¡Que bellas vacaciones!

¡Que bellas vacaciones!

Me llamo Milena, soy hija única, mi madre la recuerdo vagamente pues nos abandonó cuando yo estaba en edad infantil, desde entonces mi única referencia de afecto es mi padre; Giuliano, mis abuelos residen en el extranjero, así que somos solo Giuliano y yo, hace tiempo que dejé de llamarle papá, él es un hombre joven y muy apuesto.

Yo estudio en Santiago en la Universidad Católica, Campus San Joaquín, pero vivimos en Reñaca en la quinta Región, así que estoy de lunes a viernes en Santiago y me vuelvo el fin de semana a casa de Giuliano, soy muy afeccionada a él y quizás un tanto celosa de sus conquistas, de cierto no conozco una oficial, pero sé de sus aventurillas y hay noches en que no vuelve y yo me desvelo pensando que se está revolcando con alguna golfa, a veces también me masturbo con este pensamiento de mi padre cogiendo a otra mujer.

Ese verano en particular yo había terminado mis estudios y me había regresado a vivir con él como dueña de casa, trataba de complacerlo porque él siempre está pendiente de mí, sentía que le debía devolver en algo su amorosa predisposición hacia mí, quería serle de compañía, quería estar más cerca de él, secretamente dentro de mí, se había insinuado también la locura de seducirlo, aunque si no tenía la menor idea de cómo hacerlo.

Las altas temperaturas estivas me dieron la ocasión, me vestí solo con bragas y una amplia remera azul marino, mis bragas eran azul celeste, mi padre embelesado mirando el fútbol, ni siquiera me dignaba una mirada:

—¿Quieres beber algo, Giuli? …
—¡Oh!, cariño … gracias … una chela estaría bien …

Le traje una cerveza heladísima y me puse delante de la Tv para ver si me miraba, pero lo único que hizo fue barbotear un “gracias” y me empujo hacia un costado para seguir mirando la partida en la Tv, me senté en el descanso del diván estirando mis largas piernas bronceadas, solo entonces me miró por unos segundos y continuó interesado en la partida, bueno al menos no me llamo la atención por girar en casa con tan poca ropa encima.

Un poco acongojada me fui a mi habitación del piso superior, mientras subía las escalas, sentí su mirada en mi culo y piernas desnudas, por un segundo se me contrajo la conchita y mi culito en un modo placentero y con una tremenda excitación, él me había mirado, él se había fijado en mí.

Como padre él no debía haberlo hecho, como hombre me gustaba que él se fijara en mí, él no era como los muchachos de la universidad que también me miraban, era diferente, su mirada era como la aprobación de cómo me estaba transformando de niña a mujer, también había una morbosidad en ello, el gustito de lo prohibido.

Una de mis fantasías era que él reaccionara como macho y ante la excitación de mi joven cuerpo de mujer, no se pudiese contener y me atacara sexualmente haciéndome una infinidad de cosas terribles que me excitaban sobre manera, eran tonterías que me ayudaban en los momentos en que disfrutaba a solas de mi cuerpo de mujer excitado, mis frecuentes masturbaciones.

Ahora yo me aceptaba con mis generosas curvas y ya no me sentía cohibida al estar frente a él, me gustaba que él también disfrutara de mis formas sinuosas y sensuales, ésta aquí era yo, una mujer bella y deseable.

Continuábamos a disfrutar del verano, pero una improvisa tormenta de esas terribles, desató las fuerzas de la naturaleza que se ensañaban bramando con aullidos de viento, cortinas de lluvia torrencial y explosiones de luz estridente de truenos y relámpagos sobre el despavorido mundo, yo me daba vueltas en mi cama sintiendo la furia del temporal, recordando que cuando niña me iba a la cama de mis padres buscando un refugio y una seguridad ante las amenazas de las inclemencias del tiempo, así que me pareció natural levantarme solo con bragas y remera y dirigirme al dormitorio de papá.

—Giuli, ¿Te molesta si duermo contigo? … sabes … la tormenta …
—¡No, para nada, acomódate! …

Nerviosa y excitada me metí bajo sus sabanas, se olía su cuerpo, me acurruqué a su pecho, sentí los vellos de sus piernas en mis piernas lisas y suaves, imaginé que estaría vestido solo con sus bóxers, estábamos muy cerca el uno del otro.

