Nos encontramos nuevamente, en este relato he intentado (dirás tu lector si lo he conseguido) cambiar levemente el enfoque del mismo, podría encuadrarse tanto en la categoría de control mental como de dominación, me he decidido por control mental.

Hace un tiempo he tenido la idea de escribir una historia sobre control mental, pero no desde la perspectiva del protagonista que mágicamente adquiere poderes que le permiten controlar la voluntad de otras personas, mas bien al contrario, el control aquí se da a través de la seducción, del establecimiento de recompensas y castigos que llevan al personaje poco a poco a quedar atrapado en una red que el mismo ha tejido y realizando actos que hubiera considerado imposibles tiempo antes.

Espero les guste y como siempre, aguardo con impaciencia sus comentarios y sugerencias.

Ana Raquel

Seducido

Capítulo I – La Entrevista.

Elías concurrió a la entrevista con la Dra. Serafina Rodríguez con una idea en la cabeza, que la terapia le permitiera sortear sus bloqueos emocionales y pudiera por fin, hacer carrera en la empresa.

Era un ingeniero capaz, medalla de oro en la Universidad, tenía un empleo interesante en una multinacional, y sin embargo, pese a todos sus logros, sus destrezas y el buen concepto que sus superiores tenían de el, hacía cinco años que estaba estancado en el mismo puesto, cuando, otras personas, menos calificadas que el, lo dejaban atrás.

– Tienes que hacer algo, le dijo una noche su esposa Clara. No ves que te toman por tonto?

– Bueno, me han prometido que el año próximo …

– El año pasado te dijeron lo mismo, y el anterior también.

– La política de la empresa … intentó justificarse sin completar la frase.

– Creo que deberías hacer algún tipo de terapia.

– Yo, terapia? Para que?

– No estoy hablando de acostarte en un diván y revisar toda tu vida. Hoy en día hay terapias breves que justamente pueden ayudarte en estos casos.

– Y como me ayudaría una terapia?

– Por empezar, otra persona puede darte una visión distinta, quizá podrías ver porqué no te ascienden, o decidirte a cambiar de empresa por una que si te valore como corresponde.

– Te parece?

– Siempre dudas tanto? Probablemente sea por eso, eres excelente en el trabajo, pero una multinacional necesita ejecutivos que tengan cierta seguridad en si mismos, no sé, inicia algún tipo de terapia y veamos que pasa.

Fue esta conversación (y el conocimiento del enojo de su esposa si no hacía nada) la que lo llevó a buscar un terapeuta y conseguir una entrevista con la Dra. Serafina.

Ahora estaba parado justo en la puerta de la consulta, todavía dudando si era lo correcto cuando se abrió la puerta.

Apareció una mujer de mediana edad, unos cuarenta años, muy bien vestida, con maquillaje suave, cabello negro recogido. – Usted debe ser Elías, le dijo.

– Así es, mucho gusto, tengo cita con la Dra. Serafina Rodríguez.

– Soy yo, adelante, pase y siéntese.

Ingresó en el despacho de la profesional, este tenía tres sillones modelo presidente, una biblioteca que cubría toda la pared a la derecha, por detrás del sillón donde se sentó Serafina había un amplio ventanal por donde entraba la luz del sol y a la izquierda, un escritorio con una computadora.

Elías se sentó frente a la Dra. y esta le preguntó: – Bueno, que lo trae por aquí.

Le contó no solo como no era promovido desde hacía cinco años en la empresa, agregó también la conversación con su mujer, dejando percibir sus dudas al respecto.

Mientras le contaba su historia, Elías notó que su terapeuta tenía puestas unas medias de nailon color natural y zapatos negros con un tacón de apenas tres centímetros.

El nailon brillaba al recibir la luz del sol y parecía producir una especie de encantamiento en el, trató de mirar a los ojos de su interlocutora, invariablemente, su mirada se desviaba a sus piernas y sus zapatos.

– Creo que sus dudas son infundadas, le dijo la Dra. Rodríguez interrumpiendo la atracción que ejercían esas medias sobre el. Es posible definir una terapia con objetivos limitados, centrándonos exclusivamente en su problema.

– Sería fantástico, mientras lo decía, su mirada se dirigió nuevamente, esta vez a sus zapatos.

– Primero quisiera tomar nota de sus datos personales, comenzó entonces a interrogarlo, nombre completo, profesión, edad, estado civil, su domicilio, etc.

Luego pasó a otros detalles mas íntimos, orientación sexual, frecuencia del coito con su esposa, que prácticas realizaban.

