Capítulo 3
Por la mañana en el desayuno la vista se me iba detrás de sus culos, miraba a mi madre, miraba a mi hermana, y solo veía culos por todas partes. Que mal iba a pasarlo a partir de ahora.
Con lo bien que había vivido encerrado en mi mundo del porno, y ahora había descubierto que había algo más excitante que era espiar a las mujeres de mi casa.
Estábamos sentados a la mesa desayunando y vi a mi madre que preparaba una tostada dándome la espalda.
Al ver su culo apretado por unas mallas que se ajustaban a sus nalgas, noté como me ponía nervioso y me sudaba la frente.
Tengo que tocarlas, resonaba una y otra vez en mi mente.
Mi hermana dijo que se iba y eso me dejó el campo libre, me levanté, cogí a mi madre por la cintura, y la pregunté si la tostada que estaba haciendo era para mí o para ella.
- Para ti, cariño. – respondió complaciente – Cómete las que quieras que tú aún estás creciendo.
Mientras terminaba de hacerla, me quedé como estaba pero deslicé la mano hasta la cadera.
Mi madre se giró un poco para coger la mermelada y yo dejé caer la mano deslizándola por la nalga.
Casi sin querer, la palpé con los dedos y noté lo dura que estaba.
Wow. El miembro se me puso tieso de repente y tuve que volver a mi silla rápidamente a sentarme.
Metí una mano bajo la mesa y me acaricié con disimulo el paquete, pero mi madre seguía cocinando y yo no podía apartar la vista de sus nalgas.
Tengo que volver a tocarlas, me dije intentando convencerme.
Cuando iba salir de casa, me arme de valor e hice algo que nunca hubiese imaginado. Besé a mi madre en la mejilla y la di un azotazo en el culo apretándolo con los dedos.
- ¡Hijo! – dijo dando un respingo – ¿Qué es eso de tocar el culo a tu madre? Jajaja.
Bufff. Menos mal, se lo había tomado a risa.
Me giré para salir y fue ella quién me dio un azote y me pellizcó con fuerza en el glúteo.
- Jajaja. – rio al ver mi cara de lelo –
Pero eso me daba una oportunidad y supe cómo aprovecharla.
- Ayyy. Jo, mamá. Me debes una. – dije sonriendo – Cuando vuelva de clase me la cobro.
Me sacó la lengua haciéndome burla y cerró la puerta mientras yo caminaba hacia la universidad.
Me crucé con mi hermana que iba con sus amigas, y vi que se había subido tanto la falda que casi se veía la braga.
Ufff. Esa tengo que verla, pensé en ese momento.
Durante toda la clase perdí el tiempo pensando en la dichosa ventana. Tenía que hacer algo para que se quedase abierta y así poder espiarlas.
De regreso a casa estudié un rato en mi cuarto y después me encerré en el baño para ver cómo solucionarlo. Al final lo tuve claro, cogí una pinza de madera y la mitad la metí entre el marco y la ventana pero desde fuera.
Intenté cerrarla para probar pero era imposible, al estar la pinza haciendo cuña, se quedaba más de un centímetro abierta y me dejaba ver prácticamente todo el baño.
Me fui al salón inquieto, esperaba que se hiciera pronto de noche y que alguna de las dos fuera al aseo.
Vi a mi madre que se arreglaba para salir y la pregunté dónde iba, llevaba un vestido finito super ajustado que marcaba todas sus curvas, con un magnífico escote que mostraba generosamente las tetas.
- Voy a comprar al súper.
No me había invitado a acompañarla, pero al verla tan provocativa decidí tentar mi suerte.
- ¿Puedo ir contigo?
Me miró dubitativa pero al final aceptó mi propuesta.
- Vale, pero esta noche te quedas estudiando.
Salté del sofá corriendo y fui a mi cuarto a vestirme, y cuando volví a la puerta ella estaba de espaldas esperándome.
Esta es la mía, me dije nada más verla. La agarré del culo y apreté con los dedos sus nalgas.
- Te la debía. – dije sin soltarla –
El vestido era tan ligero que mi mano acariciaba el cachete igual que si fuera desnuda. Casi podía notar la suavidad y el calor de su piel en mis dedos.
- Jajaja. – río ella por mí broma – ¡Que vengativo eres! Mi vida. Pero yo no te he pellizcado tan fuerte, así que ahora eres tú quien me la debe. Jajaja.
Fuimos caminando por la calle y la cogí por la cintura, mi madre me miraba sonriendo y dijo algo que me dio muchas esperanzas.
- Me encanta que seas tan cariñoso. Pensé que con la adolescencia ya no ibas a darme abrazos ni besos.
- ¿Qué no? – respondí al ver el cielo abierto –
Así se las ponían a Felipe II, era la oportunidad de lanzarme.
La di un abrazo muy fuerte y me pegué contra su pecho. Sus tetazas se clavaron en el mío como si fueran arietes intentando penetrarme.
