Capítulo 1
- No digas a nadie lo que has visto
- No digas a nadie lo que has hecho
- A tu hermanita se la están follando
Martina estaba en el Stand muy ilusionada, su jefe le había dicho que iban a venir a la Feria personalidades muy importantes y algunos canales de Televisión de ámbito internacional que podrían entrevistarla.
Ella era tan solo una azafata, una más de las que trabajaban en la feria presentando productos o luciendo palmito para que la gente que la visitaba se parase a mirarlos.
No había cumplido aún los 21 años y estaba ilusionada con salir de su tierra, un pueblo pequeño donde sus padres trabajaban de sol a sol cuidando el ganado y cultivando la tierra.
Había estudiado idiomas y un curso de modelaje, pero no tenía conocidos ni gente que la ayudase a prosperar en una profesión tan complicada, había visto a sus compañeras de curso rebajarse de todas las formas posibles para participar en un desfile de modas en la capital, pero ella se había negado a hacerlo.
Era muy guapa, tenía un estupendo tipazo y una carita muy linda de niña pequeña, parecía más una adolescente que una mujer hecha y derecha.
Al no encontrar trabajo de modelo, optó por trabajar de azafata, acudir a congresos donde poder relacionarse y conocer gente, creía que de ese modo le llegaría la oportunidad de triunfar en la pasarela.
Llevaba toda la semana en una feria en Madrid y no había conocido a nadie, iba del hotel al trabajo y del trabajo al hotel, parando tan solo para cenar y tomar el aire. Pero era viernes y sus padres la llamaron para decirle que su hermano pequeño iba a ir a verla, no había estado nunca en Madrid y quería aprovechar que estaba ella para visitarlo.
Martina protestó, se quejó mucho a sus padres, les dijo que estaba todo el día ocupada y que no podría atender a su hermano ni llevarle de paseo, pero ellos zanjaron de inmediato el tema, o iba su hermano o se volvía ella.
A pesar de su edad aún dependía de ellos, el poco dinero que ganaba no le bastaba para ser independiente, aceptó pero dejando muy claro que su hermano no podría irse solo, tendría que estar con ella todo el día en la feria hasta que cerrasen.
Antón, que así se llamaba su hermano, llegó el sábado por la mañana, Martina le dijo que su habitación era pequeña y tendrían que compartir cama, no quería gastarse dinero en una más grande.
Fueron al hotel, dejaron las maletas y salieron de inmediato en dirección a la feria, ella tenía que estar pronto para abrir el Stand porque era el día más fuerte, el fin de semana era cuando asistía la mayor parte de la gente, y sobre todo, los famosos y las televisiones.
Llegaron, ella se vistió y pidió a su hermano que diese vueltas por la feria, que aprovechase para ver lo que mostraban y coger algún regalo si pudiese. El chico así lo hizo y se fue a dar vueltas por el pabellón, esperando que llegase la hora de la comida para poder salir con su hermana a dar una vuelta.
Pasadas una horas ya no sabía qué hacer, había visto todo, estaba cansado y se acercó al Stand de su hermana para preguntarla cuanto faltaba para macharse.
Vio que a ella la llamaba un hombre y la pedía que la siguiese, que fuese a una oficina donde la esperaba su jefe.
Quiso acercarse a verla para decirla que estaba cansado y quería marcharse, pero ella caminaba deprisa y no pudo alcanzarla, la siguió hasta la oficina y esperó en la puerta.
—–
Martina llegó a la oficina y su jefe la pidió que cerrase la puerta, tenía que hablar con ella de algo muy importante. La chica lo hizo y le miró atentamente.
Su jefe, Pascal, era un hombre influyente, de origen francés y relacionado con los ámbitos del modelaje, se aproximó a ella y la miró sonriente.
- Han preguntado por ti, Martina, hay un modisto que quiere conocerte.
- ¿Sí? – preguntó ella contenta – ¡Que ilusión me hace!
Pascal extendió la mano y apartó un mechón de pelo que tapaba los ojos de Martina.
- Si eres lista puedes dar el salto, dejar las ferias de muestras y dedicarte a algo más importante.
- Si, si. – chilló la chica eufórica –
- Pero eso exige algunas cosas, ya sabes, tendrás que sacrificarte.