– Porqué pregunta eso Dra.? Son necesarios esos detalles?

– Por supuesto, si bien vamos a trabajar sobre un tema específico, necesito tener un panorama general.

El entonces respondió al cuestionario, la frecuencia con Clara era como mucho una vez por semana, el coito era el tradicional, posición del misionero, ella recostada y el frente a ella la penetraba y listo.

– No realizan ninguna otra práctica, sexo oral, masturbación mutua, en fin, algo mas?

– No Dra. los dos somos muy tradicionales.

Entretanto, el ojo entrenado de la profesional notó inmediatamente la atracción que ejercían sus piernas en el paciente.

– Le gustan mis piernas Elías? Veo que no puede dejar de mirarlas.

– Discúlpeme Dra. no he podido evitarlo.

– No se disculpe, en este ámbito las cosas no son ni buenas ni malas, simplemente son. Ahora respóndame por favor, le gustan mis piernas?

– En realidad son las medias que brillan bajo la luz del sol las que me atraen.

– Interesante, y los zapatos? Mientras decía esto, se cruzó de piernas y dejó que uno de los zapatos se balanceara en la punta de su pié.

– Son muy atractivos, dijo ya sin disimular la forma en que le atraían.

– Y si hago esto, dijo subiendo levemente la falda, exponiendo sus piernas casi hasta el muslo.

– Es muy atractivo Dra.

– Lo excita?

Elías no sabía que responder, quedó absorto mirando las piernas enfundadas en nailon, brillando bajo la luz que entraba por el ventanal, el zapato balanceándose.

– Responda por favor, se excita?

– Mucho Dra.

– Ha conversado de este fetiche con su mujer?

– No Dra., me da vergüenza admitirlo.

– Porqué? No tiene nada de malo.

– No lo sé, me gustaría que no me pasara esto.

– No se preocupe, es muy natural, algunos se sienten atraídos por el calzado, otros por el busto, no tiene nada de malo.

– Le parece?

– Estoy segura, no tiene nada de malo, es simplemente una particularidad.

Elías no podía despegar la mirada de las piernas, el nailon y los zapatos, totalmente abstraído.

– Bien, hoy hemos realizado avances importantes, continuamos la próxima.

Dicho esto, Serafina se levantó y acompañó a su paciente hasta la puerta.

Lo que no sabía Elías era que la terapeuta era conocida en ciertos círculos como una domina famosa por educar y adiestrar esclavos.

– Así que te gustan las medias? Pensó para sí misma cuando quedó sola. Ahora ya conozco tu debilidad, veamos como explotarla.

Capítulo II – Segunda Entrevista

En la siguiente entrevista, al abrir la puerta la terapeuta presentaba un aspecto completamente diferente, el cabello negro peinado en un esilo alto era la única similitud, ahora el maquillaje era mucho mas intenso, los labios rojos, uñas largas del mismo color, vestía una blusa blanca de satén, mangas largas y cuello cerrado, ambos con volados.

Sobre la blusa, resaltando su busto y su cintura, un corsé rojo, falda tubo de un material similar al látex que terminaba diez centímetros por encima de la rodilla, medias de nailon color natural y zapatos stiletto con un tacón de por lo menos doce centímetros.

Como detalle, ahora tenía unos lentes con armazón metálico que resaltaban aún mas su aire severo.

– Adelante Elías, lo estaba esperando.

Elías por su parte, quedó congelado ante la visión de la profesional, su terapeuta se había transformado en una diosa fetichista.

– No quiere pasar? Le sucede algo?

– Disculpe Dra., es su apariencia.

– No le gusta?

– Al contrario, si me permite el atrevimiento, la encuentro muy excitante.

– Bueno, adelante, pase y siéntese.

Elías abrió el camino y no pudo percibir la sonrisa en el rostro de su terapeuta al caminar detrás de el.

Se sentó y ella se sentó frente a el, al hacerlo, su falda subió otros diez centímetros, se cruzó de piernas y una vez mas, la luz del sol que entraba por el ventanal, iluminó sus medias.

El ya estaba fascinado con su imagen, no podía dejar de mirar esas hermosas piernas, el brillo del nailon a contraluz, el zapato oscilando en la punta de sus dedos, se revolvió incómodo intentando (infructuosamente a los ojos de su terapeuta) de ocultar su excitación.

– Le gusta lo que ve?

– Disculpe Dra., no pude evitarlo.

