Todo por una apuesta

Ana Raquel

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Sinopsis: Todo comienza con una apuesta entre dos maridos y sus esposas, en poco tiempo, todo se sale de control y ambos son lentamente feminizados y transformados y dominados por sus mujeres.

Los personajes:

Ana – Mi Esposa

Enrique – Yo mismo

Matilde – Vecina y amiga de Ana

Ricardo – Esposo de Matilde y amigo mío

Introducción:

Hace Seis Meses:

Ana (mi esposa) y yo Enrique, somos una pareja cercana a los cincuenta años, vivimos solos ya que nuestro hijo se emancipó hace casi cinco años ya y vive en otro país donde entendía que podía desarrollar mejor su profesión, ella es enfermera en una clínica de salud mental y yo por otra parte soy ingeniero, tenemos una vida cómoda y tranquila y vivimos en un departamento de cuatro ambientes en una zona acomodada de la ciudad, uno de los cuartos estuvo siempre destinado a estudio y es donde tenemos nuestros libros, computadoras, documentos de trabajo, etc. Otro cuarto era la habitación de mi hijo y desde que se fue a vivir solo, está completamente vacío, finalmente, el último cuarto es la habitación matrimonial,

Por esas casualidades de la vida, hace unos dos años aproximadamente, se mudó al departamento que se encuentra justo encima del nuestro otra pareja de nuestra misma edad, la cuestión es que la esposa de este matrimonio, Matilde es justamente compañera de trabajo de mi esposa, también es enfermera y su relación era mas bien esporádica ya que trabajaban en distintos sectores.

Pero al vivir tan cerca unos de otros, la relación entre ellas comenzó a hacerse mas estrechas, al poco tiempo, estaban viajando juntas al trabajo, compartían el automóvil a fin de reducir gastos y este trato cotidiano permitió que se conocieran mejor, que conversaran durante el viaje y comenzaran a trabar una amistad que excedía la relación laboral.

Al poco tiempo, comenzamos incluso a compartir tiempo juntos, disfrutando del tiempo libre en la piscina del edificio, saliendo de compras juntos, etc. Como además el esposo de Matilde, Ricardo, era también ingeniero (aunque de otra especialidad) y nos encontramos nosotros también trabando una relación de amistad y disfrutando de la compañía en conjunto.

Se tornó entonces un ritual que los sábados a la noche compartiéramos la cena, a veces en nuestro departamento y otras en el de ellos, para despuès de cenar, salir todos juntos a tomar unas copas.

Fue justamente un sábado cuando salimos a tomar algo que nos encontramos en un bar donde un hipnotizador, llamaba a gente del público y luego les ordenaba hacer las clásicas gracias en estos casos, el típico «eres una gallina» y el asistente comenzaba a cacarear, etc.

– Esto está arreglado, dije yo al instante. Es imposible que alguien me haga creer que soy una gallina, seguramente no es alguien elegido al azar sino un compinche del hipnotizador.

– Completamente de acuerdo me contestó Ricardo. No entiendo como alguien puede hacerme creer que soy un gato y luego ordenarme que olvide todo.

– No se, respondió mi esposa, la hipnosis es real, lo veo todos los días en la clínica, hay algunos médicos que hipnotizan a sus pacientes y por sus informes obtienen resultados muy positivos.

– Entonces es porque son tan falsos como el showman que tenemos adelante, seguro inventan mas de la cuenta en sus informes para quedar como grandes médicos.

– Claro, entonces todos en la clínica son tontos y no cuestionan los informes, respondió Matilde.

– No digo eso, respondí, pero me resulta mas fácil creer que un médico o un psicólogo exagere en sus informes a que mediante una sesión de hipnosis puedan alterar la mente de una persona.

– No es una sesión sola, me responde Matilde, Ana y yo hemos visto como semana a semana los pacientes hacen progresos, sobretodo en aquellos que padecen de fobias, parece ser muy efectivo.

– Tendrías que mostrarme pruebas muy contundentes para convencerme de eso, le respondió Ricardo.

Aquí Ana se enojó y bastante (creo que pocas veces la ví así), pero que crees, que somos tontas? Que no somos capaces de ver los progresos de un paciente, de ver como mejora su calidad de vida? No te olvides que hablamos de un tema que ustedes no conocen y que nosotras además de haber estudiado, hace veinte años que trabajamos allí, no les basta con nuestra palabra?

– Ya lo dijo Enrique, saben que nosotros somos de las ciencias duras y tendrían que mostrarnos pruebas al respecto para que las tomemos en cuenta.

– Si quieres pruebas te las voy a dar entonces, respondió Matilde, que te parece lo siguiente, ustedes nos van a dar seis meses a Ana y a mi, durane este tiempo los someteremos a varias sesiones de hipnosis para que hagan algo que ahora no estarian dispuestos a hacer de ninguna forma. Es una apuesta, si dentro de seis meses nosotras conseguimos que hagan algo que ahora repudiarían hacer, ustedes nos pagan a nosotras dos un crucero de una semana.

Por otra parte, si nosotras no conseguimos modificar su conducta, seremos nosotras las que les pagamos un crucero de una semana, y además, tendrán pase libre para hacer lo que quieran durante esa semana.

Miré a Ana para saber si estaba de acuerdo con esos términos, sabiendo que la idea de darme un pase libre durante una semana le gustaría muy poco.

– Hecho, por mi parte no hay problema respondió Ana.

Esto me preocupó un poco, porque sabiendo lo celosa que era, deberìa estar muy segura de ganar la apuesta.

– Y que es lo que nos haran hacer entonces?, preguntó Enrique

– Dos cosas, respondió Ana, primero no lo tenemos decidido, tendremos que conversar con Matilde para ver que puede ser, y además, ustedes no deberán saberlo ya que se opondrían voluntariamente y eso no sería justo.

Perfecto, entonces para resumir las reglas son las siguientes:

1. La prueba tiene una duración de seis meses.

2. No sabremos que es lo que nos harán hacer.

3. Debe ser algo claro, nada de hacernos comer algo que no nos gusta, tiene que ser algo que nosotros nunca haríamos

4. Los hombres estaríamos oblidados a seguir sus instrucciones y no sabotear el proyecto.

5. El ganador tiene como premio un crucero de una semana pagado por el perdedor.

Estamos de acuerdo?

Todos respondieron que si y entonces procedimos a formalizar la apuesta escribiendo los detalles en una servilleta de papel y firmándola todos los presentes.

Mas tarde, en nuestro departamento, mientras Ricardo y yo tomábamos un whisky y conversábamos de otras cosas mirando televisión, Ana y Maitilde fueraon a la cocina a preparar café y mientras tanto a depurar su plan.

– Estaba muy enojada y por eso acepté la apuesta dijo Ana, pero creo que nos metimos en problemas y dentro de seis meses ellos estarán disfrutando de otras mujeres en el crucero.

– No es así, a mi también me molestó la arrogancia al hablar de esos dos, y concuerdo que es imposible que en una sesión de diez minutos le hagas creer a alguien que es una prostituta como le pasó a esa chicha del público. Pero vos también has visto los avances en la clínica, el secreto habrás visto que es ir poco a poco, en pasos pequeños y derribando una barrera a la vez, no curas a un paciente con claustrofobia en una sola sesión, pero primero le parmites estar en un patio, con el cielo sobre su cabeza, luego lo convences que no pasa nada si está en una habitación grande, luego reduces el tamaño de la habitación, mas tarde la habitación tiene las ventanas tapadas, y finalmente termina ingresando a una habitación reducida.

– Esto es lo mismo continuó Matilde, debemos pensar en ir paso a paso, sesiones de hipnosis que permitan ir derribando barreras y poco a poco avanzando hacia nuestro destino final, cuando terminen los seis meses, su actitud será la de «Como fue que yo hice esto?»

– Y que es lo que les haremos, tiene que ser algo dramático, ya quedó aclarado que no podía ser comer algo que no les gusta, señaló Ana.

– Y si los obligamos a practicarnos sexo oral? Siempre me gustó pero Ricardo lo odia y raras veces me complace.

– No sirve, respondió Ana, Enrique no tiene problema en hacerlo y creo que hasta lo prefiere a penetrarme, me hace acabar enseguida y así puede volver a dormir.

– Creo que tu vida sexual es casi tan aburrida como la mía, señaló Matilde.

– Creo que sí, nos limitamos a una vez por semana, generalmente los sábados luego de salir y cuando tiene unas copas de mas.

– Ahí tenemos una clave, habrás visto en la clínica que muchas veces utilizan drogas con los pacientes hipnotizados, no existe tal cosa como una droga que los haga sumisos y obedientes, pero bajo la influencia de ciertas substancias, sabes que la voluntad se desvanece.

– Es cierto, casi me acuerdo de todos los errores que cometí estando borracha y que bajo ninguna circunstancia hubiera hecho estando sobria.

– Entonces tenemos un plan, debemos utilizar drogas o alcohol para derribar su resistencia, combinados con sesiones de hipnosis, las que poco a poco los harán modificar sus conductas.

– Seguimos con el mismo problema, que les haremos hacer?

Entonces los ojos de Matilde se iluminaron, Ya se que haremos, será tan evidente hasta para ellos que no tendrán posibilidad de negar que ganamos la apuesta.

Matilde comunicó su idea a Ana y los ojos de ella se iluminaron también. Perfecto, será una sorpresa y además me gusta la idea de darles una lección a esos dos machos arrogantes. Creo que ya podemos ir preparando la ropa para el crucero.

Semana 1:

El domingo y el lunes fueron dos días en los que todo transcurrío con normalidad, exactamente igual que otros fines de semana, yo ya estaba comenzando a pensar que la famosa apuesta había quedado en la nada y soñaba ya con mi semana de pase libre en un crucero, junto con mi amigo y rodeado de mujeres.

Sin embargo, sabía que Ana no era el tipo de mujer que se rendía fácilmente y tenìa mis temores sobre que haría para ganar la apuesta, porque estaba seguro que tanto ella como Matilde, tenían un plan.

Justamente, luego de cenar y al momento de ir a la cama ella me pidió que le practicara sexo oral, algo que ocasionalmente me pedía ya que le encantaba y si bien yo no era un fanático, no tenía ningún inconveniente en cumplir.

Aquí si hubo una pequeña diferencia con otras ocasiones, normalmente yo bajaba a su entrepierna, comenzaba a lamer y besar su vagina y clítoris durante un momento, no mas de cinco o diez minutos, ella alcanzaba rápidamente su orgasmo, y luego la penetraba en la posición mas clásica posible, la llamada del misionero. En este caso en cambio, fueron mucho mas de diez minutos, parecía que ella adrede estaba demorando su orgasmo esperando prolongar el pacer que yo le estaba brindando, no recuerdo cuando tiempo fue, pero seguramente pasó mas de media hora o cuarenta y cinco minutos hasta que ella alcanzó el climas, el que debo confesar, fue bastante mas intenso y prolongado que en otras ocasiones. Recuerdo que se mordía los labios, gemía, tomaba mi cabeza entre sus manos y hacía presión forzando mi lengua mas dentro suyo.

Cuando terminó, estaba exhausta y cuando me disponía a penetrarla me dijo:

– Por favor, ahora no tengo energías suficientes, fue el mejor orgasmo de mi vida, pero me ha dejado agotada. Prometo mañana compensarte.

– Por supuesto querida, no hay problemas, me alegra que lo hallas disfrutado.

Me dispuse entonces a dormir, pero ella me detuvo y me dice, espera, falta algo.

Tomó entonces dos pequeños auriculares bluetooth y mientras me lo colocaba me dice:

– Espero que no hallas olvidado nuestra apuesta, estos son los auriculares mas pequeños que pude conseguir, así no te molestarán al dormir.

Luego de colocarlos, y antes que pudiera decir nada me da una pequeña pildora.

– Que es esto, que me estás dando?

– Es solo para ayudarte a relajarte, verás que no tendrás problemas al dormir.

– No se, no estoy seguro, nunca tengo problemas para dormir.

– Olvidas la regla número tres, estás oblidado a prestar colaboración o de otra forma pierdes la apuesta.

– Está bien, pero que se supone que me harás hacer.

