Capítulo 4
- Secuelas de un casamiento familiar I
- Secuelas de un casamiento familiar II
- Secuelas de un casamiento familiar III
- Secuelas de un casamiento familiar IV
Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Llega el final de la historia…
La familia se atomizó un año después de aquel casamiento. Las intenciones de Tita de recuperar a Román fueron infructuosas: no bastó el cambio de indumentaria, el cuidado de su físico, el bajar de peso y estilizarse, no pudo con vaya a saber qué cosas le entregaba Rosa, su amante.
La recién casada emigró con su marido a España, donde tienen un emprendimiento gastronómico, Beto se radicó en Córdoba y abandonó los estudios de licenciatura en economía que su padre le exigía para dedicarse a la mecánica de autos de competición. Miriam echó por la borda su vida, se radicó temporalmente en El Bolsón uniéndose a una comunidad de artesanos y hippies, plena de descontrol, consumía alcohol a raudales y cada tanto se daba “viajes” con drogas. Tuvo 2 hijos.
Dos años después, Román la rescató y la internó en diversas clínicas de recuperación, logrando que se encarrilara y se dedicase al estudio de una carrera de Psicología, la llevó lejos de aquellos grupos y con un control estricto pudo reinsertarse en la sociedad.
Los años hicieron que se transformara en una personalidad reconocida por su trabajo y fuera contratada por numerosas empresas para organizar sus relaciones interpersonales, comerciales y de trabajo en equipo.
Su fama fue creciendo, y aunque ya no contaba con el apoyo de sus hermanos, se respaldó en su padre para progresar profesionalmente.
En lo familiar, apenas tenía contacto con sus hijos (una mujer y un varón), que simplemente la borraron de su mente y su historia.
Estaba muy dedicada a sus labores, cuando recibió una llamada de una amiga de la infancia: su madre Tita estaba internada con una enfermedad progresiva y terminal.
Si bien no tenían la mejor relación, estaba claro que ella la necesitaba. Volvió a su ciudad y se dedicó a cuidarla hasta que su vida se apagó a los 63 años. Como pudo, logró comunicarse con sus hermanos, los citó para finiquitar los trámites de sucesión, liquidar las pocas propiedades que quedaban a su nombre y cerrar esa etapa de su vida.
En ello estaba cuando recibió una propuesta de una firma multinacional para dictar cursos de trabajo en equipos, formar grupos de trabajo, analizar personal y demás. Se radicó temporalmente en Italia y volvió a Argentina 10 años después, como jefa de área y principal referente en capacitaciones.
Aun así, no volvió a formar pareja, ya que su pasado (internamente) la perseguía. Aprovechaba cada viaje de trabajo para enroscarse con ejecutivos, entrevistados o simplemente con cualquier hombre que le viniera en gana.
¿Y Dany? Se había vuelto un hombre de negocios, tenía un emprendimiento comercial pujante, había priorizado el trabajo por sobre parejas o familia. Dedicaba mucho tiempo a progresar económicamente, vivía por y para su empresa.
Sabía que Tita había fallecido, incluso se llegó a despedirla sin que sus primos lo supieran, en un viaje relámpago. Lo acontecido durante aquellos tres días posteriores al casamiento de su prima era un secreto que supo guardar hasta la partida de Tita. Aprovechó aquel viaje para llegarse a la casa de la playa donde todo se había iniciado y como estaba en alquiler temporal, la ocupó por tres días, rememorando lo vivido en aquel lugar.
Por el año 2015, se hallaba abocado a darle crecimiento a su empresa y decidió apuntarse a un curso que se desarrollaría en Buenos Aires, en los salones de conferencias del Hotel Marriot a fines de marzo.
Buscó un hotel cómodo y nada ostentoso, cercano a la sede y se registró para evitar demasiado gasto y movimientos.
El primer día de labor, se despertó temprano, desayunó y se fue caminando hasta la sede las conferencias. Observó a quienes ingresaban al recinto y creyó ver a una persona conocida, sonrió y se dijo a sí mismo “Estas loco Dany, ves fantasmas en todos lados”. Se sentó en las afueras del centro de conferencias, encendió un cigarrillo y trató de relajarse, antes de entrar a completar los formularios de participación.
