Capítulo 1

En mi casa vivimos cuatro personas, mi padre, cabeza de familia duro y responsable que está más tiempo en la calle que con nosotros, mi madre, ama de casa incansable y protectora, mi hermana, la más bonita de la casa, y por supuesto yo, Rafi, el hijo pequeño y despistado que pasa de todos y va siempre a lo suyo, al menos hasta ahora.

Yo siempre iba a mi rollo y pasaba de ellas hasta que un día comprobé el potencial que tenían las dos mujeres de mi casa.

Como las dos me alteran de igual manera, empezaré por describir a mi madre y posteriormente a mi hermana.

Rosa, mi madre. Bueno, qué os voy a contar de mi madre, tierna, cariñosa, protectora y…….. una fiera rabiosa cuando la llevas la contraria o la desobedeces.

Pero aparte de eso, una mujer bellísima que a pesar de los años mantiene su hermosura intacta.

Morena, 170 de alto, pelo azabache y unas tetas que son un escándalo. Cuando vamos al mercado, los tenderos la dicen piropos y ella finge enfado pero se ríe por lo bajo, la encanta que la piropeen, eso sí, cuando es de forma agradable.

¡Ahhh! Se me olvidaba el culo, tiene caderas anchas y unas nalgas prietas que quitan el sentido.

Mi hermanita Carolina es…….. no sé como describirla, el sueño de cualquier hombre. De complexión normal, cuerpo bien formado, tetas estupendas, y lo mejor el culo, si el de mi madre es bonito, el de mi hermana ni os lo cuento, tiene unas nalgas que hacen volver la vista a todos los hombres allá por donde pasa.

Pero lo que más me enamora de ella son sus grandes ojazos oscuros, de mirada profunda, que cuando te escudriñan te derrites sin poder evitarlo.

Bueno, y su boquita, porque tiene unos labios carnosos que cada vez que los miro. Uffff, cada vez que los miró solo puedo pensar en una cosa, y ya sabéis a qué me refiero.

Como veréis, es la mujer de mis sueños, 165 de alto, pelo moreno y cuando está de buen humor es la más simpática y divertida. Pero si no, temblad, porque su mala leche acojona.

En fin, que no necesito salir de casa para contemplar monumentos.

Y aquí comienza mi historia que espero acabe gustándoos.

Todo empezó en mi adolescencia, yo era un joven aburrido, solitario, acribillado por el acné y que me mataba a pajas en mi habitación o en el cuarto de baño.

A penas salía de casa, y cuando lo hacía, era para ir a clase o para acompañar a mi hermana o a mí madre para hacer la compra en el mercado.

No tenía motivaciones y mi mayor ilusión era ver la tele, especialmente el fútbol. Aunque siempre que podía, compraba revistas o comics porno para leerlos a escondidas en el baño. Ya os podéis imaginar las veces que me la he cascado estando allí encerrado.

Hasta que un día sucedió algo que cambió por completo mi vida.

Vivíamos en una planta baja que tenía un gran patio al que daban la mayoría de las ventanas de la casa.

Una noche, mi madre me pidió que recogiera la ropa que había dejado tendida en las cuerdas del patio, salí medio cabreado porque había un partido de liga en la tele, y mientras recogía la ropa cagándome en mi mala suerte, vi que se encendía la luz de una de las ventanas.

No sé por qué, pero la curiosidad hizo que me acercará.

Vi una ligera rendija abierta, miré y lo que vi me dejó boquiabierto.

Mi hermana Carolina estaba frente al espejo y se miraba de forma coqueta. Sentí tanta vergüenza de estar espiándola que me alejé sin hacer ruido, pero cuando iba a entrar en casa, algo saltó en mi cerebro y volví sobre mis pasos para mirar otra vez adentro.

Me asomé despacito por la rendija y vi como mi hermana ponía posturitas y se hacía selfies con el móvil.

Al principio eran normalitas, pero después pasaron a ser más sugerentes y provocativas, sacaba la lengua y se acariciaba las tetas por encima de la ropa.

Joder, sin yo quererlo, ver a mi hermanita me estaba excitando.

Me aparté de la ventana y me fui para la casa, estaba mal lo que hacía y no quería continuar mirándola. ¡Coño! Era mi hermana.

A pesar de llevarnos como el perro y el gato la quería un montón y no iba a defraudarla.

Mi madre me vio sentado en el sofá y me preguntó inquisitiva.

  • ¿Has metido la ropa?

Puse cara de tonto y entonces me dijo cabreada

  • Joder, Rafi. Ya te vale. Métela de una vez o la vamos a tener parda.

Salí de nuevo al patio y miré de reojillo a la ventana, seguía con la luz encendida y ya no pude resistirme, me acerqué muy despacito y miré de nuevo por la rendija.

