Isabel, mi abuela

Mi abuela Isabel, nunca volvió a ser la misma después de la muerte del abuelo cuatro años atrás, mamá decía que estaba en una depresión y por eso había cambiado tanto, yo la recordaba como una mujer muy dulce que siempre me hacía cariño, me traía regalos y caramelos, sobre todo en los tiempos de navidad y Halloween, así que yo la quería mucho, pero cuando cumplí los dieciséis, sucedieron varios hechos que me sobrepasaron y lo increíble e inexplicable pasó.

Mamá me mandaba de tanto en tanto, una o dos veces por semana a visitar a la abuela que vivía sola y no aceptaba que alguien se fuera a vivir con ella, nuestra casa está a menos de siete cuadras de la casa de ella, así que yo con mi bicicleta no me demoraba prácticamente nada en llegar a su casa, mi abuela Isabel me permitía quedarme con ella algún fin de semana o cuando no tenía que concurrir al colegio, siempre me daba dinero para ir a comprar algunos dulces en la pastelería cercana.

Yo y todo el mundo sabíamos que la abuela bebía desde la muerte del abuelo, le gustaba el whiskey, nunca le faltaba una botella de buen Chivas, esa tarde yo iba con la intención de quedarme con ella, pues ya lo habíamos concordado por celular, el cálido clima primaveral me acompaño hasta su casa, tomé la costanera sur y en menos de diez minutos ya estaba llamando al citófono de la abuela, se demoró un poco en abrirme y por el tono de voz, supuse que había estado bebiendo.

Me esperaba en el umbral de su casa, en el antejardín, tenía un vaso de color azul e imaginé que se había versado una generosa cantidad de su bebida preferida, el olor característico se percibía en el aire:
—¡Hola! abueli … ¿Cómo estás? …
—Bien, hijo … bien …
La abuela que es una mujer madura, en su juventud fue Miss Chile, es decir fue una mujer muy hermosa y aún conserva rasgos de su belleza, a sus cincuenta y seis años, diría que podría ser consideraba como una sexy mujer adulta.

Estaba vestida con una bata antigua de color verde pastel que le sentaba muy bien, con sus cabellos claros y sus ojos celestes, pero estaba un poco abierta y me pude dar cuenta que no llevaba sujetador ni bragas, no se le veía nada vistosamente, pero sus senos un poco caídos y los vellos de su pubis se mostraban al caminar o en ciertas poses que ella tomaba también evidenciaban su intimidad, como adolescente mi verga se sacudió reaccionando espontáneamente:
—¿Quieres un trago, Fredo? …
Mi nombre es Alfredo, pero todo el mundo me llama Fredo:
—No abueli … quizás luego un poco de jugo …
Era la primera vez que la abueli me ofrecía de beber con ella, de repente me sentí más adulto, entré e inmediatamente me fui a ver la Televisión, la abuela tiene uno de los plasmas más grande que yo he visto, con pantalla un poco circular, me fascina ver películas en esa pantalla gigante y un poderoso sonido envolvente, además, conectada al cable, así que me puedo ver las últimas películas de Netflix:

Vi que la abueli de un solo trago dejaba vacío su vaso, su andar era un poco incierto, vino a sentarse sobre el diván y el cordón de su bata cedió totalmente, así que me encontré con mi abuela casi desnuda de frente a mí, al darse cuenta de que estaba casi pilucha delante al nieto, se alborotó un poco, pero luego esbozo una sonrisa divertida, mientras trataba de cubrir su desnudez, pero no podía porque estaba pisando con su pie parte de la bata y no lograba cubrirse, rápidamente la tomé del brazo y la ayudé a levantarse, ordenar su vestimenta y cubrirse:
—Gracias Fredo … son los años, ¿sabes? … y ya no tengo al abuelo para que me ayude …
Se dirigió al mueble bar de la sala y vertió otros dos dedos de licor en su vaso:
—¿Quieres beber conmigo, Fredo? …
Sus ojos vidriosos, estaban tristes y cansados:
—No abueli … no quiero … y … quizás sea mejor que tú también no bebas más por hoy … se te ve un poco mareadita …
—Está bien … será el último vaso … pero tienes que hacerme compañía …
Así diciendo extrajo otro vaso del mueble y me versó una generosa cantidad de whiskey, me puse un poco nervioso porque yo no bebo, pero si es para que la abuela deje de beber, acepté con una cierta reticencia:
—Bravo nietecito lindo … bravo …
Me dio un poco de asco al principio, pero me bebi el vaso de licor junto a la abuela, inmediatamente me empecé a sentir mareado:
—Fredo, me voy a dormir … acompáñame, por favor …
Acompañé a la abuela a su dormitorio matrimonial, una cama King Size con sabanas de seda de color negro que hacían resaltar su piel blanca, la abuela se desmoronó sobre la cama, tratando se acomodarla, su bata se abrió y otra vez me encontré con mi abuela desnuda, siendo dificultoso acostarla cómodamente con esa bata que se enrollaba bajo de ella, se la saqué y quedó totalmente desnuda, a la tenue luz de su lampara de velador, la contemplé y me encontré con que la abuela era muy bella todavía, acerqué mis manos a sus senos y estaban un poco caídos, pero eran solidos y pesados, tenía que tomar una teta a la vez con mis dos manos, la abuela exhalaba suaves ronquidos y dormía profundamente, acerqué mi rostro a sus pechos y pase mi lengua en ellos, me pareció que sus pezones reaccionaron y respondían endureciéndose, los mordí ligeramente y un gemido salió de los labios de la abuela, la miré fijamente, su respiración era compasada y normal, así que seguí magreando sus hermosísimas tetas.