Lo recibió una morocha de buen cuerpo y ojos celestes que parecía una modelo más que una integrante de la organización. Dio su nombre y apellido y la joven lo miró extrañada, le pidió que le reiterara el apellido para imprimir el gafete de participante. Cuando lo hizo, la muchacha hizo un gesto y llamó a una supervisora: le susurró los datos y la mujer de unos 40 años lo miró extrañada, pero aun así le dio el material de trabajo, un bolso publicitario para guardar todo y le señaló los paneles donde podría seleccionar las conferencias a participar.
Dany no entendía por qué ambas mujeres se extrañaban al oír su nombre y apellido, tomó los materiales y se dirigió a los paneles, tomó un anotador y escribió dos de las conferencias a las que pretendía asistir.
Buscó el sector donde se desarrollaría la primera de las charlas, se ubicó como siempre en mitad del auditorio y se dispuso a escuchar la exposición. Apagó temporalmente su teléfono y cuando las luces bajaron, se dispuso a escuchar al disertante. La falta de dinámica hizo tediosa la exposición, provocando bostezos entre los concurrentes, sin que Dany fuese excepción. Tras dos horas de palabras, imágenes y gráficas, las luces volvieron y se anunció un intermedio en el que los concurrentes podrían disfrutar de un refrigerio.
Dany se puso de pie y se encaminó al salón destinado a tal efecto, los comentarios era similares: sencillamente un bodrio.
Se sirvió un café, buscó una ventana abierta y saliendo al patio, encendió un cigarrillo. Estaba bebiendo lentamente el café cuando alguien le tocó el hombro: “¿Me da fuego caballero?” dijo una voz que le resultaba muy familiar. Giró y casi derrama lo que quedaba de la bebida, ahí a escasos 30 centímetros de él estaba Miriam, su prima, acompañada por la supervisora.
Dany: Miry, ¿qué hacés acá?
Miriam: soy una de las integrantes del staff de la organización
Dany dejó la taza de café en una mesa cercana y abrazó a su prima, que retribuyó el abrazo instantáneamente.
Dany: años sin verte ¿cuántos?
Miriam: 18, mínimo
Miriam le hizo un gesto a la supervisora que se alejó enseguida. Podría decirse que estaba igual: los ojos celestes intensos, un traje sastre entallado que resaltaba su figura menuda pero muy bien proporcionada, su clásica melena castaña quizá con algunas hebras plateadas en el cabello y pequeñas arrugas que marcaban que ambos pisaban los 50 años. Ella le estampó un beso en la mejilla y tomándolo de la mano lo arrastró a un costado, donde pudieron hablar un poco, antes de que la mayoría volviese al salón de conferencias.
Miriam: ¿en qué charlas te inscribiste?
Él le mostró sus apuntes y ella tomó el papel, lo arrancó, lo hizo un bollo y lo tiró a un cesto. “Vamos al lobby, nos tomamos otro café y nos ponemos al día. Las charlas de la mañana son un plomazo, solo para novatos. Lo bueno empieza a la tarde” comentó mientras tomada de su brazo se encaminaba al salón principal. En el camino saludó a varios de los trajeados que se cruzaban con ella y lo presentaba como su primo.
Llegaron al bar, se ubicaron en un sillón, ella hizo una seña y uno de los mozos se acercó prontamente. “Un latte para mí y un café doble, solo y sin azúcar para el señor” le dijo, recordando los gustos de su primo.
La charla fue muy amena, se pusieron al día con respecto a sus vidas, los recuerdos de la adolescencia y alguna que otra mención a la fiesta de casamiento de la hermana de Miriam.
“Estábamos desatados en aquel momento, éramos un par de desquiciados” contaba ella entre risas. Luego se pusieron un tanto más serios cuando recordaron a Tita y los ojos de Miriam se pusieron vidriosos cuando hizo mención a los últimos días de ella y las consecuencias de la relación de Román con su amante. “Sabes que se fueron a vivir juntos unos meses después de que mamá falleció, blanqueó la relación con Rosa aunque la salud de mi viejo no los dejó disfrutar demasiado” contó reteniendo las lágrimas. “No sabía nada de eso, como te imaginarás cortaron toda relación con mis viejos cuando todo se supo” contó Dany. Ella cortó ese tramo de la charla y recomponiéndose, se puso de pie.
Miriam: tengo que volver con mi equipo de trabajo ¿Dónde estás parando? ¿Nos juntamos a cenar?
Dany: en un hotel cercano. Si no tenés obligaciones, nos juntamos. ¿Dónde te veo?
