Capítulo 2

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Mark salió de su oficina todavía con el sabor de Noemí en los labios y el olor de su coño en los dedos. Caminó por el pasillo con paso seguro y entró al elevador especial que solo unos pocos tenían acceso. Esperó con calma mientras las puertas se abrían.

Dentro del ascensor salían dos ejecutivas que olían a perfume caro y poder. La primera era una morena espectacular: piel canela brillante, cabello negro lacio hasta la mitad de la espalda, labios gruesos pintados de rojo intenso y unos ojos oscuros que prometían problemas. Llevaba un traje sastre gris ajustadísimo que marcaba sus tetas medianas pero firmes y un culo redondo, alto y provocador. La segunda era una rubia exuberante, de esas que llaman la atención desde lejos: cabello dorado ondulado, ojos azules claros, cara de ángel pervertido y un cuerpo de infarto. Sus tetas eran enormes, casi desbordando el escote de la blusa blanca semiabierta, y la falda se le pegaba a unas caderas anchas y nalgas que se movían con cada paso como si tuvieran vida propia.

—Mark, qué bueno verte… —ronroneó la morena, acercándose y dándole un beso en el cachete que duró un segundo de más. Sus labios suaves rozaron peligrosamente la comisura de la boca de él.

La rubia se pegó al otro lado, le dio otro beso y, al separarse, le rozó intencionalmente el labio inferior con el suyo.

—Ya tiene rato que no salimos, Mark… —susurró con voz melosa—. La última vez me dejaste con ganas, cabrón. No te creas que se me olvidó.

Las dos se alejaron entre risitas cómplices, moviendo las caderas exageradamente mientras caminaban por el pasillo. Mark solo suspiró, sonriendo de medio lado.

—Mujeres… —murmuró para sí mismo.

Las puertas se cerraron. Apretó el botón DG (Director General). El ascensor subió lento. Al llegar al último piso, una voz electrónica femenina y sensual dijo:

—Inserte la contraseña.

Un recuadro digital se iluminó encima de los botones. Mark marcó 0911. Las puertas se abrieron con un suave sonido.

Entró a una recepción amplia, lujosa y minimalista: pisos de mármol negro, paredes de vidrio y una iluminación cálida pero profesional. Detrás del escritorio de recepción estaba Vanessa, la secretaria personal de Stephen. Era una mujer de 29 años que parecía salida de una revista: cuerpo tonificado por horas de gym, cintura estrecha, piernas largas y firmes, tetas medianas pero perfectamente redondas y paradas, y una cara bonita de facciones delicadas, ojos verdes y labios carnosos. Cabello castaño claro recogido en un moño elegante.

—Hola, Mark —saludó ella con una sonrisa profesional, poniéndose de pie.

Al levantarse, Mark notó inmediatamente el detalle: Vanessa no llevaba nada debajo de la falda lápiz negra ajustada. Sus piernas suaves y depiladas quedaban completamente expuestas desde la mitad de los muslos hacia abajo. Cuando dio un paso, la falda se subió ligeramente y pudo ver claramente su coño depilado, labios gruesos y ya un poco brillantes. La secretaria del jefe atendía en todo, literalmente.

Mark sonrió con picardía.

—Vaya… bueno, entonces agarraré al jefe tranquilo hoy —dijo con tono burlón.

Vanessa se puso un poco roja, pero no se cubrió. Al contrario, separó ligeramente las piernas y se apoyó en el escritorio, dejando que él mirara.

—Hoy llegó con mucho punch y nada de rodeos —contestó ella riendo bajito—. Apenas entró me puso contra el escritorio y me dio una cogida rápida pero intensa. Todavía siento cómo me escurre…

Mark bajó la mirada sin disimulo. Efectivamente, un hilo delgado y blanquecino de semen bajaba lentamente por el interior del muslo izquierdo de Vanessa, contrastando con su piel bronceada. El olor sutil a sexo reciente flotaba en el aire.

—Jaja, ya veo… —respondió Mark, observándola con deseo—.Bueno, como es costumbre pon tu mano en el biométrico, ya está avisado el jefe. Nos vemos. Sigue haciendo un excelente trabajo.

La miró de arriba abajo pícaramente, deteniéndose en sus tetas marcadas bajo la blusa y en ese coño expuesto. Vanessa soltó una risita nerviosa pero excitada y se dio la vuelta, dándole una vista perfecta de su culo firme y redondo mientras se inclinaba un poco sobre el escritorio para activar el escáner.

