Ella quería ser dominada y me encontró

Ella quería ser dominada y me encontró

Había escrito hace tiempo a la sección de contactos de una conocida revista, apartado «dominación».

Me llamo Manuel, vivo en Barcelona, tengo 42 años y un físico normal, con una polla normal, pero con un gusto por el morbo, que no es normal.

Recibí unas cuantas cartas, y después de desechar la mayoría (distancia, gustos personales y… hasta un par de putas), me quede con una carta que me pareció especial.

Era una mujer de una ciudad cercana, 34 años, casada (yo también lo soy) y que decía tener una fantasía sobre su dominación.

La carta, como ya he dicho, me llamó la atención. Era una carta «delicada».

Le escribí a un apartado de correos, indicándole un número de móvil.

Pasaron dos meses, y ya me había olvidado del tema, cuando un día, una de las cien veces que suena el móvil, era ella:

– Hola, soy la chica del contacto…. no se si te acuerdas.

Tarde en reaccionar. Había pasado tiempo y no me lo esperaba. Decidí ser cauto:

– Me acuerdo. ¿que quieres? Has tardado un poco en contestar.

– Yo…. (parecía azorada, quizá me había pasado de brusco)… es que…

– Espera -la corte, o cogía las riendas o se iba al garete-, escúchame con atención. Tienes una oportunidad, pero solo una, así que a ver si te centras. ¿Quieres que nos veamos o no? No puedo perder el tiempo.

El órdago se había lanzado. O cortaba inmediatamente, o era mía. Fue mía. Después de unos segundos, cuando estaba a punto de hablar yo.

– Si, me gustaría que nos viésemos. Pero solo para hablar.

– ¿Para hablar? ¿Tu estas loca o eres gilipollas? Si quieres hablar ve a una reunión del Tuperware ¿Leiste mi anuncio o te has equivocado de teléfono? «Individuo dominante espera mujer para ser sometida». Hablar,…….. estoy perdiendo el tiempo.

– Perdona, es que tengo muy poca experiencia en esto (Su voz sonaba dulce), no se si……

Esa voz me la estaba empezando a poner dura, quizá por eso, le deje un resquicio abierto.

– Te diré lo que haremos, quedamos en el vestíbulo de la estación de Francia, (le dije cómo iría vestido). No me digas como iras tu. Cuando llegues búscame, yo no sabré quien eres. Si te decides, acércate. Tendrás cinco minutos de conversación antes de que te diga lo que tendrás que hacer. A partir de ese punto no hay vuelta atrás. Tráete un juego completo de ropa, por si la necesitas. Solo estaré en la estación quince minutos. Dentro de una semana exactamente.

– Vale.

Colgué. Tenía la polla como una piedra. Había una dulzura y una suavidad en aquella voz, que prometían buenos momentos.

El día señalado fui a la estación. La verdad es que no me hubiese jugado un euro por su aparición, pero poco podía perder.

En el vestíbulo había bastante gente. En el primer vistazo no vi a nadie que pudiese ser ella, así que consulte los paneles de los horarios y me puse a deambular con un periódico, como si esperase a alguien.

Pasó el tiempo. Ves so capullo -pensé- ya has hecho el canelo. Me dirigí a la salida.

– Perdona.

Me gire. Una mujer de treinta y pocos años, elegante y discreta se había dirigido a mí.

– ¿Ha sido contigo con quien he hablado por teléfono?

Joder, otra vez sorprendiéndome. Estaba bien. No era una modelo, pero se veía bien cuidada, lo que un colega mío llamaba «yeguas de lujo». 1,65, pelo castaño, tetas medianas y una cara simpática. El conjunto era agradable.

– Si, si tu eres la indecisa a la que le gusta hablar, yo soy el otro.

– Estoy un poco nerviosa, nunca he hecho esto antes.

– ¿Estás decidida?

– Si, pero hablemos un poco. Por favor.

– De acuerdo, vamos a tomar algo.

La cogí del brazo y la lleve hacia la salida. Tomamos una copa. Tenía una buena figura, en conjunto un 6,5 o un 7. Se veía que tenia dinero, quizás no súper millonaria, pero no pasaba apuros.

