Luli se había separado de su novio y volvía a estar disponible en el mercado de las relaciones. Con su metro sesenta y cuatro, su largo y lacio pelo negro y sus piernas bien formadas, largas y finas, finalmente podía volver a esa vieja de vida de sexo y desenfreno que fue pausada por el noviazgo. Su cara era un arma letal que se complementaba a la perfección con su forma de ser, dado que siempre estaba dispuesta a cualquier plan de cita, ya sea el más caro y exclusivo como el más simple y convencional.
No tardó mucho en conseguir adeptos a su causa sexual, pero se interesó particularmente en un hombre que hace tiempo seguía en las redes. Un par de mensajes desencadenaron en el final deseado por la mujer: encuentro de una noche casual. No puso altos ni obstáculos, ella quería sexo puro y duro como en las viejas épocas, así que no le importó ir a la casa de su nuevo semental y pasar una noche de desenfreno. Y no fue para menos. Dos horas y tres polvos más tarde, Luli cayó presa del sueño que desencadenó el cansancio de semejante trajín corporal. Se quedó a pasar la noche en la casa de su hombre.
Despertó bastante aletargada. Sus párpados le pesaban intensamente. Su cabeza latía mientras intentaba volver en sí. No sentía mucho su cuerpo y se tomó varios minutos entre despertar y reaccionar. Se encontraba en un cuarto bastante oscuro, sentada sobre una silla ginecológica completamente consumida por el cansancio y la pesadez de su cuerpo. Sus piernas estaban separadas sobre las extensiones de la silla, que habían sido separadas lo suficiente para que su vagina y su ano queden totalmente expuestos. Trató de juntar las piernas, pero estaban atadas con correas a la silla y las extensiones quedaban fijas en su lugar, como si algún mecanismo las mantuviera quietas. Sus brazos, apoyados en los antebrazos de la silla, sufrían la misma suerte ya que dos correas negras los mantenían fijos en su lugar: una en su muñeca y por arriba de los codos. Su cuerpo estaba sujetado al respaldo de la silla por otra correa en su cuello y en su frente, enroscadas tensamente haciendo que la mujer no pueda girar la cabeza, que quedaba orientada hacia adelante. Por último, su boca estaba totalmente cubierta por una cinta adhesiva bastante pegajosa que impedía que ella pueda separar sus labios para emitir palabra. Fue presa de la desesperación y comenzó a agitar su cuerpo tratando de liberarse mientras gritaba.
-MMMMMMMMMMMMMM MMMMMMMMM MMMMMM
La silla se sacudió furiosamente mientras ella se movía con intensidad. Las correas eran duras y estaban ajustadas. No tenía escapatoria.
-MMMMMM MMMMMMMMMM MMMMM
Insistió con sus desesperados movimientos pero no podía vencer la resistencia de sus ataduras. De pronto se sobresaltó al oir pasos detrás de ella. Un hombre totalmente desnudo y con un pasamontañas cubriendole el rostro se paró delante de ella. Reconoció la figura del hombre que se la había cogido la noche entera dado que su cuerpo desnudo ya le era conocido. Él tenía una sonrisa malévola y sostenía una jeringa llena de líquido en su mano derecha. Luli lo observó con los ojos totalmente abiertos, llenos de pánico.
-Hola preciosa, pensé que me había excedido en la dosis pero veo que no. Te despertas justo para algo de diversión. Te voy a dejar un regalito antes de empezar para que lo pases bien.
-MMMMMM MMMMMM
Luli negó con la cabeza, o al menos eso intentó dado que estaba fuertemente sujeta a la silla. El hombre se acercó a ella y aproximó la jeringa al cuello de la mujer, que se movía cada vez más desesperada mientras seguía intentando gritar bajo la cinta. La jeringa se clavó en su cuello y vacío su líquido dentro del organismo de Luli. El hombre se retiró fuera del rango de vista de ella, que quedó tiesa presa del pánico y la confusión.
De pronto, una luz la encegueció. El sujeto colocó una cámara frente a la mujer y posicionó detrás de la silla, donde Luli podía oirlo mientras movía otros objetos e instalaba cosas. Ese hombre estaba preparando un set de filmación y ella estaba en el centro del mismo, totalmente desnuda y expuesta, con una droga desconocida en ella que iba a comenzar a hacer efecto en cualquier momento. El hombre se colocó detrás de la cámara y una luz en ella se puso en verde. Caminó hacia Luli y ella pudo observar que tenía un plug metálico en su mano.
-Empecemos putita.
El hombre se agacho frente a Luli y con habilidad y dureza le colocó el plug en el ano, haciendo que la mujer se retuerza en la silla. Ella estaba agitada, su respiración era veloz producto de la situación en la que se encontraba. Trató de sacudir su cadera para que el plug saliera de su cuerpo, pero estaba bien enterrado en su culo.
-MMMMMMMM MMMMMMMM.
-Shhh, tranquila que recién empezamos. Ya te vas a sentir mejor.
Luli comenzó a sentir un frenesí intenso dentro de ella. Una necesidad de coger que no era propia del momento que estaba atravesando. Claramente la droga era una especie de afrodisíaco que detonaba su pulso y la excitaba. Pero ella no quería coger, ella se quería ir de allí. Su mente era presa de su cuerpo.
El hombre volvió a la carga y esta vez comenzó a manosear y lamer el clítoris de Luli.
-Ahh que rico es Luli. Que jugosa conchita tenés.
Ella se movía tratando de soltarse, pero no podía. No había forma. Comenzaba a odiar a ese hombre que hacía todo uso de sus artimañas para excitarla en esa situación. Luli comenzaba a excitarse demasiado, sentía como los dedos la penetraban invadiendo su canal vaginal a gusto y placer, mientras la lengua daba vueltas en su clítoris. Cada vez era más el calor, la transpiración y su desesperación. No aguantó más.
