¿Quiere un dulce el señor? – Un nuevo día

¿Quiere un dulce el señor? – Un nuevo día

Sentía el peso de la pequeña sobre mi pecho que dormía como una verdadera angelita, me había regalado momentos de un erotismo maravilloso e indescriptible con su manito, su boca y su conchita, había insuflado energías nuevas y vigor a mi viejo y trasnochado instrumento que había vuelto a la vida como si fuese todavía un adolescente, en otras ocasiones necesitaba de un par de horas para reponerme, en cambio ahora lo lograba en minutos.

Mi glande lucía enrojecido a la espera de que otra vez, la boca de la pergenia lo gratificara con la arrogante pretensión de hacerlo gozar de nuevo, como si estuviésemos en la India, donde la serpiente se yergue hipnotizada por el sonido de la flauta, así mismo mi verga alzaba su cabezota estimulada por los afelpados labios de esta chiquilla, al sentir su cálida boca en mi pene me desperté instándola a proseguir con tan magna tarea que me hacía poner mi piel como la de un pollo desplumado, puse mi mano en su cabecita empujándola para que se tragara toda mi verga.

—Vamos nenita … bésame mi carajo … vamos cariño … haz feliz a tu papito que te quiere mucho.

La nena rozaba mi glande con su diminuta lengüita, una vez, luego otra y otra, después fijo sus infantiles ojos en los míos como si quisiera penetrar mi alma, como si quisiera descifrar mis más oscuros pensamientos, los pensamientos perversos que inundaban mi mente, esos antojos lascivos por su cuerpecito de niña, esos deseos carnales por ese chochito estrecho, antojos atávicos y patriarcales nacidos lejos en el tiempo y que nuestra civilizada sociedad de hoy los reprime y condena, yo quería cogerla, besarla de pies a cabeza, hacer rodar su humanidad de nueve años en mi tálamo nupcial.

La tomé delicadamente, la puse boca abajo y le comí su culito hasta hacerlo dilatar y le enterré mi verga en ese estrecho esfínter, Vanessa gimió y mordió mi brazo, pero no gritó ni lloró, le había introducido mi pene completo en su trasero y la nena empujaba sus caderitas ensartándose aún más y más, sus pequeños mordiscos no me dañaban, pero me hacían enardecer queriendo descargar toda mi esperma en sus vísceras, me la culié primero con suavidad y después con arrojo, sin pausas, mi miembro palpitaba en la profundo de este pequeño ser y mi hambre de sexo comenzaba a despertarse en lo profundo de mis cojones.

—¡Aaahhh! … ssiii … toma puta … toma … todo para ti — los chorros de semen salían con inusitada fuerza desde mi polla e inundaban las rosáceas paredes anales de Vanessa que se contorcía y ahora sí lanzaba unos chillidos agudos —Ssiii papito … dame toda tu lechita … ssiii lléname toda … uummff que rico papito … culéame más … asíii ricooo — la nena no cesada de contorsionarse bajo mi peso, sus dos manitas estaban tratando de abrir aún más sus nalguitas y forzaba a su ano a prender más de mi polla.

Non sé cuánto duró esta celestial enculada, lo cierto es que no la olvidaré jamás, mi pene poco a poco se puso flácido y salió se su estrecho potito dejando un chorro de esperma y otras porquerías, pero el todo había valido la pena, en medio de la noche la tomé envuelta en una toalla y me la lleve al baño para limpiarnos, ella rodeo mi cuello con sus bracitos y me dio un beso —

Ha sido rico papito — dijo y luego escondió su rostro en mi pecho.

Nos metimos al agua tibia del yacusi y Vanessa comenzó a juguetear con mi polla, sus manitos milagrosas pronto hicieron que mi pene se endureciera, con verdadero asombro de mi parte, la nenita se untaba jabón en sus manitas inmaculadas y luego las deslizaba arriba y abajo sobre mi verga, enrollando mi prepucio hacia atrás y haciendo surgir la cabezota hinchada y violácea de mi pene, se moría de la risa viendo los efectos de sus caricias, se divertía cual si fuese su juguete preferido, y quizás lo era.

