Un matrimonio que se encuentra separado cinco días a causa del trabajo, el día que llega a casa el marido excitado hace que esa noche su mujer se estremezca de placer

Mientras conduzco volviendo de mi viaje de trabajo pienso en ti. Recuerdo como lo pasamos la última noche antes de estos cinco días de ausencia mía motivada por una reunión fuera de la ciudad.

El recuerdo me empieza a excitar y empiezo a pensar que, pese al cansancio del viaje, me gustaría poder volver a retozar contigo.

Mañana es sábado y ya tendremos tiempo de descansar.

Por fin entro en la ciudad y me dirijo raudo al aparcamiento del edificio donde vivimos.

Aparco y me relajo sin dejar de pensar en ti y en los momentos que pasamos cuando estamos juntos.

Son las 12 de la noche y, subiendo en el ascensor pienso que, seguramente te encontraré ya dormida.

Pero es igual. Pienso en como despertarte de forma que despertar e iniciar una noche de pasión sean una misma cosa.

Te encuentro tumbada boca abajo en la cama. Dormida.

Hace calor y por eso te has acostado sin más ropa que unas bragas.

Entro en nuestra habitación y me desnudo sin hacer ruido. Me tumbo a tu lado y acerco mi boca a tus pies.

Tomo entre mis labios uno de tus dedos y empiezo a lamerlo y a chuparlo.

Lentamente, sin prisas, voy haciendo lo mismo con cada uno de los dedos de tus pies. Tú te vas despertando. Yo lo noto y empiezo a acariciar con mis manos tus piernas. Las pantorrillas. Tus muslos por su parte interior.

Al terminar de trabajar todos y cada uno de tus dedos empiezo a subir con mi lengua por esas piernas que tanto me gustan. Lamo, mordisqueo, beso esas pantorrillas, me detengo detrás de tus rodillas y empiezo a subir por tus muslos.

Mientras mis manos se meten por debajo de tus braguitas y tiran de ellas hacia abajo, quitándotelas.

Así, cuando mi boca llega a tus nalgas no hay nada que las cubra. Lamo, largamente una y otra nalga para, posteriormente empezar a recorrer la hendidura que las separa. Me detengo en el orificio de tu ano, metiendo mi lengua un poquito en él, haciendo que te empieces a estremecer.

Hago que te coloques boca arriba y empiezo a recorrer con la lengua el espacio entre tu ano y tu coño, evitando tocar ninguno de los dos mientras mis manos acarician tus costados, tu vientre…

Ahora mi boca, que ha dejado atrás tu coño, empieza a subir por tu vientre. Se mete en tu ombligo y juega un rato en él. Tú te agitas y mueves tus caderas implorando el contacto de mi boca en tu sexo…

Pero yo te niego, de momento, esa caricia….Voy subiendo con mi boca hacia tu pecho…..subo por una de tus tetas lentamente, lamiéndola hasta alcanzar el pezón.

Lo chupo, lo lamo, lo mordisqueo y noto lo duro que está…..Mi boca va hacia el otro pecho, mientras dos dedos siguen trabajando el pezón que acabo de abandonar. Repito el juego de mi boca y mi lengua en ese otro pezón. Me encanta sentirlo tan duro entre mis labios.

Ahora. Subo por tu cuello, alcanzo tus orejas….una….otra……para buscar tu boca y tus labios que se abren para dejar pasar mi lengua. Nuestras lenguas se enredan en un beso apasionado…..Tu intentas abrazarme, pero yo lo impido para iniciar un nuevo recorrido con mi boca, esta vez, más rápido, en dirección a tu sexo. Al llegar a él juego a su alrededor, pese a que tu estas cada vez más agitada y deseas sentir ya mi lengua en tu coño. 

Al cabo de un rato empiezo a lamer tus labios vaginales y voy metiendo mi lengua en tu vagina penetrando en ella como si fuera un pene.

Al mismo tiempo una de mis manos impregnada en los jugos que salen de tu coño, busca tu ano y uno de mis dedos empieza a tantear la entrada del mismo.

Con la otra mano, dos de mis dedos juegan con tu clítoris.

Mientras hacía este recorrido he ido colocándome de forma que mi pene quede a la altura de tu boca. Tú te das cuenta y, ansiosa, lo coges con las manos y lo acercas a tus labios. Yo lo noto y empiezo a disfrutar de la mamada que tus labios y tu lengua me dedican. Al tiempo que lames mi glande acaricias mis huevos con tus manos.

Yo retiro mi lengua de tu vagina para sustituirla por dos dedos que empiezan a entrar y salir.

Mi boca está ahora en tu clítoris, lamiéndolo y chupándolo……Tú te agitas, gimes, jadeas. Tengo dos dedos en tu vagina que a través de tus membranas notan al que tengo introducido en tu ano.

Me doy cuenta de que estas cercan de tener un orgasmo y por ello intensifico las caricias en tu clítoris hasta que, efectivamente, estallas en un éxtasis que casi no logro controlar, dados tus movimientos, pero consigo mantener mi boca en tu sexo hasta que te aplacas unos momentos, para volver a estallar.