Martina vio como la miraba Pascal y supo por dónde iba, lo que iba a exigirla a cambio de ese salto tan importante.
Se quedó mirando a su jefe sin saber qué decirle, era la ilusión de su vida, lo que tanto deseaba, se quedó quieta frente a él como un pasmarote, aturdida, alelada, sin saber si aceptar o negarse.
Pascal bajó la mano acariciando su mejilla, desliándola por el cuello hasta meterla por el escote. Desabrochó uno, dos, los tres botones, y abrió la blusa dejando a la vista su virginal sujetador blanco en el que se marcaban dos pequeñísimos pezones marrones.
- Eres muy bonita. – susurró Pascal acariciándolos sobre el fino encaje – Vas a triunfar seguro, vas a vestir ropa de los mejores profesionales.
Martina le oía y sonreía contenta, por fin iba a triunfar, iba a conseguir llegar a la cumbre, pero al mismo tiempo miraba como su jefe pasaba las yemas rozando sensualmente sus pezones, rozándolos levemente y apretándolos de golpe, las caricias de Pascal la excitaban sin quererlo, notaba que su respiración se aceleraba y sus pechos subían y bajaban en un vaivén constante.
- Te van a llevar a París, a Londres a Nueva York, vas a ser la mejor de las modelos. – dijo levantando el sujetador y dejando sus tetas al aire – Mírate, eres preciosa, eres una diosa en un cuerpo de mujer, y además, con carita de niña buena. Se van a pelear por ti, te lo aseguro.
Martina se sofocó y no supo responderle, la decía tantas cosas bonitas que no era capaz de asimilarlas, ser modelo, viajar a París, a Londres, era todo un sueño. Vio como amasaba sus tetas y pellizcaba sutilmente los pezones.
- Aaahhh. – gimió Martina apretando los labios para que su jefe no la escuchase –
Pero Pascal tenía experiencia, no era la primera vez que lo hacía y sabia que ya la tenía en el bote, iba conseguir follarse a ese pibón tan tierno que tenía delante. Metió la mano bajo la falda y acarició su vulva suavemente, pasado la mano por la braguita sin llegar a penetrarla.
- Vas a viajar muchísimo, a ganar infinidad de millones, podrás comprarte un piso y regalarle otro a tus padres. – dijo susurrando en el oído de la pobre – Ayyy, Martina, Martina, si tú supieras lo que harían muchas por tener la oportunidad que tienes tú ahora.
- ¿Sí? -preguntó ella de forma inocente –
- Siii, Ya te digo. – respondió él muy seguro – Pero tienes que tener claros los sacrificios que eso exige.
La oyó gemir un poco y llevó una mano al culo de la chica y acarició descaradamente sus nalgas por encima de la falda, apretándolas con fuerza y empujándola hacia él para juntar el pecho contra sus tetas.
- ¿Estás dispuesta a hacerlo? – preguntó lascivamente en el odio de Martina –
Ella no aceptó pero tampoco dijo que no quisiera, se quedó pegada a su pecho mientras él metía la mano bajo la falda y acariciaba sus nalgas desnudas. Notó como los dedos hurgaban bajo su braga y se metían sigilosamente en su rajita del culo.
- Aaayy. – exclamó ella sin darse cuenta –
Pascal la besó en los labios, presionó con su lengua y ella los separó levemente. Al instante notó como ese trozo de carne húmedo y cálido penetraba su boca buscando el roce con la suya de forma dominante. Se dejó hacer sin quejarse, devolviendo a su jefe el favor que pedía, le besó chupando su lengua y mordiendo sus labios desesperadamente.
Las manos de Pascal se metieron decididamente bajo su braga apartándola con ímpetu, con una fogosidad exacerbada, llevó un dedo a su ano y lo apretó con lujuria, intentando follarla.
- Aayyyy. – volvió a protestar Martina –
Pascal paró un segundo y la miró con cara seria.
- ¿Quieres o no? Puedes llegar a la cumbre.
La chica bajó la vista al suelo y afirmó con la cabeza, iba a entregarse a ese hombre que la prometía el cielo a cambio de sus favores.
Pascal se sintió satisfecho, él era un macho alfa y ella una simple niñata, ya había tenido muchas como ésta y a todas se las había follado, eran trozos de carne que le importaban una mierda, solo quería que se abriesen de piernas para meterlas la polla en el culo o en el coño.