Mark pasó por las puertas especiales de seguridad digital al poner su mano derecha completa en la pantalla. Estas se abrieron con un clic suave.

La oficina del Director General era impresionante. Era un espacio enorme, casi como un departamento de lujo. Ventanales del piso al techo con vista panorámica a toda Santa Fe. En una pared completa había docenas de monitores grandes conectados, mostrando cámaras de todas las oficinas, salas de juntas, ascensores y hasta algunos ángulos ocultos. Las imágenes cambiaban constantemente, y Mark pudo ver de reojo cómo en uno de los monitores aparecía la grabación de él mismo follándose a Noemí hacía menos de una hora. El jefe era un voyerista total.

En una esquina había un bar bien surtido con whiskies caros, vinos y una pequeña nevera. Había zonas con sillones de cuero, una mesa de reuniones y otras áreas escondidas detrás de paneles que Mark aún no había explorado.

Stephen Floyd, un hombre alto de unos 45 años, cabello entrecano bien peinado, complexión atlética y traje italiano impecable, lo recibió con una sonrisa amplia.

—Hello Mark.

Mark soltó una carcajada.

—No seas payaso, Stephen. Ya hablemos en mi hermoso español.

Stephen rio con ganas. Le caía bien la forma directa y sin pedos de Mark.

—Mira, Mark… qué me encontré aquí —dijo el jefe, girando uno de los monitores hacia él. En la pantalla se veía claramente la escena de esa mañana: Mark follándose a Noemí sobre el escritorio, sus tetas rebotando, los gemidos insonorizados pero captados por la cámara oculta—. Me diste un regalazo, cabrón. Esa Noemí tuya sigue estando deliciosa.

Mark miró a su jefe con una sonrisa cómplice y respondió:

—Ya sabe, jefe, siempre para complacerlo.

Stephen soltó una carcajada fuerte y señaló uno de los monitores.

—Siii, me follé a Vanessa mientras veía esa cogida tan salvaje que le metiste a Noemí. Lo guardé, me gustó mucho —dijo mientras hacía unos movimientos rápidos con el mouse. La escena de Mark embistiendo a Noemí sobre el escritorio quedó archivada en una carpeta privada—. ¿Tienes problema, Mark?

—Ninguno, jefe. Dese gusto, para eso estamos —contestó Mark riendo con confianza.

Stephen le dio una palmada fuerte en el hombro y se rio alegre.

—Ese es mi Mark. Bueno, vamos al grano.

Sacó unos documentos impresos en papel de alta calidad y se los pasó. Eran los viáticos y el contrato de la misión. Mark empezó a leerlos con atención mientras Stephen, sin ningún pudor, se bajaba el pantalón y el bóxer. Sacó su verga gigante: 25 centímetros de largo, extremadamente gruesa, venosa y ya completamente tiesa. Se sentó de nuevo en su sillón de cuero y empezó a masturbarse lentamente con la mano derecha, sin dejar de mirar a Mark.

—Tomate tu tiempo, yo también me tomaré el mío —dijo Stephen con voz tranquila—. A esta hora varios ya están cogiendo en los baños de la empresa. Si gustas, ponte más cómodo.

Mark, por el momento, prefirió quedarse vestido y concentrarse en los papeles.

Los viáticos eran impresionantes. Un depósito inicial de 15,000 dólares a su cuenta bancaria por gastos de representación. Vuelo de ida y regreso en clase premium (asiento cama, comida gourmet, lounge VIP en el aeropuerto). Hotel 5 estrellas en Johannesburgo, suite presidencial con terraza privada, piscina y servicio de mayordomo 24/7. Viáticos diarios de 450 dólares para comidas, transporte y “gastos varios”. Además, un bono por objetivo si cerraba el contrato con los clientes sudafricanos. Mark no podía evitar sonreír cada vez más. Sus ojos brillaban de emoción y ambición. “Esto va a cambiarme la vida”, pensó mientras firmaba con una sonrisa que no podía ocultar.

Mientras leía y firmaba, el ambiente se llenaba de sonidos: los pujidos graves de Stephen masturbándose, el ruido húmedo de su mano subiendo y bajando por esa verga monstruosa, y los monitores cambiando imágenes de cámaras por toda la empresa.

De pronto, Stephen presionó un botón en su escritorio.