Miriam: acá mismo, tipo 8 de la noche pero informal, nada de lujo, primo.
La vio caminar para unirse a un grupo de personas que charlaban en el otro extremo del salón. No había perdido para nada las formas, seguía siendo atractiva y provocaba que los hombres se dieran vuelta para observarla.
El resto del día transcurrió entre charlas intensas, alguna más interesantes que otras. Al finalizar, se fue a su hotel. Ya en su habitación, se dio una ducha reparadora, se vistió muy informal (jeans, una camisa y zapatillas), algo de perfume y salió en búsqueda Miriam.
Llegó al hotel y ella ya estaba en el lobby esperándolo. Cabello recogido, blusa beige, jeans ajustadísimos y sandalias bajas, preparada para caminar por las calles de Puerto Madero. Lo vio y poniéndose de pie fue a su encuentro, volvió a abrazarlo y le dejó un beso en la mejilla. Lo tomó del brazo y salieron a caminar a la vera del río.
Hablaban poco, se miraban mucho y se aferraban uno al otro. Se sentaron en un café de la zona, tomaron un trago acompañado por un sándwich, compartieron un cigarrillo (¿desde cuándo fumaba Miry?). La noche los fue rodeando y decidieron ir a cenar cerca, en un restaurant próximo al hotel de Dany. Ella apenas comió una ensalada mientras Dany degustaba un plato de carne.
Miriam: ¿puedo preguntarte algo, muy en confianza?
Dany: Dale
Miriam: ¿por qué no me cogiste cuando tuviste la oportunidad?
Dany: Uff, livianita la pregunta. Tu madre estaba muy pendiente y notó que me estabas provocando mucho.
Miriam: pero bien que me tenías ganas…
Dany: con las manoseadas que me pegabas, como para no querer
Miriam: ¿y cómo te arreglaste? Mirá que me obligaste a chuparla
Dany: vos lo habias pedido y yo te cumplí, pero no sabías como hacerlo
Miriam: me faltaba experiencia…
Dany: y ahora te sobra, ja ja ja ja
Miriam: bueno che, no es para tanto. ¿Tanta fama me hicieron?
Dany: tu vieja te cuidaba mucho, las vitaminas…
Miriam: si claro, vitaminas… Eran anticonceptivos, lo descubrí un tiempo después
Dany: lo hacía por vos
Miriam: pero me controlaba mucho, por eso después me descontrolé
Dany: ¿y ahora te controlas más?
Miriam: cuando quiero y con quien quiero. Después de mi segundo hijo, mi viejo me hizo esterilizar, lo hizo durante mi rehabilitación y se lo agradezco, sino hoy tendría varios hijos más
Se hizo un silencio duro y tenso.
Él le tomó la mano como señal de comprensión y afecto, para que ella no se quebrara. Miriam lo miró y dejó caer una lágrima acompañada con una sonrisa amarga: “Vámonos de acá, quiero sentir cariño sin testigos, ¿sí?” dijo mientras corría la silla hacia atrás y se ponía de pie. Él pagó la cuenta y salieron nuevamente al paseo. Iban tomados de la mano y al pasar por un sector algo oscuro ella lo soltó y pasó su mano por la cintura, acercándolo para darle un beso delicado, casi en los labios. “No quiero que la noche se termine, me gustaría quedarme con vos y recordar tiempos viejos” le dijo casi al oído. Dany la aferró por la cintura y sin decir palabra se encaminaron rumbo a su hotel, al ingresar saludaron a la recepcionista, él solicitó la llave de su cuarto y subieron las estrechas escaleras de la mano.
Llegaron a la segunda planta, él la guió hacia la última puerta, la abrió y extendiendo su mano derecha encendió la luz, para cerrar a sus espaldas. La giró y abrazándola, fue en busca de los labios de Miriam; se prendieron en un beso intenso, acariciándose mutuamente. Mientras se prodigaban cariño, se fueron desvistiendo uno a otro hasta quedar solo en ropa interior: ella llevaba un brassier color piel de puntillas y un hilo dental del mismo color, él tan solo su clásico bóxer negro.
Se miraron, como recordando sus épocas juveniles, sus cuerpos habían cambiado un poco, pero él la veía igual de atractiva como a los 18 años.