– Ya le he dicho que no debe pedir disculpas, aquí no hay cosas correctas o incorrectas.

El quedó en silencio.

– Tendré que preguntarle todo dos veces? Le gusta lo que ve?

– Tiene usted unas piernas hermosas.

Ella simplemente comenzó a acariciar sus piernas, subiendo desde la rodilla hasta el muslo casi expuesto.

– El tacto es tan suave, le gustaría tocar?

– Mucho doctora. Elías se sentía tan atraído por la imagen, sentía su miembro erguirse dentro de su pantalón.

– Todavía no, tendrá que ganarse ese derecho, quizá algún día.

– Como usted diga.

– Continuemos con la terapia. Porqué no le ha comentado el gusto por el nailon a su mujer?

– Tengo miedo que ella pueda pensar que soy un pervertido.

– No cree que exagera un poco, a ella puede gustarle el atractivo que ejerce el nailon y los zapatos sobre usted.

– Le parece?

– Ciertamente es mi caso, yo me siento halagada.

– No lo había pensado así.

– Entonces, que hará al respecto?

– No lo se.

– Le diré lo que hará, esta noche, luego de cenar, le pedirá a su esposa que vista un par de medias de nailon y le explicará el porqué.

– No se si podré.

– Si podrá, piense que nada tiene a perder y mucho a ganar.

– Y si cree que estoy enfermo?

– Vamos a hacer una cosa, arrodíllese a mis pies.

Elías obedeció, se arrodilló a los pies de su terapeuta, justo en la posición perfecta para contemplar el brillo de la luz sobre el nailon.

Ella entonces, tomó el zapato que oscilaba en la punta de su pié, lo acercó al rostro de su paciente.

– Huélalo le ordenó con una nueva voz de autoridad.

El tomó el zapato entre tus dos manos, lo acercó a su rostro y comenzó a olerlo.

– Que le parece?

– Delicioso, su erección era visible a través del pantalón.

– Estaría dispuesto a besarlo?

El no respondió, simplemente actuó, comenzó a lamer el zapato para beneplácito de ella.

– Ahora sí se ha ganado el derecho. Si lo desea puede acariciar mis piernas, comience por los tobillos.

El con delicadeza, colocó el zapato nuevamente en el pié de la profesional, luego, con manos temblorosas, comenzó a cariciar sus tobillos.

– Suba lentamente.

Obedeció, sintiendo el nailon bajo sus dedos, ascendiendo por las pantorrillas y llegando a la rodilla. Se detuvo en ese momento.

– No se detenga, continúe.

Siguió ascendiendo, ahora acariciando con toda la palma de su mano, absorbiendo el momento, sintiendo la presión de sus genitales dentro de su pantalón.

– Bueno, suficiente por hoy.

Casi con desgano el se incorporó y se sentó nuevamente en el sillón frente a ella.

– Hemos progresado bastante, piense en hacer lo mismo en su casa, con su mujer, verá que ella está mas que dispuesta. Mientras tanto, le daré una medicación para reducir la ansiedad.

Fue hasta su escritorio, y comenzó a escribir una receta, salvo que en vez de sentarse, lo hizo inclinada, exponiendo sus glúteos a su paciente, sabiendo que este no le quitaría el ojo de encima.

– Nos vemos la próxima.

Al cerrar la puerta, Serafina reflexionó para si misma: – La trampa está tendida.

Capítulo III – Tercera Entrevista

Al llegar a la tercera entrevista, Elías estaba excitado, pensando tanto en la profesional como en la respuesta de su esposa. Ansiaba contarle a su terapeuta el éxito obtenido, Clara, no solo había entendido su pedido, al ver los resultados se mostró mas que entusiasmada, de hecho, luego de la primera noche, todos los días se había cuidado muy bien de utilizar medias de nailon y zapatos de tacón.

Es mas, la altura de los tacones se había incrementado día a día, ahora su esposa solo utilizaba tacones de diez centímetros, y Elías vivía en un estado de excitación constante.

Al abrirse la puerta, su terapeuta estaba vestida de forma similar a la última sesión, salvo que ahora el corsé y las medias de nailon eran de color negro.

– Bienvenido Elías, pase por favor.

El nuevamente quedó sin palabras, la falda ajustada, los zapatos y especialmente, las medias brillando a la luz lo llevaron una vez mas a un estado de excitación.

Intentó sentarse en el sillón habitual, ella sin embargo lo detuvo.

– En el sillón no, de aquí en adelante este será su lugar. Dijo señalando a sus pies.

