de esclava, Luli había sido cogida, masturbada, lamida, pellizcada, golpeada… de todo. Su cuerpo había sido sometido a todo tipo de castigo sexual y siempre la cámara había sido testigo de cada acto al que fue sometida por su amo. Muchas veces fueron videos, otras tantas fotos, pero siempre había registro de todo lo sexual a lo que Luli era sometida.

Fuera de cámara, el amo alimentaba y mantenía a su puta. Principalmente la ataba a la silla donde Luli sufrió su primera experiencia como esclava, para allí colocarle un anillo abridor con correa en su boca, que se enroscaba en su cabeza, se ajustaba en su nuca y que mantenía su boca totalmente abierta. De esa forma la mujer era alimentada con cualquier cosa que el amo quisiese, no importaba si a ella le apetecía o no. Ni hablar que él aprovechaba más de una vez para meterle su pene hasta la garganta de vez en cuando. Después de todo, una de las grandes virtudes sexuales de Luli era su sexo oral, incluso cuando ella no quería hacerlo.

En cuanto a la higiene, la esclava era lavada con esponjas y baldes de agua tibia, llevados por el amo día por medio al sótano. Luli lo observaba, desde adentro de su jaula, ingresar a la habitación con las cubetas cargadas y la esponja enjabonada. Era arrastrada fuera de su hogar enrejado hasta una esquina donde había una pequeña rejilla. Allí el agua impactaba su cuerpo y la esponja se metía en cada esquina de su humanidad, incluyendo obviamente sus partes íntimas, donde parecía que las manos del amo se tomaban más tiempo del usual.

Era bañada y alimentada como un animal. Era mantenida como un pedazo de carne que solo podía ser utilizado para el disfrute. Pero lo peor era saber que el disfrute no era solo de su amo, era también de todo aquel que pagaba una suscripción para ver su contenido.

Su página había tenido un gran incremento de clientes. Los videos y las fotos eran comprados y descargados a raudales en cientos de dispositivos en todo el mundo. Luli era la puta favorita de muchos. LuliDeseo era un éxito que enriquecía a su amo y sometía cada vez más a la esclava a una larga condena de sexo sin consentimiento.

¿El contenido? Videos de la puta siendo violada mientras yacía atada a un colchón. Fotos de ella sometida en la silla. Imagenes de sus pies desnudos y, en algunos casos, cubiertos del semen de su amo. Todo tipo de fetiches y extravagancias eran mostradas en su página web. Para realizarlo, el amo tenía sus herramientas: el ya mencionado colchón ubicado cuidadosamente en la esquina opuesta a la jaula, la silla acolchada con extensiones para que las piernas de Luli se apoyen y se puedan separar cómodamente e incluso había una gran equis de madera con cadenas en los cuatro extremos, donde la puta era atada con sus miembros separados y, de espaldas a su amo, era cogida sin piedad. Pero el amo sabía que necesitaba algo nuevo para mejorar la calidad de su contenido y no volverse repetitivo.

Un día Luli observó que el amo entró más alegre que de costumbre al sótano. Se desnudó rápidamente frente a la jaula donde yacía su esclava, quién seguía mirándolo con odio, y se agachó frente a los ojos de la puta.

-Hoy tenemos algo entretenido. Me voy a divertir con vos zorrita. Andá preparando la concha Lulita.

Le escupió a través de las rejas de la jaula. Luli cerró sus ojos justo antes de que la saliva impacte en su cara y comenzó a gritar y patear la jaula. Todo era en vano, como siempre, dado que su boca estaba fuertemente amordazada por una gag ball y la jaula resistía todo tipo de embates.

El amo tomó una gran manta negra y tapó la jaula, dejando a Luli a oscuras bajo ella. La mujer comenzó a escuchar sonidos afuera: pasos, cosas golpeando el suelo, herramientas y sonidos de aprobación de su dueño. Ella se moría de los nervios. Su respiración era cada vez más agitada, su corazón latía con fuerza y la desesperación volvía a adueñarse de su mente. El amo estaba preparando algo nuevo y eso significaba algo malo para ella. Finalmente, logró reconocer una luz potente que se encendía al otro lado de la lona. Era la luz que usaba para filmar.

