Hoy te miro,

grande, fuerte, varonil,

tus brazos potentes, tus manos grandes, tu sonrisa encantadora

Acaricias mi cuerpo, recorres mi piel, paseas con esas manos cada pliegue de mi ser.

Y me estremezco, siento descargas eléctricas en mi cavidad de hembra ardiente.

Nunca me imaginé que ese bebé frágil e indefenso, hoy fuera un monumento a la hombría.

Jamás pasó por mi mente, que ese pequeño cuerpo, al que arrullé en mis brazos durante las heladas noches, hoy se convirtiera en el hombre hermoso, objeto de mi deseo.

Y menos llegar a imaginar que esa piel tersa, de olor a ángel, de suavidad de armiño, hoy fuera la coraza dónde se refugia el portentoso amante en el que hoy te has transformado.

Me miras con esos ojos fulgurantes, me sonríes y las blancas perlas incrustadas en tu provocativa boca me producen temblores en las piernas, punzadas en mi útero y palpita mi vientre, deseoso de sentir la dureza de tu vigorosa virilidad.

Basta unas pocas palabras para que se me olvide el indisoluble vínculo de sangre que nos unirá hasta la muerte.

Y te deseo, muy dentro de mí, quiero sentir que mi hijo ya es un hombre, quiero ser yo la mujer que te dé la bienvenida a un cuerpo femenino, a mi cuerpo inexplorado desde hace mucho tiempo, anhelo palpar la firmeza de tus carnes, la dureza de tu sexo, la solidez de tu poderosa verga.

Suplico porque seas tú, mi hijo, el que explore mi anatomía de mujer, el que acaricie mis aún firmes pechos de madre-amante , el que calme mis ansias de gata en celo.


Me acabas de hacer el amor de una manera tan dulce, que siento que me agobia la culpa, pero muy dentro de mí siento que este es el comienzo de mi nueva adicción, tus caricias tiernas contrastan con la rigidez de tu miembro viril, siempre supe que habías nacido muy bien equipado, pero esa curva de banano enorme nunca la llegué a imaginar…¡Llegaste a dónde ningún macho había alcanzado antes!

Y eso me pone muy dichosa!

Amo cómo me posees con ese ardor, con esa pasión desenfrenada, cuando me susurras al oído que soy toda tuya, cuando gimes por el deseo y cuando explotas dentro de mí en una cascada interminable de tu líquido de macho.

Adoro tus besos que me devoran la boca, tus labios cuando se comen mi encharcada intimidad.

Amo esas manos grandes y suaves, cada vez que se introducen en mí, sacándome gritos de gozo, gemidos de placer incontenible.

Adoro tus labios cuando me besan y callan mis sollozos en medio del clímax. ¡No puedo evitar lanzarlos, tú eres el único culpable!

Me encanta sentirte cuando palpitas muy hondo dentro de mí, tus suspiros son melodías celestiales en medio de la ardua batalla de carne, sudor, lágrimas, besos, caricias sin freno que acabamos de sostener, disculpa por mis ruidosos quejidos de gozo.

A veces me carcome la culpa, mi hijo no debería ser mi amante, pero luego vienes con tu sonrisa tierna y tus palabras que me doblegan, y vuelvo a caer en ese tibio nido que fabricas para mí y en el que soy demasiado feliz.

¡Te amo mi hijo hermoso!