Lo que vi me dejó impactado. Mi hermana seguía frente al espejo y se quitaba la camiseta quedando con un sujetador que a duras penas tapaba sus tetas.

Guau. ¡Vaya tetazas tenía! Nunca se las había visto y ahora las tenía allí tan cerca.

Que se quite el suje, por favor, rogué muy nervioso.

Mi hermana siempre tenía mucho cuidado de que no la viera desnuda y se las tapaba para andar por casa, y cuando íbamos a la playa se ponía bikini porque eso del topless en mi familia estaba muy mal visto.

Me quedé babeando y vi como ponía posturitas, apretaba los pechos con el sujetador puestos y se veía un canalillo que a mí me puso como una moto.

¡Quítatelo! ¡Quítatelo! Repetí mentalmente.

Vi como metía la mano bajo la copa y se las acariciaba para después dejarlas casi fuera.

¡Joder! Se veían un poco las areolas y casi casi los pezones.

Fingió lanzar un beso lascivo al espejo, desabrochó el pantalón vaquero y tiró de él lentamente bajándolo hasta mitad de los glúteos.

¡Que guarrona! Pensé al ver como movía el culo sensualmente bailando frente al espejo.

Mi hermana era un cañón de tía y hasta hoy no me había dado cuenta.

Noté que mi pene crecía y me puse muy nervioso. ¿Y si sale mi madre y me pillaba espiando a mi hermana?

Joder, me harté de valor y dije, a la mierda, yo esto no me lo pierdo.

Me puse de puntillas para poder verla mejor y lo que vi en ese momento hizo que me temblaran las piernas.

Carolina bajó el pantalón, se quedó en braguitas y pude ver perfectamente los cachetes del culo.

Joder, sin ser consciente de ello, metí la mano bajo el pantalón y comencé a acariciarme el miembro.

¡Vaya culazo tenía! Yo viendo porno a escondidas y tenía a mi hermana en casa con un cuerpazo que era la bomba.

Me pegué más a la rendija para no perder detalle y vi como con los pantalones bajados, metió la mano entre sus piernas y comenzóa acariciarse.

Pasaba los dedos por la braguita, apretando con ellos la vulva, y presionaba metiendo la tela hasta que estos se adentraban entre los gajos.

Me di cuenta que estaba sacudiéndome la verga y sentí tanta vergüenza que me aparté de la ventana.

¡Joder! No podía hacer eso a mi hermana. ¿Cómo iba a mirarla a partir de ahora cada vez que me la encontrara por la casa?

Recogí la ropa tendida y la llevé a la habitación de invitados, la dejé sobre la cama y vi que mi erección no bajaba.

¿Qué pasa por ver a Carolina en el baño? Tampoco es tan grave, me dije para justificarme.

Me agarré el paquete con la mano y lo acaricié como un guarro pensando en el bellezón de mi hermana.

Venga, Rafi, pasa de ella. Coge una revista porno y hazte una buena paja. Pensé para convencerme.

Pero la tentación era muy grande y salí de nuevo al patio y me asomé por la ventana.

¡Mierda! Estaba de espaldas y no podía verla, solo un poco de refilón a través del espejo.

Me pegué más a la rendija y vi que tenía la mano metida en la braga y movía mucho los dedos.

De repente echó la cabeza hacia atrás y lanzó un fuerte suspiro.

  • Ummmmmmm.

¿Se estaba masturbando?

¡Joder! Mi hermana también se hacía pajas, no era yo el único pajillero de la familia.

A través del espejo vi el reflejo de su mano metida bajo el sujetador acariciándose el pecho.

Mi hermanita se movía agitada y apretaba las piernas, con su mano bajo la braga.

  • Ummmm. Siiii. Ummmm. – gemía cada vez más fuerte –

Busqué algo para subirme y poder verla mejor, pero no tenía nada cerca y no quería apartarme de la ventana.

Ya no me importaba que fuera mi hermanita a quien espiaba, metí la mano en mi pantalón y empecé sacudirme el miembro con ella.

  • Ummmm, ummmm. – la oía gemir incansablemente –

Mi hermanita se metía mucho los dedos y echaba la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados.

Ver como se tocaba Caro estaba volviéndome loco y aceleré las sacudidas de mi mano.

¡Flop! ¡Flop! ¡Flop! ¡Flop!

Tenía que contenerme para no hacer ruido, si mi hermana se enteraba era hombre muerto.

Estaba tan excitado que por momentos cerraba también los ojos y me mordía los labios, pero oír a mi hermana gimiendo, me despertaba y me hacía mirar con más ganas por la rendija de la ventana.

Los dedos de Carolina se movían dentro la braguita con una velocidad increíble.