—¡Abrázame! …

Dije casi en un lastimero susurro, sentí su mano en mi hombro, no quise moverme más, su cálido aliento estaba en mis cabellos, su respiración se normalizó y me hizo pensar que se había adormecido, tome su mano y la lleve a mi pecho, su muñeca quedo entre mis senos, afuera el temporal resoplaba con feroces ráfagas de viento y lluvia, me sentía segura y protegida, me adormecí envuelta en los brazos de mi padre.

Al día siguiente me levanté y mi padre ya lo había hecho, me sentí un poco culpable de mi modorra, yo quería preparar el desayuno para él, rápidamente entré en el baño sin llamar a la puerta, vi la figura de mi padre bajo la ducha a través del vidrio fumé, no era tanto lo que se vislumbraba, pero inequívocamente eso que tenía en su mano era una verga enorme.

—¡Pero Milena! … ¡Me estoy duchando! …
—¡Giuli, disculpa! … ¡Pensé estabas en la cocina! … voy a poner agua y preparar el desayuno …

Salí caminando hacia atrás hipnotizada con la vara de carne que se adivinaba a través del borroso vidrio.

Esto fue el inicio de un cambiamiento de táctica, desde esa mañana comencé a levantarme yo más temprano que él, mientras la calidez del agua bañaba mi cuerpo, sentí la puerta del baño.

—¿Milena … te falta mucho? …
—¡Estoy casi lista! …

No entró al baño y no sé si me habrá visto a través del vidrio, pero fue muy breve su intervención, me sentí ligeramente frustrada.

Al día siguiente me bañé y luego me puse a esperarlo, al horario habitual sentí la puerta del baño.

—¿Has terminado, Milena? …
—¡Sí! … acabo de cerrar el agua … ya terminé … puedes entrar …

Lentamente entró un poco vacilante, yo estaba de pie detrás del vidrio borroso, pero sabía que él podía distinguir mi figura y mis formas.

—¿Me podrías pasar una toalla, por favor? …

Lo sentí acercarse al vidrio, abrí la ducha justo un poco y me asomé sonriente.

—¡Gracias! … ¡Muy gentil! …

Me sequé a la rápida y me envolví en la toalla que por cierto era la más corta que encontré, dejaba al descubierto casi por entero mis glúteos, hice como si nada y eche dentífrico a mi cepillo y me puse a cepillar mis dientes, él hizo lo mismo, estábamos uno al lado del otro cepillándonos nuestros dientes y lanzándonos furtivas miradas en el amplio espejo, creí notar una ligera protuberancia en la parte delantera de su bata, pero no podría afirmarlo con certeza, esperó a que yo me fuera para meterse bajo la ducha.

Varios días después, seguíamos con el juego de la ducha y las veladas provocaciones mías, esta vez lo esperé con el agua corriendo sobre mi cuerpo.

—¿Estás lista, Milena? …
—¡No! Giuli … ¡Pero entra … entra! …

Lo sentí entrar y se fue directamente a cepillarse los dientes, yo fingía detrás del vidrio borroso de enjabonar mis tetas y muslos, él me daba la espalda, pero no sé si me miraba a través del espejo, luego le pedí me pasara la toalla y salí a cepillar mis dientes, lo vi parado esperando que saliera.

—¿Qué haces? … la ducha está vacía puedes ducharte, yo ya casi termino …

Lo vi que se despojó de su bata, pude admirar su cuerpo tonificado, sus amplias espaldas de nadador, sus fornidos y musculosos muslos, se metió a la ducha y cerrando la puerta del vidrio fumé se sacó sus bóxers, aun así, podía apreciar a través del vidrio la ágil y fornida corporatura de él, salí del baño mirando el amasijo de negros vellos púbicos y la característica y fornida masa de carne que pendía de su pelvis, me encantaba esta velada desnudez del cuerpo de mi padre.

Fueron más de un par de semanas en que compartíamos el baño con todo el pudor posible entre padre e hija.

No sé en qué momento me pase a interesar por las formas anatómicas de papá, ya no me interesaba que él viera las mías, sino yo ver su cuerpo masculino harmoniosamente musculoso, hacía que mi panocha se transformara en una laguna, no podía sacar de mi mente la noche de tormenta con mis delicadas piernas en contacto con sus piernas fornidas y velludas, su brazo en medio a mis pechos protegiéndome, pero yo quería más de eso.