Que gustazo refregarme contra unas tetas tan grandes.
Como la tenía cogida por la cintura, dejé caer las manos sobre su culo y la atraje hacia mí agarrando con fuerza sus nalgas.
Las estrujaba con los dedos, tiraba de ellas hacia arriba y mi pobre madre tenía que ponerse de puntillas.
- ¡Que pasión! Mi vida. Jajaja. – dijo soltando una carcajada –
- Eso para que luego digas que no te doy abrazos. Y a partir de ahora te los voy a dar cada vez que te vea.
- Jajaja. – volvió a reír divertida – Me parece muy bien, cariño.
La tenía cogida con mis dedos tirando de los cachetes hacia afuera.
Si pudiese ver bajo el vestido, seguro que tenía la braguita encajada en la raja y el culito muy abierto.
Uffff. Solo de pensar en ello mi verga se puso durísima.
- Jajaja. Suéltame ya, cariño. – dijo sin dejar de reírse – Que nos van a cerrar el super.
Volvimos a caminar y pasé de nuevo mi mano por su cintura. Parecíamos una pareja de novios, ella caminaba sonriendo, y yo a cada paso que daba, deslizaba un poco más la mano para acariciar mejor su nalga.
Estaba dándome un hartón de tocar culo. Y lo bueno es que ella no decía nada y sonreía complacida.
Mientras comprábamos en el súper, mi madre iba delante y yo detrás con el carro. Ver como contoneaba las caderas y mostraba las tetas por el escote cuando se inclinaba a coger algo, estaba poniéndome tan burro que tenía una erección de mil pares de cojones.
Vi como la miraban los tíos y por primera vez en mi vida supe lo que eran los celos.
Que es mía ¡Cojones! Pensaba al ver sus miradas lascivas. Pero la verdad es que comprendía que la mirasen de esa forma, porque mi madre era un pibonazo del carajo.
Volvimos a casa y los dos nos cambiamos de ropa, yo me puse un pijama y ella las mallas del desayuno.
¡Como se le marcaba el culo! Estaba para empotrarla.
Mi hermana estaba estudiando en su cuarto y mi madre se fue a preparar la cena.
Sin dudarlo un segundo, decidí ayudarla en la cocina, con un poco de suerte podría tocarla el culo e incluso hasta las tetas, estaba decidido a todo.
Entonces oí la puerta del baño y se me pusieron las orejas de punta.
¿Había entrado mi hermana?
Vi que mi madre estaba muy liada y salí corriendo al patio, me acerqué a la bendita ventana y vi que seguía un poco abierta y con la luz encendida.
Por la tarde había dejado un cajón de madera debajo y me subí en él sin hacer ruido.
Cuando miré por la rendija me quedé acojonado, mi hermanita había dejado el móvil en el lavabo y mantenía una vídeo conferencia con alguien llamado Maxi.
Solo decían tonterías hasta que la cosa se fue calentando, él pidió que le enseñase las tetas y ella contestó que era un guarro.
Pero de pronto, vi como se quitaba la camiseta y le enseñaba el sujetador que llevaba debajo.
El sujetador era tan pequeño que sus pechos rebosaban por todas partes.
- Enséñamelas, joder. – oí como pedía el muchacho –
Vi como Carolina se reía y decía que no con el dedo, pero cogía los pechos entre sus manos y los apretaba enseñándole un canalillo con el que cualquiera perdería la cabeza.
- Venga, coño. Enséñame las tetas. – pidió él de nuevo –
Pensé que le mandaría a la mierda. Pero en lugar de eso, soltó los corchetes y mantuvo el sujetador únicamente con las manos.
Se puso a tontear subiéndolo y bajándolo hasta que los pezones aparecieron por los bodes.
¡Menuda calientapollas!
El tío insistió otra vez. Y en esta ocasión, mi hermana dejó caer el sujetador al suelo y las tapó con sus manos.
¡Vaya pedazo de peras!
- Vaya tetazas. – dijo Maxi al verlas – Enséñamelas de una puta vez, joder.
Carolina apartó las manos y le mostró los pechos acercándose a la cámara.
- ¿Te gustan? – respondió mi hermanita acariciándoselas –
Desde la ventana podía ver sus tetas perfectamente, con unas areolas pequeñas y unos pezones marrones que parecían dos dedos apuntando a la cámara.
Ya habíamos llegado al límite y no me daba ninguna vergüenza, saqué la verga del pijama y comencé a acariciarme.
Carolina hacía como que bailaba y no paraba de tocarse las tetas.
La cabrona estaba poniendo verraco perdido al hijo de puta de Maxi.
- Chúpatelas. – pidió él decidido –
Mi hermanita cogió una y tiró de ella hacia arriba intentado metérsela en la boca.
Pellizcó y retorció el pezón, y después lo chupó con la lengua.