Cogió a Martina por el pelo y la hizo darse la vuelta, obligándola a apoyar las manos sobre la mesa.
- Ya verás qué bien lo pasas. – dijo Pascal sonriendo –
Martina quería llorar, decirle que era un cabrón y salir de allí corriendo, pero iba a ir a Paris, a Londres, a Nueva York, iba a ser modelo de pasarela. Joder, solo por eso merecía la pena, apoyó las manos y vio como su jefe empujaba su espalda para que se inclinase sobre la mesa.
- Esto tendrás que hacerlo más veces. – dijo para avisarla – Te presentaré a unos amigos que te llevaran a París en menos que canta un gallo.
- ¿Más? – preguntó ella perpleja –
Creía que con follarse a su jefe iba a ser suficiente, pero ahora veía que no, que iba a tener que hacer más sacrificios para entrar en el mundo de la moda. Apoyó los codos resignada y dejó que continuase.
Pascal la vio tan débil y tan entregada que quiso sacarle partido, cogió el móvil y grabó a la muchacha, inclinada sobre la mesa con la faldita levantada, la braguita apartada a un lado y la rajita abierta mostrando su culito y su coño.
- Joder, Martina. – dijo babeando – Con este culo y este coño vas a tocar el cielo, ya verás cuando seas famosa.
A Martina se le escapó una sonrisa “ya verás cuando seas famosa”, lo había dicho su jefe, iba a tocar el cielo, ya lo tenía muy cerca, solo tenía que sacrificarse.
- Mueve un poco el culito. – pidió Pascal prepotente – Deja que yo te vea.
Martina contoneó las caderas moviéndose sensualmente.
- Joder, niña. Eres la bomba, menudo culazo tienes.
La chica estaba incómoda y nerviosa a partes iguales, no deseaba hacer esto, ya lo habían hecho otras y ella se había negado, pero era la única forma de llegar a tocar el cielo. Al oír a su jefe se sintió un poco halagada, la verdad es que tenía un culo bonito, todo el mundo se lo decía, desde los chicos del pueblo hasta los profesores del curso de modelaje, todos se habían fijado en él y decían que era asombroso.
Notó las manos de Pascal tirando de la braga, intentado romper su virginal braguita blanca.
- No, no la rompas. – rogó muy preocupada –
Se la había regalado su madre para que la estrenase en la feria, iba a ser su braguita de la suerte, la que iba a ayudar a triunfar en el mundo de la moda. La cogió con sus propias manos y la bajó por sus muslos, dejándola resbalar poco a poco por sus magnificas y preciosas piernas, levantó una, levantó la otra, y la dejó sobre la mesa, doblándola con cuidado.
- Ya. – dijo solamente –
Pascal subió su faldita enrollándola sobre su espalda, dejando su culazo al aire y mostrando sus maravillosas nalgas. El hombre no podía creer la suerte que tenía, iba a follarse un bollito de los pies a la cabeza. Dio un azotazo en la nalga de Martina y la avisó para que se preparase.
- Pascal. – exclamó ella entonces – Po…podrías…
- Dime, Martina, que coño quieres. – preguntó él enfadado –
- Es que no quiero hacerlo por delante. ¿Podrías hacerlo por…por..?
Pascal sonrió obscenamente, la suerte le acompañaba, la mierda de niñata quería que la follase por el culo. ¡Joder! Eso era bueno de cojones, tenía un culazo de la hostia y estaba dispuesto a reventárselo en cuanto se la metiese.
- Claro, pequeña. – dijo frotando sus manos – Te la voy a meter por el culo con muchísimo cuidado.
Se puso un condón rápidamente, no quería dejar pruebas por si ella después se arrepentía y le denunciaba, echó saliva en la raja y la dejó deslizarse hasta el ano.
- Prepárate, muñeca. – exclamó con sonrisa sádica – Ya verás como te gusta y quieres repetir mañana.
Recogió la saliva, embadurnó el ojete con ella y metió la punta del dedo.
- Aaayyy. – protestó Martina al sentir que penetraban su ano –
- Calla, joder. – chilló él empujando el dedo con ganas –
Cogió su verga deprisa para que Martina no se arrepintiese, apoyó el glande en el culo y empujó con todas sus fuerzas metiéndosela de golpe.
