Capítulo 5

Aquel fin de semana me di cuenta realmente de lo que mi novio se proponía, y de cuál era mi destino. Pude haber huido de todo aquello.

Todavía hubiera podido hacerlo.

Las cosas que había perdido, mi familia, mis amigas, mi carrera, todavía podía recuperarlas. Pero la verdad es que ya empezaba a perder el sentido de la realidad.

Me parecía estar en un sueño. Intentaba pensar en todo lo que había pasado mientras permanecía acostada en mi catre toda sucia y dolorida por lo que me habían hecho el día anterior.

Ayer, un tipo al que desconocía totalmente me había dado una paliza y me había follado la boca.

Anteayer, otro tío me había arrastrado por su casa con su cipote insertado en mi culo, y después se me había orinado encima. Me habían manoseado, insultado, pegado y follado.

Y todo con el consentimiento y la colaboración de mi novio.

De hecho, él me estaba instruyendo para eso.

Quería que esa fuera mi condición futura. Mi destino. Ser una esclava en el más amplio sentido de la palabra. Pero él me quería, aunque nunca me lo dijera. Estaría segura con él.

Podría vivir con junto a él una vida llena de fantasías y aventuras. Podría ser una perra humillada, pero con la seguridad de tener siempre a mi macho cerca, que me protegería y cuidaría.

Haría mis fantasías realidad al tiempo que viviría feliz con él. Al final, no ha sido exactamente así. Ambos hemos alcanzado nuestras metas en la vida, aunque los resultados han sido bien distintos a los que yo en un principio imaginaba.

Comenzó la semana sin sobresaltos. Me sentía segura en casa de mi novio. Él salía temprano y me dejaba dormir, excepto cuando se levantaba con ganas de mear.

Pero después de mearme me volvía a mandar a mi catre, y podía dormir hasta tarde. Mis obligaciones se limitaban a las tareas del hogar, que no eran pocas, pero ya estaba acostumbrada a hacerlas, pues en casa siempre ayudaba a mi madre.

Desde que vivía con él me había puesto una serie de reglas que debía seguir.

Nada demasiado complicado, pues no le gustaban demasiado las relaciones con complicadas rutinas y rituales. Solo había una regla básica: yo debía obedecer ciegamente. Mi entrega debía ser total. Sin objeciones ni límites.

Mis pautas de comportamiento me las iría inculcando él mismo de forma natural, o sea, a bofetadas, gritos, insultos, humillaciones y castigos.

No necesitaría ninguna larga lista de obligaciones escritas en un papel, que tuviera que memorizar. Él se encargaría que aprendiera con la práctica, que es la mejor forma según decía.

Las reglas que había comenzado a inculcarme eran: debía llevar permanentemente un dildo en el culo que me mantuviera abierta, arrodillarme cada vez que volviera a casa y besar sus pies, su paquete y su ano, por ese orden.

En principio eso era todo, aunque progresivamente iría cambiando o ampliando mis pautas de conducta.

Siguieron muchos fines de semana de entrega a machos de toda condición. Continuó con su criterio de no seleccionar entre los que escribían y no poner condiciones más que la de estar el presente.

Sinceramente, hubo de todo. Desde aprovechados que solo querían echar un polvo fácil, hasta auténticos depravados con los que sufrí las más abyectas vejaciones que una, hasta entonces inocente chica, podía soportar.

Desde hombres cultos y bien vestidos, hasta tipejos desarrapados e ignorantes.

Guapos y feos, gordos y delgados, estudiantes, ingenieros, obreros. Impotentes y adictos al sexo y las guarradas. Todo cupo en el cuerpo de esta cerda traganabos.

Pero supongo que si este relato está siendo escrito para disfrute de quienes lo leyeren y para mi vergüenza y humillación, los distinguidos lectores querrán ejemplos y detalles de aquellos primeros usos a los que fui sometida.

