Bajo la lluvia y el aroma a incienso, Alondra no busca perdón, sino someter al joven padre Julián. En la penumbra de la sacristía, las leyes divinas se rinden ante la seda negra y un deseo que no entiende de votos. Una confesión donde la única penitencia es el placer prohibido.
Dos rejillas de baño fueron el escenario de nuestro encuentro más peligroso. Sergio y yo, separados por metros pero unidos por el morbo de un celular. Él pedía fotos de mi baby doll negro y yo ansiaba ver esa pieza de ingeniería. Un lunes convertido en nuestra oficina del pecado.
¿Quién diría que una ventana abierta sería mi mejor invitación? El Ingeniero Sergio entró a mi casa para ayudarme con una cortina, pero terminó dándome una lección de deseo que no venía en los planos. Solo una mujer como yo sabe cómo calmar la urgencia de un hombre así de imponente.
La protagonista escucha una voz grave que la derrite. Es el papá de Pepe, un hombre de 38 años con barba y lentes. Simula poner una cortina para llamar su atención, se quita el bra, y logra que él cruce la calle para “ayudarla”. Tiene 20 minutos para devorarlo.
Eduardo le chupa las tetas, ella le hace sexo oral y se la jala con los pechos. Él la penetra en la moto, la hace gritar de placer y se corre dentro de ella. Terminan abrazados, con la leche escurriéndole por los muslos. Ella lo reclama como suyo, aunque él tenga novia.
Eduardo la recoge en moto y la lleva al campo bajo las estrellas. Entre besos apasionados y caricias, él la sube al asiento, se pone entre sus muslos y le susurra que esa noche será solo suya. Ella, empapada y temblando, sabe que viene lo mejor.
Con la tanga roja al aire, ella se hace la dormida mientras Pepe y sus amigos la observan desde la ventana. Escucha cómo uno se corre imaginándosela, mientras ella goza en silencio con el coño empapado. Cuando recibe un mensaje de Eduardo, se levanta de golpe y los vecinos huyen asustados.
Pepe le dice que escuchó sus gritos con Eduardo. La mira con descaro, le sugiere cortinas y la invita a la fiesta de Tony, el vecino de 18. Ella, empapada, mueve los muebles para que la cama quede frente a la ventana, imaginándose cómo va a devorarlos a todos.
Eduardo la somete contra la pared, le escupe las tetas y ella, de rodillas, se traga su verga entera mientras él la insulta. Él se corre en su boca, ella lame hasta la última gota, y luego se va con su novia dejándola empapada y con la leche escurriéndole por el pecho.
La protagonista se muda a un departamento con vista a la avenida. Eduardo la provoca pero se va con su novia. Ángel la “ayuda” con una caja de tangas, termina oliendo una y recibe una mamada en el baño. Luego presume la tanga frente a sus amigos mientras ella planea devorarlos a todos.