Necesitaba acercarme un poco más a papá, hacía muchos años que no nos tocábamos ni abrazábamos, siempre manteníamos una distancia sideral el uno del otro, esto debía cambiar a la brevedad, mi mente era un hervidero de ideas de cómo lograr este cometido.

De seguro no podía volver a meterme de nuevo en la cama de mi padre, pero esos momentos quedaron impresos en mí, nuestro contacto más bien fue casual, no nos abrazamos ni nos besamos, eso es lo que yo pensaba cambiar, debía incitarlo a tener un contacto físico conmigo más frecuente y natural.

Comencé con pequeños acercamientos, en la mañana lo saludaba con un ósculo, cuando él se iba a sus labores también, en todas las ocasiones en que él me hacía algún cumplido o me daba felicitaciones por algo bien hecho, yo le retribuía con un beso rapidito ya sea en sus mejillas o labios, nunca hizo ningún comentario al respecto, solo que le veía feliz con mi actitud.

Pasó esa semana y yo continuaba con mis atenciones de cariño a papá, llegó el fin de semana y había un partido de la roja con un equipo extranjero, papá estaba ensimismado en el partido, además, íbamos ganando un tanto a cero, él estaba sentado cómodamente en la esquina de diván prestando toda la atención a la Tv, me acerqué a él y me dejé caer en su falda.

—¿Qué estás haciendo? …
—¡Me siento en tu regazo! …
—¡Sí!, ya lo veo … pero ¿por qué? …
—Pues cuando niña tú me permitías sentarme así contigo … ¿cuál es el problema? …
—¡Urgh! … ¡Umpf! … bueno …

Papá refunfuñaba un poco molesto, pero me dejo estar y se acomodó para no perderse el partido de futbol, apoyo una de sus manos en mi espalda y en la otra mantenía firme el control remoto, me acomodé en su pecho, la posición no era de las mejores y al parecer él se sentía un tanto molesto, con la excusa de ir a buscarle una cerveza me levanté y luego le dejé tranquilo, no había manera de competir con la roja.

Esperé, y otra oportunidad se dio en un par de días, esta vez me aseguré de no tuviese en mano el control remoto, lo quería con sus dos manos libres, de lo más natural me senté en sus piernas y me acomodé recostada en su pecho a mirar la Tv, papá no reclamo nada en absoluto, se movió solo para que me acomodara mejor, le tomé su mano y la coloque cerca de mi ombligo, lo noté nervioso no sabiendo donde colocar sus manos.

—¿Tienes miedo de tocarme? …
—¿Umpf! … ¡Urgh! …

Quizás mi pregunta se sentía un poco descarada, así que traté de cambiar el tono.

—¡Digo! … Antes cuando pequeña, me abrazabas, me besabas … hasta me dabas algunas nalgadas si no me comportaba … ahora nada … me rehúyes …
—Bueno, hija … cuando entraste en la adolescencia, sentí que ya no querías mis muestras de afectos … te distanciaste de mi … creciste y te dejé ir …
—Pero tienes que entender que en la adolescencia se hacen tantas cosas que son propias de esa edad … yo quiero tener otra vez ese apapache que debe existir entre un padre y una hija … no te pido nada de extraño, papá … devuélveme tú cariño … solo eso …
—¡Sí es lo que quieres … eso tendrás! … ¡ven aquí donde papá, hija mía! …

Mi padre me paso sus brazos por la cintura y me abrazó con mucho afecto, yo me sentí como esa niña de entonces y me refugié en sus firmes pectorales, no sé si él se dio cuenta de que no vestía sujetador, mis tetas se apretaron a su pecho.

A medida que pasaban los días sus muestras de afecto se hacían más efusivas, me acariciaba y me tenía rodeada con sus brazos en toda oportunidad que yo me acercaba a él, ya no le resultaba extraño de que yo me sentara en su regazo mientras miraba la Tv, en una de esas, yo vestía solo una remera amplia y esta se arremangó por sobre mis bragas, él tenía su mano en la parte superior de mi muslo, casi rozando el borde mis bragas, es más estaba rozando la parte elastizada de mi pequeña prenda y su dedo jugaba con el bordado, mi pequeño coñito sentía esa sutil excitación y comenzaba a humedecerse.