Pues bien, entre los primeros que usaron y abusaron de esta esclava estuvo un señor que realmente me inspiró mucha confianza en principio. Fue distinto de los primeros que se beneficiaron este cuerpo.

Él se interesó por mí de un modo especial. No fue una simple entrega de carne de follar.

Mantuvimos una conversación, en la me preguntó sobre mis sentimientos y sobre mis propios gustos.

Parecía muy simpático. Prefirió que el contacto se realizará primero en una céntrica cafetería de la ciudad, donde hablamos largamente. Mi novio me presentó como siempre: -Esta es la fulana. Desde este momento está a tu servicio, Sergio- ese era su nombre.

-Hola preciosa, ¿cómo te llamas?- miré a mi novio, desconcertada. Él asintió con la cabeza, como dándome permiso para hablar abiertamente -María, señor- dije. -Bien, un bonito nombre. Pero siéntate. Así, a mi lado.- Me tomo dulcemente del brazo y me dio un beso en la mejilla. -Me ruboricé, era lo último que esperaba de quien se suponía abusaría de mí en las próximas horas. – ¿Quieres tomar algo?,¿un café quizás?- Volví a mirar a mi novio, no sabía que contestar. -No sé, como usted quiera…eh, bueno, yo, lo que usted quiera, señor-

-Un café estará bien. Con mucha leche y mucho azúcar-

– Sí, Señor, gracias- Se encargó mi novio de llamar al camarero y pedir mientras Sergio hablaba conmigo.

– Me gusta como vienes vestida, María-

La ropa la eligió mi nov…mi Amo, señor. Él siempre decide cómo he de ir vestida- Efectivamente, aquel viernes, mi novio me había vestido con una falda larga cruzada por delante, unos panties color negro, eso sí, abiertos por mis agujeros.

No llevaba bragas. Unos zapatos de tacón alto, negros, una blusa blanca, sujetador negro con la zona de los pezones recortada, y una chaqueta que me permitía disimular la transparencia del negro bajo el blanco.

Llevaba una cola de caballo recogiendo mi pelo, y el maquillaje no era muy atrevido. Entonces no lo sabía, pero esa era la ropa que el mismo Sergio había elegido para mí.

María, tu novio me ha dicho que estás siendo instruida para la prostitución- Esa forma de hablar me hacía sentirme un poco avergonzaba porque estaba siendo demasiado educado. Su aspecto, de auténtico gentleman, me inspiraba confianza, y al tiempo me avergonzaba porque me hacía sentir aún más baja respecto a él, con ese aspecto tan respetable de señor educado.

Sí, señor, bueno, él me instruye para mi degradación como mujer. Quiere que sea una esclava total, señor… una cerda. Perdón, es como él quiere que hable. Quiere que mi lenguaje sea vulgar-

Oh, no te preocupes por eso, no me molesta que hables así, es más, me estimula. Pero entenderás que yo soy una persona educada que no utiliza palabras soeces. Comprendo que tu condición de vulgar ramera te obligue a expresarte de forma soez. ¿te hacen el amor a menudo, maría?-

Me follan habitualmente, señor. Mis tres orificios están a disposición de cualquier macho que lo solicite a mi Amo. Como puta, intento dar gusto a los rabos, señor. Es mi obligación. Y como esclava, acepto ser tratada de cualquier forma-

De forma humillante, a eso te refieres-

De cualquier forma, señor. Mi amo me considera un saco de mierda, sin derecho más que a suplicar. Usted puede tratarme como quiera. Puede follarme, puede pegarme, o puede mearme, o tratarme como un mueble, un objeto, un sumidero, urinario, o simplemente como una fregona. Puedo ser su cenicero, o lustrar sus zapatos con la baba de mi raja, o la saliva de boca.-

