Tres divinidades del sexo
Eyacular por una buena mamada me eleva al cielo. Sentir una lengua cálida y húmeda recorriendo cada centímetro de mi verga, succionando mi glande, combinado con un buen trabajo de manos y miradas morbosas es la gloria.
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Relatos eróticos sobre eyacular
Eyacular por una buena mamada me eleva al cielo. Sentir una lengua cálida y húmeda recorriendo cada centímetro de mi verga, succionando mi glande, combinado con un buen trabajo de manos y miradas morbosas es la gloria.
Cuando se rompe una rutina sexual y se llena ese vacío
Eso era lo que mas quería de todo el mundo. Como cinco empujones mas fue todo lo que necesité para alcanzar la cima. Empecé a eyacular incontrolablemente mientras mi esperma fluía de mis bolas a través de mi estaca a las profundidades de Teresa. Mi clímax accionó el de ella.
Cuando las comencé a chupar y a mordisquear sus ya duros pezones, mi compañero se estaba quitando el pantalón, en ese momento interrumpí mi labor, como queriéndolo detener y evitar que la penetrara, pero mi excitación era más que mi conciencia.