Capítulo 3
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- Cambiando la imagen III
Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Me levanté y pasando a su lado, le hice una caricia en la cola, deslizando el dedo mayor por la raja.
Dina: ¡¡¡epaaa!!! ¿Ya estamos buscando acción?
Alejo: esa colita es una tentación permanente…
Dina se giró y me dejo la conchita a tiro para que también la acariciara, cosa que hice sin dudar, abriendo a través de la fina tela los labios vaginales. “¿No habrá ni un besito para mis tetitas? Se van a poner celosas” dijo con voz acaramela.
Las uní con mis manos y juntando los pezones, los recorrí con la lengua lentamente. “Ufff, no sigas o vamos a volver más rápido a la cama. Andá a la ducha, ya voy a ayudarte con lo tuyo” dijo empujándome.
El primer paso estaba dado, ya estaba pensando en quitar mis vellos por lo que la chupada de verga estaba ahí, muy cerca…
Me metí al baño y busqué en el vanitory, una tijera, una máquina de afeitar nueva, espuma de afeitar y algún humectante. Está clarísimo que quienes nos afeitamos seguido utilizamos esos productos en la cara, por lo que supuse que sería lo adecuado para mi zona baja: si, lees correctamente, jamás me había depilado la zona.
Habiéndolos encontrado, los ubique sobre la tapa del inodoro y me metí en la ducha. Abrí el agua caliente y me dedique al aseo, poniendo especial atención en la zona, mientras lo hacía Dina ingresó al lugar y soltó una risita cómplice.
Dina: ¡¡por favor!! ¿¿No me digas que jamás te quitaste pelos del vientre y los huevos?? No se afeitan hermoso, porque después te pica terriblemente
Alejo: ¿qué se hace, señorita experta?
Dina: se recorta de manera prolija y eventualmente se aplica alguna crema depilatoria, jamás se afeita por molesto y por riesgoso.
Cerré los grifos y salí de la ducha. Me sequé cuanto pude y quedé frente a ella, absolutamente desnudo. Me miró, tomo las tijeras y se aproximó. “te voy a pedir que trates de no moverte, para evitar accidentes y cortes. Seguramente se te va a parar cuando la manipule, y eso genera más irrigación en la zona, ¿si?”
Con delicadeza, comenzó a cortar los vellos más largos y lentamente fue aproximándose a la piel. Lo hacía con maestría, obviamente sabía bien lo que estaba haciendo.
Dina: Además de arreglarme una vez cada 10 o 15 días, hice un curso de estética y depilación corporal en un instituto y las prácticas las hacíamos con bailarines, y modelos, la mayoría gays, que traía la profe al curso. Vi cada cosa…
Alejo: ¿la mayoría? ¿Y los otros?
Dina: obvio que se les paraba, pero la profe se encargaba de “bajarle” el ánimo: un chorrito de agua helada y listo.
Alejo: habrás visto cada verga…
Dina: te reirías si supieras que las más grandes las tenían los trolitos, alguna propuesta tuve para terminar trabajos en sus casas, pero no acepté
Alejo: se te haría agua la boquita y algo más…
Dina: no puedo negarlo, algunas me sorprendían con el tamaño, pero al ser putitos, me bajaban la calentura…
Mientras hablaba, seguía con el corte de manera tranquila, evitando que se me parase y provocase algún accidente. Cuando ya solo quedaban unos milímetros de vellos, se detuvo, observó el trabajo y se sintió conforme con lo logrado. “Cuando vuelvas a ducharte, usa apenas unas gotas de acondicionador de cabello para que sea más suave, como si te lavaras la cabeza, ¿sí?“ Con el toallón levanto los pelos cortados del suelo y los tiró a un cesto.
Dina: Caballero, terminé con mi trabajo ¿piensa pagarme? No acepto tarjetas de crédito, tal vez transferencias y efectivo.
Alejo: ¿no hay canje?
Dina: lo voy a pensar, mientras ¿me prepara algo de comer?
Alejo: será un placer
Me calcé un bóxer, una remera y entre risas nos fuimos a la cocina. Ella preparó el mate y yo busqué en la heladera un trozo de carne que coloqué a cocinar en el horno mientras improvisábamos un desayuno.
Dina: te agradecí varias veces hacerme gozar tan intensamente, pero no te pregunté por qué me buscaste
Alejo: Dinita, no soy joven claramente y necesitaba saber si podía satisfacer a una mujer muy joven. Las viejitas son más sencillas… ¿y vos?
Dina: los pendejos solo quieren ponerla y no se preocupan por ayudarte a disfrutar a vos también. Solo lo maduritos lo hacen y además saben cómo lograrlo. Eso me gusta
Alejo: buen razonamiento, ¿tuviste muchas aventuras con gente como yo?
Dina: no, pero las disfruté muchísimo pese a mi problema de humedad
Alejo: ¿cómo hiciste para gozar en esos casos?