Obedientemente, el se arrodilló a su lado, contemplando sus piernas y deseando que le permitiera acariciarlas como la última vez.

– Como le ha resultado con su esposa?

– Excelente Dra., usted tenía razón, se mostró reticente al principio.

– Y que cambió su actitud?

– Cuando vio el resultado, cambió radicalmente, ahora se muestra mas que entusiasmada.

– Usa medias y tacones?

– Con frecuencia Dra., salvo que me chantajea con ello.

– Como que lo chantajea? Que significa?

– Tengo que cumplir ciertas tareas como condición, por ejemplo, desde aquel día que le comenté mi gusto por el nailon, debo cocinar, lavar los utensilios de cocina, realizar ciertas tareas.

– Usted las cumple entonces y luego ella lo premia.

– Exactamente.

– Y como se siente con eso?

– No tengo inconvenientes, el placer de verla usar las medias, los zapatos y que me permita acariciarla es indescriptible.

– Perfecto entonces, hoy intentaremos algo nuevo, desnúdese.

– Como?

– Ya me oyó, desnúdese.

– Pero, para qué?

– Acaso estoy confundida y usted se ha recibido de terapeuta durante la última semana?

– No Dra.

– Entonces obedezca y desnúdese, deje la ropa sobre el sillón.

Elías entonces obedeció, dejó su ropa en la silla indicada y desnudo, volvió a arrodillarse a los pies de su terapeuta.

– Bien, ahora nos estamos entendiendo. Tenga esto, dijo mientras le alcanzaba un pequeño sobre.

El abrió el sobre y encontró que en el había un par de medias de nailon color natural, tres cuartos, de aquellas que usan las mujeres cuando utilizan pantalones.

Examinó las medias y contempló a su terapeuta con expresión de duda.

– No me mire así, enrolle una sobre su pene, preste atención de cubrir también sus testículos.

El entonces puso una de las medias como si fuese un preservativo, cubriendo totalmente sus genitales e introduciendo sus testículos dentro de ellas también.

– Que siente?

– Excitación Dra., su pene estaba erguido completamente.

Serafina dejó caer el zapato que estaba oscilando en su pié y comenzó a acariciar el pene y los testículos de Elías con sus dedos enfundados en nailon.

Elías, presa de la desesperación, hizo ademán de tocarse.

– No !!!, ni se le ocurra tocarse, resonó la orden de ella.

– Perdón Dra., es que no puedo mas.

– En este contexto, es mejor que se refiera a mi como Señora, está claro.

– Si Señora.

– Si quiere su premio tiene que ganárselo. Venga, huela mi zapato.

– Ahora bese los dedos de mis pies. Quiero sentir la humedad de su lengua.

– Ahora comience a besar mis pantorrillas.

– Muy bien, siga subiendo.

Elías llegó casi hasta el muslo de la terapeuta cuando ella lo detuvo. Descruzó sus piernas y las colocó juntas a nivel de las rodillas y los tobillos.

– Colóquese aquí, frente mío, abrace mis piernas, apoye su torso sobre mis rodillas.

– Acaricie mis muslos con sus manos.

– Bien, ahora introduzca su pene entre mis pantorrillas.

– Le gusta?

– Mucho Señora, el placer de sentir sus piernas contra mi cuerpo es increíble.

– Excelente, ahora comience a moverse como si fuese un perrito.

Elías obedeció inmediatamente, sentía el roce del nailon contra su cuerpo y especialmente contra sus genitales, las uñas de la profesional acariciando su cabello solo incrementaban la sensación de placer y dominio que ella tenía sobre el.

– Cuando esté listo puede acabar.

No terminó de decirlo que comenzó a eyacular copiosamente, quedando su orgasmo principalmente en la media que tenía puesta sobre sus genitales, pero derramando algo sobre las piernas de Serafina.

– Pero que cachorro maleducado que eres. mejor limpia eso.

Elías hizo ademán de limpiarlo con un pañuelo que tomó de sus pantalones (que estaban en el sillón detrás de el) cuando ella lo interrumpió:

– No, con tu lengua, como corresponde a una mascota.

Ya totalmente bajo el control de su nueva dueña, obedeció inmediatamente, lamiendo el semen que había quedado en las piernas de ella.

– Muy bien, ahora vístete y nos vemos la próxima sesión, hoy hemos realizado grandes avances.

Una vez que se hubo retirado, ella tomó el teléfono celular y al responder la llamada se pudo oír:

– Hola Clara?

– Si, ya está preparado.

– Dentro de poco querida.

