La despedida
Una despedida de soltera, un stripper, un grupo de amigas, cuernos y mucho mas
Infidelidades, cornudos y cornudas
Una despedida de soltera, un stripper, un grupo de amigas, cuernos y mucho mas
Como sea fue que pasé el desconcertante momento de estar hablando con el hombre que apenas minutos antes había estado gozándose a mi mujer, y mientras explicaba sus planes de promoción, intentaba apartar mi vista de aquellas manos que había visto paseando por todo su cuerpo y despojándola de su prenda más íntima para ofrecerle la mejor tarde de sexo que ella hubiera jamás soñado siquiera tener.
Cuando ya se acabó la excitación de mi marido con lo que supuestamente había hecho en Brasil, tuve que buscar más temas para él.
Soy un hombre maduro felizmente cornudo.
La novia de mi amigo me alegra el veraneo, aunque sin ser realmente infiel.
Mi marido me llevó a ponerle los cuernos y me gustó. En la cama con mi marido, él suele calentarse si yo le digo que algún hombre me estuvo mirando o me insinuó algo, aunque todo esto era, en su momento, sólo una fantasía para excitarlo.
Durante algunos minutos, le ofrecí al excitado Mario, las suculentas mamadas que, de acuerdo con mi experiencia, enloquecen a cualquier hombre. No tardó nada en correrse en mi boca. Mi lengua, llena de su semen, distribuía sus fluidos a través de mis labios.
Nuestra protagonista recibe una buena dosis de verga a bordo de un yate.
Miré el reloj con el espanto sorpresivo que provoca el olvido del tiempo, junté mis papeles sobre el escritorio y a paso acelerado salí de la oficina con algo de nervio y de sueño, en la entrada el guardia de seguridad me despidió con las palabras perpetuas y suaves de siempre y al salir recordé que había dejado el coche tres calles arriba por una pequeña manifestación en la calle de mi oficina.
Lo único que uno busca en su relación de pareja, es ser único, sin llegar a sentirte nunca desilusionado por está. 19 plantas de rascacielo.
Descubre la apasionante historia de Carmen, una mujer atrapada entre la rutina matrimonial y el deseo desenfrenado. Un relato erótico donde la fidelidad y el placer se enfrentan en una noche inolvidable.
Sonia me relata lo que sucedió en su cita de trabajo...
Llevo varios semestres de mi Universidad con ella estudiando la misma carrera y nos volvimos compañeros de estudio, yo frecuentemente iba a la casa de ella o ella a la mía para preparar los exámenes.
Algo dentro de ella le decía que este viaje sería distinto. Ya estaban en el barco cuando Nena y su marido decidieron pasear por cubierta. Nena sintió como una mirada, de alguien a quien aún desconocía, se clavaba en ella. Se giró y descubrió allí a Nene, que la seguía mirando con descaro.
Éste no se hacía de rogar y le dedicaba a mi esposa las caricias más desvergonzadas, especialmente concentraba éstas en la firme grupa, veía yo cómo se perdía el dedo medio de Lalo entre las rotundas redondeces de Linda y como ella presionaba su culito contra la mano husmeadora, levantando la colita para facilitarle el camino.
Mi esposo perdido de borracho, un amigo ansioso por gozarme y yo, una puta caliente, terminé por comerme la verga de otro hombre...
Me comporté como la más puta de las putas, e hice lo que no estaría dispuesta a hacer con mi marido. Un día antes de mi boda.
Mi mujer y yo siempre hemos disfrutado del placer sexual sin límites, siempre nos complacemos mutuamente, ya les contaré nuestras vivencias más adelante en otros relatos. Esos días no fueron la excepción.
Los días siguientes fueron una verdadera tortura; en las noches mientras estaba acostada al lado de mi marido pensaba en Alfredo, en cómo me había hecho el amor y deseaba que volviera a pasar pero estaba consciente que estaba mal aún pensarlo.
El año no había sido muy bueno, académicamente hablando, y me habían quedado algunas asignaturas para septiembre, por lo cual me pasaba casi todos los días, y incluso algunas noches, encerrado en la biblioteca estudiando cómo un desesperado.