  • Ummmm. – volvió a gemir mi hermanita – Siiii. Que bueno.

La veía de refilón, pero sin ninguna duda se estaba metiendo los dedos bien adentro en el coño.

Se inclinó sobre el espejo y le dio un morreo de la hostia, besaba su boca reflejada en el cristal como si fuera la de otra persona.

Con los ojos cerrados, sacaba la lengua y la movía como si quisiera meterla en la boca reflejada en el espejo.

Verla así, tan…tan.. joder, tan viciosilla, me ponía calentísimo y desearía ser yo quien la besara.

Como me hubiese gustado que metiera su lengua en mi boca, que jugara con la mía y mezcláramos nuestras salivas. Ufff. Me ponía malo pensarlo.

Para mí era una total desconocida, pensaba que en mi casa todos eran recatados y serios y yo el único pajillero guarro, y resultaba que a mi hermanita le gustaba igual o más el sexo.

Sin separar los labios del espejo, apretaba sus tetas con una mano y seguía tocándose bajo la braga.

Sus caderas casi convulsionaban, las sacudía con tantas ganas que daba la impresión de que la estuvieran follando.

  • Ummmmm. Siiiii, siiii. – gimió agarrándose a la encimera del lavabo –

Carolina se estaba corriendo y empujaba los dedos bajo la braga hasta el punto que no se veían. ¿Los tenía metidos enteros en su sexo?

Solo imaginar que en lugar de los dedos, mi hermanita tenía entre sus piernas mi polla, hizo que eyaculara salpicando de leche mi mano.

  • Ummmm. – gemí sin poder contenerme –

Vi como mi hermana se giraba rápidamente y miraba asustada hacia la ventana.

Se puso con los brazos en jarras y supe que aquello no era nada bueno.

Aunque no me había visto, me fui sigilosamente y entré a la carrera en la casa, me senté en el sofá a ver la tele y esperé a ver qué ocurría como si fuera un niño bueno.

Al instante, mi hermana vino corriendo al salón y me vio allí tirado, me miró con cara de mala leche pero no se atrevió a decirme nada.

Fiuuu, por los pelos, pensé al ver que se iba.

Pasado un buen rato volvió y se sentó junto a mí a ver el partido.

  • ¿Cómo van? Enano. – preguntó como si la interesara –

Uyyy. Mal rollo, a mi hermanita no le gustaba nada el futbol y sabía que esto iba a traer algún problema.

  • Uno cero. – dije sin explicar quien ganaba –
  • Ah. – respondió solamente –

Ves, me dije. No la interesa el resultado, solo está buscando la forma de darme caña de alguna manera.

Permanecí inmóvil sin hacer ni decir nada. Ya se sabe, camarón que se mueve se lo lleva la corriente.

La miré de reojo y vi como me examinaba con sus maravillosos ojazos negros. Joder, que guapa era. Pero un frio helador recorrió todo mi cuerpo.

Entonces se fijo en un detalle, alargó la mano y cogió la mía con ella.

  • ¿Qué es esto? – dijo señalando una mancha blanca y pegajosa que había entre mis dedos.

¡Joder! Ya la he cagado. Eran restos de semen de mi paja que aun no me había limpiado.

  • No sé. – dije titubeando – Me habré manchado con algo cuando he cogido la coca cola de la nevera.

Un sudor frio recorrió mi cuerpo, si mi hermana averiguaba que la había visto masturbarse y se lo decía a mi madre. Buffff. Mejor no pensarlo. Mi hermana me sacaba los ojos y mi madre me echaba de casa.

Casi sin darme cuenta, vi como Carolina acercaba mi mano a su boca y pasaba la lengua por ella.

¡Wow! Estaba chupando mi semen.

Mi polla se puso tiesa al instante marcándose inevitablemente en mis pantalones. Se había puesto dura como el acero y parecía un barrote mirando al techo.

Vi la cara de asombro de Carolina al observar mi paquete y me puse rojo como un tomate.

  • Puessss, no me sabe a nada. – dijo disimulando sin dejar de mirar el bulto en mis pantalones –

En la comisura de sus labios aún había restos de semen y ella sacó la lengua y los metió para dentro.

Bufff. Mi polla dio un nuevo respingo que Caro observó sin apartar ni un segundo la vista.

En ese momento se levantó para irse a su cuarto pero no dejó de mirarme de reojo.

Mientras se alejaba vi el movimiento de su culo bajo el pantalón y tuve claro que quería verlo de nuevo, pero otra vez como antes, con las nalgas al desnudo.

Lo pensé fríamente y supe que a la ventana del baño iba a sacarla más partido, pero tendría que tener mucho cuidado o mi hermana o mi madre acabarían pillándome.

Mi madre y mi hermana me excitan

Espiando a mamá en el baño