María cerró la puerta del baño, llegó al salón y se subió a la cama, gateando hasta quedar sobre Adrián. En la mano, el tanga negro arrugado, que había recogido del suelo del baño y que aún estaba tibio y con humedad reciente.
- Mira lo que me he encontrado – susurró, dejándolo caer sobre su pecho desnudo.
Gloria, la hermana de María, dormía en la cama de al lado. Estaban en la casa de la playa, donde un gran salón ocupaba la mayor parte de la casa. Dos grandes sofás-cama eran el escenario de los últimos ratos del día, y era habitual que los tres juntos viesen series por la noche hasta dormirse.
Gloria era una adolescente normal, diez años menor que María. Dormía tranquila con su hermana mayor y su cuñado. Siempre iba sin sujetador, con tops muy cortos, dejando ver bien la forma y el volumen de sus pechos
Adrián tragó saliva. La polla dio un salto bajo los calzoncillos de pata suelta.
Adrián siempre había sido sincero con María sobre lo cachondo que lo ponía su hermanita. No era necesario fingir con María. No pretendía follarse a su cuñada, aunque a menudo disfrutaba de empalar a María imaginándolo.
Su mujer le bajó el calzón sin avisar, dejando que la polla se soltara, creciendo a toda velocidad.
María le restregó el tanga directamente en la cara, frotándole el encaje húmedo sobre la nariz y la boca.
- ¿Te gusta cómo huele tu cuñadita, cerdo? — le susurró, girándole la cara para que la mirase.
Gloria dormía de espaldas a ellos, sólo los pies tapados con la sábana. Las bragas se habían metido por la raja de su culo adolescente, iluminado por la imagen en la gran pantalla del salón. En su espalda se podía ver que el escaso top con el que se había dormido estaba subido, probablemente dejando ver al otro lado la parte baja de sus tetas. Entre sus piernas aparecía su mano, con los dedos cayendo sobre el muslo izquierdo.
Adrián gimió bajito. María le envolvió la polla con la tela y empezó a pajearlo. El encaje raspaba, atrapando gotas de preseminal en los hilitos negros. Cada vez que subía y bajaba, la tela absorbía un poco más.
- ¿Quieres metérsela? —le preguntó María, con voz sucia y menos susurrante. – Te ha intentado engorilar en la piscina, pero no le hacías caso – Se la sacudió más fuerte, flap, flap. – Por eso quería que fuésemos a la playa, la muy zorra…
Adrián cerró los ojos.
- Ha! – Rió Adrián, para luego susurar – Sí, claro.
- ¿Sí qué?
- Que quiero metérsela.. uf..
- ¿Quieres follarla en esta misma cama? ¿Quieres abrirle el culo mientras le tiras del pelo? ¿Quieres azotarle esas tetas de puta mientras le llenas la boca? Lo primero que ha hecho al llegar a la playa es sacarle las tetas y ponértelas en la cara…
Adrián gimió otra vez, más fuerte. María apretó más el tanga contra la polla.
- ¿Quieres preñarla, cabrón? – Flap flap flap flap – ¿Quieres meterle un hijo mientras le marcas el culo a mano abierta?
- Que cerda eres coño… – Dijo Adrián, susurrando al oído de María para que ella bajase su volumen de nuevo – Boca sucia…
La polla resultaba enorme en la pequeña mano de María. Se la machacaba con ansia, con prisa. Quería embadurnar el tanga de su leche cuanto antes.
- Imagina tu leche en sus tetas.. Ahora mismo está para que vayas a follarle el culo…
Adrián apretó los dientes. María se acercó a su polla y le escupió en la punta, mezclando saliva y líquido preseminal. Flap flap flap…
- Yo le abro las piernas y tú le rellenas el coño… Yo la sujeto por las tetas y tú le azotas la cara mientras te corres dentro… Y mientras la tienes ensartada, la obligo a comerme el conejo hasta correrme en su cara…
Adrián no pudo más. Se corrió fuerte, a borbotones, manchando el tanga, su barriga y las sábanas. María no paró hasta dejarlo seco, restregándole el tanga por la polla y los huevos, y recogiendo con él toda la corrida posible, que, por su tamaño, no era mucha.
Adrián se durmió enseguida.
María sigue despierta un par de horas después. Lo huele. Lo tiene apretado entre los dedos, dándole vueltas como si fuera un talismán. El tanga negro de Gloria, con esa tirita fina que todavía guarda un leve cerco seco y ambarino. Empapado de la leche de Adrián.