Vanessa no terminaba de impresionarme con sus jueguitos para nada infantiles, fue así que me hizo señas de que me sentara en el borde de la vasca y ella se ubicó entre mis piernas, su boca se cerró sobre mi glande y comenzó una enérgica chupada a mi polla, sus mejillas se hundían tratando de chuparme con el máximo de su fuerza, mi rostro se deformaba en muecas de goce intenso, lo que realmente aumento mi placer, es que ella estaba tratando de meterme su pequeños deditos en mi culo, sentía su manito bajo mis huevos buscando el orificio de mi ano, me eché un poco hacía adelante y abrí más mis muslos, hasta que sentí en el boquete de mi ano esos delicados deditos que se introducían dentro de mí, mi verga estaba que explotaba de un momento a otro.

—Brava Vanessa … asiii … ssiii … brava … se buenita con papito … ssiii hazme acabar en tu boquita cariñito mío … ssiii amorcito … ahora … ssiii — no sé realmente como mi cuerpo produjo tanto semen en tan poco tiempo, pero chorros enormes de lefa le llenaron su boquita haciéndola ahogar en un principio, pero luego sincronizó sus chupadas y se tragó todo lo que pudo, casi sin fuerzas me deslicé dentro del agua tibia y reconfortante, pero nada más abrir mis ojos me encontré con una almejita lampiña que chorreaba agua y se avecinaba a mi boca.

—Papito es tu turno … comete mi coño … es todo para ti — Vanessa con sus piernecitas abiertas me entregaba su capullo empapado en agua y jabón, tomé sus párvulos glúteos y acerqué sus impúberes carnes a mi labios, Vanessa gimió al sentir que mis labios atraparon a su erguido clítoris, aún jadeante después de la acabada en boca de ella, mi lengua comenzó a recorrer ese diminuto chocho, lentamente el sabor a agua y jabón se fue transformando en un exquisito elixir de chuchita infantil, sus fluidos emanaban en abundancia y ella aferraba mi cabeza y refregaba su concha en mi boca, tenía una capacidad asombrosa de mover su pelvis y sus caderas, su conchita hacía un sube y baja en mi boca tragándose mi lengua, le metí un dedo pulgar en su culo y ella se volvió como loca —Ssiii papito … uummff que rico papito … — comenzó a follar mi boca desesperadamente y luego colapso en interminables convulsiones y espasmos que la tuve que sujetar para que no se cayera, gemía y respiraba entrecortadamente, susurraba muchos “que rico” y otras ininteligibles palabras, la hice deslizarse junto a mi pecho y quedo inerme a recuperarse en mis brazos.

Fueron momentos de total éxtasis, no emitíamos una sola palabra, solo había espacio para besos y caricias, Vanessa muy acurrucada a mi pasaba su lengua humedeciendo sus labios una y otra vez, yo recogí la esponja y comencé a bañar sus hombros, luego traté de jugar con sus inexistentes tetitas, solo un pequeño pezón que se endureció entre mis dedos, levanté su barbilla y le di un beso en la boca, ella respondió efusivamente, luego tomó mi flácido pene en sus manos

—Éste no quiere más guerra, papito

—Tú lo has dicho, cariño

—Tengo hambre papito … ¿podemos comer alguna cosa?