Rozó sus pechos de manera suave, desde el nacimiento hasta los pezones que empezaban a marcarse. Ella gimió levemente y levantando sus manos desplazó la tela hacia arriba liberándolos. Eran tal como el los recordaba, de tamaño mediano, con aureolas chicas y pezones color rosado, puntiagudos. Pasó los pulgares por cada uno de ellos, erizándolos aún más. Bajó los labios y atrapó primero el derecho, lo beso, lo apretó con ellos para luego mordisquearlo.Ella llevó sus manos a la cabeza de él y lo atrajo para que el chupón se hiciera más intenso y profundo. “¡¡Qué placer!! Cuánto me gusta que me hagas esto” dijo mientras cerraba los ojos disfrutando el momento.
Dany supo que era el momento de acelerar el trabajo y bajó la mano a la entrepierna de ella, para acariciarla por sobre la tela, sin dejar de torturar los pezones. La humedad de ella crecía tanto como la dureza de la verga de él y ella lo notó cuando se afirmó a su cuerpo. “Casi 20 años después, vamos a darnos el gusto. Hagamos que esto dure” pidió mientras trataba de buscar el borde de la cama, para sentarse y liberarse de las prendas que le quedaban puestas. Ya desnuda, tomó el elástico del bóxer y lo bajó lentamente, dejándolo expuesto.
Miriam: esta noche voy a comerme esa barrita y después la voy a guardar en mi interior
Lo acercó a la cama y tomando la verga la llevó a sus labios para besarla primero, pasar su lengua por el capullo después y finalmente meterla por completo en la boca. Le dio una chupada fuerte y la fue retirando lentamente para repetir dos o tres veces más el proceso. Ahora era Dany quien gemía ante el tratamiento recibido. Llevó las manos a la nuca de Miry y fue acompasando los movimientos de entrada y salida de la boca. Él se sentía en las nubes, pero no quería descargarse rápidamente en la boca de ella, quería prolongar el momento. La fue empujando hasta hacerla caer de espaldas en la cama, mientras le sacaba la verga de la boca. Se arrodilló entre sus piernas y abriéndolas, comenzó a recorrerle los muslos hasta llegar al centro de una concha que solo se cubría con una hilera mínima de vellos dorados que brillaban por los jugos que brotaban de la raja rosada.
Pasó la lengua por toda ella, deteniéndose en ambos extremos: el clítoris que se hinchaba ante cada recorrida y el ano que se contraía cuando la punta intentaba penetrarlo.
“Recostate que pienso montarte para que sigas con esa tortura que me encanta, mientras te devuelvo el favor” le pidió Miry.
Él accedió, se tendió en la cama y ella se ubicó sobre él, entregándole la concha abierta mientras se llevaba la verga al interior de su boca para chuparla y apretarla con sus labios.
Se degustaron tranquilamente, sin apuros hasta que ella decidió acelerar los movimientos. Él se aferró a su culo y abriéndolo prolongó los recorridos, dejando cada tanto su lengua en el interior de la concha. Sintió como los músculos de la vagina se empezaban a contraer y la boca de Miry apuraba los movimientos para provocar su eyaculación, la boca se le llenó de leche, mientras despedía flujos de manera abundante, como si también eyaculara.
Lo retuvo dentro de su boca, tragando todo lo que pudo, ahogándolo con sus jugos y presionando su cabeza con las piernas para que no saliera de allí. Cuando al fin se relajó, lo liberó: “¡¡Qué buen polvo!! Espero tengas algo más para darle a mi conchita traviesa” dijo Miriam mientras se bajaba de su cuerpo.
Dany estaba agotado, entre la acción y la presión que ella había hecho. “Esto es algo que nos había quedado pendiente primita” le murmuró mientras se acomodaba a su lado.
Miriam: Ya lo creo, pero nos sigue faltando coger
Dany: tranquila que no somos jóvenes
Miriam: lo sé, pero no pienso irme de aquí sin cumplir con eso.
Dany tomó un cigarrillo de la mesa de luz y lo encendió, le dio una pitada y se lo extendió, ella lo aceptó e hizo lo mismo.
Dany: ¿te quedaste con ganas de algo más?
Miriam: si, pero no vamos a ir por eso ahora. Necesito hacerte una pregunta
Dany: Decime
Miriam: jurame que no vas a mentir
Dany: cuanto misterio…
Miriam: Tita me confesó algo unos días antes de morir ¿fueron amantes?
Dany la miró sorprendido y dudó sobre la respuesta, pero debía serle honesto.
