Siempre me consideré conservadora, hasta que conocí a Miguel. Ahora soy todo lo contrario.

Una noche salí con mis eternas amigas del cole a una discoteca.

Ahora que somos adultas, nos vemos menos. Cada una con su vidas, sus familias, sus amores.

Miguel es un joven alto de unos treinta, con cuerpo bien formado y buenos músculos. De esos hombres que hace a cualquier mujer desear tenerlo entre las piernas.

Se tropezó conmigo y nos quedamos mirándonos fijamente. No dijo nada. Yo de tonta solo le pregunté “¿no te vas a disculpar?”. El se rió y dijo, “lo único por lo que puedo pedir disculpas, es por no haberte conocido antes, tienes un cuerpo fabuloso, quisiera conocerlo”.

Mis amigas se reían y comentaban en sus oídos. “pobrecito, no sabe qué es meterse con Martha”.

Estuvimos diciéndonos indirectas y riéndonos entre trago y trago.

En un momento, dejé a mis amigas, lo agarré de la mano y me lo llevé a un pasillo. Lo empecé a besar con pasión. Le toque ese cuerpo firme y escultural. El me agarro un pecho y el culo. Nos fundimos en un abrazo con pasión en medio de la penumbra y la oscuridad. Lo miré y dije “¿tienes a donde ir?”, asintió con la cabeza y le dije “vámonos”.

Llegamos a un motel donde era cliente frecuente y llevaba a algunas de sus conquistas.

Éramos dos animales desenfrenados, tiramos la ropa por todo el camino hasta la cama.

Es todo un macho con diez y media pulgadas de carne entre las piernas. Es grueso y fuerte. Sus testículo parecen de toro.

Me tiró sobre la cama, empezó a sobar mi cuerpo, poco a poco bajo por mi cuello hasta mis pechos.

Chupó, mordió, lamió, hizo lo que quiso con ellos.

Fue bajando lentamente por mi vientre hasta mi vagina.

Encontró mi clítoris. Lo lamió con delicadeza. Su lengua le daba movimientos circulares, lo chupaba, lo sacó poco a poco de su capucha hasta que se puso duro y bajó por los labios de mi vagina. Restregando su rostro contra los bellos de mis labios. En poco rato, mis fluidos habían mojado todo su rostro.

Subió y me dio un beso con lengua con sabor a mis fluidos vaginales.

Con una mano acomodó su grueso pene y lo introdujo de golpe entre mis piernas. Sentí su chorizo grueso entrando de golpe. Gemí un poco y dije “qué rico”.

Sentía su peso encima de mí. Entrando y saliendo. Instintivamente subí mis piernas y rodee su cintura. Así podría entrar más cómodo.

Sentía todo su chorizo entrando y saliendo. Mientras me chupaba una teta, cambiaba y seguía en la otra.

Luego me cambió de pose y me colocó en cuatro sobre la cama con el rostro pegado sobre la sábana. Empezó a perforarme la vagina como perro por detrás. La habitación se llenó de nuestros olores, gemidos y el ruido de su cuerpo pegando contra mis nalgas.

Súbitamente, me agarro del cabello y me subió. Me agarro con una mano una teta y me la apretaba mientras sus movimientos por detrás mío se aceleraban. Sentía como entraba y salía hasta el fondo de mi cuerpo. Los dos estábamos de rodillas en la cama sudando, jadeando y gimiendo.

Sentíamos qué nos veníamos los dos juntos, cuando sacó su pene, me recuestó boca arriba, se masturbó por unos segundos y me chorreó el pecho, el vientre y mi rostro con su semen. Era un chorro enorme de placer.

Nos quedamos mirándonos entre jadeos de cansancio y riéndonos.

Estuvimos saliendo un tiempo como novios hasta que decidimos formalizar y nos fuimos a vivir juntos.

Encontramos una linda casa y nos mudamos a un complejo residencial.

