Antes incluso de saber lo que era masturbarse ya había visto algo de pornografía. Cosa que no entendía muy bien, o mejor dicho, no me provocaba ningún placer verlo, más allá de algo de morbo. Esto sucedió años antes de la secundaria. Algún primo y sus compañeros de secu me invitaron a mi y a otro amigo a ver un dvd de puro porno. Por curiosidad fuimos con ellos.
Recuerdo que fuimos a casa de mi primo cuando sus padres no estaban. Él andaba bien nervioso con sus compañeros y a cada rato salía uno u otro para vigilar si venían sus padres. Mi amigo y yo no tanto pero igual sentíamos nervios porque entendíamos que nos caería una buena regañada si nos descubrían.
Mi primo puso el vídeo enseguida, bajo el volumen y lo adelantó casi a la mitad para ver lo bueno decía él. Ya se imaginarán lo que pasaba.
Si mal no recuerdo justo en esa parte del vídeo pasaba un trio, una mujer rubia recibiendo de dos morenos. Sabía que era lo que hacían pero para mí mente era extraño verlo y más aún entender que era lo que sentían. En fin, lo que me llamó la atención más que nada fue el final del vídeo, este terminaba con la chica de rodillas y los morenos parados viniéndose sobre su pecho.
En fin, pasemos a la historia principal.
Iba en secundaria, en primer año, desde ahí ya empezaba a notar mayores cambios en la manera en cómo me atraían las mujeres, y con ellos vinieron mis primeras erecciones debido a la excitación.
Ya sabía que eso era normal en esa edad, o al menos que en algún momento pasaría, por lo que había visto en libros, las clases y la pornografía, así que no me asusté. Y debo confesar que eso me pasaba cuando veía mujeres mayores, por ejemplo a una maestra, que recordándola bien si era muy guapa y atractiva físicamente.
En ese tiempo todavía no me tocaba ni había intentado hacerlo, tampoco tuve sueños húmedos como le han ocurrido a otras personas. Solo dejaba que se me pasara y seguía como si nada, pero sabrán que ya la mente empieza a fantasear y sentir deseos.
En una ocasión mi familia y yo fuimos a visitar a los abuelos (padres de mi papá) que vivían en casa de mi tío (él estaba en Estados Unidos). La casa era mediana y de dos pisos, por lo que yo iba de un lado a otro para distraerme o solo viendo televisión mientras ellos conversaban aprovechando el tiempo en que no se veían.
Ellos estaban en el primer piso y yo arriba. Recuerdo que mi tío guardaba álbumes de fotografías de la familia o de él cuando estaba en Estados Unidos y las traía acá. Tenía una caja llena de esos álbumes. Bajé y le pedí permiso a mis abuelos y a mis papás si podía verlas, me dijeron que si pero sin descuidarlas.
Volví a subir y saqué la caja, era mediana y un poco pesada, estaba en medio de un mueble. La puse en el suelo y empecé a ver los álbumes. Fui viendo y sacando de uno en uno, hasta que solo quedaban un par. Allí me di cuenta que había algo más al fondo de la caja.
Creí que eran álbumes más importantes porque estaban envueltas en periódico. Me ganó la curiosidad y revisé.
Adentro había muchas historietas para adultos.
No recuerdo sus nombres pero seguramente muchos si, si son de mexico, conocerán esas historietas porque entre ellas se encontraban algunas de «El libro Vaquero». Siendo esta la más ligera entre todas esas. Fueron otras en las que mis ojos se perdieron.
Más que el contenido lo que me llamaba la atención eran las portadas, pues siempre mostraban dibujos de mujeres sexys en atuendos sugerentes. Cuando los vi empecé a sentir como mi pene se levantaba más que nunca, al punto de presionarse contra mi ropa. Puse una mano encima de mi pantalón y traté de bajarlo, cuando miembro rozó con mi muslo parecía estar hirviendo, pero no pude contenerlo mientras siguiera viendo.
Recuerdo que una de esas portadas mostraba a una mujer de pelo negro y un moño rojo atado a el. Estaba sentada mirando hacia un lado, con sus piernas juntas, vista de espaldas, y usaba lencería azul: una tanga pequeña en su voluminoso trasero y un brasier que cubría sus senos por completo. Yo me fijaba mucho en su espalda semi arqueada, sus muslos carnosos y también su trasero apenas cubierto.
En otra, recuerdo una rubia de labios rojos, igual con curvas prominentes adornadas en una lenceria rosada, estaba sentada en una cama con los brazos apoyándose hacia atrás.