Nunca antes la mano de mi padre había estado tan cerca de mi conchita, en un impulso instintivo tomé su mano y la coloqué sobre mi coño.

—¿Por qué no la colocas aquí? …

Mi padre se sorprendió y se sonrojó, retirando la mano intempestivamente, como si mi piel le quemara.

—¡Disculpa! … ¡No quise hacer eso! …

Quizás mi tono de voz no fue el más adecuado, pues no quería que sonara a un reproche.

—¡Papá, está bien! … ¡No te estoy reprochando! …
—¿No te parece que esto es demasiado íntimo? …

Tomé su mano y la volví a colocar en mi entrepierna. —¿Que hace qué esto? …

Luego la volví a mi rodilla. —¿Sea más íntimo que esto? …

Papá retrucó —¡Está claro! … ¡Esa sobre tus bragas es más indecorosa! …

—¿Por qué indecorosa, Papá? …

Me levanté de prisa y fui a buscar un álbum de fotografías familiares, había una fotografía en especial donde papá me tenía en sus brazos con su mano abierta sobre mi chocho, claro está que yo era una bebita, me volví a sentar en su regazo y le mostré la foto.

—¿Ves donde tienes tú mano en esa fotografía? …

Mi padre se sonreía y me miraba con afecto e incredulidad.
—¿Estas bromeando? … ¡Ahí tenías apenas cinco años! …
—¡Sí! … ¿Y cuál es la diferencia? … ¡Solo un amasijo de vellos! …

Tomé su mano y la volví a poner sobre mi coño.

—¡Con tu mano ahí me siento amada, querida, protegida! … ¡Eres mi padre! …

Se quedó en silencio y no movió su mano de mis bragas, no sé si se creyó el saco de mentiras que le estaba diciendo, pero el peso de su mano en mis bragas y sus dedos rozando mis labios vaginales, inclinaba la balanza a mi favor.

Me levanté a guardar el álbum y me despedí de papá antes de irme a dormir, una vez en mi cuarto sobre mi cama, todavía sentía el calor de la palma de la mano de papá en mi entrepierna, era casi evidente la humedad sobre la ranura de mi conchita, metí mi mano bajo mis bragas y el calor de mi sexo ostensiblemente se debía a esa velada caricia.

Mis dedos comenzaron a viajar a lo largo de mi ranura empapada, imaginaba los dedos de mi padre separando mis hinchados labios, poco a poco fui metiendo mis dedos dentro de mí, me puse boca abajo en mi cama mientras empujaba mis dedos más adentro de mi concha, estaba acostumbrada a masturbarme, pero la imaginación de ser tocada por mi genitor nunca la había experimentado, me bañaba a mares fingiendo que mis dedos eran los de él, mis glúteos y mis piernas comenzaron con un agradable temblorcillo, me puse otra vez de espalda y mientras sobajeaba mi clítoris con desesperación, mis dedos se hundían en mi sexo una y otra vez.

—¡Aaarrrggghhh! … ¡Ssssiiii! … ¡cógeme, papá! …

Mi orgasmo fue bestial, mis piernas se plegaban hasta mis pechos, luego se abrían y cerraban fuera de todo control, al cabo de unos minutos con mi respirar jadeante y afanoso, me quedé dormida con mis piernas abiertas de para en par, exhausta pero contenta.

Fueron muchas noches de apasionadas masturbaciones pensando a mi padre, una vez que se huele el fruto prohibido, una lo persigue como un sabueso, está claro que también incumbía el aspecto moral, una relación sexual entre padre e hija está vetado por ley, consanguíneos creo que se dice, pero esa ley está pensada para los efectos secundarios del incesto, la prole que deriva de una relación consanguínea puede venir con defectos físicos y/o mentales, esto según la ciencia, pero yo no quiero descendencia con mi padre, yo solo quiero que su cuerpo y el mío nos unamos en el placer del sexo, además, hay tantos sistemas de control de la natalidad al día de hoy y yo tomo la píldora desde casi dos años, yo lo que quiero es tener sexo con papá y no veo impedimento alguno.

