Hola amigos, yo soy taxista y les contaré cómo conocí a Blanca y a su hija, que después fue todo un placer. Eran como las 9 de la noche, llovía. Me hizo la parada una mujer de estatura media. Le abrí, ella se metió rápido, estaba bien mojada. Me saludó. Se le pegaba toda su blusa y noté que no traía sostén. Era Blanca y ya saben, cuando se mojan tiende a transparentarse. Ella me dijo: «Ay, te voy a mojar todo tu asiento». Le dije que no se preocupara. Me dijo la dirección. Ya en el camino platicábamos y me decía que se le había hecho tarde para recoger a su hija. En eso le ofrecí una toalla de las pequeñas que por lo regular siempre traigo. Ella se empezó a secar, me dio las gracias, pero se le notaban los pezones bien parados.

Ya pasamos por la hija, una chica de 19 años que vestía una mini y una playerita. Saludó. Nos dirigimos a su casa. En eso escuché que le decía su hija: «Ay, mami, se te notan mucho los pezones», y se rio. Yo vi por el retrovisor y ella nada más sonrió. Se separaron y en eso, cuando su hija baja, noté que se había subido de más su falda y vi sus nalguitas. Ella ya cuando sale nada más me sonrió. Me pagó Blanca y me dijo que si podía hacerle unos servicios el día de mañana. Le dije que sí y le di mi tarjeta. Al siguiente día me marcó y me dijo que si podía pasar por su hija. Ya pasé por ella. Ella vestía unas licras blancas y un top. Quiero decirles que tenía unas tetitas muy ricas, más chicas que las de su mamá.

Ya íbamos platicando de qué estudiaba y que estaba con su novio. Pues ya era tarde. En eso le sonó el teléfono, era su mamá. Ella dijo: «Ya estoy con el chófer, vamos a la casa». Seguimos platicando. Le suena de nuevo, pero le pone el altavoz. En eso ella contesta, era supuestamente su novio y escucho: «Me encantó las mamadas que me…». En eso lo quitó y le dijo: «Voy en el taxi, luego te marco». En eso ella dijo: «Perdón, qué pena». Yo le dije: «No te preocupes». Y llegamos. Al escuchar eso se me paró la verga. Ya íbamos llegando y en eso me dijo: «Por favor, no vayas a decirle nada a mi mamá». Yo le dije: «No te preocupes, eso queda entre nosotros».

Ya llegamos, su mamá me agradeció y así fueron varios viajes. Pues agarramos confianza tanto con Blanca como con su hija. Un día Blanca me llama que fuera por ella. Para esto era un viernes. Ella estaba al sur de la CDMX. Ya fui a por ella. Salió de una casa, la noté tomadita. Le abrí la puerta, me saludó. Vestía una mini blusa blanca y de nuevo noté que no usaba bra. Yo pensé: ha de ser de esas mujeres que no acostumbran. Ella, para que sepan, es de buen cuerpo, buen culo y tetas ricas y grandes. Ya la llevé a su casa. En el camino platicamos que si yo era casado o soltero. Le dije que tenía una relación abierta. Ella sonrió y le dije yo a ella. Me dijo: «Pues también hace rato estuve con unos amigos». Platicamos. Ella me dijo ya en confianza: «Me encantan los intercambios». Yo le dije: «Qué padre, a mí también». Nos echamos a reír. Ella dijo: «Nos llevaremos bien, ya verás, corazón». Yo le dije: «Será».

Ya llegando le marcó a su hija que ya estábamos por llegar. Ella vive en la zona de Azcapotzalco. En eso se acercó a mí y me dijo: «Oye, Gabo, no tengo con qué pagar, pero ¿qué tal si te doy unas mamadas?». Yo volteé y le dije: «Vienes muy cachonda, Blanca». Ella dijo: «Sí», y tomada. Nos estacionamos enfrente de su casa, estaba un poco oscuro y me empezó a dar unas mamadas de verga que le digo: «Haaaa, qué rico la mamas». En eso me acordé que el novio de su hija le dijo lo mismo y me dije: «De tal madre, tal hija». Así estuvo un rato. Le metí mano y veo que no traía nada. Así estuvo un ratito. Le empecé a decir: «Qué rica boquita tienes, mamadora, como me gustan, perrita». En eso se saca la verga de la boca y pensé: «Ya se emputó». Cuál que me dice: «Eso me encanta, cabrón, que me hablen así». Pero duró poco porque en eso nos tocaron la ventana del taxi. Era su hija. Puta madre. Se desprendió de mi verga y pues yo me hice el pendejo, pero ella nos vio. Ya se bajó. Saludé a su hija. Ella se bajó y caminó rápido a la puerta. Me despedí y en eso su hija, que se llama Rosa, le dije: «Perdón, Rositas». Ella sonrió y dijo: «Es nuestro secretito». Me guiñó el ojo y se metió a la casa. Yo me quedé con la verga bien parada ese día.