—Por supuesto mi amorcito … sequémonos y vamos a la cocina … te prepararé algo

Vanessa salió de la vasca chorreando agua y alcanzó una toalla para ella luego me pasó una a mí, nos secamos, ella fue a buscar la remera que usaba como pijama y yo me puse mi albornoz

—¡Uy! Que elegante que estás, papito

—No te burles de mí, pequeña

—Pero si es verdad, papito … pareces un acaudalado Señor de negocios importantes …

—¡Que acaudalado ni que acaudalado! … soy solo un profesional que trabaja para papá fisco

—Pero estoy segura de que eres un importante trabajador de papá fisco

Me hizo un guiño que me resulto divertido, la chicoca continuaba a asombrarme con su rapidez de mente, no se le escapaba detalle y era muy divertida en sus comentarios, charlamos de todo y me parecía estar con una mujer adulta acostumbrada a tener amantes y a despertarse en casas ajenas, le pregunté por su novio y me dijo que no era tanto su novio, más bien un amigo con ventajas, ya que él tenía una esposa

—Y tú … ¿Dónde está tú esposa?

—Yo … bueno … yo me separé hace muchos años y vivo solo

—¿Y tú mujer?

—Ella … bueno ella rehízo su vida y vive con otro

—Eres un cornudo … tienes una cornamenta de alce

Se reía con una risa contagiosa que hizo que yo también me riera casi a carcajadas

—Te equivocas … fui yo que le fallé … ella me sorprendió con otra … nos divorciamos

—Entonces eres un viejo caliente que se anda follando hasta a las nenitas que encuentras por ahí

—Quizás … tu eres la primera … nunca había sentido esta atracción que tú me provocas

—¿Y tú quieres que yo te crea?

—Pues es la verdad y a mi edad, ¿de que vale mentir?

—Pues no te hagas, que no eres tan viejo, me has cogido muy rico … mejor que mi novio

—Gracias nenita, pero el mérito es todo tuyo porque me provocas mucho

—Y tu también me provocas a mí, papito rico

Vanessa se levantó de su taburete y me pidió que la alzara y la pusiera en mis rodillas

—Ves … haciendo eso eres tú a provocarme

—Pero si no he hecho nada papito … a ver … déjame ver … ¿Qué es esta cosita que se está poniendo durita?

Metió su manito entre los pliegues de mi bata hasta que alcanzó mi verga que de reflejo se inició a erguir como un soldado dispuesto a dar guerra, esta nenita haría quebrar a los laboratorios del viagra, es mucho más efectiva con su falsa inocencia y lujuria, se acomodó a horcajadas en mi regazo e inició una masturbación fantástica, luego con una cuchara saco un poco de dulce de leche, me embadurno el miembro y se puso a chuparlo como una delicia.

Yo no entendía nada, sentía mi pene algo delicado —Córrete en mi boca una vez más, papito — sus ojitos centelleaban con lujuria e imploraban por mi semen, por dos veces ella me echo dulce de leche y luego lo quitó todo con su lengua y sus chupadas, el placer más grande que madre natura nos ha regalado, me lo estaba haciendo sentir esta pequeña con su menuda lengüita —¡Oh! … pequeñita … ssiii … continua asíii … ssiii — me corrí una vez más, pero esta vez no fue abundante, después de todo soy un adulto mayor, no puedo generar esperma como un joven, eso sí, mi esperma fue espesa y cremosa, la chiquita no me soltaba el pene, lo estrujaba con sus deditos para hacer salir hasta la última gota, yo estaba con mi cabeza hacia atrás perdido en una nube de lujuria.

—¿Te ha gustado, papito?

La nena limpiaba sus labios con el dorso de su mano y me miraba con una mirada ávida, en espera de alguna recompensa, para ella una aprobación mía iba a ser su pago, esperaba ansiosa mi respuesta, yo la levanté y la volví a sentar en mis rodillas

—Tesoro … nadie me ha hecho correrme cómo tú y jamás pensé que eras tan buena mamadora, querida … simplemente ha sido la mejor chupada de mi vida —

Vanessa me hecho sus brazos al cuello y me besaba y me abrazaba

—¡Oh! papito, a mi también me gusto tu semen, junto con el dulce fue un manjar exquisito

Sus ojitos estaban sonrientes, ella estaba feliz, me besó muchas veces y sus labios sabían a manjar y a esperma, sentí mucha ternura por ella y por la simpleza de sus afectos y sentimientos, nos habíamos entregado ambos a un festín de sexo y lo disfrutábamos entre ambos con intensidad, esta chiquita a su tierna edad ya tenía su técnica, me masturbo, me mamó, me metió sus deditos en mi ano, acaricio mis huevos cómo nadie, me los chupo y los metió en su pequeña boca, primero uno y después el otro, después se tragó mí verga hasta la raíz y engulló todo el semen que salió de mis pelotas, era una libidinosa putilla y lo hacía con gusto, de su propia iniciativa, no había que forzarla a nada, todo estaba bien para su placer y lujuria.