Tus orgasmos han hecho que desatiendas mi pene, lo que aprovecho para moverme cambiando de postura hasta situarme para penetrarte. Mientras mantengo un dedo en tu ano, empiezo a jugar con mi glande a la entrada de tu coño. Recorro con él tus labios vaginales y empiezo a introducirlo.

Pero lo hago lentamente, metiéndolo un poco y retirándolo enseguida, lo que hace que tú te agites buscando mi penetración. Pero yo sigo con ese juego durante un rato…..metiendo y retirando el glande hasta que una de las veces, sin previo aviso, empujo tumbándome sobre ti de forma que entre todo mi pene en tu bien lubricada vagina hasta que mis huevos chocan con tu entrepierna.

Tu sueltas un grito por la sorpresa, al tiempo que aprietas tu sexo contra el mío, mientras yo empiezo a moverme iniciando un vaivén dentro de ti. Estoy de forma que la mano que tengo en tus nalgas, uno de cuyos dedos está dentro de tu ano, me sirve para atraerte hacia mí y apretarte cada vez que empujo con mi pene dentro de ti.

No tardas en alcanzar un nuevo orgasmo. Tu vagina se contrae, apretando mi pene, de forma que tengo que hacer esfuerzos para no estallar dentro de ti. Pero me contengo porque no quiero acabar tan pronto. Cuando noto que te calmas tras ese nuevo orgasmo retiro mi pene y me tumbo de espaldas con mi miembro apuntando al techo y te pido que me cabalgues.

Tú captas mi idea enseguida y te colocas a horcajadas sobre mí, acercando tu coño a mi pene, abriéndote con una mano hasta que de un solo golpe te lo introduces, dejándote caer sobre mi vientre. Tu vagina se ajusta a mi pene como un guante.

Esperas un rato y empiezas a moverte subiendo y bajando, lentamente, sin prisas, mientras yo busco con mis manos tus tetas, que acaricio, mientras tú vas acelerando tus movimientos.

Cierro mis ojos para concentrarme y poder controlar mi placer, que va aumentando en la medida en que tú aceleras cada vez más el ritmo de tu cabalgada. Notas que estoy a punto de llegar y te detienes un rato, arqueando tu cuerpo hacia atrás para reanudar tus movimientos esta vez en círculos, provocando mi estallido.

Mi semen sale a borbotones llenándote y tú dejas caer tu cuerpo sobre el mío, acariciándote el clítoris y estallando en un orgasmo que empieza cuando el mío está acabando. Quedamos los dos quietos, abrazados. Nos acariciamos con las manos, dulcemente, sin buscar ahora más que eso, la caricia sin afán sexual.

Al cabo de un rato te levantas y vas hacia la ducha. Yo te sigo y me meto bajo el agua detrás de ti. Nos enjabonamos mutuamente. Tu mano rodea mi pene y lo masajea al tiempo que lo enjabona. Yo hago lo propio con tu ano y tu coño. Tus caricias hacen que mi pene empiece a endurecerse de nuevo. Tú lo notas y te agachas bajo el chorro de agua, acercando tu boca a mi miembro y empezando a lamerlo hasta que consigues que alcance el punto de dureza necesario. Llegado a este punto te hago parar y paro el agua. Con una toalla seco tu cuerpo y el mío rápidamente. Te cojo en brazos y te llevo hasta la cama donde te deposito. Me coloco de rodillas en el suelo y busco tu coño con mi boca. Empiezo a lamer tu clítoris hasta que noto que estás a punto para una nueva penetración.

Me detengo y hago que te coloques a cuatro patas sobre la cama con tu culo apuntando hacia donde yo estoy.

Busco tu coño y te penetro desde atrás moviéndome con fuerza dentro de ti mientras con una mano te acaricio el clítoris. Estoy un rato así, follándote desde atrás hasta que me detengo cuando noto que estas cercan de correrte.

La saco de tu coño y tomando tus propios jugos lubrico tu ano. Sin aviso empiezo a penetrarte por ese orificio con mi polla. Entra fácilmente gracias al trabajo que antes habían hecho mis dedos con tu esfínter.

Como no he dejado de acariciar tú clítoris, la irrupción de mi pene en tu ano unida a mis caricias te hace estallar en ese orgasmo que llevabas tiempo buscando.

Te aprietas contra mí haciendo mi penetración más profunda y cerrando tu esfínter de forma que mi excitación se desborda y eyaculo dentro de tu ano, mientras tú te dejas caer sobre la cama y arrastrándome a mí que quedó tendido abrazado a ti, los dos de lado en la cama.

Mi pene se va relajando y saliendo de tu ano.

Quedamos los dos abrazados y exhaustos.

Te das la vuelta para quedar frente a mí.

Me miras a los ojos y me dices «bienvenido a tu casa, cariño», antes de caer los dos en un dulce sueño del que despertaremos cuando avanzada la mañana para seguir disfrutando largamente de nuestra pasión.

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