Tómate el café- que acababa de ser servido. Él tomaba un combinado de whisky, y mi novio un whisky solo con mucho hielo, como siempre. -¿Quiere un poco de agua, señorita?- preguntó el camarero.- Así está bien, gracias- contestó mi novio, sin dejarme hablar. Yo sonreí al camarero- Eh, ¡puta!, atiende-, me dijo mi novio. No vuelvas a mirar al camarero, ¿te crees que eres la reina de Inglaterra, furcia?.- Me dijo mientras me golpeaba levemente con el dorso de su mano en mi boca.- Bébete eso ya, ¡estúpida fulana…No!, no le pongas el azúcar. Así mismo. Traga ya el café y atiende al Señor, que quiere preguntarte más cosas.-

No te preocupes por mí, me gusta observarla mientras toma su café. Me tomaré algún tiempo si no te importa- dijo Sergio, mientras deslizaba su mano bajo mi falda y acariciaba suavemente mis muslos- Yo abrí instintivamente mis piernas para facilitar la inspección, aunque él no llegó más lejos.

Continua con tu café, María-

Sí señor, gracias-. Ellos comenzaron a charlar. Mi novio le trataba con mucho respeto.

Eso me sorprendió un poco. Supongo que Sergio le impresionó tanto como a mí. Un hombre tan apuesto, realmente guapo. Sus manos eran grandes, y su voz calmada y profunda, muy cálidas ambas.

El reconfortante café, aunque amargo, me hizo sentir a gusto en aquella cafetería tan agradable. No había mucha gente a esa hora. Serían sobre las siete de la tarde. Ellos continuaban hablando, sobre mí, claro.

¿María recibe sin dificultad miembros gruesos por su ano, Andrés?- ese es el nombre de mi entonces novio, ahora cornudo y humillado esposo.

No lo había mencionado antes, supongo que por pudor. Recordando aquellos días me resulta extraño recordar su nombre. Actualmente mis Amos tampoco le llaman por su nombre. Le tratan con auténtico desprecio. Él no tiene ninguna utilidad sexual para ellos, que son unos auténticos Machos.

Solo le utilizan como criado, y eventualmente le entregan junto a mí para sesiones especiales, en paquete conjunto. Las parejas sumisas son muy solicitadas por algunos viciosos.

Su agujero del culo recibe cipotes casi de cualquier espesor, Sergio. La puta sufre a veces, cuando los rabos son gordos, aunque yo le mantengo ese agujero bien lubricado siempre. Utilizo también un dildo o tapón que lleva casi permanentemente para mantenerlo abierto.-

¿Ahora lo lleva?-

No, cuando la entregó, sus agujeros están libres y vacíos. Solo le lubrico el culo para permitir la penetración fácil e inmediata si el hombre de turno así lo desea.

Únicamente si es deseo del “amigo” que vaya a usarla le tapono algún agujero. En tu caso, como no hemos comentado nada al respecto, no le he taponado el culo.-

Está bien, era solo curiosidad. ¿El despotismo es tu actitud permanente frente a ella?, siempre la tratas como lo haces ahora?.-

Oh sí, siempre. Ella misma está ya convencida de que su única utilidad es servir al Macho. Casi no tiene autoestima como podrás comprobar, y se entrega completamente cuando es usada.

Eso solo se consigue con una presión psicológica continua. Nunca la trato con dulzura, ni suelo tener condescendencia con ella. Procuro humillarla y ridiculizarla en público siempre que tengo la oportunidad. Eso potencia su sumisión.-

Bien, creo que estás consiguiendo buenos resultados.- Sergio seguía acariciando mis muslos mientras charlaba. Eso, junto a lo que estaban oyendo mis oídos, me estaba poniendo realmente cachonda. Acercó casi sin querer su mano a mi entrepierna y la notó mojada.

Creo que María está excitada, Andrés.-

Por lo que la conozco, debe estar totalmente salida, Sergio. Si seguimos así un rato, manchará el suelo con sus babas de puerca esperando rabo.- Sergio limpió su mano con una servilleta.