Me recordé de una película que vi en su plasma tiempo atrás, donde Jane Fonda a su madura edad, lucía un diminuto bikini, esa vez se me paso por la mente que quizás la abueli lucía así si se cuidara un poco más y no bebiera demasiado.

Mi verga bramaba bajo mis shorts, arrodillado como estaba me incliné en su velludo bajo vientre y sentí el olor de su panocha, con mis dedos exploré esa hendidura y acaricié esos gruesos labios hinchados, dos de mis dedos se perdieron en su profundidad, la abuela volvió a quejarse, pero no había otra reacción, su chocho estaba muy mojadito, quizás había orinado de reciente, pensé.

Me recosté a su lado, me baje los shorts y comencé a masturbarme al lado de mi ignara abuela, volví a arrodillarme a su lado para jugar con sus voluminosas tetas mientras me pajeaba, de nuevo metí un par dedos en su conchita, la abuela abrió inconscientemente un poco sus muslos y eso fue para mi como una invitación, me coloqué entre sus longilíneas piernas y poco a poco me fui bajando hasta enterrarle mi pene en su encharcada vagina, se sentía caliente y me asombro que fuera todavía un poco estrecha, quizás el poco uso, pensé.

No necesité mucho tiempo en correrme con un poderoso flujo de semen, pero a mi joven edad, una no es ninguna, así que me magree un poco mi pene y volví a metérselo hasta los cojones, la abuela gemía de vez en cuando, pero no se despertaba, esta vez sí que me goce su chocho por un buen rato y luego otra segunda descarga de esperma me dejo mi pene flácido y sin fuerzas.

Me fui a ver la tele y ahí me quedé dormido hasta la mañana siguiente, me desperté con un fuerte dolor de cabeza y la tele estaba apagada, solo la abueli podría haberla apagada, lo que quiere decir que ella esta levantada, de pronto la vi que caminaba raudamente hacia la cocina ¡Totalmente desnuda!, esto no puede ser, ella sabe que yo estoy aquí, la sentí que volvía y entró con su majestuosa desnudez, luego se detuvo de improviso como si me viera por la primera vez e intento cubrirse sus tetas y su chocho que lucía completa y espledidamente depilado:

—¡Umpf! … ¡Uy! … perdona …

Salió despavorida de la sala, yo no entendía nada, pero deduje que ella tampoco tenía las ideas muy claras, sobre todo de lo que había pasado anoche, esto en un cierto sentido me tranquilizó, al cabo de unos minutos volvió a aparecer, esta vez con un magnifico camisón que le llegaba a los tobillos, pero la particularidad es que era bastante trasparente y no escondía nada de la belleza de mi abuela, la miré de arriba abajo y ella me devolvió esa sonrisa suya llena de afecto hacia mí su nieto favorito.