-MMMMMMMMM
-Ahhh siii acá está lo que buscaba.
Luli se deshizo en una explosión de flujo vaginal incesante y poderosa. Salpicó el suelo y sus muslos sin discriminación. Tres vigorosos chorros salieron despedidos y luego su agujero quedo escurriendo una gotera de flujo. Mientras, el hombre se paró a su lado manoseando su clítoris suavemente, observando como el producto de su esclava no paraba de salir. Al cabo de unos segundos, se agachó y sacó desde abajo de la silla una pequeña botella de plástico transparente, apenas rellena y salpicada de flujo.
-El recuerdo de tu primera acabada como esclava. Esto va a valer mucho.
Luli seguía agitada sobre la silla. Sus ojos seguían totalmente abiertos, sometidos al pánico y a la droga. El hombre se fijó en ella.
-Mmmm veo que la droga sigue funcionando, sería una lástima desperdiciar tu disfrute.
Se posicionó delante de ella y Luli pudo ver una erección descomunal acomodandose a la altura de su vagina. Se sacudió furiosamente de nuevo, sin efecto. El hombre comenzó a penetrarla con intensidad y facilidad, su concha ya estaba abierta y húmeda. Era muy fácil para él cogersela. Luli sentía ese pene adentro de ella, clavandose profundamente y moviendose con total libertad, disfrutando su estadía gratuita en una concha jugosa recién acabada.
-Ahhh si puta de mierda siiii.
-MMMMMMM MMMMMMMMMM MMMMM
Luli no quería, pero no podía hacer nada. Su cuerpo pedía sexo, aún preso del deseo generado por la droga. Su mente seguía pidiendo que todo termine. El hombre solo disfrutaba y gozaba. Luli lo veía de frente, rebotando con su cadera contra ella de forma incesante y potente. El sonido de los jugos mezclandose y sacudiendose en su concha hacían eco en el cuarto oscuro. Para él era un éxtasis.
-Ahhhh sii Luli ahí te va todooooo.
Una última embestida larga y potente culminó en el pene clavándose profundamente en ella y, quedándose estático allí, comenzó a derramar montones de esperma pesado y denso. Luli sentía como el líquido la llenaba al punto que se salía de las comisuras de su vagina.
El hombre se quedó unos minutos sobre la esclava, gozando y sintiendo esa potente acaba que acababa de realizar. Finalmente se corrió y salió de la vista de Luli, que quedó totalmente inmóvil, respirando agitadamente y con sus piernas temblando en una mezcla de excitación, dolor y pánico.
Al poco rato el hombre volvió y liberó las piernas de su esclava. Luli pensó por unos segundos que todo había terminado y la iba a dejar en libertad, pero rápidamente el miedo la volvió a capturar cuando el hombre empezó a enroscar sogas en sus débiles extremidades. Dejó sus piernas firmemente unidas con unos prolijos nudos y luego comenzó a liberar la cabeza de la mujer. Finalment3 liberó sus brazos y Luli comenzó a forcejear con él. No tenía oportunidad. El efecto de la droga ya consumido había dejado a la mujer en un estado de cansancio que le imposibilitaba cualquier tipo de lucha. Sus brazos fueron dominados y colocados tras su espalda donde unas esposas los mantuvieron unidos a través de sus muñecas.
– Bueno, vamos a casita putita?
El hombre la arrastró de los pelos por el suelo del oscuro sótano. Luli bufaba de resignación bajo la mordaza pegada en su boca. Ese sonido mudo, sin oalabras pero con expresión, excitaba aún más a su amo que disfrutaba cada segundo de su labor.
Soltó a Luli frente a una jaula de animales rectangular. Estaba vacía y tenía una fina colcha en el sueli. El hombre abrió la jaula y Luli luchó por última vez al entender la intención de su nuevo dueño. Se sacudió y grito sin poder lograr mucjo: su cuerpo atado estaba perfectamente limitado y era fácil de maniobrar por su macho violador. Fue empujada violentamente dentro de la jaula luego de varios movimientos e intentos de gritos desesperados. El hombre se colocó a un lado de la jaula, se agachó y observó a Luli, jadeando de cansancio e ira, encerrada en su jaula.
– Esta va a ser tu casa. Con todo lo que filme de vos y el contenido que genere me voy a llenar de plata. Sos una penfeja muy linda y coges muy bien. Van a pagar mucho por verte acá.
-MMMMMMMMMMMM MMMMMMMMM
Luli pateó la jaula desde adentro varias veces. El hombre ni se inmutó.
– Yo soy tu amo y vos mi perra, entendelo.
Luli siguió luchando desaforadamente mientras el hombre se retiró de su vista. Volvió con una pequeña computadora portatil abierta. En ella se veía una foto de Luli totalmente dormida sobre la silla en la que había sido cogida previamente. Un cartel en dorado resaltaba sobre la imagen «LULIDESEO».
– Ya tenés clientes. Tu servicio va a ser digno de lo que paguen. Bienvenida a mi negocio.
Luli lo miró con miedo. Iba en serio.
– Si te portas bien te voy a dar recompensas. Hoy luchaste mucho así que vas a dormir con el plug en el culo como castigo.
No dijo nada. Una lágrina cayó por su ojo
– Esta es tu vida a partir de ahora.
El amo se fue y Luli quedó sola en la oscuridad. Encerrada sin poder pararse dentro de esa jaula. Violada, humillada y dominada. Su primera noche como esclava la iba a recordar para siempre.