Capítulo 1
Marina se levantó y fue al trabajo como cada mañana, pero después de media hora, había surgido un problema y les habían mandado a casa, tenía que teletrabajar hasta que estuviese todo solucionado.
Llegó al piso, y para no hace ruido y no molestar a su sobrino, se puso a trabajar en la mesa de la terraza.
Allí estuvo un buen rato hasta que le pareció escuchar que Dani la llamaba, fue al salón y a la cocina, vio que allí no estaba, y se dirigió a la habitación de su sobrino yendo por la terraza.
Cuando se asomó, se llevó el mayor susto de su vida, Dani estaba en la cama desnudo y tenía la verga en una mano y su braguita en la otra.
Quiso entrar, darle un coscorrón y preguntarle para qué la quería, pero vio que rodeaba su polla con ella y la usaba para hacerse una paja.
Menudo cerdo impresentable, pensó al ver semejante barbaridad, su sobrino era asqueroso.
Pensó en echarle de casa y mandarle otra vez con sus padres, que le aguantasen ellos y le educasen como es debido. Pero al oír como gemía, sintió un cosquilleo entre sus piernas y se quedó embobada contemplando cómo se sacudía la polla con su fina braguita rodeándola.
Al ver como Dani olía la tela y colocaba la felpa en contacto con el glande, sintió algo desconocido, notó que su sexo se humedecía y se mojaba sin querer la braguita que llevaba puesta bajo el pantalón en ese momento.
Se sintió tan excitada que se quedó mirando fijamente al tiempo que acarició su vulva por fuera, la apretó con los dedos y frotó una pierna contra la otra.
Se le escapó un pequeño gemido y se sintió desarmada, incapaz de responder a la guarrada que hacia su sobrino, se escondió como pudo y siguió mirando como Dani se pajeaba con su braga.
Observó como él movía las caderas como si estuviera follando, las subía, las bajaba, y deslizaba la polla entre la tela como si estuviera penetrando un coñito en vez de rozando su braga.
Se notó muy húmeda y metió la mano bajo el pantalón para acariciar su sexo mojado.
Siempre había sido una chica formal, no había tenido relaciones, solo con uno del trabajo con el que quedó cuatro días y acabó mandando a la mierda. Era un pervertido que no quería una relación seria, lo único que buscaba era acabar follando con ella.
Pero eso no, de ninguna manera, ella era una mujer casta, de las de antes, se mantenía virgen y pura para llegar al matrimonio y que la desflorase su marido.
Ni masturbarse se permitía siquiera, lo hizo una vez en la cama y se avergonzó durante muchos días.
Por eso ahora no entendía qué la pasaba.
Estaba viendo a Dani, y en vez de echarle de casa, le miraba embelesada y notaba cómo su sexo se humedecía y se tocaba el coñito por encima del pantalón y la braga.
Soltó un leve gemido, desabrochó la cremallera y apretó la braguita con los dedos hundiendo la tela en su caliente y encharcado sexo.
- Aaahhhh. – suspiró tapando su boca –
Miró otra vez hacia adentro y vio con estupor como su sobrino meneaba su verga más deprisa, apretando la telilla de la braga con firmeza.
Se excitó tanto que perdió el control y se metió los dedos más adentro, introduciéndolos entre sus labios vaginales que notaba blanditos y suaves.
Cerró los ojos y suspiró al sentir un placer desconocido, una turbación que la embriagaba.
Pero oyó gemir a su sobrino y los abrió enseguida, viendo con fascinación que se corría, que echaba la leche en su braga tiñendo la tela de blanco.
Marina apartó la braguita un poquito y recorrió la rajita con el dedo recogiendo los juguitos que salían a chorros de su coño.
- Ahhhh. – gimió otra vez sin quererlo –
Llevó la mano a sus labios y tocó el dedito mojado con la puntita de la lengua, estaba llenito de flujos y lo rodeó con los labios.
Miró otra vez hacia dentro y vio el miembro de Dani que aún escupía semen en la tela, empapaba su braguita negra y él frotaba el capullo contra la zona donde ella había tenido anoche su sexo.
Sintió un escalofrío y no pudo contenerse, chupó su dedito, recogió sus juguitos con la lengua y después lo rodeó con los labios y lo mamó como si fuera una verga.
- Aaahhhh. – gimió mientras temblaba todo su cuerpo –
Era algo nuevo para ella, algo totalmente desconocido, estaba teniendo un orgasmo y era el segundo de su vida, pero éste era mejor que el primero, ni punto de comparación, el otro lo tuvo con vergüenza y con miedo y éste lo estaba disfrutando y no se avergonzaba por ello.