Dany: si Miry, aquella semana desde el casamiento, nos acostamos varias veces: en la playa, en tu casa. Ella me pidió que la ayudase a vengarse de tu padre.
Miriam: cuando me lo dijo no podía creerle, pero me dio detalles muy claros
Dany: espero que no te moleste, no sé qué decirte.
Miriam: nada, ella me explicó que hizo y por qué. Solo entiendo que eso la ayudó a intentar recuperar a mi viejo. No te culpo
Dany se sentó en la cama, esperando que Miry se sintiese mal y quisiera irse, pero nada de ello sucedió. Ella se acodó en la cama y mirándolo a los ojos, le sonrió.
Miriam: mamá me dijo que si en algún momento te encontraba y no había compromisos, intentara acostarme con vos, que lo disfrutaría enormemente, que eras muy caballero y sabrías cumplir conmigo como mujer.
Dany no lograba comprender lo que estaba oyendo de boca de su prima. Estaba en shock. “Vamos primito, no voy a enamorarme, estoy muy lejos de eso, pero quiero saber si mi madre tenía razón” le dijo dándole uno de sus clásicos empujones, mezcla de juego y afecto. Como vió que él no reaccionaba, se trepó en él, abrió sus piernas y lo atrapó, sentándose en su vientre. Comenzó a frotarse sobre su cuerpo, buscando excitarlo nuevamente, apoyo sus manos en el pecho de él y se arqueó buscando que su sexo tuviese roce con la verga que parecía cobrar vida.
Dany cerró los ojos y la dejó hacer, sintió los roces y como los labios de su concha se humedecían, haciendo un esfuerzo por llevarlo dentro de su cuerpo. Cuando lo logró, se sentó sobre él y comenzó una cabalgata suave, subía y bajaba sin dejar que la verga escapara de su interior.
Hizo muy lenta y prolongada su tarea, sin acelerar en ningún momento, sintiendo cada embestida, apretando su concha alrededor de la verga, disfrutado todos los movimientos, haciendo un esfuerzo máximo por llevarlo a lo más profundo de su ser y cuando ya no resistió más, aceleró apenas para explotar en un segundo orgasmo, no tan intenso como el primero, pero si tan satisfactorio como aquel. Se dejó caer sobre el cuerpo de Dany y atrapó su boca para fundirse en un beso profundo e intenso, agradeciendo lo disfrutado.
Ya relajados, fueron al baño a ducharse, se mimaron y besaron mientras se higienizaban. Volvieron a la cama desnudos y cuando ella estaba a punto de vestirse, él volvió a hablar “Miry, no te vayas. Quedate a pasar la noche juntos” le dijo. Ella sonrió y le contó que no podía, ya que le tocaba exponer a primera hora al día siguiente “te prometo que mañana me vengo a quedar hasta que termine el congreso ¿sí?” le respondió. Se terminó de vestir, tomó su celular y pidió un taxi “no hace falta que me acompañes, sino no querré irme” dijo mientras le tiraba un beso y se iba del cuarto.
Dany quedó solo en la habitación, encendió otro cigarrillo y lo fumó mientras pensaba en lo sucedido. Apagó la luz y se durmió rápidamente.
Al día siguiente, tras desayunar caminó hasta el salón de conferencias, firmó el ingreso a una de las charlas pero su cabeza no estaba ahí. Pensaba en Miry y lo que esperaba fuesen dos días fabulosos.
La mañana transcurrió de ese modo, al momento del almuerzo buscó a Miriam y no lograba hallarla. Se cruzó con la recepcionista y le pregunto por su prima. “La Sra., Miriam está reunida con dos integrantes de la comisión de la organización. Seguramente estará aquí en breve” respondió la joven.
Minutos después apareció y fue directo a buscarlo “Dany, tengo que viajar urgente a Montevideo por un problema con una de las filiales. Me voy en 3 horas. Andá a tu hotel y trae tus cosas, ya tengo los pasajes y la reservación allá, volvemos el lunes” dijo agitada. El corazón de Dany parecía desbocarse, apenas ayer se habían reencontrado y hoy ya lo invitaba a viajar con ella, era una locura. “Pero el curso y las certificaciones…” dijo, “No te hagas problemas, te las doy yo, tengo todas las certificaciones firmadas, dale apurate” le dijo mientras se iba al ascensor.