- Aaaaggg. – chilló la pobre al sentir como abrían su culo sin lubricarlo –
Pascal sujetaba su espalda empujándola contra la mesa y embestía su culo con fuerza metiéndole la polla entera.
- Aaagg, aggg, aggg. – chillaba la chica cada vez que la verga de su jefe entraba a presión en su ano –
El hombre estaba en la gloria, el culito de la chica era estrechito y prieto y exprimía su polla desde que la metía hasta que la sacaba.
- Ahhhh. Vaya culazo tienes, cabrona. – dijo golpeando salvajemente sus nalgas – La cantidad de veces que te lo habrán follado para conseguir un trabajo.
Martina se encogía cada vez que la penetraba, Pascal tenía una polla que parecía un tronco de gorda y la estaba rompiendo el culo tanto cuando la metía como cuando la sacaba.
Pascal vio que la chica estaba sufriendo y decidió ayudarla, metió la mano entre sus piernas y comenzó a acariciarla el coño frotándolo con los dedos, al mismo tiempo que empotraba la polla en su culazo.
- Aaahhh.-gimió por primera vez Martina –
Las caricias en el clítoris estaban empezando a gustarla. Entonces oyó un ruido y se giró para mirar, el corazón casi le sale del pecho, la puerta estaba abierta y su hermano Antón estaba mirando, contemplando como ella entregaba el culo a su jefe para que lo follara.
Quiso incorporarse pero su jefe la empujó contra la mesa, sujetándola con fuerza para que no se moviera.
- ¡Quieta! Joder. No se te ocurra moverte hasta que no me corra.
Pascal siguió culeándola, empujándola contra la mesa con una energía salvaje, metiendo y sacando la polla de su culo golpe tras golpe.
- Vaya culazo, zorra. – dijo con una excitación enorme –
Entonces miró hacia atrás y vio a Antón en la puerta, mirándolos extasiado, con la boca abierta y con ojos como platos.
- Aaahhh. Es…ahhh….es….aahhh….es mi hermano. – exclamó entre gemidos Martina –
Pascal se asustó al principio, podrían denunciarle, pero al ver la cara de vicio del muchacho tuvo una idea brillante, le llamó pidiéndole que se acercara.
Cogió la mano de Antón y la puso sobre las nalgas de su hermana.
- Tócala. – dijo maliciosamente – Ya verás que culito más tierno tiene.
Antón pasó la mano por la nalga de su hermana, acariciándola con mucho cuidado e intentado que ella no se enterase, no quería que se enfadase con él y se lo dijese a sus padres.
- Tócala, tonto. – pidió Pascal obscenamente – Toca el culo a tu hermana que ella lo está deseando.
- ¿De verdad? – preguntó el chico bajito para que Martina no le oyera –
- Claro. – respondió Pascal al muchacho – Me lo ha dicho antes.
Cogió su mano otra vez y le hizo golpear la nalga, sacudiendo un azotazo a su hermana que la hizo girarse.
Martina vio la mano de su hermano tocando su culo y el corazón se le aceleró de repente, no podía creerlo, su hermano pequeño la metía mano delante de su jefe. Notó los suaves dedos de Antón deslizándose por su nalga y dio un suspiró sin quererlo.
- Aaaahhh. – gimió mordiendo sus labios –
Pascal metió la mano otra vez para acariciar el coño de la muchacha, pero esta vez metiendo la manita de su hermano para que la acariciase al mismo tiempo. Guió los dedos del chico y los metió entre los gajos.
- Tócala, mira que coñito tiene. – dijo pícaramente – Mete los dedos dentro y ya verás como gime.
Antón no se hizo rogar y empujó los dedos metiéndolos en el coño de su hermana, chapoteando en la vulva con la palma de la mano.
¡Chop! ¡Chop! ¡Chop! ¡Chop! ¡Chop! Se oía deliciosamente.
Martina empezó a gemir como loca, su hermano acariciaba suavemente su sexo y su jefe la empotraba golpe tras golpe, la metía la polla hasta un punto que nunca hubiera imaginado, pero esperaba que con esto la llevase al cielo prometido y pudiese hacerse famosa.