– Regla número dos, lo olvidas, si sabes que tipo de condicionamiento pienso aplicarte, vas a sabotearlo aunque sea inconscientemente.

Dicho esto, me entrega la pequeña pìldora con un baso de agua, activa en su celular la reproducción de un archivo de audio y apaga la luz.

Alcanzo a escuchar una voz muy suave y sensual de una mujer que primero me induce en un estado de relajación y luego, de una forma muy pausada, comienza a darme indicaciones.

– Tu esposa se merece placer.

– Ella sabe que es lo mejor para ti.

– Tienes suerte que ella esté a tu lado.

– Debes enfocarte en darle placer.

…..

Luego no pude oir mas, ya que caí en un sueño profundo, vagamente recuerdo escuchar esa deliciosa voz en mis sueños, o supongo que fue eso, ya que mis sueños estuvieron plagados de imágenes en las cuales yo le practicaba una y otra vez sexo oral, ella tenía múltiples orgasmos y todos venían acompañados por una sensación de satisfacción, de haber cumplido con mis deberes.

Me desperté por la mañana con una erección enorme, tremendamente excitado y dispuesto a hacerle el amor de una forma u otra, pero no la encontré al lado de la cama, me duché y resistí la tentación de masturbarme pensando que en cuanto la viera, la penetraría y obtendría mi satisfacción.

Sin embargo, no la encontré en ningún lado del departamento, solo una nota en la cocina, sujeta con un imán en la heladera que decía: «Hubo una emergencia en la clínica y Matilde y yo tuvimos que ir mas temprano, nos vemos por la noche, te quiero»

Bueno, ahí fueron mis planes de tener un coito rápido, en ese momento caigo en la cuenta que había dormido de mas y tenía que apurarme para llegar a horario a una reunión de trabajo, así que también tuve que desistir de deshaogarme masturbándome.

El día transcurrió con normalidad, aunque debo confesar que mi excitación solo fue incrementándose y me costó bastante trabajo concentrarme en el trabajo.

Al llegar a casa, ella estaba ya preparando la cena y no pude resistirme a besarla en la nuca, abrazarla, acariciarla imaginando la sesión de sexo que tendríamos mas tarde, solo que no podría haber estado mas equivocado.

De cualquier forma, ella percibió mis atenciones y en varias ocasiones me mencionó:

– Pero que cariñoso que estás.

– Me gusta que me atiendas así.

– Que te ha pasado? No es sábado y casi nunca estás así durante la semana.

Es cierto, hasta ese momento, nuestra vida sexual era como un reloj, los sábados a la noche luego de tomar algo con Matilde y Enrique, un coito rápido, siempre con la misma secuencia y luego a dormir. Casi podías poner en hora el reloj basado en nuestra actividad sexual, sin emgargo, ahora estaba enloquecido, parecía un adolescente a punto de tener sexo por primera vez, estaba desesperado.

Cuando fuimos a la cama, otra vez me pidió que le practicara sexo oral, sin embargo, en esta oportunidad estuvimos aún mas tiempo, mas de una hora presumo y recuerdo que me sentí extremadamente orgulloso ya que ella alcanzó el clímax al menos dos veces, ambas con igual intensidad.

Como la noche anterior cuando me disponía a penetrarla me dice:

– Por favor, tuve dos orgasmos y me es imposible siquiera moverme, tenme un poco de paciencia y recuerda que si estoy así es por culpa tuya.

Contrariamente a lo que puedas pensar. al escuchar esto, en vez de sentirme defraudado por no poder saciarme, sentí una sensación de orgullo y placer como la que sentía luego de aprobar un examen final particularmente difícil cuando estaba en la universidad.

– Ahora déjame que te coloque los auriculares y toma esto.

Esta vez no cuestioné las reglas y al accionar su teléfono móvil, comencé a oir la misma mujer que la noche anterior, con una voz tan sensual que me excitaba de solo escucharla, luego de la inducción de relación comenzó otra vez con la serie de frases, distinta a las de la noche anterior.

– Tu esposa es tu guía.

– Ella sabe lo que es mejor para tí.

– Tu deber es darle placer.

– Tu obligación es obedecerla.

…..

Al igual que la noche anterior, me dormí casi inmediatamente y tuve una serie de sueños en donde yo le practicaba sexo oral, pero ahora además la atendía, le servía el desayuno, en otro sueño, ella tomaba el desayuno mientras yo besaba su entrepierna, acariciaba sus pechos, hasta que una y otra vez llegaba al clímax.

No te voy a aburrir con detalles, pero el resto de la semana transcurrió exactamente igual, todas las mañanas me despertaba solo, encontraba una nota en el refrigerador indicando que por una cuestión u otra había tenido que salir temprano y que nos veíamos a la noche.

Mi excitación en cambio fue incrementándose día a día, ya directamente estaba enloquecido, miraba a las mujeres de mi oficina con otros ojos, tratando de disimular mi deseo, sin embargo, algo que me llamó la atención era que no me imaginaba teniendo relaciones con ellas, en cambio, soñaba con la idea de como sería besar su entrepierna.

Llegó el sábado y como siempre fuimos con Ricardo a jugar al golf, una excusa que teníamos para decirnos a nosotros mismos que practicábamos deporte y disfrutar de un tiempo relajándonos.

Inevitablemente la conversación derivo en mis experiencias durante la semana, le conté no solo del incremento en la actividad sexual, sino también en mi excitación constante y mis fantasías, además del hecho que durante una semana se me había negado el orgasmo.

Para mi sorpresa me dice: – A mi me pasó exactamente lo mismo, con cierta reluctancia le practiqué sexo oral, ya que no me gusta mucho hacerlo, pero terminaba siempre excitado y con una excusa u otra siempre tuve que posponer mi descarga para el día siguiente, y ese momento nunca llegó.

– Lo raro en mi caso es que no me halla masturbado, siempre pasaba algo que me hacía dejarlo de lado, o se hacía tarde para una reunión, o tenía temor de hacerlo en el baño y que ella me descubriera, pero nunca pude hacerlo a pesar de tener toda la intención.

– Tienes razón, me pasó lo mismo, y de alguna forma sospecho que es parte del plan de ellas para ganar la apuesta, aunque no imagino que puede ser, hasta ahora solo hemos practicado sexo oral, algo que en alguna oportunidad ya hicimos, así que para el propósito de la apuesta, no tiene ningún valor.

– En fin, dejemos que ellas sigan adelante, estoy convencido que no tienen inguna oportunidad.

A la noche, fuimos a cenar al departamento de Matilde y Enrique, luego de la cena, voy al baño y al salir encuentro a Ana recostada en la cama, con sus piernas abiertas exhibiendo su vagina, entonces me dice:

– Ya sabés lo que tenés que hacer.

Casi como si fuese una órden, me coloco entre sus piernas y comienzo una vez mas a lamerla y besarla durante al menos una hora como durante toda la semana, luego de alcanzar dos orgasmos me dice:

– Bueno, creo que te has ganado tu premio por comportarte durante la semana.

Comienzo a posicionarme para penetrarla, pero ella me dice:

– No, así no, hoy quiero probar algo diferente, acuèstate boca arriba.

Sigo sus instrucciones, tratando de imaginar que es lo que haría y entonces, colocando un poco de crema en sus manos, comienza a masturbarme lentamente.

– Te gusta?

– Si por supuesto, me encanta. Yo ya estaba directamente enloquecido, pensando que eyacularía en cualquier momento.

Cuando estoy a punto de acabar, ella se detiene y me dice: – Tan rápido no, estuviste aguantando toda una semana, puedes aguantar cinco minutos mas.

Esto se repitió durante demasiado tiempo, no puedo decir cuanto ya que estaba tan excitado que no tenía control sobre mi mismo, perdí la noción del tiempo y solo me abandoné al placer que me estaba brindando, pero estaba desesperado, cada vez que estaba a punto de llegar al orgasmo, ella se detenía y esperaba que me relajara para recomenzar nuevamente a masturbarme, una y otra vez, este ciclo se repetía hasta que finalmente le dije:

– Por favor, no puedo mas, dejame terminar.

– Bien, pero si lo hago tendrás que cumplirme un deseo, estás de acuerdo?

– Si, pero por favor, necesito terminar.

– Vas a cumplir con tu promesa, vas a hacer lo que te pida?

– Si cualquier cosa, pedime lo que sea, pero por favor, dejame terminar.

– Como quieras. Y dicho esto continuó masturbándome lentamente, hasta que finalmente tuve un orgasmo espectacular, creía que mi eyaculación no terminaría nunca.

– Bueno, bueno, bueno, creo que yo cumplí mi parte, ahora vos tenés que cumplir la tuya.

– Está bien, fue sensacional, no tengo ninguna queja, creo que nunca tuve un orgasmo así.

– Bien, entonces me dejarás ponerte esto, no me gusta que estés siempre excitado y con tantas mujeres alrededor tuyo.

Del cajón de la mesa de noche tomó una pequeña caja de plástico que en su interior tenía un dispositivo de castidad con su correspondiente llave.

– Seriamente pensás que voy a dejar que me pongas eso?

– Por supuesto, una promesa es una promesa y acabas de decir que harías cualquier cosa si tenías un orgasmo, además, recuerda la regla número tres, si la quiebras, automáticamente ganamos la apuesta.

No teniendo muchas alternativas, permití que me pusiera el dispositivo y luego colgó la llave con una cadena alrededor de su cuello.

– Ahora estoy mas tranquila, con tantas mujeres alrededor tuyo nunca se sabe lo que puede pasar, ahora toma esto.

Me dió una vez mas el dichoso comprimido cuya naturaleza desconocía completamente, me colocó los auriculares y pulsó play en su celular.

Una vez mas, la misma voz sensual, como me gustaría poder permanecer despierto durante mas tiempo, pero como siempre, solo alcanzaba a oir la introducción y luego la misma letanía:

– Tu esposa merece que la atiendas

– Ella sabe lo que es mejor para tí

– Obedecerla te traerá felicidad

– Complacerla es lo que deseas

……

Al despertar, como de costumbre estaba extremadamente excitado, no sabía que hacer, especialmente con el dispositivo de castidad que me impedía siquiera tocarme, fui al baño e incluso tuve que orinar sentado ya que no encontré forma de hacerlo como era habitual para mí, al volver, vi que Ana continuaba durmiendo y por un momento me vi tentado de arrebatarle la llave del cuello, pero eso era imposible, de haberlo hecho, automáticamente habría perdido la apuesta y estaba decidido a demostrarle que no podría alterar nada en mi.

En cambio, preparé el desayuno y se lo llevé a la cama, ella se sentó y abrió sus piernas, mientras yo, casi sin pensarlo, me acerqué a su entrepierna y comencé a besar y lamer su vagina. De pronto, me asaltó la imagen del sueño que había tenido durante la semana y me di cuenta que estaba repitiendo la misma escena, ella sentada en la cama, desayunando y yo entre sus piernas brindándole sexo oral.

Me dí cuenta que tuvo varios orgasmos ya que ocasionalmente apretaba sus piernas contra mi cuerpo, o gemía mientras bebía un sorbo de café.

Luego de desayunar fuimos a ducharnos juntos y mientras lo hacíamos ella no dejaba de excitarme, acariciando mi cuerpo, mis genitales a través del dispositivo de castidad o incluso lamiendo el mismo, por supuesto, eso no hacía otra cosa que enloquecerme aún mas, hasta que le dije:

– Por favor, retiralo un momento así puedo descargarme.

– Todavía no, de aquí en adelante, tienes que portarte muy bien, obedecer mis instrucciones y con suerte, te ganarás el premio. Mientras tanto, ya sabes lo que tienes que hacer.

Mientras decía esto, se sentaba en el borde de la ducha, abría sus piernas una vez mas y yo una vez mas, casi sin pensarlo, me arrodillé a sus pies y comencé una vez mas a lamer su entrepierna. Mi Dios, esta mujer se había transformado en un monstruo y no se cansaba nunca de tener orgasmos.

Mientras tanto, yo continuaba deseando.