Ahí conocimos a Mathy y John. Ella muy guapa, no una modelo, pero, una mujer deseable, con una bellos senos. Un poco grandes para su tamaño.

Cualquier hombre o mujer le gustaría tenerla en la cama. Solo debía mejorar su apariencia. Él un poco delicado para mi gusto. Era un hombre muy sencillo. Era de cocinar y hacer cosas de la casa. Ella dedicada a su jardín y la casa.

Un día los invitamos a cenar y conversar.

La conversación transcurrió entre vino tinto, chismes de farándula y modas para nosotras y algo de cerveza y deportes para ellos.

Conforme pasaban los días hicimos una buena amistad.

Una tarde, invité a Mathy a salir de compras. Fuimos al Mall y de paso al salón de belleza. Ella muy sencilla me decía lo bonita que estaba quedando. Yo muy arrojada, le dije. “Dale anímate, tienes que hacer cambios de vez en cuando. Yo lo pago.”

El estilista se entusiasmó y le hizo un bello corte y la maquilló.

Compré unas blusas y unas faldas y se las regalé. La vi tan contenta.

Cuando llegamos a casa me dio las gracias y empezó a llorar. Me comentó que tienen mucho rato en austeridad y no se arreglaba. John tiene meses que no la toca. Vive preocupado porque el dinero no alcanza.

Yo le di un beso y le dije que es hermosa y que no debe preocuparse, John resolverá las cosas.

Ella me miró sorprendida. No sabía que hacer. Preguntó, “¿qué haces?” y le di otro beso y no dijo nada. Esta vez el beso tuvo más pasión. Se dejó guiar y cerró los ojos.

Le empecé a tocar esos senos grandes y bellos. Le quité el polo y sus manos buscaron soltar mi cinturón. Empezó a soltar botón por botón mi blusa.

Yo no tenia sujetador. Me miró asombrada un momento y me toco un pezón y quitó la mano con pena.

Ella tenía un sujetador grande. Se lo quité y le dije al oído. “Voy a quemar todos tus sujetadores y te voy a regalar unos bien sexy, me voy a mojar cuando los uses, tienes unas tetas espectaculares y hermosas”.

Ella dudaba un poco en sus movimientos, pero me seguía la corriente.

Nos terminamos de quitar la ropa y la senté en el sofá.

Me arrodillé al frente de ella, Le di un beso y empecé a chupar esas maravillosas tetas. Abrí sus piernas y empecé a buscar su clítoris y lamerle los labios.

Tenía un bello suave en su pubis y a los lados de su vulva. Su vagina muy rosada tenía un sabor fuerte y agradable.

Empezó a gemir en la medida que metía mi lengua y dos dedos. Encontré su punto G y la hice gritar.

La baje del sofá y la recosté en la alfombra. Me subí encima de ella en un 69. Como una experta inició a lamerme la vagina y a meter su lengua y sus dedos.

Terminamos en un gran orgasmo al mismo tiempo.

“Creía que no sabías cómo complacer a una mujer” – le dije.

“Si sé, cuando era adolescente probé un par de veces el coño de una amiga, pero, nunca fue tan bueno como ahora” – respondió.

Sin darnos cuenta, Miguel estaba observándonos desde la puerta. No nos dimos cuenta cuándo llegó a casa. Se había quitado los pantalones y estaba en calzones sin camisa. Estaba masturbándose cuando nos habló.

¿Puedo acompañarlas? ¿O la fiesta es solo de chicas?

Mathy, se sorprendió al oír su voz y por pudor agarró un almohadón del sofá para cubrirse los pechos y se puso detrás de mi.

Miguel se me acercó y yo le empecé a quitar los calzones.

Seguía arrodillada después del sexo con Mathy. Así que, Miguel se ubicó delante de mi y empecé a chuparle y lamerle ese chorizo. “Ummm.. Me hacías falta” – dije.

Mathy nos miraba y tenía pena. Pero, no se movía. Le agarré una mano y la acerqué.

