Capítulo 2
- La hermana Teresa y el Uber
- Una limousine inesperada
La limousine inesperada
Llegó al aeropuerto de Bogotá y luego de pasar migraciones, en el hall busco entre las personas a quien iba a ser mi chofer esperándome para llevarme.
Veo un hombre con un cartel que dice “Andrés”, un señor moreno con aspecto de basquetbolista, fácilmente de dos metros de altura, desgarbado y flaco, y de unos sesenta años de edad supuse por su pelo canoso.
Le hago señas, me acerco y me presento extendiéndole la mano
–“soy Andrés, un gusto”
-“Yo soy Manuel, su chofer y guía, para servirle” me contesta solemnemente, tiene aspecto de antiguo y viste como tal.
Salimos del hall y me indica el auto para subir, una especie de limousine con vidrios oscuros, muy viejo y muy grande.
Abre el maletero y carga mi maleta atrás, subo, y nos fuimos.
En la empresa habré estado dos horas, y ya casi de noche, nos vamos para mi hospedaje.
Manuel es de pocas palabras al parecer, pero mantiene una charla conmigo bastante amable por así decirlo.
Conversábamos de cualquier cosa, a decir verdad, en un momento su voz se vuelve un tono más solemne y me dice
-“Señor Andrés, puedo preguntarle algo?”
-“Si claro” respondo rápido
-“El Sr Williams, dueño de la empresa, me dijo que en alguna noche lo llevara a Ud. al “Bocaccio”, es realmente así? Ud. Sabe que tipo de lugar es ese?”
Sorprendido le digo
– “No tengo la menor idea Manuel, ¿qué es?”
– “Mire, es un lugar de encuentros swingers homo y bisexuales, donde va mucha gente de todo tipo. A mi juicio es un antro de mala muerte porque es muy promiscuo y con gente de cualquier clase. No hay control sanitario posible ahí por lo que puede pescarse cualquier enfermedad.
Pero como tiene fama internacional, está de moda.” espeta.
– “¿Otra pregunta y más íntima, Ud. busca relaciones comunes o interraciales?” agrega.
Me rio en una carcajada y le comento
-“Mire Manuel, esto sucedió a través de Williams, que vino a la Argentina y cuando estuvo en nuestra oficina, a sabiendas que yo venía en lugar de mi socio, me preguntó al irse…”Tú Tienes los mismos gustos que Juan?” y yo desde lejos le dije que si..jaja, así fue como seguramente surgió esta rara idea.”
Reímos al unísono un rato y entre las risas acota
-“lo voy a ayudar, quédese tranquilo Señor Andrés”
Continuamos el camino al alojamiento, cruzamos un parque hermoso, ya era de noche y en una calle que parecía algo oscura, estaciona el auto al costado, y me dice
– “deme un minuto”
Busca algo adelante, sin prestarle mucha atención veo como que acomoda unas cosas y baja del coche.
Pensé “irá a comprar algo”
Veo que se abre la puerta de atrás de mi lado contrario y para mi sorpresa Manuel entra y se sienta. Cierra las puertas y apaga las luces con el control, y acto seguido veo que abre su bragueta y saca su miembro.
Me mira y hace un gesto, asiento con la mirada sorprendido, entonces baja sus pantalones y sus calzoncillos, abriendo sus lampiñas y flacas piernas noto, en medio de la penumbra, que su tronco, caído de costado sobre una pierna, descansaba oscuro y venoso.
Me mira y me dice
-“Señor Andrés, proceda, es todo suyo, ya le dije que estoy para servirlo…”
Absolutamente perplejo, me quedé boquiabierto, no me esperaba semejante acto de parte del chofer.
Un par de segundos después, ya su miembro había tomado más volumen y se lo veía de buen tamaño. Respiré hondo y lento apoyé mi mano sobre ese animal.
Juro que lo sentí vibrar, cual cachorro que ante una caricia responde al acto. Su verga se movía inflándose y en sus venas se podía ver la sangre fluir, latiendo de forma profusamente continua.
El calor de esa piel se transmitía incesante y me estaba generando cierta mezcla de intriga y deseo.
Aprisionándolo fuerte con la mano, y erguido ya me pareció un buen pedazo. Él me miró y su gesto fue de aprobación, me incliné, lo besé, suspiró. Metí su glande en mi boca y comencé a mamarlo incesantemente.
El suspiro se convirtió en gemidos y al rato, en un jadeo de respiración entrecortada en donde bufaba, resoplando al ritmo que mi lengua imponía sobre su hinchado glande.
Un par de minutos de corpóreas sacudidas y sus espasmos abrieron el camino sufridamente lógico. Sentí en su punta, la dulce humedad que antecede a la oleada de esperma gruesa volcándose inconteniblemente dentro de mi boca, Manuel bufando, se retorcía en convulsiones erráticas que forjaban el siguiente chorro simiente, su verga latía profusamente entre mis manos y mis fauces, que devoraban cuanto rapto de vida emanaba de su grueso miembro.
El suplicio duró unos treinta segundos, su cuerpo ya inerte, quedó desparramado sobre el asiento trasero, mientras yo con mi lengua limpiaba delicadamente cada pliegue de la criatura que aún latía suavemente entre mis manos. Observé su rostro perdido en el más allá con los ojos en blanco, y sin dejar de observarlo clavé con fuerza su verga hasta el fondo de mi garganta produciéndome una arcada y un último gemido en su occisa humanidad.
Observé detenidamente su animal desde muy cerca y automáticamente pensé en la dificultad de intentar meter eso dentro de mi ano en un futuro, habría que trabajarlo bastante supuse.
Me limpié con un pañuelo la cara y las manos mientras Manuel volvía a la vida, se calzó nuevamente los pantalones y se fue a su lugar de conductor.
Arrancamos de nuevo para mi alojamiento.
Mi llegada a Colombia había empezado de manera intensa, y prometía fuertes emociones…