– Ten paciencia, falta poco.

– Disfruta.

Interrumpió la llamada y nuevamente una sonrisa asomó en su rostro. Su plan transcurría perfectamente.

Capítulo IV – Cuarta Entrevista

En la siguiente sesión, Serafina lo recibió con prácticamente la misma ropa que en las últimas oportunidades, la única diferencia era que en esta oportunidad mostraba uñas largas, pintadas de color rojo.

– Adelante Elías, pase al estudio.

– Si Señora, entró al estudio y se quedó de pié esperando a su terapeuta que venía detrás de el.

– Y bien, que está esperando? Le preguntó ella.

– No entiendo Señora.

– Vamos a poner algunas cosas en claro, el tratamiento es algo progresivo, vamos avanzando paso a paso y lo mas lógico es que una sesión comience donde terminó la anterior, cierto?

– Si Señora.

– Y como terminó la sesión anterior?

– Yo estaba desnudo a sus pies.

– Y que hace vestido entonces? Le preguntó mientras se sentaba en su sillón habitual y cruzaba sus piernas (cuidando además, que la luz del ventanal se reflejara en sus medias).

Elías se desnudó y se arrodilló a los pies de la profesional.

– Si mal no recuerdo, la última sesión usted terminó teniendo un orgasmo como si fuese un perrito verdad?

– Si Señora.

– Debemos completar la imagen entonces.

Serafina fue hasta el escritorio y del primer cajón tomó primero un par de guantes de látex de tipo quirúrgico, lubricante y un plug anal que simulaba la cola de un perro. Se situó detrás de el mientras decía: – Veamos si podemos conseguir que se mimetice un poco mejor.

Mientras hablaba, aplicó una generosa cantidad de lubricante en su paciente y luego introdujo lentamente el plug en Elías quien no se atrevía a decir nada para detener la invasión.

– Mucho mejor, a ver ahora mueva las caderas como si fuera un cachorro.

El obedeció intentando replicar el movimiento de una mascota y sintiendo como la cola hacía cosquillas en sus nalgas, mientras que el plug lo dilataba poco a poco.

– Muy bien, ahora sea un perrito obediente y traiga el collar que se encuentra sobre el primer estante de la biblioteca.

Elías, hizo intentó ponerse de pié y ella lo detuvo.

– No así no, debe hacerlo en cuatro patas y traer lo solicitado en la boca.

Sumido en una especie de trance de obediencia, caminó en cuatro patas hasta la biblioteca, tomó con su boca el collar con la correa que se encontraba en el primer estante y volvió hasta donde estaba Serafina, depositando el objeto a sus pies.

Ella tomó el collar y lo colocó alrededor de su cuello, aseguró la correa.

– Cuente que ha sucedido con su mujer en estos días.

– Ella parece entusiasmada con la atención que le brindo, estoy realizando todas las tareas de la casa, limpieza, cocina, compras, etc. y me premia usando medias del nailon mas fino, zapatos con tacón aguja y permitiéndome abrazarme a sus piernas para tener un orgasmo tipo perrito.

– Y que pasa con su semen cuando termina.

– Curiosamente me ordena que haga lo mismo que la última vez, tengo que limpiarlo con mi lengua.

– Como se siente con eso.

– Al principio lo encontré humillante, ahora estoy acostumbrado y en realidad no me importa si puedo acariciar sus piernas.

Serafina entonces subió su falda, abrió sus piernas y tirando de la correa:

– Hoy va a aprender algo nuevo, a ver mi cachorro como complace a su Ama.

El comenzó entonces a lamer los genitales de ella, cada vez con mas entusiasmo, excitado por la situación y sintiendo el roce de sus medias contra sus hombros, al mismo tiempo que con sus manos libres acariciaba los muslos de su terapeuta.

Entre gemidos y con la respiración entrecortada, ella decía: – Muy bien, que linda mascota, como hace feliz a su dueña.

Luego preguntaba: – Quien es tu dueña?

– Usted Señora.

– Me obedecerás en todo lo que te ordene?

– Si Señora, cualquier cosa que ordene.

– Quieres que te entrene?

– Si Señora.

– Mueve tu cola para indicar que si.

Elías comenzó a mover sus caderas de un lado hacia el otro, intentando imitar los movimientos de un perro y una vez mas, sintiendo como el plug lo dilataba.

– Ven aquí, dijo mientras cerraba sus piernas como la sesión anterior. Quiero ver como acaba mi mascota.