- Joder, Caro. – oí decir a Maxi – Muérdetelas, joder.
Mi hermana bajó más la cabeza y chupó el pezón con la lengua como si le fuera la vida en ello.
Miraba sonriendo a la cámara para que se vieran sus dientes blancos intentando atrapar el pezón entre ellos.
- Caro. Cuando te pille te follo. – dijo Maxi excitado –
- Jajaja. – sonrió mi hermanita divertida – Ya te gustaría.
- Bueno, al menos me harás una paja. ¿No?
- Jajaja.
Mi hermana no contestó pero dijo que si con la cabeza.
- Enséñame el coñito. – pidió Maxi entonces –
Carolina pareció pensarlo y contestó pícaramente
- Me quito las bragas si tú me enseñas la polla.
¡Que putón! Nunca hubiese esperado algo así de mi hermana, yo pensaba que era muy seria y ahora me demostraba lo contrario, yo era guarro total pero ella me ganaba.
No oí la respuesta de Maxi, pero vi como Carolina se bajaba el pijama y se quedaba con unas braguitas pequeñas que a duras penas tapaban su sexo.
Que cabrona, estaba dispuesta a enseñárselo.
Sin dejar de mirar a mi hermana me sacudí la polla con todas mis ganas.
¡Flop! ¡Flop! ¡Flop! ¡Flop!
Mordía mis labios para contener los gemidos y mis pulsaciones se aceleraban por momentos.
Sigue, sigue, deseaba con todas mis fuerzas. Quítate de una vez las bragas.
Carolina metió los dedos por los bordes y tiró hacia abajo de ella.
Subía de un lado y bajaba del otro como si estuviera vacilando a su amigo, y de cuando en cuando enseñaba parte del pubis y parte del culo.
Me tenía burro perdido y estaba a puntito de llegar al orgasmo.
- Bájatela, joder. – ordenó Maxi a mi hermana –
Se giró para dar la espalda al móvil y se bajó la braguita por detrás mostrando su estupendo culazo.
¡Zas! Se pegó un azotazo en la nalga y sacó la lengua provocando a la cámara.
Yo tenía el ojo pegado a la rendija para no perder ningún detalle y seguía cascándomela completamente excitado.
¡Flop! ¡Flop! ¡Flop! ¡Flop
- Joder, Caro. – chilló Maxi por teléfono –
- Enséñame la polla. – contestó ella callándolo –
Vi como mi hermana abría mucho los ojos y separaba las piernas.
- Mira. – dijo Caro sacando mucho la lengua –
Y entonces ocurrió lo más grande, con las piernas bien abiertas, tiró de la braguita hacia un lado mostrando su vulva a la cámara.
¡¡Guau!! Era la primera vez en mi vida que veía el coñito de mi hermana.
- Enséñamelo mejor. – oí que pedía Maxi –
Mi hermanita pareció dudarlo, pero al momento, con dos deditos separó los labios mostrando a su amigo los pliegues que cubrían el clítoris y el agujerito de la vagina.
- ¿Te gusta? – preguntó con la respiración acelerada –
- Más cerca. – ordenó Maxi corriendo –
Carolina se puso a una cuarta del móvil abriendo mucho las piernas para que enfocará directamente el coño.
- Dime, dime si te gusta. – preguntó ella visiblemente excitada –
Con los dedos medios tiraba de los gajos hacia afuera y con los índices apartaba el capuchón del clítoris mostrando su sexo completamente abierto.
A través del espejo podía ver perfectamente sus hermosísimas tetas y también su coñito rosado.
Joder con mi hermana, tenía unos pezones marrones que parecían arietes y mi boca babeaba pensando en poder chuparlos.
- Mira, Maxi. – dijo mi hermanita con la lengua fuera todo el tiempo – Mira lo mojadita que estoy.
Metió un dedo entre los gajos y recorrió la rajita de atrás adelante, lo sacó lleno de flujos y lo metió entre sus labios succionándolo y pasando por él la lengua.
Wow. Esto era mucho mejor que el porno.
¿Cuánto tiempo llevaría haciéndolo sin yo saberlo?
Viendo cómo mamaba su dedo con una lujuria increíble, di la última sacudida a mi polla y eyaculé sobre la pared dejando un buen reguero de semen.
- Ummmm. – gemí tapando mi boca –
Vi como Carolina miraba hacia la ventana pero me quité rápidamente y fui corriendo a la cocina.
Unos segundos después oí preguntar a mi hermana.
- Rafi. ¿Dónde estás?
- En la cocina con mamá. – respondí fuerte para que me oyera – Preparando la cena.
Vino allí corriendo, abrió la puerta de golpe, y al verme cortando el pan sentado en un taburete, me miró muy extrañada y se fue directa a su cuarto.
Fiuuu. Por segundo día seguido no me había pillado por los pelos, la próxima vez tendría que tener más cuidado.