Capítulo 2
El viaje era largo, tal como el director se lo había dicho. Belu seguía atada en el baúl de un auto que no detenía su marcha y hacía que su cuerpo se sacuda de vez en cuando. Ella casi no podía moverse en ese habitáculo tan pequeño y tener las manos y piernas atadas no ayudaba a sus intenciones de escapar de allí como sea. Su cuerpo desnudo temblaba entre las amarras que la mantenían y de sus ojos seguían cayendo lágrimas de vez en cuando. No podía creer lo que le estaba pasando, pero sin embargo allí estaba ella, en camino a un lugar donde «la iban a estar esperando» según las palabras de su director y, ahora también, secuestrador. El miedo la paralizaba por momentos aunque por ratos ella intentaba gritar y patear con fuerza las paredes del baúl. Todo era en vano, nadie la escuchaba salvo el conductor a quien poco le importaban los gritos ahogados de una mujer amordazada.
Luego de dos largas horas, el auto aminoró la marcha y recorrió una considerable distancia en esa poca velocidad hasta detenerse. Belu entendió que había llegado a destino y se preparó para luchar con todas sus fuerzas en cuanto la tapa del baúl se abriera. No importa quién aparecería del otro lado, ella no se iba a entregar fácil. Escuchó pasos y alguna palabra lejana hasta que el sonido del andar de un hombre se detuvo al otro lado de la puerta del baúl. Ésta se abrió levemente y, antes de que ella pudiera intentar algo, un pequeño tuvo de plástico entro por el poco espacio que se había generado. Desde él salió un gas de aroma dulce que rápidamente impacto a Belu en su cara y cuerpo. Ella se agitó y se sacudió intentando evitar el contacto de su cuerpo con ese aire cargado de droga, pero nada pudo hacer. La puerta se cerró y a los pocos minutos ella estaba mareada al punto tal de la inconciencia. Apenas alcanzó a distinguir que el baúl se abría completamente y varias manos la tomaron desde distintas partes de su cuerpo.
Pasaron varias horas hasta que volvió en sí. Se encontraba totalmente desnuda boca abajo en una cama bastante grande y de colchón esponjoso. Su cuerpo tenía las extremidades extendidas en forma de letra X y sus muñecas y tobillos estaban encadenados con firmes cadenas. Su boca seguía amordazada pero esta vez era una pelota lo que tenía impidiéndole cerrarla, atada a su cara con una cinta adhesiva que daba la vuelta entera a su cabeza.
Cuando el mareo comenzó a pasar, intentó gritar y zafarse de sus cadenas. Estaba desesperada. Miró al rededor como pudo y se vió en una habitación iluminada por luz violeta, sin ventanas y con mucho espacio a su alrededor. Se podía decir que había algo de lujo en ese lugar dada su decoración pero a Belu la aterraba todo lo que había allí: látigos, dildos y toda clase de juguetes sexuales colgados de las paredes cual exhibición de juegos pervertidos. Rápidamente el miedo la invadió y su cuerpo volvió a temblar.
Una puerta se abrió detrás de ella y escuchó una voz conocida. El director entró caminando alegremente.
-Bueno espero que hayas tenido un lindo viaje. Veo que llegaste bien y los muchachos te prepararon perfectamente. Será mejor no hacerles perder la paciencia.
Belu comenzó gritar bajo su mordaza mientras las lágrimas caían de sus ojos a raudales. La pelota en la boca dejaba entender algunas de sus palabras pero su pronunciación sonaba gangosa.
-GOOOOOOO GOOOO GAGUENME GUE AGAAAAAAA GOOOOO.
-Bueno bueno, tranquila. Te explico bien que es esto. Estás en el cuartel la Liga de Directores. Acá traemos a las mejores putas que nos garchamos para que todos las puedan disfrutar. Vos, claramente, eras mi elegida hace mucho.
-GOOOO BOG FAVOGGG GOOOOO.
-Si si si. Gritá todo lo que quieras que estas muy segura acá. Te voy a confesar algo…
Mientras hablaba, el director se iba quitando la ropa y la arrojaba al suelo donde Belu podía ver que prendas el hombre se iba quitando. Él siempre se mantenía detrás de ella donde no podía ser observado por la secuestrada mujer.