Estábamos arrodilladas delante del pene de Miguel. Ella miraba cómo yo lamía y chupaba. Subía y bajaba mi lengua por ese trozo hermoso de carne.

Le guié una mano hacia los testículos. Los sobó y movió sus dedos, los subió y bajó con la mano sintiendo su peso. Tenía los ojos fijos y la boca abierta. Subió la mano hasta la base del pene y empezó a subirla y bajarla.

Me hice a un lado y la dejé sola delante del chorizo de mi hombre.

Sin decir nada, empezó con algo de temor a lamer la cabeza. Pasó su lengua por el meato. Lamió ligeramente alrededor de la cabeza, bajó con la lengua a lo largo del pene y subió. Después de degustarlo y lamerlo lo metió en su boca y empezó a chuparlo con ritmo.

Mientras, yo me ubiqué detrás de Miguel. Seguía arrodillada y veía su musculoso culo. Le agarré sus nalgas y las abrí, metí mi rostro entre ambas nalgas y le escupí el culo.

Empecé a lamerlo, a tocarle el ano con la punta de mi lengua.

No tuve que hacer mucha fuerza. Miguel se relajó y dejó que mi lengua entrará fácil como mantequilla. Lamia y chupaba. Le metí un dedo y gimió, le metí otro dedo y se alegró más.

Nos veíamos entusiasmadas al jugar con el cuerpo de Miguel, se me ocurrió que ya era hora de ir a la recámara.

Fui yo por delante, le agarraba la mano a Mathy y ella llevaba a Miguel sin soltarle su chorizo.

Llegamos a la cama y Miguel abraza y besa a Mathy. Ella se deja amar. Juega con sus tetas, las chupa mientras le agarra sus nalgas. La recuesta en la cama, le levanta las piernas, siente que la vagina esta húmeda. Agarra su pene y se lo mete poco a poco. Ella mantiene la boca abierta y ojos muy abiertos del éxtasis.

El empieza a moverse dentro de ella. Entra y sale, lento y rápido.

Poco a poco va aumentando la velocidad. Mathy está extasiada. Y en eso, empieza a responder a sus movimientos. Ambos, encuentran su ritmo. Gimen y jadean de placer.

Miguel la voltea y se coloca debajo y ella sentada encima de él.

Ella empieza a cabalgarlo como loca. Arriba y abajo, hacia adelante y hacia atrás.

La sorpresa de Mathy, fue cuando me coloqué detrás de ella.

Ella brincaba encima de Miguel, se inclinaba hacia al frente después se ponía erguida.

Mientras ella lo montaba como verdadera vaquera, me coloqué un cinturón con un gran pene de plástico. Ella sintió mis manos en sus nalgas abriéndolas y untando saliva en el chiquito. Creo que no se lo esperaba.

La sobe un rato en el ano y le puse más saliva. Le metí un dedo, jugué un poco, se lo metía y se lo sacaba, metí otro dedo. Poco a poco se puso más floja y su esfínter no se resistía.

Sin pedir permiso, saqué mis dedos y puse la cabeza del pene de plástico en su ano y presione mi cuerpo hacia el de ella con un movimiento de cintura.

Dio un pequeño grito de dolor al principio y después jadeó de placer.

Miguel y yo la penetramos por su vagina y su culo al mismo tiempo por buen rato.

Cuando terminamos, Mathy se recostó en medio de nosotros. Nos quedamos un minuto en silencio reponiendo fuerzas. Ella posó su rostro sobre mi seno, puso su brazo sobre mi vientre y se quedó pensativa. Rompió el silencio diciendo suavemente, “gracias, me hacia falta”.

Al rato, se levantó, me dio un beso, besó a Miguel, se vistió y se fue.

Yo le dije a Miguel. “¿Que te parece si incluimos a John?”

No es mala idea. Parece muy delicado, no me extrañaría que sea otra perrita. – contestó.