Elías se posicionó como en la última sesión y abrazando las piernas de su Ama comenzó a moverse como un perro al masturbarse, como novedad, esta vez, sentía como el peso de la cola se desplazaba de un lado al otro.

Cuando finalmente eyaculó, lo hizo sobre los pies y las piernas de su Señora.

– Limpia eso.

Sin decir palabra, comenzó a lamer su semen de los pies, tobillos y pantorrillas hasta que no quedó nada.

– Perfecto, hoy hemos avanzado mucho, la próxima sesión quiero que venga con su mujer.

– Mi mujer?

– Por supuesto, eventualmente, en algún momento debemos incorporarla al tratamiento.

– Si Señora.

Ella continuó sentada mientras Elías se vestía, y se retiraba. Tomó el celular y luego de marcar se pudo escuchar:

– Clara?

– Ya te lo envié.

– Muy bien entrenado.

– Disfruta.

– Tiene instrucciones de venir contigo la próxima sesión.

– Paciencia querida.

Interrumpió la llamada y quedó pensando: – La próxima sesión va a ser muy interesante.

Capítulo V – Quinta Entrevista

Al llegar Elías con su esposa a la siguiente sesión, en primer lugar, notó que ambas estaban vestidas casi exactamente iguales, las únicas diferencias que las marcaban eran que Clara era rubia, su corsé y sus medias negras, el resto exactamente igual, la blusa blanca, el estilo de maquillaje, las uñas largas y por supuesto, los zapatos stiletto con un tacón de 12 centímetros.

– Pasen por favor dijo Serafina.

Fue solo cerrar la puerta que la poco ortodoxa terapeuta tomó a Clara pasando una de sus manos por detrás de la nuca y extendiendo su lengua, directamente le dio un beso en la boca a Clara, esta, para sorpresa de Elías no la rechazó, por el contrario, respondió al beso y la tomó por la cintura apretando un cuerpo contra el otro.

Serafina interrumpió el beso por un momento: – No se quede ahí parado, cierre la boca y prepárese para la sesión.

Mientras sus dos Amas continuaban besándose y explorando sus cuerpos, Elías se dirigió al estudio, se desnudó, lubricó y colocó el plug con la cola de perro, ajustó el collar de cuero, tomó la correa entre sus dientes y se arrodilló entre los dos sillones.

Estaba en esta posición cuando ellas entraron, caminando lentamente, resonando el sonido de sus tacones. Clara se sentó en el sillón a su izquierda, mientras que Serafina lo hizo en el sillón a su derecha. La luz del sol reflejada en el brillo de sus medias de nailon.

– Veo que lo has entrenado bien, dijo su esposa.

– Con tu ayuda por supuesto, respondió Serafina.

– Verás Elías, dijo la terapeuta, luego de nuestra primera entrevista, tu esposa me llamó por teléfono preocupada por tu afición a las medias de nailon y los zapatos. Le indiqué que era algo que ella podría utilizar en su favor y le dí algunas instrucciones sobre como comportarse.

– Al principio no estaba muy convencida, continuó Clara, luego pude percibir el efecto que producía en ti, Serafina me guió además enseñándome pequeños trucos que podía utilizar para controlarte.

– Y aquí estamos, finalizó Serafina, reunidos por fin.

La profesional se puso de pié y caminó hasta el sillón donde estaba sentada Clara, se acercó por detrás mientras decía:

– Sin embargo, esta sesión no se trata de Elías, hoy comenzaremos el adiestramiento de tu mujer.

Mientras decía esto, sus manos acariciaron primero el cuello de la esposa de Elías y comenzaron a descender lentamente hasta su busto, abrieron uno de los botones de la blusa y sus uñas comenzaron a pellizcar levemente sus pezones.

– Estás dispuesta a ser entrenada. Susurró al oído de Clara mientras continuaba acariciando su busto.

– Si Señora.

– Tu ven aquí, le dijo a Elías, comienza a besar los zapatos y las piernas de tu Ama mientras yo converso con ella.

Elías obedientemente se arrodilló frente a Clara y comenzó a lamer primero sus zapatos y luego recorriendo con su lengua las piernas de quien hasta hacía pocas semanas era solamente su mujer.

– Harás lo que yo te diga? Preguntó Serafina a Clara.

– Si Señora.

– Confías en mí?

– Si Señora.

– Te excita lo que estoy haciendo?

– Mucho Señora.

– Quieres que siga?

– Por favor Señora.

– Para poder seguir primero debemos hacer algo, algo que va a sellar tu obediencia.