Dany salió casi corriendo del lugar y apenas tuvo tiempo de pedir el check out y guardar las cosas en su bolso. Pagó y volvió a la sede del evento, Miry estaba en la puerta esperándolo, se subieron a un taxi y se fueron a tomar el transporte a Uruguay.
Una vez que habían abordado, ella lo miró y comenzó a reírse. “¿Qué pasa Miry?” preguntó sorprendido “Nada tonto, inventé una excusa y pedí que me liberaran del evento. Nos vamos de viaje para estar tranquilos y solos en casa de un amigo que está de tour por Europa, tenemos dos días solo para nosotros” le dijo mientras le daba un beso en los labios.
Llegaron a Montevideo, ella pidió un taxi y se fueron a una casa en las afueras, en un barrio privado, se anunció en el acceso, le dieron la llave de la casa y el vehículo los llevó exactamente hasta la puerta de una casa importante. Ella abrió y tan pronto como entraron, cerró la puerta y se lanzó a sus brazos. “Vamos primito, no perdamos tiempo, la habitación principal está arriba pero usaremos la de invitados de la planta baja” le indicó.
Camino a la habitación, dejaron el equipaje en el comedor. Miriam lo guiaba por la casa: llegaron a una habitación en suite, con yacusi, una cama de muy buenas dimensiones, con un ventanal que daba a un patio interno desde donde podía verse el atardecer. Miriam accionó una perilla y la ventana se fue cubriendo hasta dejar la habitación en penumbras, pasó su mano por un sensor y se encendieron un par de luces tenues.
Con el ambiente creado, comenzó a despojarse de las ropas muy rápidamente hasta quedar tan solo con un hilo azul oscuro, con un triángulo semitransparente que permitía observar su vulva con algunos vellos prolijamente recortados. “Dale Dany, desvestite que tenemos que sacarnos la transpiración antes de venirnos a la camita” le dijo mientras se encaminaba al baño, para abrir los grifos y dejar correr agua en la bañera.
Mientras Dany se quitaba la ropa, la observaba preparar el lugar, vertiendo jabón líquido con aroma dulce que iba invadiendo el ambiente. Puso un pie dentro de la bañera y verificó que tuviese la temperatura adecuada, para luego quitarse la única prenda que la cubría. Ya estaba totalmente desnuda, el tiempo había dejado algunas marcas en su piel, pero seguía siendo una hembra apetecible. Dany solo se dejó el bóxer colocado y fue en busca de ella, que lo miró y notó que la verga iba ganando tamaño, si bien la recordaba algo más briosa, no le resultó despreciable. “Sacate todo ¿o te pensas bañar en calzones?” le comentó mientras estiraba su mano invitándolo a ingresar. Él hizo caso, se despojó de la última prenda y se metió junto a ella, en el agua caliente. Apenas se sentó a su lado, ella activó los chorros del yacusi y el jabón se transformó en burbujas que los fue cubriendo.
Se rozaron por primera vez y aquel roce los llevó a los primeros besos y caricias. Los pechos de Miry fueron centro de atención para él y la verga se trasformó en una palanca que ella maniobraba con habilidad.
Los besos se hicieron intensos, las caricias profundas y Dany trató de llevarla sobre él, ubicándola de espaldas para favorecer su magreo de tetas y buscar que la verga se abriera paso entre sus labios.
Miriam: tranquilo muchachito… antes de comenzar, vamos a ponernos de acuerdo en algunos detalles
Dany: eso me suena familiar…
Miriam: también lo sé, hubo un pacto aquella vez con Tita y ahora lo habrá conmigo.
Dany: bueno, te escucho
La acomodó para que la verga se metiese entre las piernas de ella y se dispuso a escucharla, sin dejar de acariciarla.
“Primero y principal: lo que suceda aquí, aquí se quedará. Nada de comentarios, con nadie. Segundo: cada encamada que nos peguemos, se iniciará con una hermosa mamada de concha y besitos negro que son mi debilidad. Por último, debes prometerme que no vas a buscarme y si volvemos a encontrarnos, será de manera accidental, nada programado. ¿OK?” le dijo con voz firme.
“Muy bien, aunque lo último será difícil. ¿Qué gano yo? En mi pacto anterior, hubo algún beneficio que solicité” consultó Dany mientras ya movía descaradamente la verga adelante y atrás.
“Tengo varias de tus debilidades cubiertas, producto de lo que sabía y de lo que a mí también me agrada. ¿Qué se te ocurre?” consultó ella algo intrigada.