Ambas no eran muy exageradas en sus proporciones, todo en general era provocativo y me atrajeron de una manera que no podía evitar. Además, en algunas partes y en casi todas las historietas se mostraba publicidad de otros volúmenes, revistas o servicios de sextel, por lo que a veces tenían fotos reales de mujeres casi desnudas.
Mis ojos saltaban de página en página, de historieta a historieta, sin poder detenerme mientras cada imagen me estimulaba.
Imaginen lo que para un puberto era recibir ese bombardeo visual.
De pronto tuve esa sensación de estar haciendo algo malo y me entró el miedo de que me vieran con esas revistas. Las guardé enseguida, pero la excitación y el morbo ya vivían en mi cuerpo, por lo que tomé dos revistas y las oculté en mi pantalón, más tarde cuando tuve oportunidad las guardé en una mochila.
Ya en casa aprovechaba cuando estaba solo para ver esas historietas. No me arriesgaba aunque estuviera en mi cuarto con la puerta asegurada, prefería verlas cuando estaba seguro que no había nadie más.
Esas sensaciones que tenía iban en aumento y cada día me costaba más controlar mis erecciones. Aún mas cuando hojeaba las historietas para ver los dibujos, y más que nada viendo las portadas, a veces las leía pero muy poco.
Una vez, por la tarde, mis padres salieron con unos vecinos porque nos invitaron a una fiesta de cumpleaños. Como era justo al lado, y la fiesta era de un señor mayor, tuve la oportunidad de quedarme en casa sin problemas.
A esa hora se escuchaba la música y las risas al lado. Yo, como era costumbre, me encerré en mi cuarto y me puse a ver las historietas.
Nunca había tenido tanto tiempo para apreciarlas con más detalle. Conforme veía, mi miembro reaccionaba, se me iba levantando poco a poco, también mi cuerpo medio se entumecía y tenía una sensación de urgencia. Cuando mi miembro ya estaba firme, puse una mano sobre mi pantalón, lo hice a un lado pegándolo contra mi muslo, me gustaba ese contacto.
La sensación de urgencia subió y tuve la necesidad de quitarme el pantalón. Me sorprendí al ver lo duro que se me había puesto y el aumento que había tenido.
Me senté en una silla, con una mano sujeté mi miembro, empecé a apretar y relajar la mano, no sabía bien lo que hacía pero me gustaba sentir mi pene envuelto. Mi mirada estaba atenta en una de las revistas, que había puesto sobre el escritorio y con la mano libre la hojeaba, hasta que llegué a una página específica en donde se publicitaba otra historia, según recuerdo, y que mostraba un dibujo de dos mujeres. Una estaba vestida de rojo, creo que usaba lencería, pues era una dablita. La otra usaba un vestido blanco ajustado que le llegaba a mitad de los muslos, esta pretendía ser un ángel, tenía una aureola.
Fue la segunda chica la que me hipnotizó, con ese atuendo provocativo. La parte baja del vestido dejaba ver sus muslos y en la parte de arriba sus senos se asomaban, su cintura era fina, era delgada en general y no tan exagerada como en otros dibujos, en fin era una hermosa angel. Con su imagen mi excitación se disparó, estaba muy inclinado viéndola de cerca, mi mano apretaba y soltaba, y en ese instante recordé lo que había visto antes en el porno, el movimiento que se hacía para masturbarse el miembro. Lo iba a intentar pero ya estaba llegando al límite, apenas moví mi mano un poco y llegó esa sensación de calor que crecía en la punta de mi miembro, sin saber qué cosa pero sentí que algo iba salir de allí. Creí que me iba a orinar allí mismo, me asusté un poco, así que me levanté enseguida para ir al baño, aún sin pantalón, pero ni siquiera avancé un metro y sentí como se me empezaba a salir, al instante flexioné un poco las rodillas por los espasmos que me provocó en la parte baja mientras veía salir de mi miembro un liquido transparente, blanquecino. Ese momento fue una mezcla de sensaciones que apenas puedo describir.
La liberación que tuve fue instántanea, a pesar de que me sentía extraño, y fue un descubrimiento fantástico saber que toda esa tensión acumulada y esas reacciones se podían liberar de esa forma. Mi única preocupación después de ese momento fue limpiar el piso, aunque no había tirado mucho.
Cómo se pueden imaginar, desde esa experiencia empecé a hacerlo más a menudo y conociendo más sobre mis gustos.
Espero que les haya gustado, y gracias por leer.