Semana 2:

No puedo decir que la rutina de la primer semana se halla modificado mucho, salvo que ahora yo portaba el dispositivo de castidad, el resto continuó exactamente igual, todas las noches yo la satisfacía oralmente dos y a veces tres veces, le rogaba que retirara el dispositivo y ella se negaba diciendo simplemente que tenía que ganármelo.

Luego, como siempre y durante todas las noches, se repetía me daba de tomar la misteriosa pildorita, que supuestamente era para relajarme, colocaba los auriculares y reproducía el archivo de audio.

Si bien la voz de la mujer era la misma, sensual, hablando muy lentamente, dejando que cada palabra tuviera su propio peso, la inducción inicial también eran las mismas frases, hubo un ligero cambio hasta donde pude percibir, ahora no solo indicaba que obedecer a mi mujer era el camino del placer, sino que ahora repetía una y otra vez, el placer que ella recibía al practicar sexo oral a un hombre y recibir el orgasmo en su boca.

– Tu mujer es tu Ama

– Ella sabe lo que es mejor para tí

– No hay mejor placer que obedecerla

– Como me gusta beber semen

– Que delicioso es el semen

– No sabes que placer se siente al tener la boca llena de semen

……

Nunca pude permanecer despierto mas allá de estas frases, sin embargo, mis sueños estaban plagados de imágenes, además de las habituales en las que yo brindaba sexo oral a mi mujer, ahora se sumaron muchas otras de mujeres bebiendo semen, todas con una expresión de placer y satisfacción. algunas de ellas bebiendo directamente de la fuente, otras mostrando la boca llena de semen, incluso algunas bebiendo cantidades de semen de un vaso o de la palma de la mano de otra persona.

Esta semana se desarrolló una nueva rutina, al despertarme, preparaba el desayuno, luego mientras mi mujer lo tomaba, lamía sus piernas, su entrepierna y su vagina hasta llegar el orgasmo, mas tarde a la noche luego de cenar, se repetía la escena, ella esperándome en la cama de piernas abiertas, yo abalanzándome y lamiendo su vagina, chupando su clítoris durante aproximadamente una hora, hasta que ella tenía dos o tres orgasmos, mas tarde, nuevamente la sesión de audios.

Debo confesarte que no reconocía a mi esposa, de una mujer casi aburrida sexualmente se había transformado en una diosa que requería de mi le brindara al menos cuatro orgasmos por día, esto tengo que reconocer, la había transformado a ella también, ahora estaba radiante, siempre de buen humor, incluso había cambiado su apariencia, se maquillaba con mayor cuidado, las faldas se hicieron un poco mas cortas y ajustadas, dejó de usar zapatos planos y comenzó a vestir zapatos de tacón.

Al llegar el sábado nos reunimos con Ricardo para ir una vez mas a jugar al golf, cuando lo paso a buscar por su departamento veo que en Matilde se habían efectuado cambios similares a los de Ana, vestía una pollera tubo color natural, dos centímetros por encima de la rodilla, zapatos de tacón, una blusa blanca que resaltaba su hermoso busto, y un maquillaje exquisito.

– Me dijo Ana que van a salir de compras, le pregunté.

– Si, teníamos que comprar algunas cosas para la cena de esta noche, queremos darles una sorpresa.

– Bueno, pero tengan cuidado, ya estoy empezando a tener miedo de las sorpresas que ustedes nos dan.

Se rió con ganas y tomando a Ana del brazo, salieron rumbo al centro comercial.

Mientras tanto, yo estaba ya casi diría angustiado y en vez de ir a jugar el golf, nos quedamos con Ricardo tomando algo y compartiendo nuestras experiencias durante la semana.

No me sorprendió para nada que el hubiera pasado por las mismas circunstancias que yo, también tenía puesto un dispositivo de castidad, también le había sido negado el orgasmo durante la semana y en cuando a Matilde también se habían producido los mismos cambios, ahora ella disfrutaba de tres o cuatro orgasmos diarios y podríamos decir que había florecido frente al incremento de la actividad sexual.

– Hay dos cosas que me llaman la atención me dijo Ricardo.

– Cuales son? Aunque creo que son las mismas que me llaman la atención a mi.

– Número uno, aunque te parezca ridículo, la voz de la mujer que nos habla durante las noches, me enloquece, es tremendamente sensual, me excita oirla y ahora si noto que se ha producido un cambio en mí, antes no me gustaba para nada besar sus genitales y ahora me excita terriblemente.

– En mi caso, comparto contigo lo erótica que es la mujer que nos habla, la lentidud, la cadencia, la excitación que transmite es increíble, por otra parte, si bien yo no tenía problemas en practicarle sexo oral, ahora me he transformado en un fanático, casi te diría que prefiero besar su entrepierna a penetrarla. Además, es solo verla desnuda que inmediatamente tengo el deseo de lamer su vagina.

– A mi me pasa lo mismo, es una compulsión, no puedo evitarlo, incluso me pasa ir en la calle y ver otras mujeres e imaginarme como sería lamerles la vagina.

– Tal cual.

El resto del día transcurrió con cierta normalidad (si es que nuestra situación tenía algo de normal) cenamos en nuestro departamento y delicadamente tratamos con Ricardo de investigar hacia donde nos estaban dirigiendo, sin embargo, ante cualquier pregunta nuestra, incluso tangencial, como por ejemplo, que nos contaran los casos positivos de hipnosis en su trabajo, siempre nos encontrábamos con dos respuestas.

– Regla número dos.

– Regla número tres.

Era un muro infranqueable que no podíamos superar, finalmente nos rendimos, terminamos el encuentro hablando de una y mil cosas no relacionadas, hasta que nos fuimos con Ana a la cama.

Al salir del baño, como de costumbre la encuentro recostada, abierta de piernas y casi me abalanzo sobre ella, lamiendo su vagina y chupando su clítoris como si no hubiese un mañana, luego de casi una hora y tres orgasmos mas tarde (creo que tendría que empezar a medir el tiempo en orgasmos y no en minutos), ella me dice:

– Ya eres un experto, cada día el placer es mayor.

Sentí un orgullo que no puedo describir frente a las palabras de aprobación.

– Creo que te has ganado tu premio, y mientras decía esto, retira la llave de su cuello y libera el dispositivo de castidad, mi pene inmediatamente cobró vida, mas aún cuando ella comenzó a masturbarme lentamente.

Al igual que la semana anterior, me mantuvo al borde el orgasmo por casi una hora, cuando creía que me aproximaba, reducía el ritmo o simplemente paraba hasta que mi orgasmo retrocedía por decirlo así, momento en el que ella comenzaba nuevamente.

– Querès terminar?

– Si por favor, no puedo más, hace una semana que no eyaculo.

– Pero antes solo teníamos sexo una vez por semana.

– Es distinto, ahora estoy constantemente excitado, me excita besar tu vagina, y además esos audios que me haces oír también me mantienen constantemente excitado.

– Entonces sabes lo importante que es obedecer?

– Si

– Quien sabe que es lo mejor para vos?

– Tu, tu sabes lo que me conviene.

– Estás dispuesto a hacer lo que yo te pida?

– Cualquier cosa, pídeme lo que sea, solo quiero darte placer.

– Si tienes un orgasmo, me prometes que harás lo que yo te ordene?

– Si, lo que quieras

– Cualquier cosa que te pida?

– Si lo que sea, cualquier cosa que me pidas, por favor, dejame terminar.

– Como quieras, pero recuerda tu promesa.

Dicho esto, continuó masturbándome, esta vez sin detenerse hasta que llegué al orgasmo, creo que fue uno de los mas abundantes en mi vida, parecía un adolescente nuevamente. Ella, mientras tanto, había capturado casi la totalidad de mi eyaculación en la palma de su mano, que formaba un cuenco lleno de semen.

– Bebe, me ordenó mientras acercaba su mano a mi boca.

– Pero, no pensarás en serio que voy a beber mi semen.

– Una promesa es una promesa, además, (y la siguiente frase fue dicha con la misma cadencia y sensualidad que la voz de los audios), recuerda que yo se lo que es mejor para ti.

Tímidamente al principio, extendí mi lengua y comencé a lamer su mano, sin embargo, luego de un par de lamidas, se apoderó de mi una excitación terrible, la idea que el semen era delicioso y debía beberlo por completo me inundó, tomé su mano entre las mías y ávidamente bebí todo lo que pude, que me estaba pasando?

– Muy bien, por tu reacción debes aceptar que tenía razón, que se mejor que tu lo que te conviene.

Mientras decía esto, volvió a colocar el dispositivo de castidad, nuevamente me dio de tomar la droga misteriosa y conectó los auriculares.

Mis sueños estuvieron plagados de estas imágenes, ahora no eran mujeres anónimas las que recibían el orgasmo en su boca, ahora era claramente yo quien bebía un orgasmo tras otro de una y mil formas distintas, directamente del pene de un hombre anónimo, recibiéndolo en mi rostro, bebiéndolo de la palma de la mano de una mujer, bebiéndolo de una copa de cristal, etc, todas las formas que puedas imaginarte.

Esto implicó también un cambio de rutina durante el domingo, ya que por la mañana y luego a la nocha, se repitió la escena de la noche anterior, y bebí mi semen en dos oportunidades mas, esta vez, ella ni siquiera tuvo que pedírmelo, simplemente acercaba su palma a mi boca y yo, tomaba su mano entre las mías y bebía todo lo que podía, lamentando que no hubiera mas.

Semana 3:

De aquí en adelante la semana transcurrió como de costumbre últimamente, porque con normalidad sería totalmente inapropiado, como estos últimos días, yo le brindaba sexo oral por las mañanas y por las noches, aunque ocasionalmente en dos oportunidades, también lo hice mientras estábamos mirando televisión después de cenar, sentados en el sillón, uno al lado del otro, de pronto me dice:

– Necesito que me atiendas, levantó su falda, retiró su ropa interior y eso fue fue todo, no fue necesario que me diera ninguna otra indicación, al ver su vagina, noté que ahora se la había depilado completamente, al mismo tiempo, noté que ahora no estaba usando pantymedias como habitualmente lo hacía, sinó que tenía un par de medias con portaligas.

Esto añadía un atractivo adicional que me excitó mas aún, y en las dos ocasiones que me lo propuso, me zambullí en su entrepiernas y me dediqué a brindarle un orgasmo tras otro durante toda la duración de la película.

Tengo que aclarar que durante la semana no tuve ningún orgasmo, y debo confesar que yo mismo dudaba de mi motivación, no sabía si le pedía tener un orgasmo para satisfacer mi excitación, o si lo hacía por mi deseo de volver a beber mi propio semen. Sin embargo, ella solo me respondía:

– Paciencia, espera hasta el sábado.

Bueno, finalmente llegó el sábado y como estarás suponiendo, pasé a buscar a Ricardo, y al igual que la otra semana, Matilde y Ana irían de compras, supuestamente por cosas que necesitaban para nuestro encuentro a la noche.

Una vez mas, si bien con algo de pudor y vergüenza, la comenté a Ricardo los sucesos ocurridos durante la semana, pensando que el se escandalizaría frente a mi relato, sin embargo fue todo lo contrario.

– A mi me pasó lo mismo, no sabía como contártelo ya que me da mucha vergüenza, pero tal como te paso a vos, yo siento al mismo tiempo una sensación de placer al beber mi semen que solo se puede comparar con la sensación de relajación u orgullo que siento al obedecer a Matilde.

– Creo que hemos caído en su trampa, no se si será este el objetivo que se propusieron, pero lamento decirte que hemos perdido la apuesta, de ninguna forma podríamos negar que hace un mes, ninguno de los dos hubiera aceptado nada de lo que estamos haciendo ahora.

– Beber nuestro propio semen, me dice.

– Y usar un dispositivo de castidad, agregué.

– Y desear constantemente besar su vagina, comentó Ricardo

– Y no poder penetrarlas, es mas, no solo no poder penetrarlas, sino que no nos importe.

– Tal cual, creo que estamos perdidos y que somos nosotros quienes pagaremos el crucero.

– Si, pero mi pregunta ahora es que sigue?

– No se, me dijo Ricardo, pero la verdad tengo un poco de miedo de lo que pueden haber preparado para nosotros.

