Capítulo 1
- Eco de deseos en los pasillos de la biblioteca
- La iniciación en la penumbra
Esta historia es ficción.
Elena recordaba esa tarde con una claridad casi dolorosa. Tenía diecinueve años, su pelo castaño oscuro caía en olas sobre sus hombros mientras sus ojos azules escaneaban los estantes de la biblioteca universitaria. Como voluntaria, su trabajo consistía en organizar los libros devueltos antes del cierre. Su cuerpo delgado pero bien proporcionado se movía con gracia entre los pasillos estrechos; sus tetas medianas, firmes y de tamaño B, rozaban a veces los lomos de los libros, mientras su culo redondeado, aunque no exageradamente pronunciado, capturaba las miradas de los pocos estudiantes que aún quedaban.
Faltaba una hora para cerrar cuando escuchó el sonido. No era el susurro de páginas pasándose ni el golpe sordo de un libro cerrado. Era un ritmo más húmedo, más primitivo. Su curiosidad la llevó hacia el fondo de la sección de historia antigua, donde las estanterías más altas creaban sombras profundas. Allí, entre los tomos de historia romana, una pareja estaba completamente entregada al placer.
El chico, evidentemente un atleta de tercer año de universidad, tenía el torso musculoso brillando de sudor bajo la luz tenue. Sus nalgas tensas se contraían con cada embestida mientras sostenía a la chica contra la estantería. Y qué chica. Elena sintió un nudo en su garganta al compararla con su propio cuerpo. Las tetas de la other girl eran al menos dos tallas más grandes, rebotando salvajemente con cada golpe. Sus caderas eran más amplias, sus curvas más pronunciadas, su culo se ondulaba como una ola perfecta mientras el chico la penetraba sin piedad.
Elena se escondió detrás de una columna, su respiración contenida. Vio cómo la chica arqueaba la espalda, cómo sus pezones erectos apuntaban hacia el techo, cómo sus uñas arañaban la espalda del chico. El sonido de sus coños chocando, húmedos y calientes, llenaba el silencio de la biblioteca. Sin darse cuenta, la mano de Elena descendió por su abdomen hasta el borde de su falda. Sus dedos se deslizaron bajo la tela de su ropa interior, encontrando su coño ya humedecido.
La escena frente a ella era demasiado excitante. El chico agarró una de las tetas de la chica, apretándola mientras aumentaba el ritmo. Elena vio cómo el miembro del chico aparecía y desaparecía dentro del coño depilado de la other girl, cómo sus labios se abrían para recibirlo. Sus propios dedos comenzaron a moverse en círculos sobre su clítoris, presionando con más fuerza cada vez que la chica gemía. El sonido de los cuerpos golpeando, el olor a sudor y sexo, la vista de esas tetas perfectas balanceándose… todo era demasiado.
Elena apoyó su frente contra la madera fría de la columna mientras sus dedos trabajaban su coño con urgencia. Se introdujo dos dedos dentro, sintiendo cómo sus paredes se contraían. Escuchó cómo el chico gritaba que iba a correrse, cómo la chica le suplicaba que lo hiciera dentro. Elena imaginó esa leche caliente llenando el coño de la other girl mientras su propio orgasmo la sacudía. Tuvo que morderse el labio para no gritar, sus piernas temblaron mientras el placer recorría todo su cuerpo.
Desde ese día, algo cambió en Elena. Cada tarde, con el corazón acelerado, recorría los rincones más oscuros de la biblioteca, esperando. Se sentía culpable pero no podía evitarlo. La emoción de poder descubrir a otra pareja, la adrenalina de ser descubierta, todo la excitaba más que nada. Se encontraba masturbándose en los baños después de su turno, imaginando escenas similares.
Tres semanas pasaron sin incidentes. Elena casi había renunciado a su nueva obsesión cuando, una tarde, escuchó el mismo ritmo húmedo. Esta vez en la sección de poesía. Se acercó con más cuidado, sus zapatos haciendo el menor ruido posible. Allí estaban, la misma pareja, pero esta vez en una posición diferente. La chica estaba arrodillada, con la boca llena de la verga del chico, sus tetas colgando mientras lo succionaba con avidez.
Elena sintió el calor entre sus piernas de inmediato. Observó cómo la other girl masajeaba las pelotas del chico mientras lo deepthroateaba, cómo la saliva goteaba por su barbilla. Su mano volvió a descender, pero esta vez, demasiado emocionada, tropezó con una pila de libros recién devueltos. Un tomo pesado cayó al suelo con un estruendo que pareció retumbar por toda la biblioteca.
El silencio que siguió fue aterrador. La pareja se detuvo, sus cabezas girando hacia donde estaba Elena. Esperó gritos, que corriera, que la llamaran pervertida. Pero no. La chica se limpió la boca con el dorso de su mano, una sonrisa pícara en sus labios. El chico, con su verga todavía erecta y brillando de saliva, la miró de arriba abajo.
«¿Te gusta lo que ves?» preguntó la chica, su voz rasposa pero seductora. Elena solo pudo asentir, su garganta seca. «¿Quieres unirte?»
Elena no supo cómo reaccionó. Sus pies la llevaron hacia ellos como si tuvieran voluntad propia. La other girl la tomó de la mano, guíandola hasta un cojín que tenían en el suelo. «Relájate,» susurró, mientras sus manos comenzaban a desabrochar la blusa de Elena. El chico se acercó por detrás, su erección presionando contra el culo de Elena a través de su falda.
En ese momento, Elena perdió toda iniciativa. Fue como si su cuerpo se desconectara de su cerebro. Sintió cómo la other girl le mordisqueaba los pezones a través de su sostén, cómo sus manos subían por sus muslos hasta su coño húmedo. El chico levantó su falda, deslizándose sus dedos por la tela de su ropa interior. Elena cerró los ojos, sintiendo cómo la other girl le quitaba la ropa, cómo sus bocas exploraban cada centímetro de su piel.
Fue así como Elena perdió su virginidad, sin control, completamente entregada al momento. La other girl la guio, enseñándole cómo posicionarse, cómo recibir al chico. Elena sintió el dolor inicial seguido de un placer que nunca había imaginado. Las tres se movieron en una coreografía de sudor y gemidos, hasta que el orgasmo de Elena la dejó sin aliento, temblando en el suelo de la biblioteca entre el olor a libros viejos y sexo nuevo.
Comente que los leo
Escribanme: [email protected]