Yo me sentí avergonzada por haberle manchado. Mi resbalosa vagina no sabe comportarse ante hombres educados. Me delata continuamente con su emisión de fluidos.

Andrés, me gustaría comprobar algo en los servicios de caballeros. Si no te importa, bajaré con María para un pequeño juego en los urinarios-

Claro, llévatela, yo espero aquí- me ordenó seguirle hasta los servicios, que estaban en un sótano de la cafetería, junto a otra zona que en ese momento estaba cerrada al público.

Lo hice sumisamente, caminando detrás de él. Al caminar notaba la entrepierna húmeda. Espero que no haya nadie en los servicios de caballeros, pensé. Al bajar me fijé en Sergio. Su magnífico traje marcaba las líneas de su cuerpo, fuerte y proporcionado.

Entra, María, quiero comprobar alguna de tus reacciones.- Me introdujo en una cabina interior del servicio, donde había un váter y cerró la portezuela.

Me levantó la falda, ordenándome sujetarla con mis manos para que no cayera, y comenzó a magrear mis bajos con sus manos fuertes y grandes.

Me sobó el culo mientras comentaba sus impresiones, como para sí mismo.- Buenos cuartos traseros, sí señor. Es ganado de buena crianza- varias palmadas en los glúteos para comprobar la consistencia de mi carne.

Sobó la zona interior de mis muslos. Abrí las piernas para facilitarle la tarea. – Wow!, bien, abre así, bien. Me gusta cómo se ofrece tu vagina con los labios entreabiertos. Lubricas muy bien, pequeña. Noto tu excitación previa al uso. Un magnífico ejemplar-

Pasó a las tetas, que fueron magreadas y “amasadas” con gran maestría. Descubrió mi blusa y apartó el sujetador. Tiró de mis pezones con fuerza. Me excitó aún más. Clavó sus uñas en los pezones, lo cual me volvió loca de placer y comencé a jadear levemente.

-levanta un poco la cara preciosa-…zas!!, me abofeteo con mucha fuerza. ¡¡Se me saltaron las lágrimas…zas!!, en la otra mejilla. Comencé a llorar débilmente. A pesar de su violencia, lo hacía todo con la máxima delicadeza. Su cara permanecía impasible. Por supuesto no se me ocurrió preguntarle por qué me había pegado. Asumo que, si le apetece hacerlo, es completamente libre de satisfacerse conmigo.

Me acarició el rostro suavemente y me dio un beso en la mejilla.

Al hacerlo lamió mis lágrimas con dulzura. Me temblaban las piernas de excitación, por lo que cuando tiró de mis pezones para hacerme arrodillar caí a plomo quedando mi boca a la altura de su paquete, que se notaba hinchado. Me dejó así, se bajó los pantalones y los calzoncillos y se dio la vuelta, echándose un poco hacia delante.

Saca tu lengua y métela en mi ano cariño. Lo noto un poco sudado y me apetece que limpies bien el líquido aceitoso que lo impregna.-. Sumisamente acerqué mi cabeza a sus nalgas, las aparté con mis puercas manos y enterré mi boca en su precioso trasero, buscando con mi sucia lengua su agujero del culo.

Ciertamente estaba pringoso, pero lo lamí y lustré con mi lengua dejándolo inmaculado.

Mi boca, sin embargo, quedó sucia y apestando a caldo de mierda. Había empujado con mi lengua hasta introducirla un poco, y me aseguré de que quedara completamente limpio hasta donde alcancé con ella.

Gracias por asearme nenita, puedes levantarte. Perdona que no te bese para agradecer tu servicio, pero tu boca hiede bastante-, dijo con cierta ironía.- perdón, señor por la peste de mi boca. Me relameré bien, para evitar en lo posible que usted pueda oler mi apestoso aliento.-

Arréglate esa facha, y volvamos arriba, Andrés se estará impacientando-

Ya de vuelta, mi novio me preguntó qué le había hecho.