Ya veo tu deseo y perversión, quieres montarlo – le dije, con una sonrisa.

A la mañana siguiente, le llevé los paquetes que compramos en el Mall. “Hola Mathy, te traje tus compras, las dejaste en casa”.

Nos quedamos conversando, me ofreció un poco de vino y sin mencionar nuestro encuentro del día anterior, me contó lo difícil que ha sido convivir con John el último año.

Pensé que el tenía una amante, -me dijo.

Pero, casi no sale de casa. Se la pasa trabajando remotamente.

Ayer llegué con maquillaje nuevo y peinado nuevo y no me miró, no dijo nada. Solo habla de las cuentas y su trabajo.

La miré y le dije, “si tienes problemas en la intimidad, nosotros te podemos ayudar a mejorar tu relación con John”.

¿De verdad? – preguntó.

Si. Están invitados a cenar con nosotros mañana. Es una sorpresa.

De paso, te dejo este otro regalito, se que te va a gustar.

Ella abrió la bolsa y vio un sostén de encajes casi transparente de color negro. Se entusiasmó tanto, que se quitó la blusa y el sostén qué usaba.

Tenía un bello escote y la forma le levantaba los senos y se podían ver sus bellos pezones.

Mathy se paró delante de un espejo en su sala y se vio sexy por primera vez en mucho tiempo.

Seguido, sacó un panti negro hilo dental transparente con un lasito rosa en la parte posterior, se despojó de la ropa y se lo puso. Se sentía como una niña con juguete nuevo. Se le veía que quería llorar de la alegría.

Me paré detrás de ella y la abracé delante del espejo. Agarré sus manos y las entrecrucé por debajo de sus senos. Le di un beso en la mejilla y le dije al oído, “Me alegro que te guste tu regalo, esta noche te lo voy a quitar”. Ella se volteó y me dio un beso con pasión.

Me estas tentando, pero no puedo quedarme – dije.

Nos despedimos y seguí con mí rutina, preparando la cena y pedí que trajeran vino y cerveza.

Cuando Miguel llegó del trabajo, me dio un beso y me sentó en sus piernas. “¿qué tal estuvo tu día? – preguntó.

“Ya está todo listo para esta noche”, – le dije.

Ummm… diablilla, has estado ocupada. Espero que no hayas empezado el día sin mi. – me dijo.

Casi empiezo. Estuve tentada. Solo entregué el regalo. Lo apreciamos juntas y me vine.

Fue un lindo momento. Muy tierno. Pero, no podía quedarme. ¿Y ese olor? Hueles a perfume barato.

Espero que no te hayas acostado con alguna de las secretarias de la empresa. Te necesito con energías hoy. – le dije.

Casi lo hago. Una rubia de buen culo me tentó. Pero, te prometí que me portaría bien hoy. Así que, la dejé tentada para otro día. – dijo Miguel con una gran sonrisa.

Esta noche tendrás muchos huecos en donde meter ese trozo de carne que te cuelga entre tus piernas. – comenté.

Durante la cena, conversamos un poco de todo. En eso, hablamos de sexo y relaciones. John se veía un poco incómodo. Pero, trató de seguir la conversación aportando sus opiniones y experiencias.

Acabada la cena, seguimos con unas botellas de vino en la sala.

Yo di el primer paso y pregunté. “Dime John, ¿qué opinas del intercambio de parejas?”

John no sabia que contestar, así que me levanté y di un par de pasos hasta donde estaba Mathy, le ofrecí mi mano y se levantó.

La abracé por detrás y le di un beso en el cuello, mientras ella se veía alegre.

Dime John, ¿te calientas si le hago el amor a tu esposa?

¿te calienta más si Miguel le da placer a Mathy?

¿Qué piensas? ¿Te gustaría hacerme el amor a mi?

En eso, empecé a besar a Mathy con pasión. Ella se volteó y me abrazó. Nos empezamos a acariciar y a tocarnos. Le quité la ropa a Mathy, ella me la quitó a mi.