“Quiero tu culito, en servicio completo” le respondió Dany.
Miriam se lo pensó un poco, pero la fricción que Dany le propinaba la estaba excitando mucho, ya estaba necesitando que la penetrara. Los pezones le dolían de la erección que tenían y el agua disimulaba los fluídos que se disparaban de su concha a raudales. “Bien, solo será una vez ya que no quiero tener dolores ni molestias cuando deba volver a mi trabajo. Soy algo estrecha, pero me gusta sentir algo dentro de mi cola de tanto en tanto” le confirmó Miriam.
Se tomó del borde de la bañera y se puso de pie, para salir de allí le paso la concha a escasos centímetros de la cara a Dany, que la sujetó y la acercó para depositarle un temible beso de lengua entre los labios vaginales. Se mantuvo de pie afirmada en la mampara que separaba la bañera del resto del baño, para permitirle que ese beso fuera intenso y profundo.
Miriam: a la cama Dany, quiero que me la comas ya mismo.
Con esfuerzo se despegó de él, apenas se secó para evitar caerse y marchó rumbo a la cama, donde se tendió boca arriba, abriendo las piernas al máximo para que él fuese rápidamente a cumplir con su promesa.
Dany salió y se secó casi tan rápido como ella y amagó una corta carrera hasta el borde de la cama. Miriam afirmó la planta de los pies en el borde del colchón y levantó un poco el vientre, dejándole a la vista su sexo brilloso y bien abierto. Dany se arrodilló en la alfombra y pasó los brazos por debajo de las piernas, acomodándose para iniciar el recorrido de esa cueva caliente con una lengua traviesa que investigaba cada milímetro. Ella hizo un esfuerzo más para levantar la pelvis y mostrarle el agujero amarronado, prieto y palpitante que requería su atención.
También lo comió, lo mojó y trató te abrirlo a fuerza de hundir la lengua en el pequeño orificio. “Por favor, qué bien se siente, como lo disfruto, qué deseos me estas provocando primito” murmuraba Miriam entre gemidos. Dany seguía recorriéndole el culo, la concha, los labios y se detenía chupando intensamente el clítoris que se inflamaba a cada tirón que daba con su boca. Tal y como lo había hecho con Tita, aprovechaba los fluidos que resbalaban para introducir un dedo en el culo, intentando dilatarlo lentamente sin forzarlo.
Ella estiró sus brazos y llevó la cabeza de Dany a lo más profundo y sacudía su pelvis para que la lengua la penetrara y la hiciera gemir de placer.
Comenzó a tensarse y con un aullido acabó, despachando chorros de líquidos desde su concha, temblaba mientras los espasmos se repetían uno tras otro. “Cogeme, ahora, ya, no me hagas desear más, lléname de verga” pidió a gritos. Él apenas pudo ponerse de pie y en dos movimientos la penetró tan profundo como podía, la bombeaba vigorosamente buscando descargarse en su interior lo más pronto posible. Demoró apenas unos minutos y se descargó por completo y cayó rendido sobre ella, que bajó sus piernas hasta dejarlas colgando de la cama. El peso de Dany era mucho, por lo que ella en un esfuerzo lo giró y quedó montada sobre él.
“Primito, como me arrepiento de no haberte cogido antes, que buen polvo me regalaste, hacía rato que no acababa de esta manera. Te ganaste mi culo con todas las de la ley” le dijo mientras lo abrazaba.
Ambos quedaron rendidos sobre la cama, los dos días de sexo pleno se iniciaban, pero nada fue como esa primera vez encamados sin apurosy disfrutándose a pleno.
La noche dio el pie para que ella cumpliera entregando el culo, pero no fue tan agradable como esperaban. Tan solo la última noche permitió una entrega completa, pero no tan fogosa como ese atardecer.
La mañana de la partida, ella le demostró que había aprendido a mamar una verga de buena manera, y con ello terminó la aventura entre ellos. Llevan casi 6 años sin verse y esperan en algún momento volver a encontrarse, mientras tanto Miriam prepara su culo con juguetes para entregarle el polvo anal que le debe a Dany y él sueña con llenarle las entrañas con una acabada memorable.
FIN
Agradezco a Rosaura por haber confiado en mí para poner en estas 4 entregas la historia que deseaba contar.
Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.
Saludos,
Alejo Sallago – alejo_sallago@yahoo.com.ar