Esa cosa ancestral y atávica del incesto no me quitaba de la cabeza el meterme en las sabanas de mi padre, me parecía lo natural, no el contrario.

Por qué entre dos personas que apenas se conocen está bien que se peguen un revolcón y entre dos seres que se conocen, que se quieren y se aman de toda una vida no está bien que se unan sexualmente, es del todo ilógico, pensaba esto y muchas cosas más, todo me excitaba, todo me mantenía encendida todo el día.

Me adormecía pensando en él y me despertaba con el pensamiento de correr a la ducha para poderlo ver ahí junto a mí, con su albornoz que escondía toda la magnifica masculinidad de él, el hormigueo que se generaba en mi ingle mirando su albornos con esa ligera protuberancia a la altura de su sexo, impajaritablemente me hacía humedecer y sentir un gustito morboso en mi entrepierna, él se daba cuenta de mi turbamiento y a su vez no podía esconder la fuerza de la naturaleza que corría por sus venas y terminaba con una erección incipiente, él también me ve como mujer y no solo como hija, la balanza continuaba a inclinarse en mí favor.

Fueron muchas las tardes en que me senté en sus faldas, él ya se había acostumbrado a mi peso, también su mano se acomodaba con toda naturalidad sobre mi concha, pero yo quería sentir su hombría. La ocasión se presentó mientras veíamos una película de acción, pero con varias escenas de sexo, en una de esas secuencias, acomodé mis glúteos sobre su coso y comencé a mecerme al ritmo de los actores.

—¡Hey! … ¡Hey! … ¡Despacio … que me pones en una situación embarazosa! …

Papá había detenido mis movimientos presionando con su mano sobre mis bragas, sentir a mi padre admitir que se excitaba conmigo, no hizo más que enardecerme y continué a moverme aun cuando ya no había ninguna escena de sexo, mi padre jadeaba mientras yo me seguía restregando contra su pija.

—¡Detente! … ¡No podemos hacer esto! …

Con su mano firmemente sobre mi coño, él me impedía de continuar, pero yo insistía y con mis glúteos trataba de atrapar la dureza que pulsaba bajo sus jeans.

—¿Por qué no? … ¿Quién dice que no podemos? … ¿Quién dice que está mal? … ¿Por qué otros tienen que decidir por nosotros? … ¿Por qué no podemos disfrutar junto al ser que amamos? …

Al parecer mis palabras hicieron mella en él, porque después de un rato papá me soltó y me dejo libre de moverme, lo sentí moverse levemente, luego jadeando afanosamente sus músculos se tensaron, se estremecía en modo ostensible, su mano apretaba mi coño, papá se había corrido en sus jeans.

—¡Gracias, mi niña! …

Me sonrojé, hacía mucho tiempo que él no me llamaba así.

—¿He sido una buena niña, papá! …
—¡Sí! … ¡Lo has sido! …

Tomé su mano y la puse bajo mis bragas, con sus dedos en mi encharcada vagina.

—¿No crees que merezco una recompensa? …
—¡No es la recompensa más adecuada para una niña! …

Dijo él sin levar sus dedos de mis hinchados y mojados labios.

—¡Pero las niñas crecen! …
—¡Sí! … ¡Lo hacen! …

Dijo mi padre comenzando a explorar mi conchita con sus agiles y ligeros dedos, yo estaba más que excitada y jadeando y girando mis caderas, me estremecí con espasmódicas convulsiones mientras me corría en los hábiles dedos de mi padre.

El periodo estivo me permitía girar en casa con poca ropa, generalmente lo hacía con las bragas más pequeñas que tenía y una remera adherente donde se lucía la exuberancia de mis senos túrgidos, papá me devoraba con su vista y esto me excitaba mucho y me tenía esperanzada en mis planes futuros.

No volvimos a repetir lo de la noche que me hizo gozar con sus dedos, pero yo continuaba a sentarme en su regazo y a incitarlo, él me abrazaba con naturalidad, rozaba mi conchita, acariciaba mis muslos, sus manos se movían por mi torso a la base de mis senos, pero no iba más allá, me sentía a veces un poco frustrada.