La abuela me preparó un suculento desayuno y nos sentamos a charlar de los más variados tópicos, mi ojos se iban de cuando en vez a sus tetas que zangoloteaban libres bajo la prenda, ella había cruzado sus maravillosas piernas y gozaba de mis dichos y aventurillas, luego nos alzamos y la abuela dijo que necesitaba dar un paseo, así que se vistió con un par de ajustados jeans, una remera que aguantaba a mala pena sus carnosas y abultadas tetas y unas cómodas zapatillas de marca, salimos a la calle y nos fuimos caminando por la orilla del rio, había muchas personas haciendo footing, gente en bicicleta como yo, y otros transeúntes que circulaban por la ribera del rio, llegamos a una especie de plaza y la abuela dijo que quería descansar unos minutos porque no estaba habituada a caminar tanto, estuvimos ahí por unos veinte minutos y después retomamos el camino de regreso a casa.

El espíritu y estado de animo de la abuela parecía cambiado, la veía con su tez lozana, parecía rejuvenecida, volvimos a casa, yo me fui a duchar y la abuela dijo que prepararía algo de almuerzo y se fue a la cocina, yo luego de la ducha me senté frente al plasma.

Un poco sediento me levanté y me fui a la cocina por un poco de jugo, me encontré a la abuela con un vaso a mitad de whiskey y sentada a una silla con sus rodillas juntas y sus piernas separadas, se apoyaba a la mesa de la cocina y miraba al suelo como derrotada, me miró levanto su vaso de licor:
—Gracias por el magnífico paseo, nietecito mío …
—¡Oh! abueli … ¿no me digas que vas a comenzar a beber otra vez? … ¡por dios! …
—¡No te inmiscuyas en lo que no te incumbe! … ¡No te metas en lo mío! …
Me dijo con voz tranquila pero firme, la sentí apesadumbrada, ya no era la abuela de esta mañana llena de energías positivas, una vez más se había derrumbado en su depresión, sin la capacidad ni criterio para lidiar e influir en una persona adulta, me encogí de hombros y dejé a la abuela tranquila en la cocina y volví a ver películas.

Cerca de una hora y media después, llamaron a la puerta, era un delivery de Pizzas con un pedido que probablemente había hecho la abuela, recibí todo los que me entregaron y me fui a la cocina, mi abuela estaba casi en la misma posición en que la había dejado, pero la botella estaba consumida a mitad, había un fuerte olor a licor, la abuela me miro con los cartones y las bolsas de comida y no tuvo mayor reacción, así que yo mismo arreglé la mesa y serví pizza para ambos, más las papas fritas y unos trozos de pollo frito, la abuela se sirvió poco o nada de comida, pero continuó a beber, arrastraba las palabras y era evidente que se encontraba ebria:

—Fredo … necesito descansar … llévame … llévame a dormir un poco …
—Pero no sigas bebiendo, abueli … eso no te hace para nada bien …
—Lo sé, hijo … lo sé … pero tengo una penita en el alma … tú, no puedes entender eso …
—Esta bien abueli … vamos … yo te acompaño …

Gracias a que soy bastante alto y atlético, para mí no era ningún problema llevarla a su pieza, pero en su paupérrimo estado etílico, ella no controlaba sus movimientos y no podía evitar hacer contacto con su femineidad, sus tetas me rozaban y golpeaban, pase un brazo de ella sobre mi hombro y la tomé por su estrecha cintura, con varios tambaleos durante el camino, llegamos por fin a su dormitorio, la cama estaba sin hacer, así que la senté en una poltrona que ella tiene en su pieza y comencé a ordenar su cama, cuando me voltee a buscarla para acostarla, la abuela se había adormecido en la butaca, así que como pude la levante y la acosté, no me pareció bueno dejarla vestida, así que le quite su remera, sus magnificas tetas se esparcieron en su pecho, tirando de sus apretados jeans, salieron también sus calzones y otra vez me encontré con la abuela desnuda en su lecho matrimonial, mis lascivos sentimientos afloraron nuevamente y me indujeron a tocar esos preciosos senos y muy pronto estaba arrodillado en su cama jugando con mi pene erecto.

Mirando el angelical rostro de mi abuela, me corrí salpicando sus pechos voluptuosos, su vientre plano y su lisa concha, la cubrí con la ropa de cama y me fui a ver la Tv, cerca de media hora después volví donde la abuela, abrí sus piernas y follé su chocho lampiño, esa tarde y esa noche la follé al menos cuatro veces más, hasta dormí a su lado por un cierto rato, ella no daba signos de nada, pero la sentía gemir mientras mi verga entraba y salía de su coño.