Arqueó un poquito las piernas y metió la manita bajo la braga, notó el roce de sus pelitos y los pliegues del clítoris en sus dedos. Los separó y se acarició muy despacio, con miedo a hacerse daño, pero en cuestión de segundos, frotó sus dedos con fuerza apretándose el botoncito del coño.
- Ahhhhh. – gimió como loca –
Miró por la ventana y vio que Dani ya no estaba, había salido del cuarto y podía pillarla infraganti masturbándose en la terraza, sacó la mano corriendo, se abrochó el pantalón y fue a sentarse a la mesa para fingir que trabajaba.
Pensó qué hacer con su sobrino. ¿Le mandaba a Madrid? ¿Le decía que era un guarro y un pervertido? ¿O fingía que nada había pasado?
Cerró el portátil deprisa, recogió todas sus cosas y salió por la puerta sin hacer ningún ruido, prefería meditarlo antes de tomar una solución tan drástica.
Bajó a una terraza junto a la playa, pidió un café, media docena de churros y se sintió relajada, no estaba ofendida, ni indignada, ni siquiera enfadada, tenía una sensación de paz que nunca antes había conocido.
Dio un paseo, vio a Dani en la playa y una idea asaltó su cabeza. Volvió a casa deprisa, fue directa al baño y revolvió en el cesto de la ropa sucia hasta encontrar su braguita.
El pillín la había escondido metiéndola muy adentro, sonrió sin quererlo y pensó que solo había sido una trastada, pero al tenerla en la mano miró la telilla por dentro.
Buffff. Su coñito volvió a humedecerse de nuevo, se veía la leche de Dani cubriendo toda la tela. La tocó con un dedo y vio que estaba empapada por dentro y por fuera.
La llevó a su nariz e hizo una inspiración profunda. Nunca antes había olido el semen ni lo había tenido tan cerca.
Se puso nerviosa y osó llevar la braguita a su boca, sacó la puntita de la lengua y rozó con ella la tela.
- Uffff. – suspiró al notar el semen en contacto con su lengua –
Hubiese metido la braga completamente en su boca, pero sintió tanta vergüenza, que cogió toda la ropa y la metió en la lavadora.
Continuó trabajando en la terraza hasta que llegó su sobrino, entonces vio como él miraba en dirección a la ropa intentando localizar la braga.
Marina sonrió satisfecha, la había puesto en primera fila para que su sobrino la viera.
Fingió no hacer caso, pero vio como él se aproximaba a la ropa para comprobar que en la braga no había quedado mancha alguna.
Al ver que Dani emitía un suspiro de tranquilidad, se sintió un poco confusa. ¿Tenía que haber dejado la mancha para ver cómo reaccionaba su sobrino al verla?
No entendía el motivo, pero este juego que mantenía con él la resultaba agradable y la excitaba un poquito, de hecho, notó un cosquilleo en su sexo que la hizo pensar cómo provocarle de nuevo.
Para su sorpresa, fue él quien llevó la iniciativa.
- Tía. – dijo acercándose a la mesa – ¿Por qué no vamos esta tarde a la playa?
Marina lo sopesó y creyó que sería buena idea, ella no iba nunca porque no la gustaba estar sola, la molestaban los mirones y cualquiera que se pusiera muy cerca, además, tenía la piel tan blanca que el mínimo rayo de sol la quemaba.
- Vale. – respondió levantando la vista del portátil donde trabajaba –
Comieron, vieron la tele y a eso de las seis de la tarde Dani le dijo a Marina.
- Vámonos tía, que ahora es cuando se marchan los guiris y la playa está más tranquila.
Fueron a sus habitaciones a ponerse los bañadores, y mientras Dani se cambiaba, no dejaba de pensar en su tía. ¿Haría topless? ¿Llevaría tanga?
Deseaba verle las tetas blancas con sus pezoncitos oscuros. Pero algo deseaba más que nada en el mundo, poder tocar de algún modo sus pequeños piececitos perfectos.
Salieron de casa y ella llevaba un vestido que tapaba todo su cuerpo.
Vaya desperdicio, pensó Dani al verla, con el cuerpazo que tenía y vestía como una monja.
Al llegar a la playa, Marina se quitó tímidamente el vestido, notaba la mirada de su sobrino en su cuerpo y sentía mucha vergüenza.
Se quedó en bañador y vio como éste ponía mala cara. Se tumbaron en las toallas y Marina se tapó con un pareo.
Dani miraba a su tía y se ponía de los nervios. ¡Vaya mierda de ropa! Él, que esperaba verle las tetas, se quedaba con las ganas y tenía que recordar cómo las había visto la noche anterior en su cuarto.
La juventud es muy mala y se tiene poca paciencia, al final se armó de valor y dijo lo que pensaba.