Por algunos días me olvidé de mis iniciativas y me dediqué a hacer los preparativos para la Navidad, armé el árbol navideño, hice las decoraciones luminosas de la casa, decoré los arbolitos frente a nuestra casa y un sinfín de cosas que conlleva la celebración de estas fiestas familiares, papá se había hecho cargo de las vituallas navideñas y también de algunas bebidas alcohólicas, yo le había escrito una carta al Viejito Pascuero, pidiéndole algunas prendas de lencería íntima y algunas cosas de tecnología, había agregado al fondo de la carta que me comprometía a comportarme como una buena niña y haría feliz a mi padre.

Finalmente llegó el 24 de diciembre, estuve prácticamente el día completo preparando la cena de Navidad, cenamos temprano y luego con sendas copas de espumante, nos sentamos a disfrutar de la programación televisiva, yo me acomodé en su regazo esperando dieran las doce para abrir los regalos que estaban bajo el árbol, papá puso su mano sobre mi coño y yo le bese en la mejilla diciéndole que estaba bien, luego tomé su copa para poder sentir sus dos manos sobre mí, rodeó mi vientre y su palma se apoyó en mi seno izquierdo, conversábamos y nos reíamos de la programación a la Tv, luego faltando pocos minutos para las doce, bebí un trago de espumante y apoyé mis labios en los labios de papá, el entreabrió su boca y yo compartí la bebida con él, nos dimos un largo beso mientras nuestras lenguas se bañaban en espumante.

—¡Son las doce … hora de abrir los regalos! …

Yo hubiese querido continuar a besarlo, pero él me empujo suavemente y me hizo alzar, después se dirigió al árbol para recoger dos sobres y una cajita envueltas en papel de regalo, luego volvió a mí.

—¡Feliz Navidad, hija! …

Luego fue mi turno, me levanté bajando mi ajustada falda y me agaché dándole una amplia mirada de mi culo, me agaché en esa posición y tomé los regalos que yo había comprado para él.

—¡Feliz Navidad, papá! …

Nos dimos un abrazo y un beso, sus labios estaban relajados y ligeramente entreabiertos, su cuerpo fuerte y cálido se apegaba al mío, mis senos se apretaban contra sus pectorales, mis pezones punzaban su piel, él trató de zafarse de mí, pero yo lo tenía estrecho y apegado a mi cuerpo, este era un super beso, jamás había besado a nadie con esta intensidad, sentía como su pene crecía y pinchaba mi vientre plano, cuando finalmente nos separamos sus ojos estaban brillantes y su respiración alterada, el relieve de su pene se dibujaba en sus pantalones.

—¡Papá … quiero regalarte algo especial! … ¡Quiero que te sientes y cierres tus ojos! …

Papá me miró y sin decir palabras se sentó en el diván, yo acomodé un cojín entre sus pies y me arrodillé, luego abrí la hebilla de su cinturón, desabroché el botón de su pantalón, baje su cierre y con mi mano derecha aferré su verga magnifica, lo miré y comprobé que él estaba relajado con sus ojos cerrados y su cabeza hacia atrás, me incliné y lo hice entrar en mi boca, solo la lustrosa cabezota de su glande, no lo engullí, me puse a jugar y saborear esas pequeñas gotitas perladas que escapaban del orificio aquel, mis labios y mi lengua jugaban con su glande, mientras mis manos movían su prepucio de arriba abajo, él comenzó a gemir y a mecer sus caderas atrás y adelante, mis labios se cerraron alrededor de su asta y con mi lengua apreté su glande contra mi paladar, después comencé a moverme de arriba abajo, siempre más rápido, papá no me sujetó la cabeza, tampoco miró lo que le estaba haciendo, ni menos me aviso que se corría.

Un potente chorro de esperma se estrelló en mi paladar y lo tragué de reflejo, luego una ráfaga roció mi lengua y el interior de mi boca, succioné su miembro tragando todo, él gimió, pero no hizo nada, no se movió.

—¡Puedes abrir los ojos, papá! …

Papá arregló sus bóxers y subió el cierre de su pantalón, no dijo nada, solo me tiro hacia él y me abrazó, no intentó tocarme íntimamente ni nada, solo nos quedamos en silencio escuchando los sones de música de baile y fiesta que transmitía la Tv.

Nos alzamos y subimos hacía nuestros dormitorios.

