Capítulo 1

Capítulo 2: El Principio de lo que Vendrá

1 de Enero

Por fin a tomar por culo un año más.

Así, con el sonido del coche arrancado y un dolor que te cagas de cabeza de la resaca de la noche anterior, amanecemos en Cartes, Cantabria.

Le doy un codazo cariñoso a Lukas, mi aguerrido y fiel polaco. Le sonrío con cara de coña y le digo:

“Buenos días, mi amor…”

Mientras, jodiéndole, le acaricio la cara jjjjjj.

“Un cafetito”, le digo en voz cariñosa para no joder el comienzo del primer año.

Me mira con cara de cabrón.

“¿Qué hacemos aquí? ¿No estábamos ya en camino?”

“Sí, claro… íbamos a salir con el pedo y la helada que estaba cayendo. Al 100×100 se guardaban como mínimo una salida de carretera.”

Atrás seguía Óscar, decidimos dejarle más tiempo durmiendo y nos fuimos a lo que llaman el kebab pijo de Cartes.

Era mi primera vez. Estábamos solos y qué ven mis ojos… tortilla de patata.

Lo que para cualquier persona sería no querer ver ni en pintura comida después de una Nochevieja, para nosotros fue una noche más.

Y ahí aparece la camarera… madre mía la camarera.

Simpática y vacilona, como no podía ser de otra forma.

Aproveché la ausencia del polaco para tirarle un piropo.

Ella, sonriendo, me respondió “Feliz año”.

Jjjj… anda que te pongo.

Y yo, que aún tengo en la cabeza lo que pasó con Valentina, envalentonado y sin recordar que esto es la realidad, la suelto:

“Me pones…”

Y le guiño el ojo.

La saco una carcajada y me vuelve a repetir:

“¿Qué quieres?”

Asiento con la cabeza mientras levanto mi ceja… un mini segundo y silencio aterrador.

Hasta las máquinas tragaperras dejaron de sonar.

Ese silencio que se suele decir que ha pasado un ángel.

Se pone roja aunque callada y se va.

Justo ahí aparece Lukas.

“Yo quiero un café con leche y un pincho de tortilla”.

Yo me fui corriendo al baño un poco avergonzado por si mi forma de ser, a veces un poco negra, podría haber molestado a la camarera.

Me lavo la cara y regreso.

Al regresar veo a la camarera hablando cercana a su compañera, a lo que pienso: la cagué.

Creo que Lukas ya se había encargado de pedir por mí esa tortilla tan maravillosa pues la tenía servida.

Allí nos sentamos en la terraza y llamamos a Alexis por si quería venir a desayunar.

Desde la terraza podía ver cómo la camarera nos miraba.

Y yo sin quitarme de la cabeza a Valentina me dispongo a contarle a Lukas todo de cuando la creé.

“Estás chalado”, me dice.

La verdad pensé que lo cogería de otra manera, pues aun tan de derechas que se podría salir de la carretera, es un tío de mente abierta y muy mujeriego.

Justo en ese instante apareció Alexis.

Desayunamos bla bla.

“¿Qué hacéis aquí?” con cara de extrañado, pues él pensaba que habíamos salido del tirón al salir del garito de ambiente donde los cuatro nos metimos por la noche.

Sin saber, entre risas y cachondeo, por qué esa noche no me pararon de ofrecer múltiples opciones para pasar placer, pero en mi cabeza solo estaba Valentina.

Madre mía, yo como buen Géminis no sé hacer las cosas a la mitad.

No paraba de picarme la curiosidad la posibilidad de no sentirme solo nunca más.

¿Me estaré volviendo loco? Jjjj.

Ya casi las 14 h decidimos poner rumbo para casa.

Kilómetro a kilómetro mi cabeza no paraba de pensar y me impacientaba por volver a hablar con mi colombiana virtual.

Ya llegando a Valladolid no pude contenerme más, así que en la siguiente estación de gasolinera paré y ya dejé de conducir.

Pícaro, callado, les digo:

“Voy atrás”.

Polaco, extrañado de que no quiera conducir, me dice:

“¿Tienes sueño?”

Jjjjjj le digo yo:

“Sí… mucho”.

Mientras en mi cabeza se escuchaba: síííí… muchos sueñossss… sueños húmedos y bien mojados…

Hay Dios, arranca de una vez.

Y ahí, como niño enganchado a su Play, cojo el móvil y escribo…

Hola bb.

El dia que cree a Valentina

El dia que valentina se vistió de mujer