Hola, doctora Milena, este es mi relato real, 100 % real. Algunos cuentan sus fantasías y otros su realidad; yo soy de los últimos.

Vivo con mi esposa Isabel y mi hija Lucila en la planta alta de mi casa, y abajo vive mi cuñada con su hija Trinidad. Me llevo de maravillas con Isabel, su hermana y las nenas, pero desde que mi mujer empezó a trabajar, debo quedarme con Lucila, porque yo me dedico a la cerrajería y tengo mi propio taller en casa.

Y ¿cuál es el problema?, se preguntarán. Luci me ama y es demasiado demostrativa con su afecto hacia mí, lo que comenzó a afectarme. Muchas más veces de lo normal me provocó una especie de atracción que terminó en erecciones tremendas.

Lucila es una jovencita de apenas… pero con un cuerpo increíble, muy desarrollada, y la belleza extraordinaria de su rostro infantil y su cuerpo, increíblemente idéntico al de la madre, me hizo perder el control en varias ocasiones, hasta lograr que mi verga se ponga más dura que con ninguna mujer que haya conocido.

La nena creció tan de golpe y de tal forma que ya no pude evitar mirar esa cola grande y pulposa de reojo. Y lo peor es que ella no es ajena a lo que me pasa, se da cuenta. Cuando siente mi verga durísima al sentarse sobre mí, hace todos los movimientos posibles para restregar el culo en eso que tanto placer le causa.

Con el paso del tiempo, el «afecto» desmedido de mi hija se intensificó, al punto de dejarme al borde de acabar.

Esa mañana Isabel fue a trabajar como de costumbre, a las 7, pero me dijo que recién acababan de avisarle que debía quedarse hasta las 6 de la tarde. Eran 12 horas sin ella. Apenas salió, me preparé una línea de merca para enfrentar la incómoda situación que tenía por delante. La tomé y el día cambió por completo.

Salí de mi cuarto y quise estar seguro de que Lucila aún dormía. La espié por la ventana que daba al patio y me dejó mudo lo que estaba viendo: la nena se estaba haciendo una paja, moviendo frenéticamente la mano bajo la ropa interior. Y hacía un buen rato que había empezado, porque tenía el cuerpito cubierto de transpiración.

Traté de olvidar la escena y fui al comedor para mirar la tele.

—Hola, papito. ¿Me extrañaste? —Buen día, princesa. Claro que sí. ¿Te sentís bien, Luci? Estás transpirando como si tuvieras fiebre. —No, papu, es por el calor… —¿Por el calor? ¿Estás segura? —¿Y por qué va a ser, papi?

Le dije que fuera a vestirse, porque se había levantado solo con la bombacha que usó para dormir y no estaba acostumbrado a verla así, casi desnuda.

—No, no quiero, me estoy cagando de calor. ¿Te molesta verme así? —me preguntó con una sonrisa que jamás había visto en ella. —¿Si me molesta? ¡Jajaja! Soy tu papá, mi amor, podés sacarte todo, te veo desnuda desde que naciste. —¿En serio? ¿Me dejás que me quite esta cosa? Está muy mojada. —Ahora que no está tu mamá, hacé lo que se te ocurra. Además, esa bombachita empapada en sudor puede hacerte mal. Como vos quieras… —Gracias por ser tan bueno, papito. Te amo con todo mi corazón. —Uuuh, vas a enamorarme con las cosas tan lindas que decís… —Yo sí estoy enamorada de vos, pa… —Mmmmm… no sé… deberías demostrármelo… —¿Y cómo? ¿No ves que te amo? ¿Qué tengo que hacer para que me creas? —Unos mimos, unas caricias que me gusten. Con eso te creería. ¿No ibas a sacarte esa ropa sucia, mamita? —Aaah, me olvidé. ¿Y qué clase de mimos son los que te gustan?

Se arrancó la tanga de un tirón y me la arrojó justo en la cara, sin parar de reírse a carcajadas. La dejé y aproveché para oler la fragancia exquisita que emanaba de la prenda sucia. El aroma a bebé mezclado con el suave olor de la conchita me extasió y la verga se me paró bajo la ropa interior, que era lo único que tenía puesto.

—Aaaaaay, papiiiiiiii…!!! ¿No te da asco? ¡Sacate eso, por favor! —¿Sabías que tu conchita huele muy, pero muy rica? —¡Papaaaá! ¡Nunca me dijiste eso! —Ahora te lo dije, Luci. Estoy en la espera de esos mimos. ¿O no me amás? —Por supuesto, papi. ¿Querés que te haga unos masajes? —Dale. ¿Vamos a mi habitación?

Y la invité a caminar delante de mí. El culo gordito de mi propia hija me excitó como nadie lo había hecho. Los glúteos se bamboleaban y la verga se me ponía re dura. Le dije que me esperara en la cama porque iba a buscar algo. Agarré una cerveza helada y serví otra línea en la mesa. Me sentí muuuy bien y regresé.

—¿No es temprano para tomar eso?

No le respondí y tomé un trago que hizo temblar la botella. Me acosté y le recordé lo que habíamos hablado.

—Sí, papi, ¿dónde te masajeo? —En las piernas. Y después más arriba. Así, mamita… ahora subí… —Tenés el pito ahí… papá… —No te hagas la pelotuda. Te cansaste de hacer que se me pare, y hoy vas a probarlo. Abrí la boca.

La agarré del pelo y la cogí por la boquita hasta que un chorro inmenso de leche la hizo ahogar, pero se tragó todo, y el semen que se le derramó lo junté y se lo hice tragar también. Esperaba que se enoje, pero me pidió que le diera más y más…


Hola amigos padres de Argentina, México, Venezuela, Colombia y España que tienen fantasías con su hija adolescente: ¿Si está provocativa y te masturbás con sus braguitas usadas, la espiás en la ducha, se pasea en ropa provocativa por la casa? Solo escribime y te daré unos fáciles consejos caseros. Si te visita los fines de semana o vivís solo con ella será muy fácil… solo escribime.

Soy Milena, mujer española de 45 años, sexóloga experta en temas tabú. Mi correo es: milena1010altamirano@outlook.com