Dina: me dejaba embadurnar con gel o cremas, pero al día siguiente lo sufría mucho. El ardor era insoportable.
Alejo: espero no pase con los lubricantes que traje.
Dina: ya lo hubiera notado. Vas a tener que decirme donde ir a buscarlos
Revisé si ya estaba lista la comida y mientras almorzábamos, sentimos los primeros truenos y la lluvia golpear los vidrios de las ventanas. “Hermoso clima para pasar la tarde en la camita mirando tele” dijo mientras un escalofrío le recorria el cuerpo. “Andá y metete en la cama, ya te alcanzo, limpio un poco y voy” le respondí. “No tardes mucho, te voy a estar esperando” dijo mientras se iba a la habitación. Junté todo, lo dejé en el fregadero y me fui tras ella. Cuando entré, la vi acostada y pude observar que la remera que llevaba puesta estaba colgada del respaldo de la silla de la habitación, con suerte, solo estaría cubierta por el hilo. La imité, me quite la remera y son el bóxer solamente me metí bajo las frazadas, había elegido una serie algo intensa, donde el sexo y las drogas era la temática dominante.
Se acercó y me abrazó, pude notar que el hilo tampoco estaba presente. Imaginarla desnuda bajo las frazadas motivó el inicio de la erección, los primeros besos y las caricias consecuentes. Unos minutos después, ya no sabíamos si los protagonistas de la serie eran buenos o malos, si escapaban o se entregaban. Definitivamente habíamos perdido el interés en la tv y lo reemplazábamos por recorrernos con caricias y besos.
Dina: negri, ¿me comerías la conchita como la primera vez?
Alejo: obvio, ¿y vos probarías devolverme el favor?
Dina: sin presiones, voy a intentarlo.
Con la habitación iluminada solo por el resplandor de la tv, corrimos las sábanas y frazadas, quedando tendidos en la cama. Busqué a tientas la caja de preservativos y el gel para dilatarle el culito, le entregué la caja y me llevé conmigo el pomo. Me fui ubicando entre sus piernas, que abrió a la espera de recibir la lengua en su raja.
Comencé a besarle los labios vaginales con ternura, cada tanto metía mi lengua entre ellos, buscando abrir la cueva y rozar el clítoris. Abrí los cachetes del culito y prolongué por primera vez el beso hasta rozar su ano, se sobresaltó pero dejó que siguiera. Sus manos luchaban con el elástico del bóxer para retirarlo y liberar la verga que ya estaba empezando a destilar jugos previos. Cuando logró quitarlo, aferró la verga y la llevó a sus tetas, la paseaba de una a otra, dejando rastros de jugos en el recorrido, podía notar cuando la posaba en los pezones y la frotaba en la punta. A cada roce de pezón y verga, le correspondía con un lengüetazo dentro de la concha, dejando por unos segundos de abrirle los cachetes del culo, pude destapar el gel para regarlo con él y deslizar un dedo al borde, para empezar a dilatarlo y meterlo en su interior. Lanzó un suspiro cuando sintió que ya entraba la punta del dedo, dejó de menearme la verga y se puso de lado, se sintió un ruido a plástico desgarrado, segundos después volvió la presión en la verga y una caricia desde la punta a la base. Dina estaba a punto de romper una nueva barrera: ya había colocado el forro en la verga, con dos o tres mamadas más que le hiciera o le metiese un poco más el dedo en el culo, me la estaría mamando.
Sin dudar, me aferré a sus piernas, enterré la lengua tan hondo como pude y dejé que el dedo se fuese por completo al interior de su culo: no me equivoqué, el comienzo del mete-saca de mi dedo coincidió con un calor envolvente en la verga: Dina estaba empezando a mamarla. Algo torpe, es cierto, pero con intensidad como si quisiera tragarla por completo.
Hacía arcadas, pero no dejaba de meterla y sacarla de su boca, chupando con fuerza, rozando con sus dientes la punta y parte del tronco. No podía liberarme de entre sus piernas que me apretaban con fuerza, para pedirle fuese más despacio; opté por dejar el dedo quieto unos segundo y mi lengua sin volver a meterse en su concha, eso la llevó a frenar su intensidad.
Lentamente, comencé a moverme otra vez y comprendió el mensaje: si yo aceleraba, ella también lo hacía, si frenaba, me imitaba. En un esfuerzo, la monté sobre mí, se acomodó un poco mejor y completamos un 69 con todas las letras. Le bombeaba la verga en la boca y ella respondía oprimiendo sus piernas sobre mi cara. A duras penas, pude alcanzar otra vez el pomo de gel y dejé caer un chorro sobre el agujero del culo, para que mi dedo resbalara más fácilmente: primero uno y luego dos, la dilatación funcionaba a pleno y la boca de ella también: chupaba, retenía, presionaba y se tomaba fuertemente de mi culo para enterrarla tan adentro como podía soportar.