A la noche, durante la cena, ni siquiera tocamos el tema de la apuesta, creo que nuestro temos era mayor que nuestra curiosidad, además, nos sentíamos los dos completamente rendidos y dispuestos a aceptar que nos habíamos equivocado completamente.

Cuando finalizamos de comer, Matilde se levanta y dice: – Porque no vamos al living, estaremos mas cómodos para el evento que tenemos preparado para ustedes.

Intrigados, pero ya vencidos, nos dirigimos todos al living, Matilde y Ana se sientan en dos cómodos sillones, y cuando nosotros nos disponemos a sentarnos también, Ana nos dice: – No ustedes no, quedense parados en el medio de la sala.

– Bien, dice Matilde, ahora por favor, podrían quitarse los pantalones y la ropa interior?

Ante nuestra duda, Ana indica: – Vamos por favor, si todos los presentes sabemos que ustedes tienen el dispositivo de castidad, además nosotras no será la primera vez que los veamos desnudos.

– Reluctamente, quedamos desnudos, parados frente a ellas y Ana dice: – Matilde querida, quieres hacer los honores?

– Como no. Entonces ambas se levantan y tomando las llaves de los dispositivos de su cuello, liberan nuestros genitales.

– Excelente, dice Matilde, veo que ambos están excitados.

– Si, respondimos al unísono, hace una semana que no tenemos un orgasmo.

– Perfecto, ahora podrán disfrutar de uno, empiecen a masturbarse.

Como obedeciendo una orden, comenzamos a masturbarnos furiosamente, cada uno de nosotros frente a nuestra esposas.

Siguió aquí un período de tiempo en el cual ellas nos daban instrucciones, – Deténganse, cuendo veían que estábamos a punto de eyacular, – Comiencen de nuevo, cuando veían que nos habíamos calmado un poco.

Nos tuvieron así por espacio de media hora mas o menos, hasta que finalmente nos dicen:

– Bueno, cuando quieran pueden eyacular, pero hay una condición, recogan todo en la palma de su mano.

Casi inmediatamente comenzamos a eyacular copiosamente, recogiendo todo en nuestra mano, imaginando que nos harían beber el semen frente a ellas, y uno frente al otro, no podía sentir mayor humillación, sin embargo, no podía resistirme, a la humillación se sumaba un placer extremo tanto por haber llegado al orgasmo como también por obedecer y cumplir los deseos de nuestras esposas.

Mientras tanto, en algún momento que no percibí, tan concentrado estaba en lo que estaba haciendo, nuestras esposas se habían subido la falta y se masturbaban furiosamente, ahí me dí cuenta que ambas habían concurrido a la cena sin ropa interior, ambas además tenían puestas medias de nylon y portaligas.

– Perfecto Ricardo, dice Matilde, ahora quiero que le ofrezcas tu semen a Enrique. Ricardo, casi sin decir palabra, acerca su mano llena de semen a mi boca y yo instintivamente, comienzo a beberlo todo, con ansiedad, incluso cuando no quedaba nada en su palma, comienzo a lamer sus dedos intentando no perder ni una sola gota.

– Muy bien dice Ana, Enrique, me haces sentir orgullosa, pero no dejes a tu amigo con sed, ofrécele algo de beber.

Repitiendo el mismo gesto, ofrezco la palma de mi mano a Ricardo, que reproduce el mismo gesto que yo, finalmente, terminamos los dos manoseando nuestros genitales con una mano y lamiendo la mano del otro con deseo de mas.

– Excelente show, dice Matilde, ahora vengan aquí que nosotras también necesitamos deshaogarnos.

Nos lanzamos a los pies de nuestras esposas, y comenzamos a lamer las piernas enfundadas en nylon hasta llegar a la entrepierna, momento en el que como si el mundo se acabara mañana, comenzamos a lamer su vagina, besar y chupar su clìtoris, otorgándoles un orgasmo tras otro.

– Que nochesita, dijo Ana, ha sido una demostración excelente y ni siquiera tengo que decir que es lo que significa. Vistanse mientras nosotras vamos a preparar café.

Mientras ellas preparaban el café, le dije a Ricardo:

– No puedo creer lo que hemos hecho.

– Yo tampoco, es imposible que te creyera si hace un mes decías que haríamos esto.

– Por supuesto, perdimos la apuesta miserablemente.

– Demás está decirlo, creo que ya están preparando las valijas y encima les sobró tiempo.

– Sabes que es lo peor de todo, le dije a Ricargo, que me excitó beber tu semen, deseaba que hubiera mas, y si ahora no tuvieras el dispositivo de castidad, te estaría masturbando esperando beber tu orgasmo nuevamente, esta vez directamente de la fuente.

– Quieres decir que estarías dispuesto a practicarme sexo oral? A chupar mi pene hasta que acabara en tu boca?

– Si, eso mismo.

– Bueno, me contestó Ricardo, ahora que lo mencionas a mi me encantaría hacer lo mismo.

– Por Dios, en que nos han convertido, no podían haber hecho algo mas sencillo?

Mientras tanto, en la cocina:

– Ana, bueno ya está, después de esta demostración no pueden negar que ganamos la apuesta.

– Si, dice Matilde, sin embargo, me encantaría seguir.

– Porqué, ya está, demostramos que con una combinación de mensajes subliminales, manteniéndolos excitados todo el tiempo, y algunas drogas inductoras, podríamos obligarlos a hacer cosas que en su vida hubieran soñado.

– Eso si, por supuesto respondió Matilde, pero acaso estas tres semanas no han sido las mas geniales de tu vida?

– Tengo que reconocer tu punto, de tener un orgasmo cada tanto, porque no siempre llegaba cuando hacíamos el amor, pasé a tener tres o cuatro por día y no quiero perder eso.

– Además, ya recorrimos la parte mas difícil del camino, podríamos avanzar un poco mas y tener mas placer todavía.

– Ana, como sería eso, me interesa mucho tu idea.

– Verás, lo que podríamos hacer es (y aquí comenzó a hablarle al oído a su amiga)

– Te parece, no es un poco excesivo?

– No has visto como disfrutaban ellos también, simplemente hemos derribado algunas barreras y en el proceso, obtenemos algo de placer. Es una situación en la que todos ganan.

– Me has convencido, además creo que me gusta mucho tu idea.

Lo que ninguna de las dos había percibido es que el poder es casi como una droga, cuando lo tienes siempre quieres un poco mas, buscas explorar cuales son tus límites y hasta donde puedes llevar a tu sumiso, es un proceso que nunca se acaba, esperas ansioso el próximo paso, imaginas situaciones que te daràn placer por el simple hecho de dominar al otro y sin darse cuenta, al no detenerse, ambas habían caído en una espiral sin fin de dominación, en donde, por supuesto, los obedientes esclavos seríamos Ricardo y yo.

Esa noche, al llegar a nuestra cama estaba agotado, simplemente me acosté y solo pude percibir que Ana me colocaba los auriculares y empezaba a escuchar la ya familiar antes de quedarme completamente dormido.

Sin embargo, los audios deben haber sido otros, ya que mis sueños estuvieron plagados de otro tipo de imágenes, travestis, crossdressers, totalmente feminizados, con un dispositivo de castidad y siendo estimulados analmente de diversas formas, con vibradores, plugs, plugs inflables, con dedos y terminando todos, invariablemente con un orgasmo anal.

En la mañana del domingo también hubo una nueva situación, al preparar el desayuno y disponerme a servir oralmente a mi esposa, ella me rechazó diciendo:

– Por que no te afeitas, es desagradable sentir el roce de tu barba contra mis genitales. De hecho, me encantaría que te depilaras por completo, nunca me gustó sentir tu vello corporal contra mi cuerpo.

– Es necesario?

– En este momento y para mí, si. Además, yo también me depilé completamente como habrás visto y la sensación es increíble.

– Bueno, dame un momento dije mientras me dirigía al baño.

– Aprovecha la crema depilatoria que hay en la ducha. En ese momento me dí cuenta que debía haberlo planeado ya que nunca hubo crema depilatoria en nuestra ducha, pero en fin, yo ya estaba completamente resignado por un lado, mientras que por el otro debo reconocer que estas últimas semanas se habían despertado nuevas experiencias que nunca hubiera imaginado y tengo que confesar, que la mayoría habían sido agradables.

Apliqué entonces la crema depilatoria en todo mi cuerpo, y dejé que actuara mientras me afeitaba bien al ras, luego entré a la ducha para remover toda la crema junto con todo mi vello corporal y me encontré con Ana esperándome en nuestra cama matrimonial.

– Así está mucho mejor, me encanta ver y sentir todo tu cuerpo tan suave, ven aquí y atiéndeme un poco.

De aquí en adelante los sucesos fueron los mismos que durante la semana anterior, yo la serví oralmente, luego ella me masturbó y me dió de beber mi semen. La misma escena se repitió durante la noche.

Semana 4:

Al despertar, recordè parcialmente mis seños durante la noche, preguntándome, ¿Que se sentiría al tener algo estimulando constantemente mi ano?

Estaba decidido a confrontar a Ana inmediatamente, simplemente rendirme y decirle que ellas habían ganado la apuesta y pedirle que terminara con estos experimentos cuando me dí cuenta que estaba solo en la cama.

Me dirigí al baño, donde tuve que orinar sentado por supuesto gracias al dispositivo de castidad que tenía nuevamente colocado, me bañè y cuando fuí a la cocina por el desayuno, entontŕe una nota pegada en el refrigerador:

– Querido, hoy tengo que ir temprano a la clínica ya que hubo una urgencia, además, llamó la muchacha que hacía la limpieza y dijo que no podría venir mas por un problema de salud de la madre. Llegaré tarde, serías un amor y limpiarías un poco el departamento y si además preparas la comida te daré un premio.

Rápidamente organicé el día de forma tal de poder volver temprano y realizar la limpieza de la casa, siendo el propietario de una pequeña empresa, no tuve inconveniente, y luego de delegar algunas tareas, a las dos de la tarde ya me encontraba en nuestro departamento.

Me cambié el traje por algo mas cómodo, unas bermudas y una remera y me dediqué a limpiar todo el departamento, luego por la tarde hice las compras y comencè a preparar la cena, para no ensuciar la ropa que tenía puesta, me puse un delantal de cocina que había encontrado, no era mi primera elección, ya que tenía un tema muy femenino, rosa y con muchos volados en su contorno, pero así, al menos evitaba arruinar mi ropa.

Al llegar mi esposa, me saluda con un beso en mi espalda y me dice:

– Veo que limpiaste toda la casa, y además la comida huele exquisita, gracias mi Amor.

– El único inconveniente es que realmente te ves ridículo con esa ropa, mañana te consigo algo mas adecuado, pero ahora ven aquí a tomar tu premio.

Diciendo esto, se sentó en una de las sillas de la cocina y levantando su falda y abriendo las piernas, expuso sus genitales, mi Dios, no llevaba ropa interior, estuvo sin ropa interior todo el día? O quizá era algo premeditado y se había quitado la ropa interior en el elevador?

Bueno, no hacía mucha diferencia, el hecho es que ver su entrepierna y su sugerencia que ese era mi premio, hizo que comenzara a salivar de deseos de lamerla hasta el cansancio. Cosa que hice, y luego de mas o menos una hora, cuando la cena estuvo lista, nos sentamos a comer.

El resto de la noche transcurrió como últimamente, miramos una película en la sala, bueno, en realidad la miró ella, ya que durante todo el transcurso del filme, yo estuve arrodillado, lamiendo su entrepierna, realmente no se cuantos orgasmos tuvo esa noche.

Como de costumbre, al irnos a dormir, volvió a darme la dichosa píldora, colocó los auriculares y casi inmediatamente me dormí.

Al día siguiente, se repitió la escena, al levantarme, ella ya se había ido y sabiendo que no vendría nadie a realizar la limpieza del departamento, volví temprano de la oficina, me cambié, realicé la compra y luego de limpiar, comencé a preparar la cena.

Al llegar Ana, inmediatamente dijo: – Huele delicioso, creo que hasta fue una positivo que reunciara la muchacha, haces un mejor trabajo que ella, y además, tengo algunas ideas en las que podremos aprovechar el dinero que ahorramos.