Me adormecí mirando una vieja película de Indiana Jones, estaba claro ya cuando abrí los ojos y me encontré a mi abuela sentada a mi lado, se levantó y vi que estaba todavía desnuda:

—¿Espero te hayas divertido anoche? …

Sonreía y me miraba ya no como una abuela, había fuego en su mirada. había deseos que se despertaban, había una mujer sana y entera:

—¿Que … que quieres decir Abueli? …

Me sentí nervioso e inquieto viendo el chocho de mi abuela fresco y ligeramente enrojecido, tartamudee una respuesta y ella no cesaba de sonreírme y pasar lascivamente su lengua por sus labios, mi abuela se inclinó y metió sus manos en mis shorts, saco mi pene y se arrodilló a chupármelo ávidamente, luego me beso en los labios:

—¡Levántate! … vamos a mi pieza y cojamos …

Me levanté y nos fuimos tomados de la mano, una vez en su pieza me desnudó y nos acostamos en su amplia cama:

—Muéstrame cómo lo hiciste …
—¿Qué hice? …
—No te hagas el tonto porque no lo eres y sabes muy bien de lo que estoy hablando … muéstrame …

Así diciendo, me tomó del brazo y me tiró casi sobre ella, me dio un beso profundo y apasionado, cuando abrí mis ojos no vi a mi abuela, solo vi una mujer esplendida que me procuraba una tremenda erección, nos besamos por largo rato, había un ligero sabor a dentífrico en su boca fresca, no olía a licor, la seguí besando, sus besos eran dulces, recordé los caramelos que ella me regalaba de niño, mi manos estrujaban sus pechos y sus pezones habían cobrado nueva vida, lamí esos senos matriarcales, mordí y chupé sus pezones rosados, luego me deslicé entre sus suaves muslos y el olor agradable de su concha termino por subyugarme, ella abrió sus piernas y yo me zambullí en sus intimidad cálida y húmeda, mi lengua separó esos deliciosos labios carnosos y mis dedos los abrieron para darme acceso a su vagina rosada y tersa.

—Tú abuelo me hacía eso … chúpamela … chúpamela Fredo …

Me comí el sabroso chocho de mi abuela por casi veinte minutos o más, estaba fascinado porque ella se encabritaba como una potranca, cerraba sus muslos y trataba de escapar, gemía y se quejaba, luego se relajaba y me dejaba lamer su concha desde afuera hacia el interno una y otra vez, mi boca, mis mejillas y mi nariz estaban embadurnadas de los fluidos de mi abuela, ella me había tironeado mis cabellos un par de veces, pero luego que se corría, volvía a abrir sus muslos para que continuase a comerme su esplendoroso coño.

—Cógeme Fredo … dame tu verga, hijo … dámela … quiero que me folles …

Mi pene estaba requeté-contra duro, mi glande lustroso casi me dolía, me acomodé entre sus muslos y levantándole las piernas para colocarlas en mis hombros, se la metí toda:

—¡Umpf! … ¡ay! … ¡ooohhh! … ¡aaahhh! … ¡ssssiiii! … así … más fuerte … más ….

La cogí con todas mis fuerzas haciéndola gemir y gritar, sus tetas se movían de arriba abajo rebotando repetidamente, ella coloco ambas manos sobre la cama y arqueo su espalda para que su conchita pudiese tragarse más de mi polla, se veía su temperamento caliente, la abueli apretaba sus dientes blancos y se retorcía en la cama, boqueando y lanzando quejumbrosos gruñidos, su orgasmo fue bestial, me empujo fuertemente con sus piernas haciendo que mi pene saliera de su concha y comenzó a rodar sobre la cama con espasmódicas convulsiones, jamás volví a ver una mujer correrse de esa manera en toda mi vida, solo ella, mi abueli.

— ooo —

La abueli sabía todo o casi, cuando se despertó se vio con su panocha llena de semen y siendo yo su único huésped, no había nadie más a quien culpar, el único sentimiento que sintió fue de regocijo:
—Todavía hay un hombre que me encuentra bella y deseable de querer follarme …
Fue lo que pensó y se fue a la ducha, dónde se dio cuenta de que, por la cantidad de semen en sus muslos, piernas y sabanas, debe haber sido más de una vez, yo le confirme que habían sido solo tres las veces que la había penetrado, en realidad fueron más, pero no me pareció correcto alardear mi virilidad con mi abueli.