Sentada en mi regazo, metí mis dedos bajo la remera y toqué ese chocho liliputiense, me parecía extraordinario que haya podido aceptar mi gruesa verga, en ese coño pequeñísimo y regordete, enfilé uno de mis dedos y le acaricié su botoncito, Vanessa gimió y se apretó a mi pecho, abrió sus muslos espontáneamente, con dificultad le metí un segundo dedo y comencé a masturbarla, ella comenzó a lamer mi pecho y a contorsionarse, sus gemidos se intensificaron y su respiración se puso más afanosa, luego tomó mi antebrazo y comenzó a forzar mis movimientos para hacerlos más rápido, abrió sus muslos y los pellizcaba desesperándose en su calentura …

—¡Ooohhh! … papito … papito … me estoy corriendo … uummff … que rico … ssiii …

La chiquita se estaba muriendo de placer en mi brazos, busqué sus labios y me respondió con un apasionado beso, su minúscula lengua bailando alrededor de la mía, su torso encorvado hacia adelante y su pelvis frotándose contra mis dedos y su pelvis follando mi mano, la había hecho acabar y por algunos instantes se quedó inmóvil sintiendo mis dedos que continuaban a follarla, luego junto sus muslos y me dio a entender que debía sacar mis dedos de su conchita, con un tímido ademán bajo la remera para cubrir hasta sus rodillas y se escondió en mi pecho.

Ambos estábamos un tanto extenuados, ella dormitaba abrazada a mí, me levanté con ella en brazos y la llevé a la cama, la acomodé, la cubrí con las sabanas y ella abrazó la almohada para volver a dormir, eran la cinco de la mañana, no tenía que ir a trabajar ese día, así que me acosté detrás de ella a cucharita y me quedé dormido.

El sol estaba alto en el cielo y sus luz entraba a rayitas por mis persianas, la pequeña dormía sueños beatos, a veces se sobresaltaba como si estuviese soñando, quizás teniendo alguna pesadilla, ¿cómo una nena como ella podría tener pesadillas?, me pregunté, a nueve años folla como una vieja puta, sabes todo o casi todo del placer del sexo y lo disfruta, quien sabe desde hace cuantos años que folla, quien habrá sido su mentor … ¿el chofer del colectivo? … no quise creer que un simple conductor de un taxi pudiese haberle enseñado tantas cosas, la sentí refunfuñar y gemir, luego la sentí que lanzó una patadita hacia abajo, quizás sueña que pelea con alguien, mire su cara y no pude leer nada en su rostro inexpresivo.

La observé por largo rato, sus rasgos de niña eran evidentes, reflejaban su tierna edad, Vanessa abrió sus ojos y esa mirada era diferente, sus ojos parecían de una adulta, movió su cuerpecito para sentir mi polla en sus nalgas y luego apoyó su espalda en mi pecho, pasé una mano y acaricié sus pezoncitos diminutos, sensualmente besé su cuello y ella se refregó en mí, haciéndome sentir que le gustaban mis caricias, poco a poco moví mi mano hacía su fruto prohibido, me sentía cómo en el paraíso, todo un Adán sintiendo la serpiente que se contorsionaba en mi piel y mis manos recorriendo su cuerpo dirigiéndose hacia su manzana empapada en lujuriosos fluidos, la voltee en su espalda y me fui a besar esas tetitas que un día no muy lejano crecerían, chupé toda esa delicada piel, cómo Adán, estiré mi mano para coger la manzana, mi Eva abrió sus muslitos atrayéndome hacia el pecado, cuando abrí sus labiecitos una descarga eléctrica recorrió mi espina haciéndome encorvar mi espalda, creí sentir un dolor, quizás era un castigo de dios, pero ya nada importaba, las cataratas hechiceras de sus fluidos se habían abierto y mi cerebro se obnubiló, borrándome del paraíso