-Me ha sobado, me ha abofeteado, y le he limpiado el culo con la lengua, Amo-

-Bien, ¿Es de tu gusto esta estúpida zorra, Sergio?-

-Oh sí, sí. Es un magnífico ejemplar, aunque llora con demasiada facilidad. Creo que no le han dado demasiado jabón, ¿me equivoco?-

-¿Jabón?-, preguntó mi novio.

-Leña, caña, que no la han molido mucho digo. Es de lágrima fácil-

-Bueno, lo siento Sergio, esta asquerosa cerda es una sentimental. Es tan húmeda de ojos como de chocho. Pero no te preocupes, que ya la corrijo-

Disimuladamente, mi novio se acercó a mí y me pidió un beso.

Acerqué mi boca a él, me rodeo con su brazo poniéndome la mano en la cara. Le ofrecí sumisamente mi boca abierta y mi lengua en la suya y él, como premio me mordió fuertemente la lengua, mientras con su mano tiraba fuerte de mi patilla y me arrancó de cuajo un pequeño mechón.

Me hizo sangre en la lengua, y no chillé como una puerca en el matadero por la vergüenza de estar en un lugar público. Pero no pude evitar ponerme a llorar de nuevo mansamente ante aquella silenciosa pero brutal agresión.

-Pp…per…dón, mi Amo…per…dón Señor, no puedo evitarlo…-

-¡Cierra esa puta boca y trágate esas lágrimas asquerosas, furcia!- dijo mi novio para consolarme.

Sergio, que sonreía complacido, asintió con la cabeza tranquilamente. Volvió a acercar su mano a mis muslos, pero esta vez se fue directo al chumino empapándose la mano con mis caldos.

-Efectivamente Andrés!, tan húmeda por arriba como por abajo-

Esta vez se limpió directamente en mis medias, y en mi falda.

-Andrés, si te parece, nos marchamos ya. Me muero de ganas de cubrir a esta vaca-

El resto de la tarde me proporcionó largos orgasmos, y con cada uno que tuve me sentí más sucia y más baja. Sergio sabía atacar donde más me excitaba y más me dolía.

Me llevó a su hotel. Mi novio pasó a un segundo plano por acuerdo entre ellos. Cuando subimos a la habitación, él se quedó en el recibidor de la suite, pues la habitación era una de esas con dos plantas, con el dormitorio arriba.

Con la mayor naturalidad, Sergio me hizo subir las escaleras arrastrándome por el pelo, acompañando su acción con lindezas del tipo: “sube, sucia puerca, que te voy a montar como una vulgar vaca de apareo”. Una vez arriba me arrancó la ropa, me puso de rodillas y me enchufó su churra en la boca.

La ensalivé bien para proporcionarle mayor placer, y me dejé penetrar hasta la garganta con fuertes embestidas. Algunas lágrimas por la fatiga, pero lo soporté bien. Ya me estaba acostumbrando a la violación oral.

-Estaba realmente caliente el “Sr. Educado”, pues no paraba de berrear como un becerro, perdiendo toda la compostura que había demostrado antes. Cuando le pareció, me apartó golpeándome en la cabeza con la palma de su mano, terminó de desnudarse y se tumbó en la cama boca arriba. Yo tirada en el suelo sin atreverme a moverme, le veía hacer.