— ooo —

Después que se repuso de su orgasmo, se arrodillo junto a mi y me mamó la verga hasta hacerme tiritar y explotar dentro de su boca, después se recostó limpiándose con el dorso de su mano y saboreando mi esperma, me recosté junto a ella y sentí su suave muslo apoyarse sobre mi vientre, luego me abrazó y puso su cabeza en mi pecho:
—Jamás podrás saber cuanto necesitaba esto, querido nietecito … pareces que eres un angelito enviado por el señor … mi angelito con verga de diablito …
—Pensé que te ibas a enojar, abueli …
—¡De que cosa! … ¿de que me has casi hecho morir con este fabuloso orgasmo? …
—No sé si está bien lo que hemos hecho, abueli …
La abuela se alzo un poco y me dio un veloz beso en los labios:
—Pero por supuesto que está bien, mi niño … no has hecho nada más que rendir feliz a tu abuela … me siento muy feliz y la causa eres tú … ¿Que puede haber de malo en eso? …
—No lo sé, abueli … es que tu habías bebido …
—¡Y eso! … ¿Qué tiene ver eso? … ¡no me digas que no te gusto! …
—¡No! abueli … ¡eres fabulosa! … ¡eres muy linda! …
—¿Entonces? … ¿Qué es lo que te desagrada? … ¿No me encuentras a tu altura? …
—¡No! abueli … ¡eres la mejor! …
—¡Umh! … ¡soy vieja! … ¡de seguro me comparas con tus compañeras de colegio! … ¿Cuántas de ellas te has follado ya? … ¿muchas? …
—¡Pero abueli! … ¡No! … nunca había tenido sexo … eres la primera … pero no me gusta que bebas y te destruyas … eres importante para mí …
Mi abuela se quedó en silencio pensativa, luego hizo como un ronroneo y se apretó a mi con dulzura, beso mi pecho, restregaba su cuerpo al mío como queriendo impregnarse de mí:
—¿De veras te importo? …
—¡Dios sabe que te adoro, abueli! … y tú también lo sabes …
—¿De veras que nunca habías hecho el amor antes? …
—Así es, abueli … soy algo tímido … ¿sabes? …
Me volvió a besar, pero esta vez su mano se cerró alrededor de mi flácido pene, sus labios se comían mis labios y luego su lengua invadió mi boca, ardorosos besos que pronto me tenían duro como palo, se montó a horcajadas sobre mi vientre y jugaba a golpear mis mejillas con sus tetas, parecía haber vuelto niña, se reía de lo que hacía, lo disfrutaba, me comía a besos, apoyaba sus pechos en mis pectorales a sabiendas de los efectos lujuriosos que ello me provocaba, me incitaba a buscarlos para lamerlos y morderlos.

La abueli me tomó la verga y la apuntaló a su conchita y luego se alzo a mirarme mientras el fruto prohibido descendía y se empalaba en mi enhiesta verga, abrió provocadoramente su boca sintiendo cada centímetro que se encajaba en su panocha, cuando se asentó sobre mi pelvis, inició un cadencioso sube y baja, a ratos enderezándose toda, a ratos restregando sus pechos en mí, en una vorágine que nos sobrepasaba a ambos, mis deseos enardecidos de ella, me llevaron a tomar sus caderas para enterrar mi espada en su concha y hacerla morir de gozo, siento los temblorcillos de sus muslos, se alza y grita como si hubiese estado golpeada por una descarga eléctrica, luego cae hacia atrás y su cuerpo se retuerce sobre la cama, la observo, su concha chorrea fluidos y despide algunos chorritos de su esencia de mujer, mi pene palpita y se agita como buscando el calor y la humedad que lo envolvía, en este mar de lujuria mi verga parece un náufrago.