Recorrió con los ojos la espalda, el culo y los muslos de su hermana pequeña. La polla de Adrián volvía a estar en pie de guerra. María se imaginó de qué iban los sueños que provocaban eso y le hizo gracia pensar que estaba a solas con la polla de su marido despierta.
María se acertó otra vez el tanga a la nariz y le pegó un lengüetazo rápido. Salado. Sudor mezclado con restos de flujo y mucho semen. Se lo pasó por la cara, cerrando los ojos, apretando el puente del tanga contra la nariz mientras el dedo del otro lado se perdía bajo sus bragas, frotando un clítoris que llevaba días como una piedra.
Olía a los dos que dormían. Su marido y su hermana. Los miró mientras se metía dos dedos, ya empapada. Veía el culo de su hermana en la cama de al lado y la polla de Adrián bajo el calzón. Paró de masturbarse para apartar el calzón y liberar el rabo de su marido. Así, que, si se despierta, Gloria la vea bien, pensó.Bajó un poco en la cama hasta que tuvo la visión perfecta que buscaba: la polla de Adrián empalmada en primer plano, contra el culazo de su hermana en segundo. La muy guarra se ha dormido con la mano entre las piernas. Seguro que se ha hecho una paja lenta haciéndose la dormida.
La polla trempó varias veces. Cada vez que pensaba en Adrián metiéndosela a Gloria mojaba las bragas más rápido que con un suscriptor pagando el premium anual.
Aceleró su paja, con el tanga de su hermana en la cara como una máscara, y la otra mano ya empapada.
- Eres una puta de mierda. – se dijo en voz no muy alta, y le tembló la voz de la risa y la excitación. – Zorrra… quieres ver a tu marido reventar a tu hermanita -. El dedo entraba y salía, muy rápido y casi torpe, resbalando.
Se dio cuenta de que no se había cortado las uñas y cada vez que se metía a fondo sentía el arañazo. No paró.
Chupó el tanga de nuevo como un caramelo. Su lengua repasó el centro, la zona exacta donde había estado pegado al coño de Gloria toda la tarde. Pegó un escupitajo rápido sobre la tela y se la pasó por los pezones.
- Puta, puta, puta – repitió como un mantra mientras se daba cachetadas en el coño, con el tanga chorreando baba entre los dedos.
Pensó que era una lástima no haberse grabado para publicarlo mañana en el Reservado, mostrando cómo el tanga ajeno se empapaba con su propia corrida. Plaf, plaf, plaf, se azotó la raja. Volvió a follarse con los dedos. Mañana grabaré una paja hablando de mi hermana, les va a encantar. Volvió a mirar la polla de Adrián enmarcada por el culazo de Gloria
- Puta, puta zorra… – Se repitió. Y llevó el tanga, ya empapado por la corrida de su marido, a su coño para frotárselo y acabar la faena. Mejor grabamos cómo se la folla mientras me come el coño, eso les gustará más, pensó, explotando en una corrida que dejó un cerco en la cama del tamaño del culo de Gloria.
Gloria removió el café sin necesidad, mirando a su hermana María.
- ¿Dormiste bien? —preguntó María, rompiendo el silencio.
- Sí —mintió Gloria.
- ¿Seguro?
Gloria asintió rápido. Demasiado rápido. María alargó la pierna bajo la mesa y le rozó el pie. No fue casual. Gloria pegó un salto pequeño.
- Tranquila, hermanita! – dijo María, divertida por la reacción. – Oye, que se lo dije a Adrián anoche, después de que te durmieras.
- ¿El qué?
- Que te vas a venir a vivir con nosotros.
- Tía… ¿Cómo que se lo “dijiste”? ¡Se lo tenías que preguntar!
- Ha! Sí claro, se lo voy a tener que preguntar…
- Pues claro – Respondió Gloria, poniéndose roja y bajando la vista al café, con mal gesto.
- No había que preguntarle. Después de tu exhibición por la mañana en la playa, en la piscina después y encima el jacuzzi
- Tía – ahora Gloria estaba roja como un tomate radioactivo – No di ninguna exhibición.
María se levantó, rodeó la mesa y la abrazó por detrás.
- Pues claro que te vienes con nosotros a casa, pava… Pero quiero hablar contigo de eso luego, en la terraza. – Le dijo, plantándole un pequeño beso en los labios – Creo que te va a gustar la idea.
Continuará.