Capítulo 1

Capítulos de la serie:
  • El eco de la carne

Esta historia es ficción, espero que lo disfruten

Capitulo 1

Laura se despertó sobresaltada, las sábanas enredadas alrededor de sus piernas largas y delgadas. El sudor le pegaba el camisón de seda a los pechos pequeños y firmes, mientras el calor se concentraba entre sus muslos. A sus 25 años, su piel trigueña brillaba bajo la luz tenue de la lámpara de noche, sus ojos marrones claros aún desorbitados por las imágenes que la atormentaban una vez más. El pelo castaño claro se le pegaba a la frente y a las mejillas, formando mechones húmedos que seguían el contorno de su cara ovalada.

Era siempre la misma pesadilla. El recuerdo de aquel sábado cuando tenía 19 años volvía para perseguirla como un fantasma lascivo. Laura se sentó en la cama, sintiendo cómo el calor se extendía por su abdomen, recordando vívidamente cada detalle de esa noche que había cambiado algo fundamental dentro de ella.

Ese día, todo había sido normal. Había vuelto de la universidad como de costumbre, con su mochila llena de libros y apuntes. La casa de sus padres olía a comida casera, a limpio, a hogar. Durante la cena, su padre le había preguntado por sus estudios, y su madre le había servido más arroz del que podía comer, como siempre. Nada presagiaba lo que descubriría horas más tarde.

Pasaron las horas. Laura se instaló en el sofá del salón con sus apuntes de anatomía, preparándose para un examen parcial. La casa estaba en silencio, sus padres ya habían subido a su cuarto. Era pasada la medianoche cuando el primer sonido rompió la quietud. Un gemido ahogado, casi imperceptible, que llegó desde el pasillo.

Laura levantó la vista de sus libros, frunciendo el ceño. Quizás era la televisión, o su madre hablando en sueños. Pero entonces vino otro sonido, más claro esta vez: un jadeo rítmico seguido de un suspiro prolongado. Curiosidad y una extraña aprensión la llevaron a levantarse, dejando los apuntes sobre el sofá.

Caminó descalza por el pasillo oscuro, sus pies haciendo el mínimo ruido sobre el parquet. La puerta del dormitorio de sus padres estaba entreabierta, dejando escapar un haz de luz y los sonidos que ahora identificaba claramente. Se acercó sigilosamente, el corazón martilleándole en el pecho, y miró a través de la rendija.

Lo que vio la dejó paralizada. Su madre, arrodillada sobre la cama, con el pelo oscuro cayéndole por la espalda mientras su cabeza se movía rítmicamente sobre la ingle de su padre. Él estaba acostado boca arriba, las manos entrelazadas en el pelo de su mujer, guiando sus movimientos mientras ella lo mamaba con devoción. Laura pudo ver cómo la lengua de su madre recorría la longitud de la verga de su padre, cómo sus labios se ajustaban alrededor del glande rosado y hinchado.

Luego cambiaron de posición. Su padre se giró, colocándose debajo de su madre en un 69 perfecto. Laura observó cómo su padre hundía la cara entre las piernas de su mujer, cómo su lengua exploraba los pliegues húmedos de su coño mientras ella continuaba mamándolo. Los gemidos de su madre eran más audibles ahora, mezclados con los de su padre en una sinfonía carnal que Laura nunca había imaginado.

Sin poder apartar la vista, Laura sintió cómo un calor intenso se extendía por entre sus piernas. Sus pechos se endurecieron bajo la tela del vestido que llevaba, y sintió cómo su coño empezaba a latir, humedeciéndose de una forma que le resultaba vergonzosa y excitante al mismo tiempo. Se apoyó contra la pared, las manos temblándole mientras continuaba espiando.

La escena cambió nuevamente. Su padre se colocó encima de su madre, abriéndole las piernas con sus manos mientras la penetraba lentamente. Laura pudo ver cada centímetro de la verga de su padre desapareciendo dentro del coño de su madre, cómo las caderas de él se movían en un ritmo constante, cómo los pechos de su madre oscilaban con cada embestida. Los gemidos de ambos se hicieron más urgentes, más descontrolados.