Me levanto y la penetro con fuerza, mi abuela grita, se debate con fuerza entre mis brazos, lucha e intenta escapar, pero mi brazo envuelve su torneado torso y la mantengo empalada cogiéndola con fuertes y veloces golpes:
—¡Bru … bruto … detente … ay … ay … ooohhh … aaahhh … umpf … Fred … Fredo … ooohhh … Fredoooo … ssssiiii … ssssiiii … sigue … sigue …!
Siento sus talones en mis glúteos y sus uñas que se entierran en mi hombro, me muerde una y otra vez, esta bramando, gruñe y muge, su cabeza golpea la almohada y se mueve de lado a lado:
—Fred … Fred … ooohhh … Fredo … Fredo … ssssiiii … ssiii … asiii …!
Los primeros chorritos salen de mi verga y ella se pega a mi como lapa, los músculos de su concha envuelven mi pene estrechamente y exprimiendo mi semen, esta succionando mi pene con su chocho, luego vuelve a explotar y esta vez no la puedo contener, se pliega fetalmente, sus manos cubren su chocho protegiéndolo, se estremece convulsivamente y llora, solloza como una niña, después ríe, abre sus ojos y ríe, me mira con ojos soñadores, se gira boca abajo, mete sus manos bajo la almohada y esconde su rostro, susurra y murmulla, contemplo su espalda lisa, sus glúteos firmes y redondos, sus piernas longilíneas con esos muslos carnosos, me inclino a besar sus nalgas, ella levanta ligeramente su culo apreciando mis caricias:

Me recuesto a su lado, metiendo mi pierna sobre sus mullidos glúteos:
—¡Abueli, eres magnifica! …
—¡Umpf! …
—Abueli … debo volver a casa de mi madre … mañana tengo que ir al colegio …
—¿Te tienes que ir? …
—¡Sí! abueli … y lo sabes … mamá estará preocupada si vuelvo muy tarde …
—¡Esa hija mía ha sido siempre una rompe huevos! … ¿Lo sabes? …
—Es mi madre … y eso es lo que hacen las madres …
—¡Ok! pero me tienes que prometer que volverás pronto …
—¡Sí! abueli … pasaré a verte pasado mañana … ¡pero tu me debes prometer que no beberás! …
—¡No! te puedo prometer eso … pero te digo que de verdad lo intentaré … hare el esfuerzo esperándote a ti …
—Bueno abueli … es un comienzo … un buen comienzo y yo estaré a tu lado … nunca has estado sola, abueli …
—Me saludas a la fastidiosa esa de tu madre … dile que la amo y que venga a visitarme …
—Se lo diré, abueli … ella también te ama, abueli … todos te amamos …
El sol brillante estaba descendiendo y enrojeciendo el cielo hacia el poniente. anunciando su regreso en otra cálida jornada primaveral, la brisa era fresca, la bicicleta parecía más ligera, mis cojones descargados y mi sonrisa a la vida me acompañaba en el pedaleo de regreso a casa:
—¿Cómo estaba la abuela? …
Era mi madre que en shorts y zapatillas regaba el jardín, la miré y vi en ella algo de mi abueli, sus senos se notaban bajo la floreada camisa anudada a su ombligo, sus ojos claros eran igual a los de ella, su porte, su figura y sus movimientos felinos, eran similares, digna hija de mi abueli:
—Esta bien, mami … pero no deja de beber … la saque a pasear … nos fuimos caminando desde su casa por la ribera del rio, llegamos hasta San Damián … allí nos sentamos a descansar y luego volvimos a casa … desgraciadamente la abuela se emborrachó otra vez …
—Pobre mamá … ya no sabemos cómo hacer para que deje de beber … ella no quiere internarse para un tratamiento … y cuando se le mete algo en la cabeza no hay modo de hacerla cambiar … me alegro de que hayas ido a hacerle compañía, hijo … me alegro …
—¡Sí! mamá … volveré a donde ella pasado mañana … me dijo que no bebería … no sé si cumplirá, pero me gustaría que dejase de beber … y si un poco de compañía le ayuda a superar este problema, yo la ayudaré …
—¡Bravo, hijo! … ¡bravo! … veo que te llevas bien con tu abuela, ¿eh? …
—Soy su nieto favorito, mami … ella siempre me ha regalado de todo …
—¡Sí! la abuela ha sido generosa contigo … hazle compañía … de seguro lo necesita … me alegro de que la vayas a ver de nuevo …
Le di un beso a mamá y me fui a mi cuarto, debía preparar mis cosas para asistir al colegio al día siguiente, la figura de mi abuela no dejaba mi mente, pero todo giraba en torno a las correrías sexuales que había tenido con mi abuela, jamás volvería a pensar en ella en otro modo que no sea como la esplendida mujer que encontré en ella, no sabía que una mujer madura como ella pudiese tener vida sexual y esa fogosidad.