—Que hermosa eres, mi amor … eres tan linda mi pequeñita …

Vanessa solo gemía y empujaba mi cabeza hacia su arroyo divino, su encharcada vagina lucía brillante e inflamada, milímetro a milímetro mi lengua recorrió su torso, su vientre y ese maravilloso monte de venus, liso sin pelitos ni vellos, mi lengua se perdió en esos tiernos y sabrosos pliegues, su pelvis comenzó a rotar y ella comenzó a gozar …

—Papito … cómo me gusta … que rico lo haces … más … chúpame más …

La hice estremecer apoderándome por un rato de su clítoris, luego me deslicé hacia arriba y apoyé mi pecho en esos pezoncitos, sus mamas eran inexistentes, pero verla así pequeña y femenina, era una carga erótico de por sí, mis sentidos comenzaban un viaje hacía la concupiscencia absoluta, quería volver a depositar una carga de lefa en su coño novicio, su suavidad y elasticidad eran suficiente cómo para provocarme esa lascivia morbosa de querer poseerla.

Tendría que reencarnarme en cualquier excepcional escritor, para encontrar los términos claros y concisos y describir a los lectores las sensaciones que estaba sintiendo, los estímulos que me transmitía esta chicoca, quizás nunca encuentre modo de relatar esta experiencia inaudita, pecaminosa, perturbadora, no había nada en mí de arrepentimiento, de culpa, de pesar, me sentía como un semental dándole a su potranca ganosa de verga con todo, la sentía revolcarse bajo mi cuerpo contorciéndose sin escrúpulos ni medias tintas, a ella le gustaba follar y ser follada, por lo menos es lo que intentaba mantener en mi mente para disfrutarla a concho.

Me parecía una pequeña criatura sedienta de sexo, quizás una picola ninfómana, lo cierto es que Vanessa era insaciable, me la estaba comiendo a besos mientras acercaba mi glande a su bañada hendedura, ella abrió al máximo sus muslos para dejarme penetrarla, su boquete estrechísimo hizo que mi miembro resbalara fuera un par de veces, su manito aferró mi pene y con experticia, se enterró mi verga en su chocho, apretó sus muslos y gimió con largos quejidos, y tentó abrazar mi cuerpo sudado y caliente, mi lujuria estaba desatada, me la estaba devorando, sus gemidos y chillidos me hacían aguijonearla con mi punzón en lo profundo, hasta hacerla gritar

—¡No! te detengas, papito … sigue … sigue … asiii … ssiii … papito rico … asiii …

Vanessa colapsó y sus palabras se transformaron en algo incoherente, balbuceaba y gemía, trataba de enterrar sus uñas en mí sin lograr rasgar mi gruesa piel, me empujaba cómo si la estuviera ahogando con mi peso, pero cuando trataba de alzarme, ella me tiraba sobre su cuerpecito una y otra vez, luego sus fuerza la abandonaron y se relajó con sus muslos abiertos, yo no había acabado, pero me parecía irrelevante al lado de su potente orgasmo, lo único que deseaba era complacer su chocho hirviente.

