Al salir de la ducha se percató que no había toallas y su sirvienta que pícaramente se ofreció a traérsela, le miró su desnudez y en vez de sorprenderse se excitó profundamente

Este relato es 100% verídico.

Soy de Guadalajara México, tengo 20 años y soy un adicto al buen sexo, cuando tenía 18 pasó esta historia que narro a continuación.

Mi madre tiene un carácter demasiado fuerte lo cual tiene como consecuencia que sus empleadas domésticas no duren mucho trabajando para ella, en una ocasión, mi madre contrato a una Joven de unos 20 años aproximadamente era morena pero no era fea de hecho tenía un cuerpo curveado con unos pechos firmes y redondos, claro esto no lo descubrí sino hasta después.

Bajaba de mi cuarto un Sábado por la mañana, tenía una resaca terrible del día anterior y lo único que pedía mi cuerpo era un vaso de agua, llegue a la cocina en busca de uno y por primera vez la vi, su nombre era Gabriela, era una mujer de 1.65 mt. delgada pero no mucho, llevaba puesto el uniforme que era de la anterior sirvienta y como la señora que estuvo antes que ella era más alta, la falda le quedaba un poco corta dejando ver unas piernas bien cuidadas y muy bien formadas; tome dos vasos con agua de manera consecutiva cosa que le dio risa a Gabriela

– ¿Esta crudo joven?

– Un poco, si, -conteste un poco molesto por su descubrimiento-

– Si quiere le preparo unos chilaquiles bien picosos

– Bueno, deja nada más darme un regaderazo y bajo

– Esta bien, quiere jugo de naranja?

– Porque no mejor me compras una cerveza bien helada.-cosa que deseaba para calmar el fuego de mi estómago-

– Joven, a ver si no se pone borracho otra ves?

– No, la cerveza reanima -dije mientras subía las escaleras rumbo a la regadera-

Tome una ducha de lo más refrescante pero, un pequeño problema rompió el encanto no había toallas en el baño, en mi casa todos son muy abiertos y esto debido a la educación que nos dieron mi padre y mi madre y si uno quería andar desnudo del baño al cuarto no había problema, el problema era con Gabriela, puesto que si ella veía semejante acto de exhibicionismo pensaría que era un depravado, opte por llamar a mi madre para que me proporcionara una toalla, pero mi madre no respondía a mis llamados en cambio la vos de Gabriela me contesto:

– la señora salió desde la mañana con su papá -dijo gritándome desde la cocina-

– le puedo ayudar en algo joven?

– Si, por favor Gabi, me traes una toalla- respondí desde la puerta del baño-

– Si en un momento

Escuche los pasos por las escaleras y deje la puerta del baño cerrada pero no con seguro, apenas iba a decirle a Gabriela que dejara la toalla en el piso cuando se abrió la puerta.

-¡Perdón joven no pensé que…!- me decía mientras miraba mi pené-

Cerro la puerta rápido y salió corriendo, yo estaba de lo más divertido pues la expresión de su rostro al verme desnudo más que de asombro fue de deseo, me cambie rápido con unos jeans y una playera blanca y con unos tenis, de lo más cómodo me dispuse a comer. 

En todo el tiempo que estuve desayunando Gabriela no me miro, pero yo notaba en su cara una sonrisa pícara, trate de sacarle conversación.

– Gabi ¿eres casada?

– sí, me case desde muy chica con el primer novio que tuve

y tienes hijos?

– No mi marido no quiere, pues porque estamos muy jodidos como para andar aventando niños al mundo nomás para que sufran.

– Entonces tu marido es el único hombre en tu vida

– Si, pues que crees que le pongo el cuerno -dijo subiendo un poco el tono de su vos-

– No, me refiero que si es el único con quien has estado

– Si -dijo riéndose nerviosamente-

Después continué con mi desayuno y me fui a acostar debido a que casi no había dormido la noche anterior, soñé con ella, soñé que le hacia el amor y desde ese día mi único propósito era el de hacerla mía a como diera lugar.

Gabi vivía relativamente cerca de mi casa y todos los días después de hacer sus labores retornaba a su casa.

Pasaban los días y cada vez sentía el deseo de hacer mía a Gabi, siempre había tenido la fantasía de cogerme a la sirvienta esto desde hacía años pero jamás se había dado la oportunidad y ninguna sirvienta estaba tan buena como Gabriela.

Salí de vacaciones en la preparatoria y esto ocasionó que estuviera más tiempo con Gabi, mi madre trabaja al igual que mi padre y mi única hermana estaba en la primaria por lo cual sus vacaciones no coincidían con las mías, por lo tanto Gabi y yo estábamos solos desde las 8 hasta las 3 de la tarde.