La lona fue retirada de la jaula y Luli tuvo que cerrar los ojos porque el impacto de la luz en su cara fue muy fuerte. No podía distinguir nada y el amo aprovechó para abrir la jaula desde un extremo y tomar a la esclava con ambas manos por debajo de sus axilas. La jaló fuera de la jaula y la colocó sobre una fina superficie acolchada, que Luli sintió bajo su pecho y cadera, y fue ajustada a ella por una correa a la altura de su espalda lumbar. Estaba colocada a casi un metro de altura aunque no podía asegurarlo porque aún seguía enceguecida. El amo desató y separó sus piernas. Cada una fue colocada sobre superficies separadas igual de acolchadas para luego ser atadas a ellas por sus tobillos a través de una corta pero firme cadena. Luli había lanzado patadas al aire tratando de impactar a su amo pero no tuvo suerte.

Ella sabía lo que seguía. Tenía sus manos atadas tras su espalda, pero el amo las iba a colocar de otra forma. Ella estaba preparada para atacar en cuanto la libere. Pero él se adelanto. Dos cadenas se engancharon en cada uno de sus brazos, poco debajo de los hombros, y cuando el amo desató sus manos, estas no podían llegar a lastimar al dueño sexual de su cuerpo. De a poco, él fue tomando sus manos y las colocó a ambos lados para que les ocurra lo mismo que a sus piernas: fueron atadas a superficies acolchadas que se sostenían por debajo de donde Luli estaba acostada boca abajo.

Había quedado atada sobre un caballete de madera, con relieve de almohadones para la comodidad de la mujer. Se comenzó a sacudir vehementemente pero el caballete nunca cedió. Estaba bien afirmado al suelo. Luego de un buen rato de pelea, Luli fue perdiendo energía y su cuerpo desnudo quedó listo para la voluntad de su dueño. Ella lo sabía, iba a ser cogida allí.

El amo seguía dando vueltas, acomodando cosas y preparandose para fornicar con su esclava. Ella comenzó a mirar alrededor, buscando algo que la ayude: vio sus manos encadenadas, una cámara encendida frente a ella y, a un costado, su jaula vacía. Cómo deseaba estar durmiendo a salvo allí y no atada en ese nuevo aparato infernal. Finalmente, el hombre se colocó a un lado de ella y le ató el pelo con un prolijo nudo de caballo.

-Un cambio de look para mostrarte distinta. Si, así. Así se te ve mejor la cara de puta que tenés. Ah me faltó algo.

El amo tomó la cabeza de la mujer y, desde abajo de su cuello desplegó una pequeña extensión del caballete sobre la cual apoyó el mentón de Luli. Su cabeza quedó fija allí, mostrando su cara de frente a la cámara que apuntaba directamente a ella.

-Listo, ahora sí podemos empezar. Estás lista?

-MMMMMMM MMMMMMMMMMMMMM.

Luli se sacudió sobre el caballete pidiendo piedad pero ya era tarde para eso. El amo se había acomodado detrás y comenzaba a juguetear con los agujeros de la mujer: acariciaba los labios vaginales con dos dedos mientras con la otra mano frotaba armoniosamente el clítoris de Luli. El caballete estaba hecho a medida de forma que su cadera sobresalía levemente del travesaño del mismo. Allí sus partes íntimas se mostraban florecidamente para ser degustadas a placer por cualquiera. En eso el amo se sabía afortunado y no se detuvo en su labor, salvo cuando se cansaron sus dedos y comenzó a utilizar la lengua. Luli ahogaba gritas y gemidos de dolor bajo su mordaza mientras sentía todas las perversiones a las que su amo la sometía. La lengua se sentía áspera pero mojada, a diferencia de los dedos que habían sido unas superficies más lisas pero duras. Ella no quería sentir nada, pero era inevitable. Se volvió a sacudir mientras su cabeza seguía fija frente a la cámara y el sudor comenzaba a resbalar por su cuerpo.

-Shhh tranquila zorra. Esto recién empieza.

-MMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM MMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM

El amo interrumpió su trabajo y se retiró unos pasos. Al poco tiempo Luli sintió una embestida en su ano, una presión dura y constante que se abría paso por su cavidad tratando de reclamar espacio en su interior. El amo estaba colocándole una cadena de bolas chinas, con cuidado y precisión. La puta se sacudió desesperadamente haciendo que la tarea sea más complicada, pero no menos placentera para él, que demostraba su excitación con una erección cada vez más grande. Adoraba ver como Luli se sacudía de rabia, desesperación y angustia. Luego de un tiempo de trabajo, solo quedaba la última bola de una cadena de seis.