– Lo que usted diga Señora.

En ese momento, fue hasta su escritorio y del primer cajón tomó un par de guantes sin dedos, se los alcanzó a Clara mientras le decía:

– Ten, ponlos en las manos de tu marido, eso evitará que se toque.

Clara obedeciendo a su Ama, colocó los guantes en las manos de Elías y los aseguró con una cierre de velcro a la altura de las muñecas, efectivamente habían inutilizado sus manos, cualquier cosa que quisiera hacer, debería hacerlo con su boca.

Mientras tanto, Serafina había dejado caer su falda y del segundo cajón del escritorio, tomó un arnés, al que luego fijó primero un vibrador pequeño, con la forma de un huevo, contra su vagina, y luego un dildo que era la copia exacta de un miembro masculino, la forma del glande, las venas, los colores, incluso los testículos, replicaban exactamente los genitales de un hombre.

Clara, concentrada en asegurar a Elías, no había percibido estos movimientos, oyó el sonido de los tacones al acercarse y cuando giró su cabeza, se encontró con el miembro artificial frente suyo.

– Bésalo mi aprendiz, esta es la señal de tu sometimiento.

Clara no dudó y obedeció inmediatamente, recorriendo con su lengua primero el glande y luego el cuerpo del pene artificial, acariciando con una de sus manos los testículos.

– Tu, dijo Serafina, haz algo útil y besa la entrepierna de tu esposa.

La imagen era bizarra y al mismo tiempo excitante, Elías, arrodillado entre las piernas de su esposa, con un rabo artificial en su ano, guantes que le impedían usar las manos, mientras tanto, Clara, besando el pene que su terapeuta le ofrecía.

– Alguna vez has tenido sexo anal? Preguntó Serafina.

– No Señora, nunca nadie ha entrado por ahí.

– Hasta ahora, date la vuelta, de rodillas en el sillón, con tus brazos apoyados en el respaldo.

– Tú, como buen cachorro quiero que lamas el culo de tu Ama, asegurate de lubricarlo bien.

Elías se acercó, subió la falda de su esposa, exponiendo su ano y comenzó a recorrerlo con su lengua, tratando de llegar lo mas profundo posible.

Entretanto, Serafina fue nuevamente hasta el escritorio, de uno de sus cajones tomó un preservativo, el que colocó como si se tratase de un pene verdadero, luego se puso un par de guantes de látex de tipo quirúrgico, y comenzó a lubricar el strapon.

Se acercó y retirando a su mascota, comenzó a acariciar el ano de su flamante aprendiz, primero introduciendo un dedo, luego dos, dejando que el lubricante hiciera su efecto, dilatando pacientemente el esfínter de Clara.

Cuando consideró que estaba lista, presionó la entrada del ano de su esclava y le pregunta al oído.

– Lo quieres?

– Si Señora.

– Estás segura?

– Si Señora.

– Si entra todo entonces seré tu dueña.

– Por favor Señora.

Serafina entonces comenzó a penetrar lentamente a Clara, hasta que estuvo por completo dentro de ella.

Elías entretanto, miraba excitado la imagen, su terapeuta estaba cabalgando a su mujer, lejos de escandalizarse, intentaba masturbarse sin éxito.

– Ves por que los guantes, le dijo Serafina a Clara.

– Si quieres puedes fregarte contra mis piernas, esta vez dirigiéndose a Elías.

Estando así en esta posición, llegaron al orgasmo casi al unísono. El derramando su semen sobre la pierna de Serafina.

– Limpia eso como corresponde.

– Hoy hemos conseguido grandes avances, te espero a ti también Clara para la próxima sesión.

Cuando se retiraron y Serafina quedó sola reflexionó: – Ya casi están listos, falta poco.

Capítulo VI – Sexta Entrevista

En la siguiente sesión, a la cual asistió la pareja, Serafina los recibió como de costumbre, tomó a Clara y comenzaron a besarse mientras Elías las contemplaba sin emitir sonido alguno.

En medio del manoseo mutuo, la terapeuta le dice:

– Ve a prepararte para la sesión y espera, primero tengo que hablar con Clara.

Ya totalmente bajo el control de la profesional, se dirigió al salón contiguo, se desnudó y tal como en la última sesión, lubricó y colocó el plug con la cola de perro, puso el collar alrededor de su cuello y tomó la correa entre sus dientes, se arrodilló en medio de los dos sillones y se dispuso a esperar la llegada de sus Amas.

Mientras tanto, en el recibidor, Serafina dejó caer su falda.