Al día siguiente me habló Blanca pidiendo disculpas. Yo le dije: «No te preocupes». Ella en agradecimiento me dijo: «Te invito a comer a mi casa a las 7». Le dije: «Ok, ahí estaré». Llegué, me abrió y ¡guauuuu! Me recibió con un vestido pegado con escote. Se me salían los ojos al ver esas tremendas tetas. Me saludó. Entramos y platicamos un poco. En eso me ofreció de tomar. Sacó una botella de tequila, me dijo que me sentara. Sacó unos caballitos y a tomar. Comimos unos bocadillos y en eso le pregunté por Rosita. Ella dijo: «Está en su cuarto». Yo le comenté que si no le incomodaba si ella estaba ahí. Dijo que no. Estuvimos tomando, escuchando música. En eso como a las 11, Blanca fue al baño. Ya iba entonada y yo también ya estaba algo marcado. En eso escucho que baja alguien por las escaleras y en eso vi a Rosita bajar con un camisón para dormir, pero casi transparente y muy corto. Me saqué de onda. La saludé. Ella preguntó por mi mamá, a lo cual le dije que había entrado al baño. En eso se agachó a alcanzar unos panes del refri y vi cómo se le subió todo el camisón. Nombre, me puse a mil al ver esas nalguitas tan lindas. Regresó y vi cómo se le transparentaban sus tetas ricas. En eso llegó su mamá. Preguntó a qué bajó. Ella sonrió y le enseñó el pan. Se despidió y subió.

Blanca me dijo: «Es cabrona». Vi cómo ella ya estaba tomada, pero no. Blanca, que mi verga se me marcaba en el pantalón. Se acercó y me dijo: «Mmmm, ¿qué te calentó mi hija?», y se echó a reír. Le serví otro trago, pero se me pasó la mano. En eso ella dijo: «Cabrón, me quieres agarrar borracha». Reímos. Ya que empieza la acción, nos empezamos a besar y a manosear. En eso ella dijo: «Vamos a la sala, está más cómodo». Ahí empezamos. Ella me sacó la verga, me empezó a dar unas mamadas de campeonato. Le dije al oído: «Oye, ya no baja tu hija, no quiero otro mal encuentro». Ella dijo que no. Pues a darle. Empezamos a coger bien rico. Le di una mamada de vaina que gemía de placer. Se la metí de un trancazo y ella hizo un grito que pensé que despertaba su hija. Me la estuve cogiendo en todas formas. Le decía: «Eso, putita, mueve el culo». Ella decía: «Párteme, cabrón». La puse en 4 y le empecé a meter el dedo en el culo mientras me la cogía. Eso: «Así, cómemelo el culo». Y que empiezo a meterle la cabecita de mi verga y lo tenía apretadito. Y que le digo: «Ay, otra, como que no te han comido el culo últimamente». Ella contestó que no, que eso era lo que ella quería conmigo. Pues así la cogí. Gemía. Ya en ese momento no me importaba si Rosita bajaba. En eso ella tuvo dos orgasmos y ya cuando me vine se los eché en la cara. Le dije: «Eso, putita, así quédate». Ella quedó acostada en el sillón por un momento.

Yo sentía que nos veían. Me dirijo al baño y escuché unos pasos que subían las escaleras. Ya pasó. Regresé, le serví otra vez y ya después de un rato cogimos más. Ella ya estaba muy tomada. En eso me acerco y le dije: «Me encantaría comerte con unos amigos, ¿qué te parece, putita?». Ella me contestó que sí y eso me calentó más. Ya terminamos. Le había dejado la vaina llena de leche. Se quedó dormida por lo tomada. Yo me senté un rato. En eso escuché que bajaba Rosita. Me hice como dormido sentado en el sillón y vi que pasó a la cocina. En eso me la empecé a masturbar para que se me parara de nuevo. En eso ella salió de la cocina y abrí los ojos. Me vio como me la agarraba y nada más se rio. Qué le digo: «Rosita, si llevamos a tu mamá al cuarto». Ella asintió con la cabeza, pero no dejaba de verme la verga. Eso me puso caliente y siento que a ella también. Ya que se acerca y le dije: «Espero no te incomode». Ella dijo: «Es nuestro secretito». Y serio ella quiso ir a ver a su mamá, pero no pudo. Pasó al lado mío y me rozó la verga. En eso le dije: «Oye, qué rica estás». Se rio y le comenté: «Ni estabas espiando, ¿verdad? Te gustó lo que viste». Ella dijo que sí.