Entonces vio la carita de su hermano, estaba de rodillas junto a la mesa acariciando su coño con una mano y se excitó como nunca, las caricias suaves, amorosas y tiernas que Antón le daba la producían un placer enorme. Se había masturbado en la soledad de su cuarto un sinfín de veces, pero no era lo mismo, ella se tocaba deprisa, queriendo llegar al orgasmo cuanto antes, y su hermanito lo hacía muy suave, calmado, como si estuviera acariciándola viendo la tele, no pudo aguantarse y gimió muy fuerte.
- Aaaahhhh. Antóoon, sigue, sigueee. – exclamó mordiendo sus labios con un placer enorme –
Su jefe la oyó y supo que había triunfado, estaba grabando a la chica con el móvil, inmortalizando como su hermano pequeño la tocaba el coño y ella se corría pidiendo que lo hiciera más veces.
- Ayyy, Martina. ¡Que puta eres! – dijo embistiéndola muy fuerte –
La sujetó por el pelo y la metió la polla hasta los cojones, golpeando su vulva y sus nalgas con una violencia inaudita que la hizo retorcerse.
- Aaagggg. – chilló dolorida la pobre –
Pero vio a su hermano a su lado acariciándola el clítoris y se le escapó un gemido enorme, uno tras otro, su hermanito la daba un gustito tremendo y la faltaba el aire.
- Aaaahhh. Sigue, Antón, sigueee. – pidió de nuevo –
- Tócala, pequeño. – pidió Pascal riendo – Toca el coño a tu hermana y ya verás como gime.
- Si ya lo hago. – respondió el chico de forma inocente –
Martina comenzó a sentir que la llegaba el orgasmo, un placer descomunal y formidable, los deditos de su hermano hacían arte, la subían al cielo y tuvo que agarrarse, sujetarse a la mesa para no caerse.
- Aayyyy, Antón, aayyyy, que me vengo, que me vengooo. – exclamó como loca apretando su cuerpo contra la mesa –
Pascal se excitó al oírla y la empotró a lo bestia, metiendo la verga en su culo y arrastrándola por el tablero.
- Vaya culito tienes, zorra. – exclamó corriéndose – Te lo follaré mañana pero sin condón.
Lo tenía grabado en el móvil, esa muchachita no podría denunciarle, lo había hecho queriendo y con la participación de su hermano. Era la bomba, podría follársela una y mil veces, siempre que quisiera hacerlo.
Sacó la verga del culo, se quitó el condón y lo tiró al suelo.
Antón vio toda la leche, salía de aquella funda de plástico que había estado metida en el culo de su hermana momentos antes. Siguió tocando a Martina y vio como temblaba, temblaba y gemía al mismo tiempo, se estaba corriendo de nuevo, estaba teniendo otro orgasmo con las simples caricias de sus pequeños dedos.
Los sacó y vio que los tenía empapados, eran los flujos del coñito de Martina, de su hermana mayor a la que había masturbado hasta correrse.
Se incorporó y salió de la oficina disparado, intentando que su hermana no le hablase.
- Venga, vamos. Vete al Stand. – ordenó Pascal satisfecho – Pero antes recoge ese condón que hay en el suelo.
Martina miró hacia abajo y vio la goma y le leche derramada que salía de dentro, pensó que ese condón había estado en su culo y sintió mucha vergüenza.
¿Cómo iba a mirar a Antón a partir de ahora? ¿Y qué pensaría de ella su jefe?
Lo segundo la quedó claro inmediatamente.
- Te has portado bien. – dijo Pascal dándole un azotazo en el culo – Si eres buena te llevaré a Paris algún día.
- ¿Y el modisto que quiere conocerme? – preguntó inocentemente Martina –
- Ayyy, Martina. Dale tiempo al tiempo, ya te llegará la oportunidad algún día.
- Pero…. – intentó contestar la pobre –
- Venga, joder, sal y cierra la puerta. – ordenó enfadado su jefe –
Martina salió con lágrimas en los ojos, aun no sabía si lo del modisto era verdad o mentira, prefirió pensar que sí, aun tenia oportunidad de triunfar en las pasarelas de Londres o de Paris.
Al acabar la jornada encontró a su hermano sentado a la entrada de la feria, le cogió de la mano y le arrancó una promesa.
- Antón, prométeme una cosa.
- Vale. – respondió el chico con gesto serio –
- No digas a nadie lo que has visto.
Sin decir nada, fueron a cenar a una hamburguesería.