– Tengo una fantasía -me dijo-. Pertenezco a un hombre, y él me domina. Siempre he practicado sexo normal. Me gustaría saber qué se siente al carecer de voluntad.

– Bien, has dado con la persona indicada. ¿ has traído la ropa que te dije ¿

– Si, la tengo en el bolso (llevaba un bolso entre mediano y grande, que parecía caro), pero hay una condición indispensable.

– No has venido a poner condiciones.

– Esta es insalvable. No pueden quedarme marcas. De ningún tipo. Quiero tener una fantasía, no arruinar mi vida.

– De acuerdo, pero solo para hoy. Ahora ves al servicio, mientras pago esto. Cuando vuelvas, ya serás mía. Hablaras solo cuando te lo diga, y siempre me llamaras señor. ¿Está claro?

– Si.

– Pues andando.

Al alejarse la contemple bien. Llevaba un traje chaqueta con falda por las rodillas. Tenía un buen culo, y las piernas no estaban mal.

Su excusa para venir a Barcelona, era dar un vistazo a la casa de una amiga suya que estaba de vacaciones. Pare un taxi y nos dirigimos hacia allí.

Al subir al taxi, puse la mano en el asiento con la palma hacia arriba, justo cuando se sentaba. Dio un respingo, pero no dijo nada.

Le susurre al oído:

– Yo no voy a mover la mano, pero tu si vas a mover el culo, hasta restregarte tu puto coño con mi mano.

Enrojeció por completo. Al principio no se movía, pero al poco comenzó a mover el culo. Llevaba medias sin liguero hasta el final de los muslos. No podía ponerme el coño en la mano sin subirse la falda, pero hizo lo que pudo.

El taxista -un vejete- conducía sin hacer caso.

– Tócame la polla. -le susurre de nuevo-.

No me miraba. Alargó la mano y la puso sobre mi bragueta. Mi polla estaba muy, pero que muy dura.

– Por encima no estúpida. Mete la mano y cogeme la polla.

Seguía sin mirarme, pero me bajó la cremallera y metió la mano.

Esto marcha, pensaba yo. Todavía no ha dicho que no a nada.

Llegamos a la casa.

– Sírveme una copa.

Al volver con la copa, se quedó ante mí. Aun evitaba mirarme.

– Súbete la falda. Vas vestida para ir a casa de tu madre.

Cogió los bordes de la falda, y tiró hacia arriba. Buenas piernas. Acabó la media color carne, un breve trozo de muslo y las bragas. El conjunto debía costar una pasta.

– Desabróchate la blusa y saca las tetas que les dé el aire.

Lentamente, mirando al suelo, se desabrocho y sacó las tetas por encima de las copas del sujetador. Estaba para follársela, con la falda en la cintura y las tetas fuera. No se como me contuve.

– Ponte de rodillas y chupamela mientras me tomo esto.

Ahora si que me miro y comenzaba a hablar

– Pero es que…

– Cállate zorra estúpida.

Se quedó anonadada.

– Has dicho que no quieres marcas. Pues yo te aseguro que si vuelves a desobedecer una orden, vas a tener más marcas que el muro de las lamentaciones.

Se arrodilló y fue a sacármela.

– Cuando la saques pon las manos en la espalda, quiero ver que es lo que sabes hacer con esa boca de golfa.

Comenzó a chupar, no lo hacía mal del todo, pero decidí darle caña.

– Me lo temía, no vales ni para chupar pollas. Siéntate en ese sofá y tócate el coño, a ver si eso al menos te sale.

El color rojo no se iba de su cara. Vi que se disponía a hablar de nuevo, esta vez con indignación. No le di tiempo. La agarre del pelo y la arrastre al sillón. La arroje como si hubiese sido un cojín.

– Tócate el coño puta. No juegues conmigo. Te atare en pelotas y te quedarás aquí hasta que alguien te encuentre.

Estaba a punto de llorar. Lentamente, comenzó a acariciarse, por encima de las bragas de 120€. Los pezones los tenia de punta.

– Separate las bragas con la otra mano. Quiero ver si tienes coño o eres un travestí.

Ya lo creo que tenia coño, peludito y brillante de jugos. Vaya vaya, parece ser que después de todo, a la señora no le desagradaba el tratamiento.