-Ya se te abrió bastante pero esto es para que te acostumbres a obedecer.

La última bola comenzó a ser empujada dentro de Luli. Era, por mucho, la más grande. El ano de la esclava comenzó a abrirse por la fuerza más que nunca y el roce generó algunas laceraciones que comenzaron a emanar finas tiras de sangre. Luli sufría como nunca. Esa última bola le estaba destrozando el culo como nada se lo había destrozado jamás. Gritaba desesperada bajo su mordaza y las lágrimas de dolor comenzaron a gobernar sus ojos. Frente a ella, la cámara captaba toda la escena.

Al cabo de cinco dolorosos minutos, la última bola se halló completamente dentro de la puta y por fuera de su ano quedo colgando una pequeña cola de pelos color marrón claro que decoraban el final de la cadena de bolas chinas. Luli quedó exhausta y adolorida, respirando agitadamente, mientras de su culo se desprendía una cola de zorra que hacía juego con el apodo que a veces su amo le repetía.

-Una linda cola para nuestra zorrita.

El amo hablaba detrás de ella pero no hacia la cámara de adelante. Luli supo entonces que había otra cámara detrás de ella, captando todo lo que pasaba a su culo y a su concha. Claramente, el amo no se iba a perder ese registro para su negocio lleno de pervertidos.

Nuevamente, se retiró de escena y volvió a los pocos segundos. Luli sintió como algo frío se refregaba contra las paredes exteriores de su ano. El amo la estaba limpiando. Cuando terminó su tarea, Luli intentó sacudirse de nuevo, pero el dolor de su culo era muy fuerte. Estaba rellena con seis bolas chinas que adormecían su cadera y generaban dolor y malestar ante cualquier movimiento. Entonces imaginó que lo que venía iba a ser peor. Si el amo se la cogía en esas condiciones, su culo se iba a sacudir fuertemente y los dolores iban a ser constantes. Su respiración se agitó de nuevo y sus ojos se abrieron grandes como nunca. Sintió al hombre colocandose detrás de ella nuevamente y gritó bajo su mordaza, asfixiandose en nervios y pánico.

-No te voy a dejar nada afuera Luli. Vas a sentir como te entra toda mi verga hasta el fondo puta de mierda.

Un cilindro de carne comenzó a adentrarse en ella. Su vagina se abría a medida que ese pene durísimo entraba sin escalas ni demoras. Luli sentía a las bolas chinas dentro de ella acomodandose de manera muy molesta ante los primeros embates del amo. Esto iba a ser dolorosísimo, ella lo sabía. El amo continuó abriendose espacio dentro de Luli y, cuando pudo acomodar más de la mitad de su rabo adentro, comenzó a bombear sin tregua.

Nunca Luli había sufrido tanto una cogida. El amo no escatimaba energías y arremetía fuerte contra el cuerpo atado de su puta, generando que su cuerpo choque contra los glúteos bien sostenidos de ella. Dentro, las bolas chinas rebotaban levemente ante las vibraciones provenientes de semejante cogida. Luli se estremecía como podía atada a ese caballete infernal mientras no paraba de implorar que todo termine. El amo, por su parte, gozaba como loco. Su pija entraba y salía de la concha ya jugosa a gusto y placer. Estaba rompiendo a Luli sin tregua y a un ritmo frenético. La tomó con ambas manos desde los costados de la cintura e inclinó su cuerpo más arriba de la espalda de ella, generando un mejor ángulo de penetración. Luli lo sintió y sus gritos fueron más intensos bajo su mordaza. No podía con tanto.

-MMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM MMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM

-SIIIII SIIIII SIII PERRA DE MIERDA SIIIII.

El amo tomó el pelo de Luli desde la colita que le había hecho y acercó su cara a la cabeza de la esclava. Luli sentía la respiración caliente de su dueño en su mejilla izquierda mientras seguía siendo violada sin contemplaciones. El amo estaba oliendola, sintiendo el sudor que emanaba la puta a causa de tanto castigo corporal. Quería gozarla con todos los sentidos: oirla gritar, sentir en su pene el interior de esa vagina, verla estremecerse, lamer esa jugoza concha y finalmente oler esa sometida piel.

