Hola, soy Francesca. Hace días le renté un cuarto en mi casa a una pareja joven, el muchacho junto con su esposa. Siempre que yo estaba en la casa, él me veía mis nalgotas y me calentaba mucho. Un sábado, estábamos solos él y yo. Yo estaba en la cocina y me agaché para sacar unos vegetales. En eso, escuché salir a alguien del baño y pensé: “Mis inquilinos ya se levantaron”. Seguí buscando las cosas cuando sentí una vergota en medio de mis nalgotas y oí que dijo el muchacho:

—Disculpe, seño, voy a agarrar el jugo.

Se estiró para agarrar el jugo, pero también me arrimó toda su vergota. Yo me quedé empinada hasta que el muchacho se quitó. Cuando me paré, él todavía estaba parado con su vergota bien dura. Yo no dije nada, pero quería toda su vergota que me la metiera por mi culote.

Después de un rato, me hice un sándwich. Él todavía estaba en la cocina, viéndome mis nalgotas, mientras platicábamos de cosas sin importancia. Cuando acabé, le dije que iba a la sala a ver TV y me preguntó si quería compañía. Yo le dije que sí y todo lo que quisiera darme. Solo se agarró la verga y nos fuimos a la sala. Cuando me senté, abrí mis piernotas lo suficiente para que viera que no traía nada abajo. Mientras veíamos la tele, yo me recliné, subí mis piernotas y las abrí todas. Dice el muchacho:

—Oiga, seño, está escurriendo. ¿No quiere que le limpie?

Y le dije:

—Sí, si tú quieres, pero también tengo mecos que no me han salido desde anoche que me cogió mi marido.

Dice:

—No importa, seño. Yo también le mamo la panocha a mi esposa cuando llega cogida.

Y le dije:

—¿A poco también se la cogen como puta? Y tan seria que se ve la putita.

Y dice:

—Sí, seño, se la cogen todos en su trabajo y cuando llega a la casa ya no quiere coger conmigo, solo me deja mamarle la panocha y me masturba.

Y le dije:

—Ay, mijo, qué desperdicio. Se ve que tienes una vergota muy rica y gruesa.

Y me dijo:

—Mire.

Se sacó una vergota muy rica y solo gemí y dije apenas para mí:

—Para mi culote, mijooo.

Y dijo:

—Mi esposa me dijo: pues si quieres coger, dile a esa señora que nos renta, tiene un culote y sé que es bien puta porque ya vi que vienen a cogérsela. Además, siempre anda enseñando ese culote como pidiendo verga. Ese día que venimos a rentar, yo vi que le veías ese culote como que querías meterle la verga ahí mismo. No creo que sea difícil que te la cojas.

Cuando terminó de contarme, yo tenía mi panochota ya escurriendo de mecos de mi marido. El muchacho se bajó el short y su vergota salió toda mojada. Le dije:

—Ay, mijooo, ven conmigo que yo te voy a sacar todos los mecos.

Me preguntó:

—¿Cómo le digo, seño, señora o cómo?

Y le digo:

—Mijo, dime puta o putona, mamá o abuela.

Y dijo:

—Le voy a llamar puta y abuela putona.

Y me dijo:

—Acuéstate, puta, que vamos a hacer el 69 y te vas a meter toda mi verga bien dura en tu boca, pinche abuela puta.

Me acosté y se subió encima de mí. Nos mamamos hasta que nos vinimos juntos bien rico. Se bajó, pero me dijo:

—Ahí en el refri vi que tienes un pepino de buen tamaño. Tráelo, puta, que te vamos a coger por tu culote los dos.

Cuando traje el pepino, yo seguí mamándole la vergota y sentí frío en mi panocha. De repente me mete todo el pepino y yo grité:

—Ay, mijooo, qué ricooo.

Luego volvimos a hacer el 69 y me seguía mamando la panochota. En eso me levanta mis piernotas y me empezó a meter el pepino por mi culote. Yo, con sus huevotes en mi boca, no pude gritar. Me lo metió todo, que no lo podía sacar, y dice:

—Ay, qué puta, tu culote se tragó todo el pepino.

Yo pujé hasta que salió y dijo:

—Qué puta eres, se ve que no es la primera vez que te meten algo así.

Y le dije:

—La verdad no, mijooo. Me han metido hasta 2 pepinos juntos, uno tras otro, y los saco empujando. Me encanta, mijooo.

Y dijo:

—Pinche puta, qué ricooo.

Se vino en mi boca y gritó:

—Trágate todos mis mecossss.

Después descansamos. Yo todavía quería más verga, así que le seguí agarrando la verga. Estábamos sentados en la sala, yo con mis piernotas abiertas y escurriendo de mecos, agarrándole la vergota al muchacho. Cuando se abrió la puerta, era su esposa. Nos vio cuando yo apenas iba a meterme su vergota en mi boca. Solo dijo:

—Ya sabía que usted era bien puta y se lo iba a coger.

Y yo solo dije:

—Me encanta ayudar.

La esposa se sentó a ver cómo le mamaba la verga a su marido. La esposa abrió sus piernas y no traía nada. Le empezó a escurrir mecos y le dije:

—Se ve que ya te atendieron a ti también.

Y dijo:

—Sí, un compañero me trajo y de paso me dio unas cogidotas muy ricas.

Le dije:

—Qué ricooo 😋 Me gustaría mamarte la panocha así como la tienes.

Y dijo que sí. Le dije:

—Acuéstate y ábrete la panocha, puta, para que tu marido me meta toda su vergota por el culote.

Cuando el muchacho escuchó, se le puso la vergota bien dura. Cuando me vio mamándole la panocha a su mujer y mi culote todo abierto, me agarró de mi cintura y me ensartó toda su vergota hasta adentro de mi culote, hasta que los 3 nos vinimos a chorros.

Yo, todavía escurriendo de mecos, le dije al muchacho:

—Cuando quieras cogerme, ven conmigo. Yo siempre quiero verga, mijo.

Y la esposa dijo:

—Ya ves, te dije que era bien puta la señora y que a todos les da el culote.

Se fueron a su cuarto. Yo me quedé un rato más viendo tele, hasta que llegó mi nieto.