La asombrosa belleza de mi abuela me conturbaba y me había masturbado pensando a ella y su enardecido chocho, pasado los días, eran cerca de las tres de la tarde cuando llegué al portón de la abueli con mi bici, toqué el citófono y el portón se abrió casi al instante, mi abuela estaba fuera en el jardín, lucía un body negro, que era completamente visible, ya que encima se había puesto un vestidito amarillo limón con cuello en “V”, realmente exuberante mujer, elegante y sofisticada en su atuendo, me sonrió cuando vio que mis ojos no dejaban de recorrer su cuerpo, sus ojos celestes estaban limpios y brillantes, apunté interrogativamente al vaso medio lleno que tenía en sus manos:
—Jugo de piña y arándanos … en la mesita hay uno también para ti …
—Gracias abueli … vengo seco …
—¿Cómo estuvo el colegio? …
—¡Sí! bien … bastante bien … sabes que es mi último año … me debo preparar para la PSU …
—¿No habían dicho que iban a sustituir la PSU? …
—¡Sí! abueli, pero estamos en Chile … primero se habla y después de años y años … quizás lleguen a la conclusión de cambiarla …
—Sí … sistema político decadente …
—Y tú abueli … ¿Has mantenido tú promesa de no beber? … yo mantuve la mía de venir a verte …
—¡Que dulce que eres Fredo! … no te mentiré … ayer me tomé un par de copitas … pero no me emborraché … hoy he comenzado con este delicioso jugo de fruta y creo que no beberé otra cosa, hijo …
Yo me encontraba en la silla de playa bebiendo jugo, la abueli se levantó de su asiento y vino a sentarse en mis muslos:
—¿Sabes por que no he bebido? …
—¡No! abueli … ¿Cómo es que te has controlado? …
—¡Tú! … esa es la razón … me has dicho que era importante para ti … ha hecho de mi una mujer otra vez … hacía mucho tiempo que no sentía lo que tú me hiciste sentir … y quiero volver a sentirlo, Fredo … ¿Quieres que lo hagamos de nuevo? …
—Pero abueli … ¿crees que sea bueno? …
—Será mejor … hoy no he bebido nada … quiero sentir todo eso que tu despiertas en mi … hazme desfallecer y gritar de placer … eso quiero … ahora …
Me tomó de la mano y nos adentramos en la casa en dirección a su dormitorio, mientras nos besábamos y acariciábamos terminamos desnudos, la abueli me miraba fijamente la verga, el brillo de lujuria que había en sus ojos celestes iluminaba toda la habitación, me sentía un poco cohibido delante de mi abuela, pero ella era simplemente maravillosa, me hizo recostar y arrodillada a mi lado empezó a chuparme mi pene haciendo dibujos con su lengua en mi glande, ¿Mi Dios!, su boca parecía una ventosa, la succión me provocaba un hormigueo en el coxis y el orificio anal, mi espina dorsal entera se plegaba a esta esplendida succión, me sentía natural atrapar sus cabellos y hundir su cabeza en mi pelvis y sentirla ahogarse con algunas arcadas, era una excelente mamadora de pijas.

Como pude alcancé su conchita y dos de mis dedos hicieron estremecer a su cuerpo, de instinto abrió más sus piernas y continué a introducir mis dedos en esa bañada vagina, pensaba en no llamarla “abueli”, ya no me parecía apropiado, pero no quería que este idílico momento se esfumara:
—I … I … Isabel …
—Dime Fredo …
—¡Oh! Isabel … me estas poniendo los pelos de punta … me estás haciendo gozar como nunca … eres magnifica … si sigues así no me podré contener …
—¡Umpf! … ¡Slurp! … ¡Umpf! …

No sé si habrá sido porque la llame por su nombre, pero la abueli continuo a mamarme con una intensidad devoradora, con más energía, su respiración era pesante y jadeante, había unas perlas de sudor en sus sienes y frente, pero en nada aminoraba la belleza y femineidad de ella, me corrí con todas mis fuerzas y ella no se despegó de mi verga, succiono todo y me dejo prácticamente seco y con temblorcillos y tiritones sintiendo esa lengua que se deslizaba y enrollaba en mi pene.

—Es tu turno, Fredo …

Recogí como pude mi humanidad golpeada por esos exquisitos, alucinantes y lujuriosos temblores de placer y me fui a degustar el sudor que hacía brillar sus tetas y esos pezones que parecían dorados, mi lengua los excitó hasta hacerlos endurecer, ella empujaba sus pechos en mi boca mientras gemía y acariciaba mis cabellos, de vez en cuando presionando mi cabeza contra sus mamas como invitándome a disfrutar más de ellas, sus ojos estaban llenos de luz, tiernos y sonrientes, suavemente empujo mi cabeza hacia abajo, hacia su fuente de placer, hacia la calidez de su conchita, sus muslos se abrieron y sus labios mayores se abrieron como pétalos de una flor.