– Quita tu falda tu también, le indicó a su esclava.

– En la última sesión aprendiste algo sobre el poder verdad?

– Si Señora, sentí su poder sobre mí.

– Hoy aprenderás algo nuevo, el poder que tu tienes sobre los demás.

Mientras decía esto, exploraba con sus manos la entrepierna de Clara, masajeando su clítoris con uno de sus dedos.

– Tu serás el puente, yo soy tu Dueña, tu Ama, verdad?

– Si Señora.

– Hoy te transformarás en la dueña de Elías, serás el lazo que nos une.

– Si Señora.

– Has experimentado mi poder sobre ti, ahora probarás el poder que tienes sobre los demás.

La tomó de la mano y la guió hasta el consultorio, fue hasta el escritorio y del primer cajón tomó dos arneses. Primero se puso ella uno y adosó un dildo de generosas dimensiones, luego, con una serie de movimientos sensuales, dispuso el otro arnés en Clara y colocó también un dildo igual al de ella. Ambos eran copias exactas de un órgano masculino, incluidos los testículos.

– Dime que sientes, le preguntó mientras ella misma realizaba movimientos como si estuviese masturbando su pene artificial.

– Me siento poderosa, respondió Clara, imitando los movimientos de su Ama.

– Que te gustaría hacer ahora?

– Quiero penetrar a Elías, quiero marcar mi territorio y ser su dueña.

– Excelente, pero no tan rápido, debes disfrutar el momento.

Se acercaron a su mascota, Serafina entonces le ordenó:

– Besa el pene de tu dueña, muéstrale respeto.

Elías, comenzó entonces a lamer el pene de su esposa, besando el glande artificial, y luego introduciendo por completo el órgano dentro de su boca. Aprovechó el momento para acariciar las piernas enfundadas en nailon de ella, sintiendo la agradable sensación de sus propios genitales rozar contra sus medias.

– Mira que es vicioso, ya se está fregando, comentó Serafina.

Se sentó en uno de los sillones. – Ven aquí, ahora quiero que me chupes a mi.

El se arrodilló frente a su terapeuta y comenzó a besar su pene. – Haz uso de tu mascota Clara.

Clara entonces, procedió a retirar el plug, posicionó su pene en la entrada de su esposo, ahora convertido en su mascota y comenzó a penetrarlo. El ya estaba dilatado y lubricado gracias a la cola que tenía puesta y el dildo entró fácilmente.

– Dime que sientes Clara.

– Poder, me siento poderosa, le pregunta entonces a Elías.

– Quien es tu dueña?

– La Señora Clara es mi dueña.

– Me obedecerás?, le preguntó su esposa.

– Si Señora.

– Harás lo que yo te ordene?

– Si Señora, lo que usted disponga.

– Bien, ahora quiero ver como te derramas en las piernas de Serafina.

Elías comenzó a masturbarse mientras simultáneamente tenía el pene de Serafina en su boca y el de su esposa en el ano.

Poco tiempo paso hasta que tuvo un orgasmo que cayó por completo en las piernas de la profesional.

Esta vez ni siquiera fue necesario que le ordenaran, automáticamente comenzó a lamer las piernas bebiendo todo su semen.

– Mira que mascota viciosa tengo, declaró Clara.

– Bien podrías vender sus servicios ahora que está entrenado, completó Serafina.

– Excelente idea.

Capítulo VII – La Nueva Estructura

De nuevo en su hogar, la dinámica ahora ha cambiado radicalmente, Clara no es solo la Ama, es también la dueña, ella controla todos los aspectos de la casa, sabe de su poder y se exhibe constantemente con medias del mas fino nailon, zapatos que nunca tienen un tacón de menos de diez centímetros y cuya función es mantener a su esposo en un estado constante de excitación y sumisión.

Elías solo obedece, cumpliendo todas las órdenes de su dueña y simplemente aspirando a ser recompensado con el roce de un par de medias.

Ocasionalmente, cuando está realizando alguna de las tareas del hogar, Clara se aproxima a el y sin decir palabra alguna, retira el plug y lo penetra con su arnés, reafirmando su autoridad, el ha comenzado a desear estos momentos porque sabe que luego de la penetración tendrá su tan deseado premio, le será permitido frotarse contra las medias de su mujer.

En otro orden de cosas, podríamos decir que la terapia ha sido un éxito, su esposa simplemente le ordenó que buscara un nuevo empleo y ahora por fin ha conseguido la tan ansiada promoción.