-Ven aquí, putilla, clávate en este ese mástil…así, bien empalada, ¡déjate caer sobre él…uffff!…cómo corre la porra en su funda…qué bien se encaja…así, así…buena marrana….excelente. Ahora tu matriz está tan vacía como tu cerebro, ¿pero no te preocupes que pronto rebosará con mi cuajada…eh furcia?…verdad que te gusta que te claven, mamoncita?…pequeña niña ninfómana?…¿sabe tu papá que tu prometido te chulea con cualquiera, nenita?…sabe tu mamá que te tragas los rabos, niña mala??…seguro que sí…seguro que se la mamabas a papá después del cole, ¿eh?…-

Humillación familiar. Eso era relativamente nuevo para mí. Pero como una buena zorra, yo asentía a todo llevada por la locura de mis orgasmos que se continuaban. –Sí, señor, sírvase de esta guarra. Mi papi me quitaba el chupete para meterme el nabo, señor…mi cena de hoy serán sus cuajos, Amo señor…gracias por clavarme señormmmmgrrr…gracias por enchufarse a este agujero. Pártame el chumino, por favor, déjelo inservible. ¡Macháquelo con su cipote…por favvvvvorrrrr!-

Me desenclavó el chocho para clavarme el agujero del culo. Su miembro se había hecho descomunal, y no tuvo piedad de mis gritos…

-Ahora te voy a empujar la mierda para adentro, a ver si te sale por la boca, ¡puerca chupa culos!-

-¡¡Clave señor, clave!!. Cláveme, señor Amo, ¡¡hínqueme su hierro!!… así, así, assssssí…fuerte…-

Tiraba de mi pelo hacia sí para que entrara más y más su cipote en mi ano…y yo no paraba de correrme. Era la primera vez que me corría por el culo.

Era una sensación maravillosa. Era como si el clítoris se me hubiera metido dentro, y se hubiera encajado en algún lugar indeterminado de mi ano…me llegaba el gusto hasta los muslos…y temblaba toda. Sergio me tiraba ahora de las patillas, como lo había hecho mi novio, e igualmente me arrancaba pelitos…pero esta vez me gustaba que lo hiciera, aunque también me hizo llorar…

¿qué te pasa, guarrita?…¿es que te ha pillado el conserje chupando los meados de tus amiguitas y ahora quiere tocarte tu rajita lampiña??…o quiere meter sus sucias bolas en tu garganta, ehh?!!… –

-Sí, señor, señor Amo, el viejo conserje quiere hacerme “cositas”…me amenaza con ir a papá a contarle las guarradas que hago…quiere que le chupe su mojino se…se..ñorrgraagg!!!-

Sergio se corrió, no sé si con la estrechez de la entrada a mis tripas, o con las sucias palabras que mi boca estaba pronunciando. Era como si me hubiesen puesto un enema. Sentía la barriga llenarse con sus leches, o era mi calenturienta mente pervertida que así lo creía. El caso es que, al sacármela, me pareció estar meándome por el culo. Su cuajo salía de mi ano, mezclado con mi propia mierda.

Y al verlo, el Sr Sergio, ni corto ni perezoso se fue al suelo siguiendo su rastro y lamiendo de la moqueta las “escurriduras” de su propio semen. Luego me brindó aquel manjar besándome en la boca y mezclando todos aquellos fluidos en el orinal particular de mi novio, o sea, mi boca.

Quedó exhausto por la corta, pero intensa sesión, y yo casi desmayada del gusto. Él tirado en la cama, y yo en el suelo.

Al rato subió mi novio un poco alarmado al ver que no se oía nada y hacía ya tiempo que habíamos subido. Nos habíamos quedado dormidos ambos, cada uno en su lugar. Sergio en la cama de su suite.

Yo tirada en el suelo, dónde había quedado otro trozo de mi honra, pero con la sonrisa del placer conseguido, una vez más a costa de mi propia autodestrucción como persona integra y respetable.

Mi novio me despertó con un rictus de clara preocupación en su cara.

Volví en mí, con el regusto pegajoso del cuajo mezclado con mierda en mi boca, pero me sentí nuevamente feliz, porque me di cuenta de que Andrés me amaba…o al menos se preocupaba de mí. Eso es suficiente para esta “limpiamojinos”, cuyo mayor orgullo es ser capaz de aceptar porra hasta la garganta sin vomitar.

Continúa la serie