En eso ya no pude y le dije: «Mira cómo la tengo». Ya la tenía parada de nuevo. Le agarré la mano y se la llevé a mi verga. Ella luego luego la empezó a masturbar. Qué le digo: «Qué ricas manitas, bien suavecitas». Ella estaba bien roja y como estábamos al lado de su mamá le dije: «Mira, quedó bien cogida». Le empecé a agarrar las tetas a su mamá y ella me veía. En eso que le agarro una teta a ella y le dije: «Mmmm, qué ricas las tienes». Ya después le pregunto si la mama rico como dice tu novio. Y ella respondió eso sí. Y que le agarro la cabeza y le dije: «Quiero ver». La bajé y la puse a mamar mi verga. Qué rico, de tal palo tal astilla. Me la puso bien parada y con eso que teníamos al lado a su mamá más me excitaba. Eso que la levanto, le quité el camisón y la empecé a tocar. Estaba súper mojada. Qué le digo: «Mmm, qué rica cosita tienes, esa cosita quiere mi verga. A ver, putita, ven». Eso le excitó. La puse en el sillón, le abrí las patitas y le empecé a chupar su cosita caliente con sus jugos deliciosos. Le pasaba la lengua. Ella se retorcía agarrándose las tetitas. En eso me agarró de la cabeza y me dijo: «Me voy a venir». Y le dije: «Échamela, échamela, perrita». Sentí su leche riquísima. Ella gemía de placer y me decía: «Qué rico la mamas, cabrón». Me despegué, le di unos besos con sus jugos y le dije: «Ábreme esas patitas, putita, que te voy a meter la verga». En eso las abrió y vi todo ese panorama tan hermoso: una panochita rosadita bien depilada. Se la puse en la mera entrada. Se empezó a retorcer y le empecé a decir: «Pídemela, putita». Ella empezó: «Ya métela, por favor». Que se la empiezo a meter. Sentía su calor. Se la ensarté toda y gemía. Así la tuve cogiendo. Ya no me importaba nada.

Después la puse en 4, me paró la cola. Nombre, qué rica estás, perra. La agarré de las caderas y le estuve dando verga por un rato. Ella se vino como dos veces. En eso le dije: «Me voy a venir, pero quiero que me la mames». La puse al lado de Blanca, que ella roncaba. Nada más veía esa escena y me excitaba. Ya se hincó. Le agarré la cabeza, se la metía hasta adentro, la sacaba. Sentía su lengua alrededor de mi cabeza de la verga. Ya cuando me iba a venir la saqué y le eché la leche en la cara, alrededor de su boquita. Y en eso le eché más a su mamá. Ella nada más se rio. Le dije: «Límpiamela, perra, déjame bien limpio mi pito». Ella toda obediente lo hizo. Ya terminó y le dije: «Ven, te voy a llevar a tu cama, dejemos aquí a tu mamá». La subí. En el camino le iba agarrando las nalgas. Le decía: «De hoy en adelante serás mi putita». Ya entró y se acostó, pero antes le dije: «Deja te doy otras mamadas, perra, quiero saborearla de nuevo». Así fue. Terminamos y bajé una cobija para Blanca, la tapé y se quedó dormida. Subí de nuevo al cuarto y vi que estaba todavía despierta Rosita. Le dije: «¿Qué pasó, no puedes dormir?». Ella contestó que no. Pues entonces ven, mándame la verga. Y así hizo. Me la paró de nuevo y le di otra cogida. Me acosté y ella se daba sus sentadas. En eso escuchamos ruido. Ella apagó la luz y era Blanca que iba al baño. Rosita se empezó a mover más, me hizo venir y le eché toda la leche adentro. Dije que ya me iba al sillón para que no se diera cuenta y ella se me acercó y me dijo: «Es nuestro secretito». Nos dimos un largo beso y salí del cuarto. Fue una experiencia súper y ya llegó. Les contaré qué pasó el siguiente día.

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