En un momento dado, liberó su boca y pidió casi a gritos que le llenara el culo de verga, rápidamente y sin sacar mis dedos de ella, me moví y ubiqué a su espalda, abrí sus cachetes y cambié los dedos por la verga, que se fue dentro de su cuerpo sin dificultad. Hacer tope por primera vez de mi cuerpo con el suyo mientras estaba totalmente dentro de su culo fue lo máximo.
La agarré de la cintura y mantuve por unos segundos esa penetración.
Dina: movete, cógeme, lléname el culo de leche que me vengo y no voy a aguantar mucho más. ¡¡Dale!!
Di dos o tres bombazos y noté como sus dedos acariciaban mi verga mientras la metía en su culo, para luego perderse dentro de la concha y pajearse de manera muy furiosa. Ya estaba a punto de explotar, no podía resistir mucho más la presión de ese culito firme, saqué la verga, arranqué el forro y así, directamente a pelo volví a meterlo, quería dejarle la leche adentro, aunque solo fuesen dos o tres chorros, pero suficientes para hacerla mía.
Gritamos cuando mi leche la inundó y su culo se cerró apretando la verga hasta hacerme doler. Podía sentir como le palpitaba el esfínter, y con un movimiento furioso, como si despidiera un gas, me sacó de su interior.
Cayó de frente a la almohada, sus piernas se aflojaron y quedó tendida en la cama. A duras penas, pude correrme unos centímetros y también caí rendido.
Las respiraciones que hacía unos minutos eran desbocadas, lentamente se regularizaban. Con un gran esfuerzo, logré cubrir nuestros cuerpos con sábanas y frazadas y sin más energía, nos dormimos.
Fui el primero en despertar, me ubiqué boca arriba en la cama y tomando el control de la tv, la encendí con volumen bajo. El reloj anunciaba las 23:30 del domingo, la lluvia seguía cayendo aunque mucho más tranquila.
Una hora después, Dina se movió un poco, llevó una de sus manos al culo y extrañamente, dejó el dedo mayor en su interior, quieto pero profundo.
Balbuceo algo inentendible y volvió a quedarse inmóvil. Una hora más tarde despertó, y mirándome sonrió.
Dina: Estoy muerta, no doy más pero estoy tan satisfecha que no podría soportar un polvo más
Alejo: yo tampoco, si se me para de nuevo hago una fiesta.
Nos reimos de nuestros dichos y quedamos en la cama hasta que las piernas y los brazos volvieron a respondernos.
Dina: Voy a llevarme no solo los mejores recuerdos y polvos de los últimos que tuve, sino todos los truquitos que trajiste para cogerme.
Alejo: pero tenemos para varias juntadas más…
Dina: tengo miedo que si volvemos a hacerlo, ya no sienta lo mismo.
Alejo: ¿fuimos un touch and go?
Dina: FUE EL TOUCH AND GO, único y por eso no puede volver a repetirse
Así, tirados aún en la cama, desnudos y con rastros de lo vivido, Dina me daba un mazazo. Me levanté de la cama y fui a la cocina, me serví un vaso de whisky y me quedé sentado allí. Ella se levantó, armó la mochila, guardó sus ropas ya lavadas, aún desnuda, se sentó a mi lado, se sirvió un vaso de jugo y tomó mis manos. “Entendeme, cualquier cosa que hagamos de aquí en más solo lo haríamos para comparar lo que vivimos o lo que es peor, intentaríamos iniciar una relación y no lo quiero por ahora” dijo mientras bebía.
Lo habíamos pasado genial, pero no podía entender que ya no habría otro encuentro. “¿te puedo pedir un favor? Le dije haciendo un último intento por evitar que todo quedara allí. “Obvio, mientras no sea volver a dormir juntos en algún otro momento” respondió.
Alejo: quédate hasta mañana y que pase lo que tenga que pasar
Dina: ok, pero nada de metérmela de nuevo en el culo.
Me tomó de la mano, nos duchamos juntos y bajo la ducha empezamos a comernos mutuamente, mojados nos fuimos a la cama y nos revolcamos con furia, ella misma se llenó la concha con el lubricante que calentaba y subiéndose a mi cuerpo cabalgó hasta obtener un orgasmo intensísimo, gritó cuando llegó al punto más alto y luego se dejó caer a mi lado. Estábamos exhaustos y nos dormimos al instante.
Al despertar, no la encontré a mi lado, me levante y fui a buscarla pero no la hallé. Tan solo había una nota sobre la mesa: “Gracias por un fin de semana único, de nuevas experiencias y placer intenso. Dina”.
Preparé un café, me senté a la mesa e hice un bollo con el papel. Tito tenía mucha razón, las chicas de veintitantos solo quieren una buena noche o (en mi caso) un buen fin de semana.
Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.
Saludos,
Alejo Sallago – [email protected]