– Mientras tanto, te traje esto que creo te quedará mucho mejor, me dice mientras me alcanzaba una bolsa de plástico.

Al abrirla, veo que se encuentra en ella un uniforme de mucama, era un uniforme simple, un guardapolvo azul, de mangas cortas, con ribetes blancos en el cuello, los puños y los bolsillos.

– Y esto?, le pregunto.

– No me gusta verte así con ese delantal, te ves ridículo, esto te quedará mucho mas cómodo, vamos pruébatelo.

Accedí a cambiarme, la verdad, ahora me sentía bastante ridículo, desnudo, solo con el guardapolvo y un par de zapatos deportivos blancos.

– Mucho mejor, me dijo Ana, todavía falta, hay algo que no me convence, pero es mucho mejor que ese delantal.

– Ahora quiero que mi mucama me atienda un poco, dijo repitiendo la escena del día anterior y enseñándome su entrepierna.

El resto de la noche transcurrió de forma similar al lunes, no te aburriré con los detalles ya que fue exactamente igual, salvo que ahora tenía puesto mi uniforme de mucama.

Esta escena se repitió también durante la semana, salvo, que cada día traía un artículo nuevo a fin de mejorar mi apariencia como decía ella y hacer que me viera menor ridículo, así:

El miércoles introdujo a mi vestuario un par de pantymedias de lycra, brillantes, de color natural.

– Ahora tus piernas se ven mucho mejor, recuerda mantenerlas depiladas, dijo Ana.

El jueves trajo consigo un par de zapatos de mujer, de color negro, con un taco de dos centímetros de altura.

– Mucho mejor que ese calzado deportivo que estabas usando, me encanta como combina con tus medias y tu uniforme.

Finalmente, el viernes me colocó una peluca de excelente calidad, de color negro, cabello lacio, que llegaba casi hasta mis hombros.

– Hermoso, me excita tu nueva apariencia, incluso de espaldas cualquiera te tomaría por la mucama de la casa. Ahora ven aquí a recibir tu premio que estoy estresada por el trabajo.

Una vez mas, literalmente me zambullí en su entrepierna y me dediqué a satisfacerla mientras ella miraba una película.

Al llegar la noche le pregunté: – Querida, te parece que podrías retirarme el dispositivo de castidad? Hace casi una semana que no tengo un orgasmo y te he complacido en todo lo que me has pedido.

– Ten un poco de paciencia, mañana tendrás tu premio especial. De hecho, he estado pensando en si podrías suspender tu partida de golf con Ricardo, mañana son ellos quienes vienen a cenar y me gustaría que asearas el departamento y prepararas la cena. Fue su respuesta.

– Como quieras, ya le envío un mensaje.

Colocó los auriculares nuevamente y al poco tiempo me quedé dormido. Como toda la semana tuve sueños de crossdressers y travestis siendo estimulados analmente de una y mil formas diferentes.

Obviamente, me levanté excitadísimo (como todas las mañanas de la semana) y luego de prepararle el desayuno, me dispuse a realizar las tareas encomendadas.

– Que estás haciendo? me preguntó.

– Bueno, voy a asear el departamento y luego planificar la cena para esta noche como me lo pediste.

– Pero así no, si vas a realizar las tareas de la casa, deberías usar tu uniforme como corresponde, no te parece? Piensa en el premio que tendrás esta noche.

– Bueno querida, como quieras (ya mi voluntad estaba completamente doblegada y me sentía compelido a cumplir todas sus instrucciones).

Procedí entonces a vestirme, las pantymedias, los zapatos, el uniforme y la peluca, que me transformaron nuevamente en la mucama de la casa.

– Un momento, todavía falta algo que compré para vos, me dice y entonces procede a tomar una caja de su bolso conteniendo un estuche completo de maquillaje.

– Ahora siéntate frente al espejo y presta mucha atención porque espero que hagas esto durante la semana.

Procedió entonces a maquillarme, primero perfilando ligeramente mis cejas (gracias a Dios, ya que todavía tenía que continuar trabajando), luego aplicando base, sobra en mis ojos, máscara en mis pestañas, rubor en mis mejillas y finalmente pintando mis labios de un rojo intenso.

– Todavía falta algo, y tomando un esmalte del mismo color que mis labios, procedió a pintar mis uñas.

– Ahora sí pareces una verdadera mucama, pero no puedo llamarte Enrique cuando estás así vestido, así que de ahora en adelante cuando cumplas tu rol de mucama, te llamaré Samanta, que te parece tu nuevo nombre?

– No se querida, es todo muy raro y nuevo.

– Un momento, me dice, de aquí en adelante vamos a conservar las formas, Enrique es mi marido, a quien amo, respeto y escucho, pero cuando estás en el rol de Samanta, eres la mucama y como tal debes tratarme, por esta vez pasa, pero de ahora en adelante, nada de Ana, querida, o cualquier cosa parecida, cuando te dirijas a mi te referirás como Señora, Señora Ana y deberás tratarme de usted, estamos de acuerdo?

– Si Señora, comprendo perfectamente.

– Muy bien, ahora ve a cumplir con tus tareas.

– Con permiso Señora.

Durante el resto del día me dediqué entonces a asear todo el departamento, preparar la cena, entrada, plato principal y postre y finalmente acomodar la mesa para recibir a nuestros invitados.

Ya entrada la tarde y faltando un par de horas para que llegaran nuestros amigos, Ana se encontraba en la sala.

– Ya esta todo preparado Señora, puedo retirarme?

– En un momento, primero te falta algo, hoy extrañé esa maravillosa boca tuya y ahora me sentiré una lesbiana perversa cuando me atiendas.

Dicho esto, abrió sus piernas y me invitó a que le lamiera sus genitales.

Luego de un buen tiempo, y después de haber alcanzado ya un par de orgasmos, me dice:

– Espera un momento, quiero probar algo nuevo. Mientras lo decía, se daba vuelta y exponiendo sus nalgas continúa:

– Quiero que me metas la lengua bien adentro en el culo.

Acostumbrado a obedecer, tomé con ambas manos su nalga y exponiendo el agujero del ano, comencé a lamerlo e introducir mi lengua dentro de el.

– Que maravilla, Dios mío, como no probé antes esto, es maravilloso.

Mientras decía esto, yo le introducía mi lengua en su ano y ella con una de sus manos se masturbaba, al llegar al orgasmo, dice:

– Suficiente, ahora tengo que recuperarme, puedes retirarte.

Me dirigí entonces a nuestro cuarto donde primero tomé una ducha y luego me vestí con ropa masculina informal, al llegar a la sala, encontré a Ana sentada en un sillón, con un trago en la mano y ofreciéndome otro, me dice:

– Siéntate aquí al lado mío, tenemos que hablar antes que lleguen nuestros invitados.

– Si querida, te escucho, yo ya estaba aprensivo pensando en lo que vendría, sin embargo, ella me pregunta.

– Como te sientes con estos cambios que han sucedido recientemente?

– Bueno, dije mientras pensaba, trataré de ser lo mas honesto posible, si hace dos meses me hubieras dicho que yo tendría un alter ego, Samanta, que cumpliría tareas de mucama en esta casa, que tendría puesto un dispositivo de castidad, que tu controlarías mis orgasmos y que yo te serviría oralmente dos o tres veces por día, simplemente hubiera pensado que habías perdido tu salud mental.

– Sin embargo, mirándolo en retrospectiva y siendo justos, debo reconocer que nuestra vida sexual no solo es mas intensa que lo que nunca fue, además, debo reconocer que no me disgusta, al contrario, si tengo que ser completamente sincero, siento una especie de placer perverso cuando me transformo en Samanta y tu me tratas como una mucama, sabes que estoy sometido a mucho stress en la empresa, y además la responsabilidad de dar trabajo a la gente, de saber que si hago mal las cosas, habrá muchos empleados que quedarán sin trabajo y eso es siempre una fuente de preocupación.

– En cambio, al llegar a casa y ser simplemente una mucama que sigue las órdenes de su señora, tiene un aspecto de relajación, ya no estoy obligado a tomar decisiones, las tomas tu y yo simplemente te obedezco, y eso es extremadamente relajante y satisfactorio.

– Tengo que reconocer además que nuestra vida sexual ahora no solo es mas intensa, sino mucho mas interesante, hasta te diría que me excita el pensar que es lo próximo que me harás hacer, como por ejemplo, hoy cuando me ordenaste que te lamiera el ano.

– Entonces, estás dispuesto a seguir?, me preguntó.

– Te diría que sí, no se a donde me llevarás ahora que tienes el control sobre mí, pero confío en ti, se que no me harías daño y por supuesto, te amo mas que nunca. El único reclamo que podría hacer es que realmente me gustaría tener orgasmos mas seguidos, es muy incómodo este estado de excitación constante.

– Bueno, en esta etapa de llamemosla «adiestramiento» es necesario, me dijo, pero no te preocupès, dentro de poco cambiará radicalmente.

En ese momento, llegaron nuestros invitados y se interrumpió la conversación.

La cena transcurrió con normalidad, salvo el hecho de que en varias oportunidades alabaron la comida, y la presentación de los platos, incluso en algún momento Ana mencionó:

– Enrique ha sido un amor durante toda la semana, no solo hoy ha preparado toda la cena y ordenado el departamento, ha sido así durante todos estos días y no puedo estarle mas que agradecida.

– Ricardo ha hecho lo mismo, mencionó Matilde, con los inconvenientes que hemos tenido en la clínica esta semana era un alivio retornar a casa sabiendo que el me esperaría con el departamento ordenado y la cena lista.

En ese momento miré a Ricardo y me dí cuenta inmediatamente que había pasado por el mismo proceso que yo, obviamente, ambas mujeres tenían una agenda en común y podía suponer que nuestros destinos estaban por decirlo así, sincronizados.

– Por qué no pasamos al living y les mostramos la sorpresa que les tenemos preparada? Mencionó Matilde.

– No veía el momento en que lo propusieras, ya estoy ansiosa, le responde Ana.

Pasamos al living, no con cierta aprensión por parte tanto de Ricardo como mía y en el momento en que nos vamos a sentar, ambas mujeres nos dicen.

– Esperen, ustedes son hoy el espectaculo central, ahora por favor, queremos que se desnuden.

Ninguno de los dos opuso resistencia alguna, al fin y al cabo, hasta ahora no era muy diferente de lo que había sucedido la semana anterior.

Cuando estábamos los dos, completamente desnudos salvo por nuestros dispositivos de castidad, Ana, le alcanza toma la llave de mi dispositivo de su cuello y alcanzándosela a Ricardo le dice:

– Ten, libera a tu amigo.

Ricardo comienza a maniobrar abriendo la cerradura del dispositivo y retirándolo, inevitablemente, sus manos rozaron tanto mi pene como mis testículos, y debido a la abstinencia y la constante excitación, inmediatamente comencé a tener una erección.

– En ese momento Matilde le pregunta a Ricardo, mira que hermoso que es cuando está erecto, no te gustaría besarlo?

– Adelante, yo no tengo ningún inconveniente, le dice Ana, es mas, me excitaría ver como lo besas.

Casi sin darme cuenta, y debido principalmente a mi excitación, comencé a acercarme a Ricardo, tomé su cabeza entre mis manos y ejercí una leve presión como para animarlo. No tuve que insistir mucho y antes de darme cuenta, sentía su lengua recorriendo tanto mis testículos, como también todo el recorrido de mi pene.

– Matilde, adelante, tomalo entero en tu boca, me excitaría ver eso. Y mientras lo decía pude ver que había levantado su falda y se estaba masturbando violentamente ante la perspectiva de ver a su marido practicándome sexo oral.

Hasta hacía poco, Ana estaba sentada al lado de Matilde, sin embargo no la veía en ese momento, hasta que de pronto, siento unos dedos explorando mi ano y lubricándolo, primero uno, y luego dos, mientras Ana me hablaba al oído y me decía:

– Te gusta, decime que te gusta que te dilate la cola.

– Si me encanta, estoy a punto de terminar.

– Todavía no, falta lo mejor, y mientras me decía esto, sentía que algo mas grande que un par de dedos me penetraba.