- Tía, tienes que quitarte el pareo, con el cuerpazo que tienes….
- ¡Dani! No digas eso. – exclamó ella fingiendo enfado –
Aunque lo cierto es que lo dicho por su sobrino la había excitado muchísimo.
- Jo. Tía, el cuerpo necesita vitamina D y así no vas a pillarla.
Marina se quedó boquiabierta, su sobrino la invitaba a quitarse la ropa pero le daba mucha vergüenza.
- Ya, pero… – intentó buscar una excusa –
- No hay peros que valgan. – contestó Dani decidido – Venga, quédate en bañador para que te pongas morena.
Se incorporó un poco, se quitó el pareo y vio que su cuerpo estaba blanquito como la leche.
Cuando iba a taparse de nuevo, oyó decir a Dani.
- Si quieres te doy crema antes de que te quemes.
Marina entró en shock de repente, ningún hombre había tocado antes su cuerpo.
Pero no la dio tiempo a pensar, antes de decirle que no, su sobrino estaba ya junto a ella y derramaba la crema sobre sus piernas.
Vio un reguero de cremita blanca cayendo, y la imagen del semen de su sobrino machando la braga volvió a su cabeza.
- Mmmmmm. – suspiró al notar la mano de Dani extendiendo la crema sobre su pierna –
Éste, la subía lentamente por la rodilla en dirección a su muslo.
Notó que una llama se encendía en su útero y su coñito segregaba un torrente de flujos.
Cerró las piernas corriendo por si mojaba el bañador con sus jugos y su sobrino llegaba a verlos.
- No, no,…no es necesario. – musitó, aunque deseaba lo contrario –
Las caricias en sus piernas la estaban haciendo efecto, las manos esparcían la crema sobre su piel produciéndola un placer inmenso.
No quería que parase, deseaba sentir esos dedos deslizándose por el interior de sus muslos.
Se apoyó sobre los codos, cerró un poco los ojos y dejó que su sobrino jugase con ella, le daba igual todo, sus creencias, sus ideas, ahora la estaba acariciando su sobrino y el suave roce de sus dedos la gustaba muchísimo, podría seguir así todo el día.
Al notar que se aproximaba al bañador, en un acto reflejo separó un poquito las piernas.
Tócame más adentro, deseó decir pero no llego a salir de su boca. Quería que Dani la tocara, que hiciera cuanto quisiera con ella, no iba a protestar y estaba a todo dispuesta.
Los dedos de su sobrino se deslizaron por sus muslos hasta llegar al borde de la tela, podía notar el bañador mojado allí donde tocaba su sexo, pero en ese instante no la importaba, había perdido la cordura e incluso quería ofrecérselo.
Su respiración se aceleró de tal manera que su pecho subía y bajaba, abrió un momento los ojos y vio sus pezones erectos marcados sobre la tela.
Los cerró de nuevo, no quería verse en ese estado pero tampoco deseaba dejarlo, miró a Dani y vio que la miraba ansiosamente las tetas y se mordía los labios.
Bajó la mirada y observó un bulto enorme bajo el bañador de su sobrino, se notaba la verga erecta apretándose contra la tela.
Siii, eso la puso cachonda, era la misma que había visto horas antes salpicando de leche su braga.
Cuando Dani extendía la crema rozando su sexo, bajó las manos de golpe y las llevó a sus tobillos.
No, ahí no – quiso pedir a su sobrino – Sigue tocándome donde antes. Pero se mantuvo en silencio mientras él masajeaba sus dedos.
Dani no lo creía, estaba acariciando a su tía, deslizaba las manos nervioso y se aproximaba mucho a su sexo, le hubiese gustado tocarlo, al menos rozarlo un poquito por fuera, pero pensó que ella se enfadaría y abandonó esa zona tan cálida para masajear su tobillos.
Tenía la verga erecta y un calentón del carajo, ni en el mejor de sus sueños hubiese imaginado que esto podría ocurrir al venir de vacaciones con su tía, había visto a Marina desnuda, se había pajeado con su braga y ahora acariciaba sus piernas y por fin iba a tocar lo que más deseaba, sus maravillosos piececitos perfectos.
Los cogió entre sus manos y confirmó que eran una delicia, rectos, pequeños y escalonados del gordo al meñique, casi se corre de golpe al tocarlos con sus dedos.
Le hubiese gustado metérselos en la boca y chuparlos delante de todos, le daba igual qué pensaran, ese era su fetiche y deseaba muchísimo hacerlo.
Lo tenía muy claro desde hacía muchísimo tiempo, había dos cosas que le volvían loco, una, le encantaba que le chuparan la verga, y otra, acariciar los pies femeninos.
¡Ojala pudiese hacer las dos cosas con Marina durante las vacaciones!