Los labios albinos de su chocho contrastaban con el rosado pálido de sus labios menores, se veía el orificio de su vagina y las rosadas carnes empapadas en sus fluidos, mientras acariciaba su vientre plano, miré sus ojos y ella leyó en mi mis claras intenciones, se llevo la mano izquierda a su voluptuosa boca y pellizcó sus labios, mientras su mano derecha descendía a su conchita y abría los pliegues superiores de su clítoris para mí, me agaché a lamer ávida y excitadamente su sexo, el delicado sabor de su chocho colmó todos mis sentidos, la afluente perfumada de su vagina deleitaba mi sedienta boca, la sentí que vibraba y se agitaba:

—¡Fredo! … ¡ooohhh! … métemela … ¡por favor! … métemela …
También yo moría de ganas de sentir mi pene en su concha, me enderecé un poco y apunté mi glande a su orificio rosáceo:

—¡Aaarrrggghhh! … ¡ssssiiii! … muévete, hijo … muévete …
—¡Ooohhh! … ¡ssssiiii! … ¡Que hermosa que eres! …

Otra vez estaba follando a mi abuela … pero … debo decir, me estoy follando a una mujer, a una hembra deseosa y fogosa:

—¡Ssssiiii! Fredo … ¡más fuerte! … ¡Acaba dentro de mí! … ¡Dame toda tu lechita! … ¡Dámela Fredo! … ¡Dámela! … ¡Dámela toda! … ¡Mi amor! …
—¡Oh, mi Dios! … ¡Sí que te la doy! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …
Comencé a eyacular mientras ella se debatía en un ataque de lujuria desenfrenada, me había aprisionado con piernas y brazos y me apretaba y se restregaba en mi y sucedió que me dio un empellón y su espasmódico orgasmo la golpeo con convulsiones que la hacían rodar y contorcerse sobre la cama:
—¡Aaarrrggghhh! … ¡Aaarrrggghhh! … ¡Aaarrrggghhh! …
Mi abueli escondió su rostro bajo un cojín sollozando y a ratos riendo en un frenesí de sensaciones orgásmicas, a las cuales me estaba acostumbrando, me recosté a su lado acariciando sus sinuosas caderas y me adormecí, ella también se adormeció.

Mi juventud me hizo despertarme tempranamente a su lado, mi cuerpo musculoso y atlético, el de ella delicado, no era tónico como el de una joven, pero era mucho más sensual a verse, que maravilla gozar de esas planicies y lomas que se dibujaban en su cuerpo, me sentía un explorador recorriendo con mis dedos su cuerpo tibio y suave, de una dulzura impresionante, mientras más la miraba no me convencía de mi fortuna de haber follado a tan preciosa mujer, se despertó ella y sus ojos celestes me envolvieron y acariciaron:

—¡Dime que no estoy soñando! …
—¡No! Isabel … no es un sueño … fue maravilloso estar dentro de ti … tú eres de ensueño …

Desde entonces ella pasó a ser solo Isabel, jamás la volví a llamar abueli, compartimos nuestra aventura por muchos años, hasta después que obtuve mi Licenciatura en Ciencias con mención en Astronomía, seguimos follando dos a tres veces por semana, ella no volvió a beber, recompuso su vida, se fue a administrar el negocio dejado por el abuelo, despidió al administrador, un sinvergüenza que le robó un par de decenas de millones.

Yo me casé y la abuela también, la semana antes de sus nupcias, nos dimos cita en un lujoso hotel de la capital y la noche fue nuestra, no nos cansábamos el uno del otro, pero esa fue la última vez juntos, mi madre todavía no se convence cómo la abuela dejo de beber y como buena madre metiche, me persiguió con sus preguntas por casi dos años, hasta que finalmente la tomé de la mano y la puse frente al espejo de la sala:
—¡Mírate! … ¡Eres una mujer estupenda! … ¡Y tu madre también lo es! …
Se quedó mirando al espejo sin entender, luego con ojos de asombro, se llevo una mano a la boca:
—¡Oooohhhh!
Le guiñé un ojo y me fui …


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