– Esto es un plug anal, y de ahora en adelante lo llevarás todo el tiempo.

Al poco tiempo no pude contenerme mas y terminé eyaculando en la boca de Ricardo.

– Hermoso dice Matilde, hacía mucho tiempo que no me excitaba tanto, ahora por favor, ponle nuevamente el dispositivo a Enrique.

– No vas a devolverle el favor a tu amigo, me dice Ana mientras suavemente empuja mis hombros hacia abajo, indicándome que me arrodille mientras Matilde me alcanza las llaves de Ricardo.

Tomo las llaves y al retirar el dispositivo Ana me dice: – Adelante, sabes lo que tienes que hacer, mientras me empuja levemente hacia el pene ya erecto de mi compañero.

Mientras tanto, Matilde repite el mismo proceso, mientras yo estoy lamiendo su pene, ella primero lo lubrica, lo dilata y finalmente termina colocándole el plug anal, hasta que finalmente, explota dentro de mi boca.

Luego yo repito también el proceso de colocarle nuevamente el dispositivo de castidad.

Nos vestimos, sentamos al lado de nuestras esposas y terminamos conversando como lo hacíamos normalmente.

Y así terminó la noche y el fin de semana, con nosotros no solo con un dispositivo de castidad puesto, sino que además, ahora teníamos un plug anal dilatándonos constantemente.

Semana 5:

El día comenzó normalmente, por supuesto, refiriéndonos a mi nueva normalidad, fuí a mi oficina, y luego a las dos de la tarde, al llegar a nuestro departamento seguí la nueva rutina, cambiarme, maquillarme y realizar la limpieza del departamento y programar la cena.

– Buenas noches Samanta, escuche la voz de Ana, tengo una sorpresa para vos.

– Si Señora, la cena ya está casi lista.

No voy a aburrirte nuevamente con los detalles pero seguimos con la rutina de la semana anterior, agregando todos los días una nueva característica.

– El lunes agregó un corset muy ajustado que afinaba mi cintura.

– El martes unas prótesis mamarias de tamaño doble D, junto con su correspondiente sostenedor.

– Al mismo tiempo, todos los días reemplazaba el plug anal por uno de un tamaño levemente superior, ella lo llamaba entrenamiento para el próximo fin de semana y todos los días reemplazaba los zapatos de tacón por unos de tacón mas alto, de forma tal que al llegar el viernes, estaba usando zapatos con un tacón de cinco centímetros sin ningún inconveniente.

– De igual forma, dejaba una lista de videos para que viera al llegar a casa, así, como te contaba antes, llegaba, me cambiaba, maquillaba y luego me sentaba a ver la lista de videos para después limpiar la casa y preparar la cena, al llegar, me preguntaba por los videos que podían incluir:

– Tips de maquillaje, como afinar la nariz, como hacer la mandíbula mas suave con sombras, como colocar correctamente pestañas postizas, como caminar, sentarse, etc.

– La lista también incluía videos de adoctrinamiento, imágenes de crossdressers practicando sexo oral, siendo estimulados analmente, satisfaciendo tanto a hombres como mujeres.

Así llegamos al sábado, día de nuestra reunión.

Al igual que la semana anterior, me levanté, y ahora sin necesidad de recibir instrucciones, me transformé en Samanta, preparé el desayuno para mi Señora y luego me dediqué a limpiar todo el departamento y preparar la cena.

Al terminar, ya entrada la tarde, le digo:

– Señora, ya está todo preparado, puedo retirarme.

– Hoy no Samanta, es una cena formal y necesito que me asistas.

– Señora, debo quedarme así, es un poco embarazoso.

– No discutas conmigo por favor, si quieres tener tu premio mejor que vayas a tomar un baño, yo dejaré en la habitación la ropa que deberás usar hoy.

Me bañe y al salir de la ducha, veo sobre la cama la ropa que mi esposa había dejado para mí. Espero que esto sea una broma pensé.

– Señora, realmente desea que use esto?

– No discutas conmigo, verás que será una noche excepcional.

– Pero si Ricardo me ve así, no se que pensará de mi.

– Bueno, después de lo que has hecho con Ricardo en las dos últimas semanas, creo que no tendría nada que objetar, además, Matilde me avisó que el no vendría, así que no tienes de que preocuparte.

– Ponte la ropa que he dejado y deja de protestar, además, quiero que te esmeres con el maquillaje y muestres todo lo que has aprendido en esta semana.

Resignado, pero también expectante pensando en cual sería mi premio hoy, comencé a vestirme, la ropa consistía en:

– Un par de medias con costura de color negro.

– Un corset muy ajustado, de color negro y con dos tazas para acomodar mis prótesis doble D.

– La peluca negra que había estado utilizando durante la semana.

– Un par de zapatos negros también, con un taco de al menos cinco centímetros de alto.

– Un kit de uñas postizas, junto con el barniz correspondiente de color rojo intenso.

– Un plug anal, ahora un poco mas grande todavía que el que estaba usando, de aproximadamente cinco centímetros de diámetro en su parte mas ancha.

– Y finalmente, un uniforme de mucama francesa, extremadamente corto, que suponía dejaría expuestas mis nalgas si en todo caso me inclinara.

Resignado, comencé una vez mas mi transformación en Samanta, primero lubriqué mi ano y coloqué el plug, luego el corset y las prótesis, mas tarde las medias, que ajusté con seis tirantes que salían del corset, finalmente los zapatos.

Me senté frente al espejo y comencé a maquillarme utilizando todos los trucos que había aprendido, pestañas postizas, sombras en los ojos alargadas (ojos de gata como dicen) rubor en mis mejillas, sombras para hacer mi mentón mas suave, y làpiz de labio de color rojo intenso.

Luego acomode la peluca en su lugar y comencé a aplicar las uñas postizas.

Finalmente, me puse el uniforme, el cual contaba también con una cofia para colocar sobre mi cabeza.

Debo confesar que al mirarme en el espejo era difícil reconocerme, me había transformado a mi misma en el epitome del erotismo.

Fuí hasta la sala y me presenté a la Señora para su aprobación.

– Excelente, mejor aún de lo que esperaba, me harás sentir orgullosa esta noche.

No termina de decir esto que suena el timbre del departamento.

– Ve a abrir la puerta, nuestros invitados han llegado.

No sin cierta reluctancia y algo de pudor, abrí la puerta esperando encontrar a Matilde y Ricardo. Sin embargo, veo a la amiga de mi mujer y a su lado una mucama vestida exactamente igual que yo, muy hermosa y femenina que de no ser por el dispositivo de castidad hubiera disparado una erección inmediatamente.

– Hola Samanta, un placer conocerte, Ana me ha hablado mucho de vos, esta es mi asistente Marisa, espero que sean buenas amigas.

En ese momento, caigo en cuenta que Marisa, no era otro que el alter ego de Ricardo, el cual había por supuesto, sufrido la misma transformación que yo.

– Encantada Marisa, un placer conocerte, le digo mientras nos damos un beso en la mejilla.

– Pasen por favor, la Señora Ana está esperando.

Ana y Matilde se sentaron en dos sillones de la sala y entablaron una conversación casual sobre su trabajo en la clínica durante la semana, mientras tanto, Marisa y aguardábamos de pie, en la entrada de la sala con nuestras manos entrelazadas al frente, esperando instrucciones. No obstante, no pude evitar mirar a Marisa (y noté que ella hacía lo mismo conmigo) y admirar su transformación, estaba sencillamente hermosa, era además, el epítome del fetichismo con ese traje de mucama, las medias, el busto prominente, etc.

En algún momento, nuestras miradas se cruzaron y noté el hambre en la de Marisa, es que acaso mi transformación era igualmente tan espectacular como la de ella?

– Ana: Marisa, Samanta, dejen de comerse con la mirada y presten atención por favor.

– Disculpe Señora, dijimos las dos casi al unísono.

– Vamos al comedor, por favor, sirvan el primer plato, dijo Matilde.

Ellas se sentaron a la mesa y mientras tanto, Marisa y yo nos pusimos detrás de cada una de nuestras Señoras, dispuesta a atenderlas en aquello que precisaban, cambiar los platos, servir la bebida, etc., mientras tanto, la conversación entre ellas, dejó de ser la charla casual sobre temas laborales para pasar a temas un poco mas íntimos, primero sobre nuestra «educación» como la llamaban, luego de como habíamos aceptado el plug anal que ahora llevábamos puesto, y finalmente, de como les excitaba que una «mujer» les comiera la entrepierna, confesándose una a la otra que creían haber descubierto su bisexualidad.

– Me encantaría comprobar si es así con vos, dijo Ana.

Yo estaba completamente sorprendida en ese momento, Ana, quien hasta hacía un par de meses, simplemente se recostaba en la cama mientras yo la penetraba, ahora se había transformado en una mujer hambrienta de sexo, esperando ser satisfecha oralmente tres o cuatro veces por día y además, ahora fantaseando con estar con otra mujer.

– Me encantaría que vos fueses la primera, respondió Matilde.

La primera? es que habría mas, en que se habían transformado nuestras esposas.

– Ellas ya demostraron que pueden disfrutar de ser bisexuales, continuó Matilde, claro, con un poco de ayuda de nuestra parte pero creo que están disfrutando de su nueva descubierta sexualidad.

– Ya lo creo, le respondió Ana, veremos que pasa hoy luego de la prueba de fuego.

Prueba de fuego, que era eso? que nos harían hacer ahora? Yo creía que ya habíamos pasado todos los límites, aunque la verdad si me ordenaban que tuviera sexo con Marisa, no tendría ninguna objeción que hacer.

– Vamos a la sala de estar, dijo Ana.

Nos dirigimos a la sala y allí ambas se sentaron en dos sillones, cruzadas de piernas, casi que exhibiéndose para nosotras, mientras tanto Marisa y yo, nos quedamos paradas junto a la puerta esperando instrucciones.

– Hemos recorrido un camino muy interesante estos dos últimos meses, dice Matilde, y no puedo menos que afirmar que ha sido sencillamente extraordinario y excitante para mi, comenzó a hablar Matilde.

– Sin embargo, continuó, todavía queda un pequeño recorrido que hacer, demás está decir que ustedes han perdido la apuesta y que tanto Ana como yo hemos ganado en buena ley unas merecidas vacaciones de una semana en un crucero.

– Si Señora, respondimos las dos al unísono, eso es incuestionable.

– Como decía Matilde, continuó Ana, queda sin embargo un pequeño recorrido que hacer, y en este caso, hemos decidido darles la oportunidad de continuar o detener todo aquí, las alternativas son obviamente, si deciden continuar, daremos el próximo paso, si en cambio, deciden detenerse aquí, simplemente olvidaremos todo lo que ha pasado, inmediatamente ustedes se cambiarán y retomarán su alter ego masculino y lo único que pasará es que Matilde y yo nos iremos una semana de vacaciones.

– Esta es una decisión importante, dijo Matilde, desean arriesgarse y dar el próximo paso, o prefieren volver a como eran las cosas hace dos meses atrás, teniendo sexo convencional una vez por semana. Personalmente, si deciden la segunda opción extrañaré mucho el sexo oral que Marisa me ha proveído últimamente.

– Y no olvides nuestro recién descubierto placer por los besos en el ano.

– Por supuesto, sería una lástima, pero son ustedes quienes deciden.

Una vez mas, lo pensé seriamente, quería dejar todo esto de lado, volver el tiempo dos meses atrás y olvidarme de todo, existía una cierta angustia en estar todo el tiempo con el dispositivo de castidad puesto, pero por otro lado, ya estaba disfrutando de abandonarme y cumplir ciegamente las órdenes de Ana, y ni que hablar de mi también recién descubierto placer por la estimulación anal, algo que el plug me recordaba constantemente.

Esto fue lo que mencioné, intentando ser completamente sincera.

– Lo mismo me pasa a mi, acotó Marisa, siento un placer particular al transformarme, dejar todo el stress de lado y simplemente obedecer, además, también debo confesar que nuestra vida sexual es mucho mas interesante ahora, coincido también con Samanta que lo único que lamento es no poder tener orgasmos mas seguido, aunque debo confesar, que su intensidad es mucho mayor.