Finalmente, su padre giró a su madre, colocándola a cuatro patas. Desde su posición, Laura tenía una vista perfecta de cómo la verga de su padre entraba y salía del coño de su madre, ahora brillante por los jugos de ambos. Las nalgas blancas de su madre se tensaban con cada embestida, mientras las manos de su padre las agarraban firmemente. El sonido de los cuerpos chocando, mezclado con los jadeos y susurros de palabras que Laura no podía distinguir pero cuya naturaleza entendía perfectamente, la dejó sin aliento.

Cuando terminaron, ambos cayeron exhaustos sobre la cama, abrazados y sudorosos. Laura se dio cuenta de que estaba mojada, completamente calada por el sudor y la excitación que le había provocado la escena. Se retiró sigilosamente, volviendo a su cuarto con las piernas temblorosas y el corazón desbocado.

De vuelta en el presente, Laura se levantó de la cama, el camisón pegado a su piel sudorosa. El recuerdo había dejado su marca habitual: un calor entre sus piernas que demandaba atención. Caminó hacia el baño, sus pies descalzos sobre el frío del suelo de baldosas.

Se quitó el camisón mojado, observando su reflejo en el espejo. Su cuerpo de 25 años era diferente al de los 19, más maduro, más curvado en los lugares correctos. Sus pechos, aunque aún pequeños, estaban más firmes. Sus caderas se habían ensanchado ligeramente, dándole una figura de reloj de arena que antes no tenía.

Abrió la ducha, ajustando el agua a una temperatura casi quemante. El vapor llenó rápidamente el pequeño espacio, empañando el espejo y cubriendo su piel de diminutas gotas. Entró bajo el chorro de agua, cerrando los ojos mientras el calor la relajaba.

Sus manos comenzaron a recorrer su cuerpo, siguiendo un camino conocido. Primero sus pechos, palpitando bajo sus palmas, los pezones endureciéndose por el contacto del agua y sus dedos. Luego su abdomen plano, descendiendo lentamente hacia donde el calor se concentraba.

Se apoyó contra la pared de la ducha, separando las piernas. Sus dedos encontraron su coño, ya húmedo y caliente. Se rozó suavemente, recordando las imágenes de sus padres, cómo la verga de su padre entraba en su madre, cómo los cuerpos se movían en perfecta sincronía.

Sus dedos entraron en su coño, primero uno, luego dos, moviéndose en el ritmo que había grabado en su memoria. La otra mano encontró su clítoris, frotándolo en círculos rápidos mientras sus dedos se movían dentro. El agua caía sobre ella, mezclándose con sus propios fluidos mientras la excitación crecía.

Pensó en la forma en que su padre había agarrado las nalgas de su madre, en cómo su madre había gemido cuando la penetraron. Sus movimientos se hicieron más rápidos, más urgentes. Se imaginó en el lugar de su madre, sintiendo la verga de su padre dentro de ella, y el pensamiento la llevó al borde.

El orgasmo la golpeó como una ola, haciéndola temblor contra la pared de la ducha. Un grito escapó de sus labios, ahogado por el sonido del agua. Sus piernas se doblaron, teniendo que apoyarse firmemente para no caer. Las contracciones la sacudieron durante varios segundos, dejándola sin aliento y temblorosa.

Permaneció bajo el agua varios minutos más, dejando que la corriente la limpiara tanto física como emocionalmente. Sabía que esto no podía continuar indefinidamente. Algún día tendría que hablar con sus padres, confrontarlos sobre lo que había visto y cómo había afectado su vida. Pero no hoy. Hoy solo quería sobrevivir a otra noche.

Apagó la ducha, secándose con una toalla suave. El espejo ya no estaba empañado, y su reflejo le devolvió la imagen de una mujer joven, hermosa, pero con los ojos cargados de un secreto que la consumía lentamente. Volvió a su cuarto, sabiendo que dentro de unas horas, el ciclo comenzaría de nuevo.

 

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