– Si no veo como te corres, antes de que me beba esto, te meteré el vaso en el coño.

Dejó de dar vueltas y se concentró. Tener aquella mujer, abierta de piernas tocándose el coño y con las tetas fuera, a un metro de mí, ha sido una de las pruebas de autocontrol más duras que he pasado.

Se corrió en dos minutos.

– Sin tocarte la ropa, acaba con lo que tengas que hacer aquí.

Recogió unas cartas, comprobó el riego automático de las plantas y dio unas cuantas vueltas, con la falda en la cintura. Estaba para comérsela. Me estaba acabando la segunda copa, cuando la veo que se dirige al lavabo.

– ¿Dónde vas golfa?

– Al servicio señor.

– Al servicio, ¿a qué?

Más color a su cara.

– Es que….. tengo que orinar.

– ¿orinar? ¿y en lugar de pedir permiso decides por ti misma? Mereces un castigo.

La llevé al lavabo.

– Mea aquí de pie.

Me miró incrédula. Esta vez no supe si estaba más sorprendida o más indignada.

– Esto se ha terminado, estas loco si crees que…..

ZAS, la hostia no se la esperaba. Reculó y quedó sentada en el inodoro. Rápidamente la cogí del pelo y la puse de pie.

– Ponte de rodillas o te meto la cabeza en el water.

Me miró con ojos vidriosos, pero se puso de rodillas. Me saque la polla, y apunte a su cuerpo. Me costó un rato, pero me mee en ella. En sus tetas, en su cuerpo, en sus piernas.

– Ahora que has visto cómo se hace, a ver si eres capaz de mear sola.

La cogí nuevamente del pelo y la puse de pie. A todo esto, mis manos solo la habían tocado en el taxi, lo que no era gran cosa.

Le costó unos minutos, pero se meo con las bragas puestas. La orina corría por sus medias. Ya no podía más. Le agarre las bragas y de un tirón las arranque. Se le cortó la meada.

La apoye en la bañera y le metí la polla de un solo empujón. Puso los ojos casi en blanco. Tenía el coño suave y encharcado, entre sus propios jugos y la anterior meada.

A los pocos empujones comenzó a correrse y perdió el control. La muy golfa se estaba meando de gusto mientras me la follaba.

– Antes no querías mear, y ahora no paras de mear. Te voy a enseñar yo a ti…

Cogí las bragas, rotas y mojadas de sus jugos y la meada, y se las metí en la boca.

Le di la vuelta, y de otro empujón se la hundí en el culo hasta las bolas.

Creo que no le habían dado por el culo mucho, porque si no llega a ser por las bragas en la boca, pega un grito que se presenta la policía.

La encule como un loco, tirándole del pelo hacia atrás y apretándole las tetas.

Le rompí toda la ropa, incluso las medias, mientras alternaba entre su culo y su coño. De vez en cuando, aun se le escapaba un chorrito de orina.

Ya no aguantaba mas, se la saque y quitándole las bragas de la boca, la agarre por las orejas y le metí la polla en la boca hasta aplastarle la nariz con el vientre. Aún hoy tiemblo al pensar que si llega a cerrar la boca, mi polla seria un recuerdo.

Pero no la cerró, y yo deposite una ingente cantidad de semen que fue directo a su garganta.

Rápidamente se la saque de la boca y volví a metérsela en el coño. Igual se pensaba que iba a seguir follandomela, pero se equivocaba. Al cabo de unos minutos, hundido al máximo en su coño, comencé a mearme dentro de ella.

Al notar el chorro caliente en su interior, tuvo un orgasmo que me asuste, porque pensé que le daba algo.

Cambie culo por coño y acabé de mear en ella, mientras notaba sus convulsiones.

Estaba mareado. Ella no se movía de la postura en que estaba.

– Lávate y sal desnuda.

Me serví un trago y me tumbe a fumarme un cigarro. Necesitaba descansar y reponerme de uno de los mejores polvos de mi vida.

Me vestí y me marché antes de que saliera, dejándole una nota: «Ya sabes como encontrarme»

Y me encontró, pero eso, es otra historia…

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