Era un sábado por la noche, en una fiesta privada en una casa grande con jardín. Habían pasado dos semanas desde aquella noche loca en mi sala. Jefferson, Marlyn y yo fuimos invitados a la misma fiesta. Mi esposa no pudo ir, así que llegué solo.
La música estaba fuerte y había mucha gente. Yo estaba en un rincón más apartado del jardín, tomando un trago, cuando vi a Marlyn acercándose sola. Llevaba un vestido negro corto y ajustado que le marcaba ese culo grande y carnoso que tanto me gustaba. Apenas me vio, sonrió con picardía y se acercó.
—Kadel… qué casualidad encontrarte aquí solo —dijo con voz suave, parándose muy cerca de mí.
Empezamos a hablar, primero de cosas normales, pero pronto la conversación se puso caliente. Ella me confesó que no había dejado de pensar en lo que pasó aquella noche, en cómo la cogí por el culo mientras ella le metía el dildo a Jefferson.
De repente, Marlyn miró alrededor, vio que estábamos bastante apartados y me agarró de la mano.
—Ven… sígueme.
Me llevó a un rincón oscuro detrás de una pared alta, casi oculto por unas plantas. Apenas llegamos, Marlyn se arrodilló frente a mí sin decir nada, me bajó el cierre del pantalón y sacó mi verga gruesa, que ya estaba medio dura.
—He estado mojada toda la noche pensando en esto… —susurró.
Sin perder tiempo, abrió la boca y me metió la verga hasta la garganta. Empezó a chupármela con ganas, haciendo ruidos húmedos mientras movía la cabeza de adelante hacia atrás. Su boca estaba caliente y bababa mucho. Con una mano me masturbaba la base y con la otra me apretaba los huevos.
—Joder, Marlyn… qué boca tan rica tienes —gemí bajito, agarrándole el cabello ondulado.
Ella me miró desde abajo con ojos de puta mientras me la chupaba más profundo, sacando la lengua para lamerme la cabeza hinchada. Mi verga ya estaba completamente dura y brillante de su saliva.
Estaba disfrutando la mamada cuando de pronto apareció Jefferson buscándola. Al vernos, se quedó parado un segundo, pero en vez de molestarse, sonrió y se acercó rápidamente.
—Los estaba buscando, cabrones… —dijo en voz baja, excitado.
Marlyn sacó mi verga de su boca solo un instante y le ordenó a su marido:
—Ven aquí y ayúdame.
Jefferson se arrodilló al lado de su esposa. Marlyn le pasó mi verga y él empezó a chupármela con ganas, mientras Marlyn lamía y chupaba mis huevos. Los dos me estaban mamando al mismo tiempo: Jefferson subiendo y bajando por el tronco y Marlyn lamiendo y succionando mis bolas.
—Qué verga tan gruesa tienes, Kadel —murmuró Jefferson con la boca llena.
Marlyn se levantó un poco el vestido, se bajó el tanga y empezó a masturbarse el coño peludo mientras veía a su marido chupándome la verga. Luego se puso de lado y empezó a besarme en la boca con lengua, mientras los dos seguían arrodillados atendiendo mi polla.
—Quiero que me cojas aquí mismo… —me susurró Marlyn al oído, mordiéndome el lóbulo.
Jefferson sacó mi verga de su boca y la apuntó hacia el culo de su esposa, que ya estaba en pompa, levantando el vestido.
La fiesta seguía a lo lejos, la música sonaba fuerte, y nosotros tres estábamos en ese rincón oscuro, a punto de follar sin importarnos que alguien pudiera descubrirnos.