-La verdad Belucita, es que hace tiempo te quería traer acá. Tu sueldo nunca fue bajo, simplemente yo me quedaba con una parte. Lo hice mucho tiempo esperando que vengas a pedirme un aumento como la zorrita que sos. Tarde o temprano iba a dar resultado y mientras tanto me quedaba con más plata. Negocio redondo, ¿no?
Belu lloraba desconsoladamente. Todo fue una trampa premeditada hace mucho tiempo por su jefe que ahora la tenía a su disposición total. Había caído en la red de un pervertido total que iba a abusar de ella sin contemplaciones.
El hombre terminó de hablar y lanzó su ropa interior al lado de su víctima. Se subió a la cama por detrás de ella y colocó sus manos a los costados de la cabeza de la puta. Belu seguía temblando incesantemente. Quiso tirar su cabeza con fuerza hacia atrás para impactar a su secuestrador pero una cadena tiró firmemente de su cuello. Ahí fue cuando notó que tenía un collar puesto y de él prendía una firme cadena. Estaba atada cual mascota en penitencia.
El dire la tomó del pelo y comenzó a olerle la cabeza con vehemencia y vigor. Sus manos se enroscaron en el cuello de la mujer, descendieron hasta sus pechos mientras él le besaba la cien y le lamía las mejillas. Estaba en un éxtasis total. Hace mucho esperaba ese momento. Finalmente lanzó la cabeza de la esclava con fuerza hacía el colchón y tomó su pene para acercar el glande a la cavidad vaginal.
-Te acordarás bien de ésta. Hace dos días te la tragaste entera y después te relleno de leche putita.
La pija se clavó en ella con una estocada fina y profunda. El dire le enterró la mitad de su verga de un fuerte caderazo, haciendo que Belu se estremezca al recibirla. Para ella era como un filo penetrándola. El dire comenzó a insistir y la vagina fue cediendo espacio, cada vez más profundo, cada vez más adentro, cada vez donde ella sentía más. Él volvió a acostarse sobre Belu y los empujes de cadera tomaron otra dimensión: más profundos, más rápidos y más dolorosos para ella. No paraba de manosearla, besarla y lamerla mientras ella lloraba y se quejaba bajo su mordaza. El sonido de la ancha cadera de aquel gordo rematándose contra el culo de Belu retumbaba cual sopapa. Todo lo que los sentidos de la mujer captaban le generaban asco y rechazo, pero nada podía hacer.
Luego de veinte minutos de un bombeo incesante y doloroso, el hombre clavó una estocada final donde una cantidad considerable de semen se derramó en el interior de la mujer.
-AHHHHHH SIIIIII SIIII SIIIIIIIIII. Dos días guardándome esta lechita para vos. Para cuando te tenga así. Cuánto espere esto mi zorrita.
Belu quedó tiesa en el colchón. Su vagina recibió tanta leche que, ni bien el dire retiró su pene de ella, comenzó a salir hacía afuera cual canilla mal cerrada. Había sido violada por su secuestrador, pero todo estaba lejos de terminar para ella.
-Te dije que los muchachos te querían conocer. Bueno algunos ya están acá, pero como yo te traje tengo derecho a la primera cogida. Y la verdad que me lo gané. Además, después de que te agarren vas a necesitar unos días para recuperarte, así que yo te saqué lo mejor. Pórtate bien y no me hagas quedar mal eh. Mirá que ellos no son tan cariñosos como yo.
Belu temblaba nuevamente. No podía creer lo que oía. Lo que venía era peor aún. El dire se abalanzó sobre ella y, tomandola del pelo, cortó con una tijera un buen mechón de cabello de su esclava.
-Esto es para el recuerdo, lo voy a guardar con tus cosas. Ah, eso me hace acordar.
El hombre tomó nuevamente la cabeza de la mujer y le sacó la cinta de la boca. Belu escupió lo que tenía adentro y, ante ella, cayó un pedazo de tela negra que antes formaba la pelota que la amordazaba. El dire la tomó.
-Tu tanga de la última noche que no me pertenecías. La voy a guardar también.
No salieron palabras de la boca de la mujer. Estaba totalmente traumada. Muda del impacto emocional.
El director tomó su ropa y se fue. La puerta quedó abierta y muchos pasos se escucharon abalanzándose rápidamente hacia la habitación donde la nueva esclava de la Liga de Directores esperaba, contra su voluntad, a ser cogida en manada por una gran cantidad de depravados.