Me deslicé a su lado y ella se giró exhausta, me dediqué a acariciar su cadera y su nalga, ella se giró quedando boca abajo, me levanté y mis besos se esparcieron por su espalda, bajando a sus glúteos, me encanta lamer, así que lamí la tierna carne de esos cachetes blanquitos y los abrí para penetrarla con mi lengua, Vanessa se medio giró y me miro con una sonrisa en sus labios, yo también le sonreí y le hice un guiño, ella volvió a apoyar su cabeza en la almohada y levantó ligeramente su culito, el canal que se formaba en medio a esas dos protuberantes nalgas y la calidez que emanaba su orificio rugoso y diminuto, que me hizo aflorar mi libido, sus ruidos, murmullos y quejidos me decían que disfrutaba el asalto a su ano, estaba sintiendo tanto placer como yo al lamer su culito albino, tuve que arreglar mi tremenda erección para que no me molestara, Vanessa de dio cuenta que la estaba follando con mi lengua, ya que mis movimientos habían aumentado en el frenesí de sentir la palpitaciones y contracciones de su esfínter, la llevé al paroxismo, muy cerca de un orgasmo, pero no la hice acabar, la giré, puse un grueso almohadón bajo sus glúteos, y teniéndola así de frente, apunté mi glande a su esfínter y delicadamente la penetré toda, Vanessa se movía lo suficiente para hacer deslizar mi polla dentro de ella, sus ojos no se despegaban de los míos, una vez más nos uníamos carnalmente deleitosamente.

Su culito era muy estrecho, mucho más que su panocha, me hacía sentir una perversa lujuria el tenerla empalada en mi pene y con su rostro lleno de goce, delicias supremas indescriptibles, mi Vanessa se movía gozando de ser pistoneada profundamente en su ano, esto superior a millares de pajas, esto era un goce extremo, un goce divino, su conchita derramaba fluidos que bañaban mi verga que entraba y salía de ese túnel de placer, lubricándola para aceitar el mecanismo de la maquina perforadora en la que me había convertido, Vanessa comenzó a mover su cabecita de lado a lado, bramaba y resoplaba su lujuria, intentaba tirarme encima de ella, pero yo me gozaba la vista de mi verga que penetraba su culito estrecho repetidamente.

Chilló en modo espeluznante cuando al fin convulsionó en un orgasmo animal y salvaje, lo que gatilló mi percutor e hizo que yo también me corriera en su agosto pasaje, con sus manitas juntas me pedía que le acabara un poco de semen en ellas, quité mi pene de su hoyuelo y dirigí unos chorritos a esas tiernas manos, ella sonreía gozosa y comenzó a espalmar mi esperma en todo su cuerpecito, me derrumbé a su lado respirando fatigosamente, ella se excuso y se levantó al baño, seguramente para evacuar mi lefa de su recto, me quedé solo por un momento y los pensamientos culposos comenzaron a devorar mí conciencia, pero cuando ella regresó y se puso a caballo en mis muslos, el peso de la chicoca hizo que la balanza se moviera hacia el lado de la libidinosidad, y ya nada me detuvo, si bien no podía tapar el sol con un dedo, mi erección era suficiente para obnubilar cualquier razonamiento circunspecto.

Abracé a la chicoca y la tiré hacia mí …

—¿Te dolió?

—No mucho … la primera vez que me lo hicieron, si que me dolió …

—Y de eso, ¿hace mucho tiempo?

—Sí … hace unos cuatro años …

—¿Y de cuando qué haces el amor? … quien fue tú primer hombre …

—¿Por qué me haces estas preguntas? … no me gusta hablar de ello … no es agradable

—Perdóname … no quiero que te recuerdes de cosas feas que te hayan sucedido

—¿Recuerdas que te conté que mi padre bebía y mi hermano se drogaba?

—Ellos eran mi pesadilla … temblaba cuando los escuchaba regresar a casa … no tenía via de escape … ellos me usaron todas las veces que quisieron … y todavía lo hacen cuando regreso a casa con ellos … por eso prefiero quedarme afuera con alguien … hago el amor con hombres mayores, pero no me maltratan, no me pegan, no me hieren … por el contrario, recibo muchos halagos … me he acostumbrado a esto … y me pagan lo suficiente para alquilar una pieza por ahí y no regresar a casa …

—¿Y cuantas veces a la semana encuentras algún cliente?