Miré a John y le dije, “¿te gusta lo que ves?

Miguel se cambió de sillón y se sentó a un lado de John. Se abrió el pantalón y sacó su pene y empezó a masturbarse. John lo miró con sorpresa, pero no comentó nada, solo miraba.

John estaba congelado mirando como se veía de sexy y caliente su esposa y como nos besábamos y jugábamos la una con la otra.

Le quité su bello sostén liberando sus hermosas tetas. Le bajé el hilo dental. El aire empezó a oler a nuestros coños húmedos. Bajé mi mano hasta su vulva y empecé a jugar con su clítoris.

John veía todo sentado, cuando Miguel le dijo, ¿no piensas divertirte?

En un momento reaccionó y se bajó el pantalón. Empezó a masturbarse junto a Miguel.

Pienso que se excitó al ver el chorizo de mi hombre.

Ambos movían sus penes, cuando Miguel movió una mano y empezó a masturbar a John.

Éste se dejó hacer y no hizo nada. Solo cerró sus ojos por un rato disfrutando el movimiento.

Sin esperar mucho Miguel bajó su cabeza, abrió su boca y empezó a lamer y chupar el pene de John.

Mathy estaba sorprendida de ver como John disfrutaba del oral que le hacía Miguel.

Vamos Mathy no podemos perdernos este placer, – le dije.

Las dos nos arrodillamos delante de John, y Miguel nos cedió el placer de chupar y lamer el miembro de John.

Su pene no era tan grande. Creo que cinco o seis pulgadas. Pero tenía buen grueso.

Miguel se despojó de la ropa y se colocó a un lado de John ofreciéndole su miembro erecto. Se lo puso a un lado de la cara e instintivamente John lo agarró y empezó a chuparlo y lamerlo.

Le hice señas a Mathy para que mirara y se quedó congela viendo a su esposo disfrutar del chorizo de Miguel. Se le veía muy diestro.

En mi mente pasó la idea, que John es un experto en penes.

Mientras John seguía ocupado disfrutando de Miguel.

Mathy y yo, terminamos de quitarle le el pantalón.

Nosotras seguimos viendo a nuestros hombres como se daban placer. Luego empecé a acariciar a Mathy y la llevé hasta la cama.

Dejamos a John y Miguel solos en la sala.

Recosté a mi nueva amante y le prometí que ella seria mi esclava de ahora en adelante.

Seguimos acariciándonos y chupando nuestros cuerpos.

Cuando decido sacar de una gaveta un pene de dos cabezas.

Mathy lo miró con asombro. Vio cómo le ponía gel a ambas cabezas.

Nos sentamos en la cama frente a frente, le introduje el juguete en su vagina y luego me lo introduje en la mía.

Empezamos a movernos con ganas, a sentir los ruidos de nuestros jadeos combinados con los sonidos de nuestras vaginas cuando se movían con el juguete entrando y saliendo hasta que nos vinimos y gritamos de placer.

Nos dimos un gran abrazo y descansamos un rato recostadas en la cama. Mathy se sobresaltó y dijo, ¿John qué hace?

Nos dirigimos a la sala y encontramos a John desnudo sobre sus rodillas con el rostro en la alfombra y Miguel atravesándole el ano con todo su chorizo adentro.

Nos sentamos en el sofá a mirar cómo nuestros hombres se daban placer. Mathy recostada sobre mis piernas y yo abrasándola y jugando cariñosamente con su seno y a veces con su cabello.

Miguel terminó moviéndose con fuerza en el culo de John y lo dejó chorreando de semen que le escurría desde su interior.

A partir de esa noche, Mathy descubrió que John tiene inclinaciones Bisexuales. Le gustaban los hombres también y no sabía cómo confesárselo.

Me he acostado unas cuantas veces con John y Mathy cuando Miguel está de viaje. Él sabe que ellos me cuidan y me complacen en todo lo que les pida.