La soltó violentamente y Luli golpeó su pera contra el travesaño del caballete. No fue un dolor comparable con el que estaba sintiendo en sus intestinos y concha. El amo la estaba poseyendo de manera brutal y él lo sabía, la excitación era mucha. Comenzó a bombear con más velocidad dentro de Luli y se preparó para el gran final. Nalgueó a la puta con cachetadas de mano abierta hasta dejarle el glúteo derecho totalmente rojo. El sonido repicaba limpiamente en el sótano mientras Luli se seguía sacudiendo incesantemente sobre el caballete a causa de la fuerte cogida a la que era sometida. Cada nalgueada era acompañada por un lamento agudo de ella. Cada vez su culo quedaba más rojo.

Finalmente, el amo tomó a la puta por la cintura y clavó una estocada final adentro, para luego sacar rápidamente su pene. Luli quedó abatida y con su cuerpo entumecido. Sus piernas temblaban solas adormecidas por tanta acción. El amo se colocó junto a su cara y Luli sintió un aroma potente a pescado crudo: tenía la verga de su dueño colgando frente ella. Veía como se masturbaba constantemente y entendió cuál era su intención. Trató de zafarse de sus ataduras sacudiendo sus brazos en vano. El amo la tomó con una mano del pelo y dejó su cabeza fija frente a la cámara. Luli cerró los ojos pero nada podía evitar el final: una sensación caliente comenzó a desparramarse sobre su cara en manera de fuertes impactos de líquido. La acabada era densa y Luli sentía como le quemaba la cara. Primero en los ojos, luego resbaló hacia sus mejillas y finalmente comenzó a caer al suelo, todo eso mientras nuevos lechazos impactaban su cara. El amo se corrió y dejó a Luli totalmente abatida frente a la cámara. Su cabeza colgaba con su cara hacia abajo. Era una escena de derrota total.

Ella no se movió de allí mientras el amo apagaba y desarmaba su set de filmación. Aunque la actuación había terminado ella seguía sintiendo todo: la vagina ardiendo, las bolas chinas en su intestino y el semen resbalando por su cara, endureciéndose ante la acción del aire. El amo se paró junto a ella y de un tirón le soltó la mordaza.

-Te portaste bien. Te voy a cumplir un deseo. Pero pensá bien lo que vas a decir porque si decís una idiotez no solo perdés tu deseo sino que te castigo.

Luli quedó callada unos minutos, sin moverse de su postura de derrota. No miró hacia arriba cuando habló, se quedó fija sobre los pies de su amo.

-Sacame lo que tengo metido en el culo.

La voz sumisa de la mujer hizo que ella derramara lágrimas. Las primeras palabras que decía en mucho tiempo y eran con una connotación de sumisión apabullante. El amo caminó hacia el orto de ella y comenzó a extraer las bolas, una por una. Al finalizar, Luli sintió alivio en su cuerpo, aunque su intestino claramente no era el mismo que antes. Su ano había quedado totalmente abierto y sentía el aire entrar y salir de él.

-Te dije que si te portabas bien ibas a tener recompensas. Hoy vas a dormir en el colchón. Trabajaste duro por eso y este culo necesita un descanso digno.

Nalgueó fuertemente a la puta pero esta ni se inmutó.

-Agradeceme.

Luli no habló. La nalgueó más fuerte aún.

-AHHHH GRACIAS.

Sumisión total. El amo se paró delante de ella, le levantó la cara y observó que Luli tenía la boca abierta, escurriendo saliva. Tomó su pene y lo introdujo en ella. Colocó una mano en la nuca y sacudió unas pares de veces la cabeza de la puta. Ella chupó inconcientemente.

-Hoy no comiste, así que vas a chupar más fuerte que nunca.

Así fue. Luli chupó con hambre y el amo se vino en seguida dentro de su boca. Semen más líquido que el anterior corrió por la garganta de ella. El amo la soltó y la cabeza de Luli cayó sin fuerzas como antes. Sintió como su cuerpo era liberado de sus amarras y el amo la tomó por la espalda para lanzarla como una bolsa de papas sobre el colchón. La colocó boca abajo y esposó sus manos tras su espalda. Finalizó su trabajo enganchando las esposas a un anillo que sobresalía de la pared a través de una cadena.

Luli quedó allí, inerte y con su cuerpo destrozado. La mirada siempre abajo, sabiendo que si la levantaba iba a ver a ese caballete que se erguía victorioso frente a ella. Y que seguramente tantas otras peleas iba a ganarle en el futuro.

Luli Deseo

Luli Deseo