– Entonces, que deciden?, preguntó Matilde.

– Yo quisiera seguir adelante Señoras, les dije, confío plenamente en ustedes, y hasta ahora solo hemos descubierto nuevas formas de placer.

– Y tu Marisa?, le preguntó Ana

– Yo también quisiera seguir adelante Señora, además, veo que Matilde está mucho mas satisfecha sexualmente hablando y eso es muy importante para mi.

– Perfecto entonces, dijo Ana, no esperábamos menos de ustedes pero queríamos darles la oportunidad de elegir, nosotras iremos a cambiarnos y mientras tanto, ustedes vayan a la cocina y traigan dos copas de cristal por favor.

Extraño pedido si se quiere, que era lo que tenían planeado para nosotras? Fuimos a la cocina y no pude menos que mirar las nalgas de Marisa y luego acariciarlas cuando tomó las copas del aparador superior.

– Esperaba que fueras vos quien tomara las copas, yo tenía intenciones de hacer lo mismo.

– No hay problema, le dije, mientras me extendía para tomar dos copas mas, momento en el cual sentí como un par de manos acariciaba mis glúteos aumentando aún mas mi excitación.

Volvimos a la sala y dejando dos copas en la pequeña mesa del centro, nos quedamos paradas en la puerta aguardando.

Al pasar el tiempo y encontrándonos solas, nos sentamos en el sillón uno junto a la otra, no tengo forma de describir la excitación que sentía en ese momento al sentir el roce de sus piernas enfundadas en un par de medias de nylon contra las mías, más aún cuando siento que Marisa comienza a acariciar una de mis piernas, acto que como te imaginarás, respondí inmediatamente, excitándome mas todavía al ver mi mano, con las uñas largas y pintadas de rojo, acariciando sus hermosas piernas.

En eso estábamos cuando de pronto escuchamos:

– Ana, que bonito, las dejamos cinco minutos solas y ya parecen dos hembras en celo.

– Matilde, ahora me queda mucho mas claro porqué querían seguir, creo amiga mía que inadvertidamente hemos creado dos putitas.

Marisa y yo nos quedamos mudas, sin saber que responder, no por la situación en la que nos habían encontrado sino por el cambio que se había generado en nuestras esposas.

Esas dos mujeres formales que habían dejado la sala habían vuelto completamente transformadas en dos Diosas dominantes, la única diferencia entre ellas era el color del cabello, castaño claro en el caso de Ana y rubio en el caso de Matilde, en ambos casos, amarrado en una cola de caballo.

Su maquillaje ahora era mucho mas intenso, con sombras mas marcadas en los ojos, los labios pintados de un marrón oscuro que resaltaba aún mas sus facciones, luego un corset de cuero negro, muy ajustado que les proporcionaba una cintura diminuta y al mismo resaltando el busto prominente que ambas tenían.

Del corset partían seis portaligas que aseguraban un par de medias de nylon con costura, similares a las que teníamos nosotras, finalmente, un par de botas altas hasta la rodilla, con un taco de al menos diez centímetros de altura.

En sus brazos, unos guantes largos tipo ópera que acentuaba aún mas su figura dominante.

Pero lo que nos dejó con la boca abierta era que en su cintura, portaban un arnés con un consolador de generosas dimensiones y un formato algo extraño, partía de su entrepierna y se extendía hacia arriba (luego me enteré que debía su forma a que estaba especialmente diseñado para estimular la próstata).

Ante nuestro asombro, Ana dice: – Cierren la boca, o prefieren que les demos algo para poner en ella?

Nos pusimos de pié inmediatamente y les dije: – Lo siento Señoras, no pudimos contenernos, les pido que tengan en cuenta que hace una semana que estamos en abstinencia y Marisa es muy hermosa y no pudimos evitarlo.

– Bueno, dice Matilde mientras se sentaba en el sillón, por hoy pasa, pero ahora quiero ver como Marisa besa este hermoso pene que compré para ella.

– Excelente idea, dice Ana, estoy ansiosa para ver como lo hace Samanta.

Ambas se sientan en los dos sillones y nos hacen señas que nos acerquemos.

Casi sin pensarlo y sin darme cuenta lo que estaba haciendo, me arrodillo a sus pies y comienzo a lamer el pene de goma para finalmente, terminar metiéndomelo dentro de la boca, momento en que Ana comenzó a gemir, luego me entere que el arnés contaba con un consolador interno que se introducía dentro de su vagina, y al yo lamerlo y chuparlo, estaba también moviendo el otro extremo dentro de ella.

Trato de introducirlo por completo en mi boca pero me es imposible, tendrìa una extensiòn de al menos 25 centímetros de los cuales solo pude tragar la mitad.

– Veo que te falta practica me dice, no te preocupes, con el tiempo vas a ser una experta, vamos a practicar todos los días hasta que puedas tragarlo entero.

– Bueno, suficiente por ahora, dice Matilde y levantándose, toma un preservativo de su escote y se lo alcanza a Marisa diciéndole – Serias tan amable de colocármelo?

Marisa entonces abre el envoltorio y comienza a colocarlo sobre el falo artificial.

– No con las manos no, trata de hacerlo con la boca como buena putita que eres.

No sin esfuerzo, Marisa comienza a luchar para cumplir con las instrucciones de su Señora, tarea que debido a su inexperiencia, le resulta bastante difícil.

– Esta es otra cosa en la que tienen que practicar, pero con el tiempo será una segunda naturaleza para ustedes.

Una vez que termina mas o menos de colocarlo, Matilde lo acomoda correctamente y comienza a lubricarlo con gel mientras le dice a Marisa:

– A ver hermosa, date la vuelta, apoya los brazos en el respaldo del sillón y muéstrame esa hermosa cola que tienes.

Marisa obedece y Matilde entonces, luego de retiar el plug anal, comienza a lubricar la cola de su mucama.

– Ahora si te voy a hacer mujercita, le dice.

Dicho esto, apoya la punta del pene artificial en la entrada de su cola y comienza a hacer presión, como ya estaba dilatada gracias al plug anal y al entrenamiento de toda la semana, este entra fácilmente en su totalidad.

Una vez que entró por completo, Matilde comienza a moverse cabalgándola haciendo que el falo artificial entrara y saliera casi por completo.

Oía como las dos gemían casi al unísono, Marisa por que se la estaban cogiendo y Matilde, gracias a los movimientos del otro extremo que tenía introducido dentro de ella.

– No se te ocurra acabar sin avisarme primero, está claro?

Entre gemidos Marisa responde, Si Señora, pero creo que no voy a aguantar mucho mas (debido a que como mencioné anteriormente, por su forma el consolador estaba estimulando su próstata).

Esa fue la señal para que Ana, me interrumpiera en mis actividades y me dijera:

– Toma una de las copas y captura en ella el orgasmo de tu amiga.

Seguí sus intrucciones y coloqué la copa debajo del pene de Marisa que todavía permanecía aprisionado en su dispositivo de castidad.

Al poco tiempo, Marisa experimentó su primer orgasmo anal (aunque suponía que no sería el último) y comenzó a eyacular, era increíble la cantidad que estaba saliendo, parecía que no terminaba nunca, un chorro después de otro salía del orificio del dispositivo, al mismo ritmo que los embates de su señora en su cola.

Cuando finalmente terminó y ya no salía mas, ambas se sentaron en el sillón, una al lado de la otra, completamente exhaustas, mientras alcanzándome otro preservativo, Ana me dice:

– Ahora te toca a vos.

Sabiendo lo que tenía que hacer, primero intenté colocar el preservativo con mis labios y luego me coloqué en la misma posición que mi amiga, siento entonces que retiran el plug y luego lubrican un poco mas mi cola, luego, una presión de un objeto mas contundente intentando entrar.

No puedo describir el placer que sentí al ser penetrado y al mismo tiempo, sentir los pechos de mi Señora sobre mi espalda.

– Recuerda avisar antes de terminar, me dijo Ana.

– Ya casi estoy, no puedo aguantar mucho mas, fue mi única respuesta entre jadeos.

Marisa entonces se arrodilla a mis pies y coloca la copa junto al orificio de salida de mi dispositivo de castidad, casi en ese mismo momento, el mas intenso orgasmo que sentí en mi vida recorre mi cuerpo y comienzo a eyacular copiosamente, una y otra vez sale un chorro detrás de otro, hasta que finalmente, agotada, no puedo mas y veo con sorpresa que había llenado casi un cuarto de copa.

– Bueno, esto merece un brindis dice Matilde, mientras le alcanza a Ana una copa de champan, Marisa me alcanza la copa donde yo había eyaculado y en ese momento brindamos todas y por supuesto, saboreamos nuestro propio orgasmo.

– Siguen pensando que lo mejor era seguir adelante o se arrepienten? Preguntó anal

– No se Marisa, respondí yo, pero hoy mi Señora me ha otorgado el mejor orgasmo de mi vida.

– No me arrepiento para nada, agregó Marisa, aunque reconozco que es una experiencia bastante bizarra, no la cambiaría por nada del mundo.

Después de despedirnos de nuestros invitados, fuimos a dormir, y como de costumbre, volvió a colocarme los auriculares, la única diferencia fue que ahora no solo dormiría con el dispositivo de castidad, sino también con el plug anal puesto.

Por la mañana, al despertarme, fui hasta el baño, me higienicé y luego volví a colocar el plug en su lugar, debo reconocer que al hacerlo, sentí una sensación de placer, que de no ser por el dispositivo de castidad, hubiese terminado masturbándome.

Como tenía que ordenar el departamento luego de los eventos del día anterior, volví a adoptar la personalidad de Samanta, me vestí así con el corset, las prótesis mamarias, medias de nylon, maquillaje, peluca y finalmente, el guardapolvo de mucama azul que había estado utilizando durante la semana.

Al finalizar la limpieza, preparé el desayuno para Ana y fuí a llevárselo a la cama.

– Buenos días Señora, le he traído su desayuno.

– Que amable que eres Samanta, pero ahora necesito otra cosa.

Al decir esto, dejó correr la ropa de cama y fue entonces que me dí cuenta que ya estaba despierta hacía un tiempo, y que mientras yo ordenaba el departamento, ella se había colocado nuevamente el arnés.

– Ven aquí, ya sabes lo que tienes que hacer.

Me incliné sobre la cama, y siguiendo sus instrucciones comencé a besar el falo artificial e introducirlo dentro de mi boca. Quizá, con un poco de mejor suerte que el día anterior.

– Muy bien, la práctica hace a la perfección, me dice. Vas a ver que dentro de poco podrás tragarlo completo, ahora muéstrame esa hermosa cola.

Liberé los botones del guardapolvo, retiré el plug (no con cierta tristeza) y procedí a montarme a horcajadas sobre ella penetrándome a mi misma, comencé entonces a cabalgar esa hermosa prótesis que tenía, sintiendo como el orgasmo crecía dentro mío, hasta que finalmente, eyaculé sobre sus pechos.

– Besame los pechos, que quiero verte tomar tu leche.

Obviamente, no tuvo que pedírmelo dos veces, y comencé a besarla, mientras tanto, ella retiró el arnés y me ofreció tanto sus genitales como su ano para que los besara.

Luego de varios orgasmos, y cuando se disponía a tomar su desayuno le pregunto.

– Puedo retirarme Señora? Necesita alguna cosa?

– Esté bien, puedes irte, y toma el día libre.

Me cambié nuevamente, tomé una ducha y adopté una vez mas mi alter ego de Enrique.

El resto del día transcurrió como el de cualquier otro matrimonio tradicional, charlamos, salimos a pasear y tomar algo, fuimos al cine y finalmente, por la tarde volvimos a nuestro departamento.

Al irnos a dormir, por supuesto, yo con el plug anal puesto, ya que ella decía que debía continuar entrenando mi cola, me puso una vez mas los auriculares, mencionando como al pasar, que ahora iniciaríamos una nueva etapa.

Semana 6:

Obviamente, ahora estaba sometido a una nueva serie de audios durante la noche, ya que mis sueños estuvieron plagados de imágenes de crossdressers y travestis chupando penes de distintos tamaños y formas.

