Capítulo 3
Capítulo 3: El Círculo se Amplía
Los días siguientes a la iniciación de Camila fueron un limbo de recuperación y tensión sexual latente. El cuerpo de mi hija estaba marcado: moretones en sus caderas donde Javier la había sujetado, sus labios vaginales todavía algo hinchados, y una expresión en sus ojos que ya no era de inocencia, sino de conocimiento perverso. Caminaba con cierta incomodidad, pero cada vez que me miraba, una sonrisa lasciva curvaba sus labios. Érica la cuidaba como una leona a su cachorro, pero también como una madame a su prostituta estrella. Le aplicaba cremas en las zonas doloridas, le daba masajes, y en sus conversaciones susurradas, planeaban lo que vendría.
“Javier dijo refuerzos”, comentó Érica una tarde, mientras las tres desayunábamos. Camila estaba sentada en mi regazo, desnuda, alimentándose con frutas que yo le llevaba a la boca. Era un acto de posesión y sumisión simultánea.
“¿Qué crees que signifique?” preguntó Camila, mordiendo una uva y dejando que el jugo le corriera por la barbilla. Yo lo lamí.
“Significa más hombres”, dije, mis manos acariciando sus tetas. “Javier tiene amigos. Gente que disfruta de lo mismo que él. Que les gusta usar mujeres… y compartirlas.”
Camila se estremeció, pero de excitación. “¿Cuántos?”
“No sé”, dijo Érica. “Pero mientras más, mejor. Así aprendes más rápido, hijita. Y tu papá t
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