Comenzamos una buena amistad y ella me confeso muchas cosas, que su marido era muy celoso y que no podía salir de su casa que fue virgen hasta su matrimonio y que últimamente las relaciones sexuales con su marido iban disminuyendo, me entere que le gustaba mucho el sexo y que también tenía cierto gusto por las películas pornográficas.

Siempre que hablábamos de algo terminábamos hablando de sexo, un día 

– Oye Gabi cuál es el lunar más sexy que tienes?

– Hay pues tengo muchos.

– Si pero el más sexy

– Pues este – me dijo mientras desabrochaba un botón de su blusa, dejando ver un lunar en el pecho izquierdo casi llegando al pezón-

– Apoco ese es el más sexy que tienes – le dije tratando que me enseñara más de ese hermoso cuerpo-

– Bueno tengo otro pero me da vergüenza enseñártelo

– Por qué vergüenza solamente estamos hablando, y es de lo más natural el cuerpo humano es muy bonito además no tienes nada que jamás haya visto.

– Mejor tú enséñame uno, que te parece uno y uno.

– Bueno conste pero no te asustes por que el lunar más sexy que tengo está en la punta de mi pene ¿lo quieres ver? 

– Si pues es normal no -dijo en forma de sarcasmo al comentario anterior-

– Bueno-dije mientras bajaba el cierre de mi pantalón, saque lentamente la punta de mi pene que ya estaba excitadísimo y alcanzaba la erección máxima

– Hay lo tienes grande nunca había visto otro pene que no fuera el de mi marido, ¿puedo tocártelo?

– Si quieres.

Acerco su mano a mi pene y empezó a tocar el glande que dejaba ver una gota de lubricante en la punta lo tomó con toda la mano y empezó a acariciármelo era riquísimo, trate de besarla en la boca pero ella se quitó y quito también su mano.

– no ya no quiero está muy mal todo esto y es mejor que no vuelva a pasar

– no que tiene – dije tratándola de convencerla-

– yo soy una mujer casada y tú eres el hijo de mis patrones -me decía casi llorando-

Al día siguiente Gabriela no fue a trabajar diciendo que se sentía mal, yo me masturbaba pensando en lo que puedo haber pasado y mis deseos por hacerla mía se hacían más grandes, cuando volvió no me dirijo la palabra, simplemente hacías sus labores con tristeza.

Me atreví a romper el hielo.

– Gabi que tienes?

– Nada

– Gabi mira, perdona por lo del otro día no fue mi intención pero entiende que me puse cachondo

– Mira Alejandro, me estoy enamorando de ti -dijo mirándome a los ojos-

– Gabi este yo… -no tenía palabras aquella muchacha estaba enamorada de mi-

Parecía todo como de Novela, lo único que pude pensar era besarla y lo hice, nos besamos apasionadamente tocando su cuerpo con deseos de que fuera mía subimos hasta mi cuarto, y empezamos a desnudarnos, su cuerpo era perfecto, ya me lo había imaginado pero no tenía idea que tuviera esas curvas, sus pechos redondos con unos pezones obscuros y pequeños, su bello púbico, abundante y negro mi pene estaba duro ella lo frotaba por arriba del pantalón.

– pon una película

– Porno?

– Si de las que tienes en tu cajón

– Con que ya descubriste mi colección

– Si cuando te ibas a la escuela las ponía y me masturbaba aquí en tu cama pensado en que algún día me cogieras -puse una película que acababa de cambiar y empezamos a verla-

– Ella se masturbaba con una mano y con la otra agarraba mi verga, yo la besaba en la boca, me puse arriba de ella y la bese de pies a cabeza me detuve en su vagina, recorriéndola con mi lengua desprendía un aroma riquísimo, la chupe con fuerza mientras ella lubricaba de una forma increíble bese su ano y metí mi lengua, ella se retorcía de placer,

– métemela papi cógeme hazme tuya quiero sentir tu verga 

Puse mi pené en la entrada de su vagina y de un solo golpe se la metí toda, era increíble estaba apretadita y muy húmeda, empecé a cogerla rápido y cada vez más fuerte ella gritaba de placer no podía resistir más una sensación recorría toda mi columna vertebral -me vengo, ah ah- ella se estaba retorciendo en un rito de placer, saque mi pene de su vagina y avente el chorro de esperma más potente, y llenándola toda su vientre su pecho su cara, yo no podía parar de aventar esperma era increíble jamás me había pasado algo semejante ella se limpiaba con el dedo y luego chupaba el esperma.

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