—Vanessa, ven aquí.Ya sin nada.

No pasaron ni diez segundos cuando la puerta se abrió. Vanessa entró completamente desnuda, tal como llegó al mundo. Era una visión espectacular: piel bronceada y suave, cuerpo tonificado con curvas perfectas, tetas medianas pero firmes y redondas con pezones rosados ya duros, cintura estrecha, caderas suaves y un culo redondo, alto y delicioso. Su coño estaba completamente depilado, labios gruesos y brillantes. El cabello suelto le caía sobre los hombros y caminaba con tacones altos que realzaban sus piernas largas y tonificadas. Se veía sexy, elegante y dispuesta.

—Vane, ayúdame acá por fa —dijo Stephen señalando su verga gigante.

—Ohh jefe, ya está bien lista y sabrosa… —ronroneó Vanessa con voz melosa.

Vanessa lo estuvo chupando con una sonrisa amplia mientras abarcaba toda su verga de Stephen y después le daba succionadas sonoras y grandes plops,al hacer un chupetón profundo.

Stephen miró a Mark.

—¿Quieres que Vanessa te ayude también?

—Ahora estoy bien, jefe —respondió Mark.

—Ya hombre, que te conozco. ¡No me vengas con santerías! —insistió Stephen riendo.

Mark suspiró, pero con una sonrisa de pura felicidad.

—Me sacrificaré, jefe.

Stephen se puso contento.

—Atíendelo,ve con él. Yo aquí puedo solo.

Vanessa se arrodilló frente a Mark con una sonrisa pícara. Le desabrochó el pantalón, se lo bajó junto con el bóxer y liberó su verga de 19 cm, ya medio dura. Sin perder tiempo, la metió a su boca caliente y húmeda. Empezó a chuparla con ganas, lengua girando alrededor del glande, bajando hasta los huevos y subiendo de nuevo con sonidos fuertes y húmedos ¡slurp! ¡slurp! ¡gluck!

—Entonces, ¿cómo ves, bro? ¿Está rico el viaje, no?—preguntó Stephen

—Excelentes viáticos, jefe… —contestó Mark con voz ronca de placer, ya completamente duro en la boca de la secretaria.

Stephen seguía masturbándose, observando la escena.

—Al final voy a mandar contigo a la putita de finanzas… ya sabes, esa pinche vieja insaciable —comentó Stephen.

—Encantado, jefe… —gimió Mark, ya con la voz tomada por el placer.

Stephen se levantó.

—Bueno, terminemos pues. Follemos a esta zorra.

Vanessa se puso a cuatro patas sobre la alfombra gruesa. Stephen se colocó detrás y, de un solo empujón, metió su verga de 25 cm hasta el fondo en el coño apretado de su secretaria. Vanessa soltó un gemido largo y fuerte. Mark se arrodilló frente a ella y le metió su verga en la boca. Durante los siguientes minutos la follaban en equipo: Stephen dándole fuertes embestidas por atrás, haciendo que sus tetas se balancearan, mientras Mark le follaba la boca con ritmo, sujetándola del cabello.

La cambiaron de posición varias veces. La pusieron sobre el escritorio, Mark follándola por delante mientras Stephen le metía la verga en la boca. Luego la sentaron a horcajadas sobre Mark, que la penetraba profundo, y Stephen se puso detrás y la penetró anal. Vanessa gritaba de placer, temblando entre los dos hombres. El sonido de carne contra carne, los gemidos y el olor a sexo llenaban la oficina.

Mark fue el primero en correrse: empujó hasta el fondo del coño de Vanessa y descargó chorros calientes de semen. Stephen lo hizo poco después, llenándole el culo con su leche espesa. Vanessa se corrió muchas veces, temblando y apretando sus agujeros alrededor de las vergas.

Cuando terminaron, los tres respiraban agitados.

—Ya termina de firmar, bro —dijo Stephen, todavía con la verga semierecta.

Mark firmó los últimos documentos, todavía con la respiración pesada. Se dieron un abrazo fuerte, hombre a hombre desnudos, sus vergas semierectas chocando entre ellos y un apretón de manos de despedida,también se despidió de Vanessa con un beso profundo,Luego Mark después de vestirse salió de la oficina del Director General con una sonrisa amplia, el paso ligero y la cabeza llena de expectativas. Ese viaje a Sudáfrica prometía mucho más que negocios…

El viaje de Mark

El viaje de Mark