Como ya es costumbre, me desperté excitado y sin ninguna oportunidad de descargarme, intenté incluso jugar un poco con el plug anal, introduciéndolo y sacándolo, tratando de repetir la experiencia del sábado anterior y obtener así un orgasmo anal, pero sin ningún éxito.

No tuve mas alternativa entonces que cambiarme, ir hasta la empresa como todos los días y luego, repetir la rutina de las semanas anteriores, llegar temprano a nuestro departamento, transformarme en Samanta, sentarme durante dos horas y mirar los videos que Ana había dejado programados para mí, luego limpiar y ordenar y finalmente, preparar la cena.

Cuando estaba casi lista, oigo que Ana llega de su trabajo.

– Samanta, estás en la cocina?

– Si Señora, estoy terminando con la cena y ya me retiro.

– Todavía no, espera un momento que voy a cambiarme.

– Si Señora, como usted diga.

En poco tiempo ingresó a la cocina, estaba vestida con una blusa blanca, una falda azul, medias de color natural y zapatos azules con un taco de cinco centímetros.

Siento que se acerca por detrás y luego de tomarme de los pechos me dice:

– Tengo muchas ganas de estar con vos antes que llegue mi marido.

– Por favor Señora, no me comprometa.

– Vamos, si sabemos que te gusta.

– Por favor Señora, voy a reclamarle a su marido.

– No te hagas rogar, cuantas veces lo hicimos? No me vas a dar esa colita hermosa?

En ese momento me abraza mas fuerte, se apoya en mi espalda y además de sentir sus pechos, sentí en mis nalgas la presión de algo duro. Ahí me dí cuenta que el cambiarse se refería a ponerse el arnés por debajo de su falda antes de venir a verme.

– Hay Señora, no me haga esto.

– No te hagás rogar, me dice mientras levanta su falda y exhibe el pene artificial.

– Vení, dale un besito a tu amigo.

Casi instintivamente, me arrodillo y comienzo a besar y chupar el consolador, ella toma mi cabeza con ambas manos y me dice:

– A ver como te lo tragás todo, enderezá la garganta para que pase y te pueda coger la boca.

Trato de seguir sus instrucciones, reteniendo una arcada al sentir que la punta llega a mi garganta y ayudada por la presión de sus manos, finalmente puedo tragar todo su pene y meterlo por completo dentro de mi boca.

– Muy bien, que hermosa putita como se lo come todo.

– Ahora date vuelta que te voy a coger.

Me inclino sobre la mesada de la cocina, siento como ella levanta mi guardapolvo exponiendo mi cola, retira el plug de dentro mío y lo coloca sobre la mesada.

– Ya está lubricado con tu saliva me dice, aquí vamos.

Siento como me penetra de un solo envión y como los testítulos artificiales rozan mis nalgas, al mismo tiempo que ella comienza con un vaivén entrando y saliendo de mi cola.

Comenzamos a gemir juntas y luego de poco tiempo, una vez mas tengo otro orgasmo anal, vertiendo todo mi semen sobre la mesada de la cocina.

– A ver como limpiás la mesada?

Mientras ella sigue cogiéndome, buscando alcanzar su propio orgasmo, yo simplemente me limito a lamer la mesada, bebiendo todo mi orgasmo.

Una vez que terminó, se retiró de dentro mío y me dice:

– Yo voy a cambiarme, arreglage un poco antes que venga mi marido y luego podés irte.

Fuí hasta el cuarto que hasta hace poco teníamos libre y allí, volví a mi alter ego de Enrique, me dirigí a la sala de estar y la encontré arreglando la mesa.

– Samanta ya dejó la comida lista, ayudame a preparar la mesa así cenamos.

La sensación era al mismo tiempo increíble y bizarra, los dos actuábamos como si Samanta y Enrique fuésemos dos personas distintas, e incluso, que las actividades de Samanta y Ana debían permanecer ocultas. Esto, por muy extraño que parezca, añadía un morbo y una excitación adicional a toda la escena.

El resto de la semana transcurrió de forma mas o menos similar, ella llegaba «abusaba» de mí, algunas veces seduciéndome, otras amenazándome con que perdería el trabajo y luego de la escena, Samanta daba paso a Enrique.

Si hubo algunas ligeras modificaciones que me mostraron que tanto ella como yo, estábamos completamente embarcados en esta nueva aventura, el cuarto que habíamos designado como «el cuarto de Samanta», que hasta este momento estaba amueblado únicamente con un televisor donde veía los videos, una mesa, un espejo y una silla donde me maquillaba y el armario que contaba solo con tres pares de zapatos, un corset, algunas medias, el guardapolvo y el vestido de mucama francesa, ahora comenzó poco a poco a plagarse de todo tipo de objetos.

En primer lugar se agregaron varios estantes, que fueron durante la semana acogiendo diversos juguetes sexuales, especialmente plugs anales y consoladores.

Los plugs variaban de aquellos extremadamente largos y delgados, especialmente uno de cerca de 45 centímetros de largo, muy angosto en uno de sus extremos, que aumentaba su diámetro hasta llegar casi a los cinco centímetros de circunferencia en su base, otros llamados «joyas anales» de metal y que en su base tenían un cristal de color, simulando una joya, que era lo único visible al tenerlo puesto, otros inflables (que debo confesar, al usarlos me hicieron llorar de placer al estimular mi próstata).

Por otra parte, también comenzaron a aparecer consoladores de distintos tamaños y formas, desde aquel delgado (dos centímetros de circunferencia) pero muy largo, casi treinta centímetros, hasta otros que realmente por sus dimensiones no me atrevía a probar, todos ellos adaptados para ser colocados en el arnés.

Al mismo tiempo, había otros consoladores con una base de succión, también de diferentes tamaños y formas (incluso uno llamado Alien que simulaba la forma imaginaria de un pene extratrerrestre) que contaban en su mayoría con una base de succión que debía colocar en la silla y sentarme sobre ellos mientras miraba los videos instructivos.

La ropa también sufrió un cambio, en el armario comenzaron a aparecer vestidos de distinto tipo, formales, informales, conjuntos de blusas y faldas, medias de nylon y pantymedias de distintos colores y texturas, zapatos de varios colores con tacos desde los cinco centímetros hasta algunos de casi diez centímetros de altura, etc.

Cuando le pregunté en algún momento como pagaríamos todo lo que estaba comprando me dijo.

– No tienes de que preocuparte, algunas cosas son de segunda selección, otras son de ferias americanas (es decir, usados pero en buenas condiciones), además, estoy pensando en ofrecer los servicios de Samanta por horas, para que atienda en otros departamentos, solo me falta encontrar los clientes adecuados.

– Vender los servicios de Samanta?

– Claro, porqué no, es excelente limpiando, cocinando y además podemos obtener una tarifa extra por otros servicios tanto a hombres como a mujeres.

– No se, me parece muy arriesgado, además, me moriría de vergüenza al pasearme por el edificio.

– Confía en mi, la clientela será muy selecta y estoy segura que estarán mas que encantados de tener a Samanta y Marisa a su servicio.

Así que no sería yo solo, una vez mas habíamos caído en las redes de Ana y Matilde, sin necesidad de aclaración alguna, ya sabía que no tendríamos escapatoria.

Así transcurrió la semana hasta que llegamos al sábado, por la noche seríamos nosotros quienes iríamos a cenar al departamento de nuestros amigos (ya que rotábamos cada semana), así que al levantarme, como de costumbre, me maquillé, vestí como corresponde y me dediqué durante el día a limpiar la casa, lavar la ropa, etc.

Por la tarde, habiendo finalizado mis tareas, me dirigí a la Señora y le anuncié:

– Señora Ana, ya he terminado con mis tareas, puedo retirarme?

– Hoy no Samanta, ve a bañarte y luego ponte la ropa que he dejado en la habitación para que uses hoy a la noche.

– Pero Señora, no puedo salir así vestida, que dirán los vecinos.

– Los vecinos no tendrán nada que decir, solo verán a una mujer atractiva, además, con Matilde hemos decidido que hoy será una cena solo de mujeres.

Resignada, y sin poder realizar ninguna objeción, fui a tomar un baño, y luego al salir, veo la ropa que habían dejado preparada para mi. Se trataba de un vestido negro, de mangas largas, con escote cuadrado, la falda era tipo tubo (o lápiz si prefieres), apenas cinco centímetros por encima de mis rodillas, medias de nylon color natural, zapatos negros con un taco de cinco centímetros, y por supuesto, el infaltable corset.

Junto a la ropa había además una serie de accesorios, aros, un collar, pulseras e incluso un reloj.

Procedí a maquillarme de acuerdo a la ropa que debería usar, tonos oscuros, sombras en los ojos, labios rojos acorde con el color de mis uñas, y por supuesto, la infaltable peluca negra.

Al ir al encuentro de Ana veo que ella tiene un vestido exactamente igual al mío, salvo que era de color rojo, le digo:

– Ya estoy lista Señora.

– Estás hermosa, si no fuera que nos están esperando te penetraba ahora mismo. Además, ya estás fuera de tu horario laboral, por hoy, seremos dos amigas y no es necesario que me digas Señora, Ana será suficiente.

– Muy bien Ana, confieso que estoy nerviosa, pero vamos de una vez.

– Perfecto, aquí tienes por si precisas algo me dice mientras me alcanza un bolso femenino conteniendo algunos artículos de maquillaje y un par de preservativos (que de manera indudable me anunciaron como terminaría la cena).

Tomamos el ascensor hasta el departamento de nuestros amigos y al abrir la puerta me encuentro con Marisa, tenía puesto un vestido de color verde pálido, con un estilo que me hacía recordar la moda de los años cincuenta, una falda amplia justo a la altura de las rodillas y muy ajustado en el torso, marcando (y mucho) su generoso busto.

Nos saludamos con un beso en la mejilla y lo mismo Ana, al entrar al departamento, nos encontramos con Matilde que tenía un vestido igual al de Marisa, pero esta vez de color azul.

Pasamos a la sala, nos sentamos a tomar unas copas de vino mientras charlábamos como si fuese lo mas natural del mundo, de una forma distendida como si realmente fuese un encuentro entre viejas amigas.

Hablamos de maquillaje, de moda, algunos comentarios sobre cine, etc., finalmente, pasamos al comedor donde tomamos la cena.

Aquí el tono de la conversación cambió un poco ya que Ana y Matilde comenzaron hablando de lo positivo que era cenar solas sin que sus maridos bromearan sobre lo ingenua que era la conversación de las mujeres.

En algún momento Ana pregunta: – Que opinas Samanta, prefieres un cena como esta solo de mujeres o la versión anterior?

– Tengo que reconocer que es agradable y distendido-

– Y Marisa que opina? preguntó Ana.

– La verdad me gusta, ha sido una experiencia muy placentera para mi. Además, este vestido me enloquece, hasta me tienta la idea de ir a hacer las compras con el.

– Si haces eso, prepárate para que te acosen en la calle, le respondió Matilde.

– Tengan cuidado, puede hacerse realidad antes de lo que esperan, acotó Ana de una forma que me hizo preguntarme a que se refería.

– Porqué no continuamos en la sala? Preguntó Marisa, como anfitrionas, con Matilde hemos preparado una actividad sorpresa que estoy segura les encantará.

Intrigadas sobre cual sería la actividad que tenían preparada, que indudablemente nos incluía tanto a Ana como a mi, no dirigimos a la sala donde nos sentamos una junto a la otra en uno de los sillones.

– Bueno, que tendremos que hacer? pregunté.

– Para vos, nada nuevo, me respondió Matilde, y para Ana, algo que se que está fantaseando hace tiempo, dijo Matilde.

Ni bien termina de decir esto, Matilde se para frente a Ana y Marisa frente mío, levantan su falda y dejan ver su sorpresa, la cual estaba oculta bajo la amplia falda acampanada que tenían las dos, Marisa, una hermosa erección y Matilde un arnés con un consolador que haría la envidia de cualquier actor porno.

– Ahora ya saben lo que tienen que hacer, dice Matilde, acercando su pene artificial a la boca de mi esposa.

– Y para que sepan, la comida estaba aderezada con una buena cantidad de viagra, así que esta será una larga noche, acotó Marisa.