—¿Sabes dónde están Los Trapenses?

—Hay gente por ahí que me conoce y a veces estoy varios días por allá … ellos tienen bellas y cómodas casas … lindos autos y mucho dinero … puedo vivir más de un mes fuera de mi casa con lo que ellos me dan

Vanessa me narró muchas situaciones horrorosas, pero sin perder un momento su dignidad ni su temperamento, a veces me hablaba como en tercera persona y no se tratará de ella misma como protagonista, creo que esa era su válvula de escape a la realidad, una realidad paralela para sí sola.

Bueno, la chica se prostituye, estaba pensando con el pene lo sé, pero no seré yo el que se la pueda a cambiar las asquerosidades de este mundo, pensé en procurarle un desayuno frugal y llevarla al sitio de donde la recogí, había pasado unos buenos momentos con ella, demasiado hermosos y no podía dejar que se fuera sin disfrutar su propio deseo y placer, la chicoca se había puesto a cabalgar mi verga, no se la introducía, solo refregaba sus labiecitos en la cabeza de mi glande, quise tomas sus caderas pero ella me quitó las manos y siguió balanceándose sobre mi miembro duro, su angelical rostro era todo un programa, era una mujer que quería disfrutar de su macho y sería ella la que comandara la escena.

Vanessa había tomado su ritmo y en estos momentos el instrumento del placer era yo, su dulce boquita subió a mis labios y su lengüita se introdujo en mi boca como una serpiente, jugaba a lamer el interno de mi boca, emitía sonidos de ninfa en celo, más de un par de veces mordió delicadamente mis labios, embriagándome en el sabor de su saliva, después apoyó ambas manos en mi pecho y contorsionando su cinturita, bajó sus caderas hasta empalarse una vez más en mi miembro

—Ssiii mi niña … estoy dentro de ti … muévete … muévete … asiii

El afelpado guante de su chocho envolvía toda mi pija, soplé en sus oídos un saco de sonidos y palabras calientes junto a gemidos libidinosos, me estaba haciendo gozar nuevamente, el goce insuperable, mi verga se hacía espacio y escarbaba en sus entrañas, Vanessa ronroneaba como una gatita, frotaba su pelvis contra la mía, mis vellos púbicos contra su tierna piel lampiña, era una danza de amor, ella sentía tanto placer y incontrolable, sus muslos vibraron tratando de apretar mi cuerpo, la nena se corría jadeando de placer y emitiendo agudos chillidos de lascivia, su orgasmo se prolongó por varios minutos, yo la dejaba hacer y que desahogara su placer en mí, cuando ella se normalizó, me bastaron pocos embates y descargué mis cojones en su conchita, la nena me acariciaba y besaba, extraordinario el sentimiento, me parecía estar en un harem con mi preferida que me entregaba toda su pasión de hembra, me sentía como un Jeque o un Sultán, mi odalisca, mi concubina estaba allí para satisfacerme, era como una criatura de cuentos de hadas de las mil y una noche.

No había que darle tantas vueltas al asunto, Vanessa se regocijaba y le encantaba sentir una pija en su concha, lo hicimos varias veces más, hasta el mediodía, le di suficiente dinero para que se mantuviera alejada de sus parientes y luego bajamos al estacionamiento, salimos raudos hacia el centro de la ciudad, no había gran circulación de personas ni de vehículos, en el edificio nadie salió a fisgonear, cuando atravesamos San Pablo con Manuel Rodríguez, me dijo papito déjame en el mercado

—¿Te volveré a ver?…

—No lo sé, papito … gracias por todo … gracias por el dinerito …

—¿Dónde te puedo encontrar?

—No lo sé, papito … la vida va dando tumbos … en uno de esos, quizás volveremos a vernos

La vi alejarse con su andar despreocupado, hasta filosófica fue la despedida, la vi que se perdió en un pasaje dentro del mercado, desapareciendo de mi visual.

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