—¿Puede esta niña buena dormir con su amado padre? …

Mi pregunta lo sorprendió, noté sus aprehensiones, de seguro que todo lo que habíamos hecho hasta ahora, no se podía igualar a lo que podríamos hacer una vez en su lecho.

—¡Solo para dormir! … ¡Lo prometo! …

Agregué estrechándome a él, no me contestó, pero me tiro de la mano hacia su dormitorio, una vez en su habitación procedimos a desnudarnos, yo no tenía nada mas que mis bragas bajo el vestido, así que quede con mis pechos expuestos a su mirada, me cubrí mis pezones con mi brazo y tomé su camisa y me la puse a modo de pijama, papá se acostó y yo también lo hice dándole la espalda, poco a poco me acurruqué a él, esta vez papá paso su brazo bajo mi brazo y su mano cubrió uno de mis senos bajo la camisa, me sonrojé pero me gusto, sobre todo cuando metiendo su mano en mi conchita, tiro mi culo sobre su pija, luego volvió a cubrir mi teta.

Sentí como su mano apretaba dulcemente mi seno y en medio de mis glúteos su miembro comenzó a despertarse, me quede quietecita y luego la respiración de él me indicó que dormía, metí mi mano bajo mis bragas y alcance mi pubis, abriendo mis labios tumefactos y húmedos, lentamente y muy suave me toque mi chochito, teniendo cuidado de no despertarlo, mordí mis labios para no gemir y quejarme de placer, me estaba masturbando a su lado, mi cuerpo vibró y se estremeció cuando me corrí, pero él continuó a dormir.

Luego de las fiestas de navidad y de fin de año continué mis vacaciones, total debía regresar al campus en la última quincena de febrero, ahora lo que me tenía ocupada era llevar a mi padre a yacer conmigo, él se alejaba de mí cada vez que mi persistencia lo llevaba a sentirse en situaciones demasiado comprometedoras, pero estaba a mis juegos cuando se trataba de restregar nuestros sexos vistiendo nuestros vestidos, otras veces aceptaba de ser mamado, pero rehuía cualquier intento de penetración.

La relación entre él y yo seguía teniendo limitaciones, cuando me sentaba en su regazo el me tocaba con sus dedos hasta hacerme explotar de placer, yo restregaba mi trasero sobre su pija hasta hacerlo acabar, a veces me permitía una mamada, pero era reacio a avanzar en nuestros devaneos.

Los momentos más íntimos eran cuando estaba en su cama, a veces me masturbaba apenas lo sentía dormir, otras veces lo sentía a él que me estrechaba y restregaba su pene en mi trasero hasta hacerme sentir la humedad de sus bóxers empapados de esperma, no siempre lo sentía correrse pegado a mis glúteos, pero muchas veces me despertaba en la mañana con mi espalda pegajosa y mis bragas húmedas, lógicamente fingía no darme cuenta de nada, pero me excitaba sentir el semen de papá en mi cuerpo.

Por lo menos dos a tres veces a la semana yo me metía en la cama de mi padre, él no me decía nada, disfrutaba de mi cuerpo tanto como yo disfrutaba del suyo, una noche el tenía sus dedos en mí, no resistí y me bajé mis bragas.

—¿Qué haces? …

Dijo él preocupado, yo solo levanté una pierna.

—¡Mételo dentro de mí, papá! …
—¿Eh? … ¿Estás segura? …
—¡Sí! … ¡Soy tu niña buena … hazlo! …

Papá acomodó su verga y lo sentí entre mis glúteos y luego se deslizo en mi hendedura vaginal, empujo dentro y su pene invadió mi vagina, agarró mis pechos y comenzó a cogerme suavemente, con lentitud y pasión.

—¿Te gusta, Mile? …
—¡Sí!, Giuli … ¡Soy tu niña buena! … ¡Cógeme! … ¡Cógeme más fuerte! …

Comenzamos a mecernos en sintonía, después de una decena de minutos papá de corrió en mi coño y luego yo también tuve mi orgasmo, papá intento retroceder, puse mi mano sobre su cadera y lo retuve.

—¡No te alejes! …

Él no lo hizo, me adormecí con su verga dentro de mí. Ya había cumplido mis sueños, en dos días más debía regresar a Santiago y retomar mis estudios, pero ahora los fines de semanas los podría pasar en la cama de papá y esto me regocijaba y me daba ánimos.


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