Las 12 del mediodía… creo que, en mi país, como en muchos otros es la hora pico, los periodos de mayor tráfico en la ciudad debido a la salida de estudiantes y algunos trabajadores. Durante estas horas, el metro y el transporte público suelen estar saturados y los tiempos de traslado pueden duplicarse, a eso le sumamos el calor en esta época…
Justamente uno de esos días tuve que usar el transporte público, un microbús que estaba hasta los tequeteques de gente como decimos en Venezuela, pero era mi única opción en este momento. Iba de pie, me sujetaba de unos tubos que van por toda la unidad para tal fin, estaba abarrotada de gente y se rozan unos con otros y para colmo, en la siguiente parada el conductor permite subir más personas, los pasajeros se quejan, pero el conductor no les hace caso, es nuestro día a día, desde siempre.
Y uno de esos nuevos pasajeros que se subió a la unidad se puso detrás de mí y para colmo me recostó su paquete en mi trasero…
- Mil disculpas, esto está full y no cabe más gente – me dijo el sujeto.
Quería reclamarle, pero el problema fue que me gustó. No soy gay, ni homosexual, nada de eso. Soy un hombre de 40 años, abogado, especialista en Derecho Condominal, casado con una hermosísima traumatóloga muy reconocida en nuestro país, con dos hijos adolescentes, buena posición, por cierto, me llamo Raúl… pero… adicto al sexo. Y además de eso, me gusta experimentar y siempre he tenido esa curiosidad de saber que se siente tener el bálano de un hombre en el ojete…
Este tipo se dio cuenta de que no oponía resistencia, ni tenía intenciones de quitarme, por el contrario, fingidamente presioné un poquito mis nalgas contra él, solo un poco, no mucho, como por casualidad
- Conque te gusta… eres un maricón… (y él se apretó más a mi)
- No soy maricón, en todo caso también lo eres pues te estas recostando a un hombre
No dijimos más nada, pero hicimos el trayecto más ameno frotándonos mutuamente, como si lo hubiéramos planeado… El sujeto se bajó casi un kilómetro antes que yo y cuando yo llegué a casa, fui directo al baño a pajearme, pues lo anterior me dejó muy lujurioso.
Algunas veces prefiero usar el transporte público, pues es difícil conseguir donde estacionar en la localidad de algunos clientes que visito. En otra oportunidad, similar a la anterior, pero ese día estaba a punto de llover me toco correr para alcanzar una unidad de transporte y montarme, pues ya estaba lloviznando y prometía un aguacero muy fuerte. La unidad estaba full, como pude me fui abriendo paso por el pasillo central y… que tal… encontré al sujeto de la vez pasada, pero estaba entretenido en su celular y no me vio. Me detuve detrás de él y sin perder el tiempo recosté mi paquete en su trasero. Trató de apartarse, pero cuando me vio le sonreí…
- Disculpa, no había más lugar, esto está muy lleno…
- Si, pero… pero
- Pero, hoy es mi turno (se quedó tranquilo, no iba a exponerse a un escándalo) viste que también te gusta… ¿también eres un maricón?
- De acuerdo, sé que actué mal…
- Sshhhh… quédate tranquilo y disfrutemos el viaje…
El sujeto trato de apartarse, pero con mi mano derecha lo sostuve por la cadera, con un poco de presión. Una señora mayor que iba sentada frente a él nos vio y solo sonrió… Me pude percatar que es un tipo de mi altura y contextura. En un momento, al igual que lo hice en la vez anterior, el apretó un poco sus nalgas contra mi…
- Tienes las nalgas duras…
- Tú no te quedas atrás
- y como hay tráfico vamos a disfrutar bastante
Como respuesta, se pegó más a mi… La unidad de transporte iba demasiado llena, no había manera de que entrara nadie más, afuera estaba lloviendo y eso hacia más oscura la tarde y ahí estábamos nosotros, dos hombres que no se conocen, culeando por encima de la ropa en un microbús lleno de gente. No podía evitarlo, mi polla se estaba endureciendo, obviamente él lo estaba sintiendo, pero lejos de apartarse o recriminar lo que hizo fue pegarse más a mí y movió sus nalgas como si estuviéramos follando. Eso no ayuda en nada, solo lograr que mi pene creciera y se endureciera mucho más. No me di cuenta del tiempo, mi acompañante pidió la parada y se bajó, ya estaba escampando un poco. La señora sentada vio mi erección, me vio a mi cara y sonrió nuevamente. Le devolví la sonrisa y me moví un poco más atrás pues aún faltaba para llegar a mi destino.
Estos encuentros se repitieron dos o tres veces más. Realmente me gustaba sentir la polla de aquel extraño en mi culo y está de más decir que a él también le gustaba. Pero en vista de que ninguno de los dos daba un paso más adelante del lugar en el que estábamos estancados, pues creo que me aburrí y hasta rogaba por no encontrarlo nuevamente. Pero no siempre tienes lo que deseas, el destino siempre tiene sorpresas donde algunas veces estas incluido.
Era sábado, tenía una reunión con la Junta de Condominio de un edificio residencial en mi ciudad, no lejos de casa, sin embargo, ese mismo día en la mañana, hablé con la presidenta de la junta para decirle que, si nos podíamos ver más temprano de lo acordado para revisar las actas de asambleas y otros documentos importantes e ir adelantando el tiempo, la Sra. Cristina aceptó y en breves minutos estaba ahí con ella.
Cristina es una señora 5 años más joven que yo, un culazo de muerte, buenas tetas, buenas piernas, buenota por donde se mire. Ella me enseñaba los documentos y yo no me podía concentrar porque ya que estaba ella en su edificio, en su casa, pues estaba vestida muy cómodamente con unos leggins que se le marcaba todo y una blusa abotonada que la hacía lucir fantástica. Era complicado concentrarse, de pronto recibió un mensaje por WhatsApp y con su hermosa sonrisa me dice que el administrador le informó que ya venía bajando al sitio de reunión. Como si me interesara en ese momento.
- Señor Raúl, le presento al Señor Enrique, nuestro administrador…
Cuando vi a Enrique, sentí que mi corazón se detuvo por unos instantes. Era nada más y nada menos que mi amigo desconocido, el hombre del microbús. Para no ser evidente, me escabullí de ese extraño momento…
- Un placer Enrique, por cierto, creo que nos hemos visto antes, ¿cierto?
- Igualmente, Raúl, seguramente si, en alguna parte…
Ya dejó de ser un extraño, ahora se su nombre y que hace. Enrique vestía unas bermudas de lino y una camisa tipo playera con unas zapatillas de golf. Se veía muy guapo y de nuevo para no ser evidente, volví a prestarle atención a Cristina quien hizo unos comentarios que evidenciaban aún más, algunos detalles de Enrique…
- Cristina: Tenía días que no te veía Enrique, ¿aprovechando las vacaciones de Sandra? (su esposa). ¿Cuándo regresa?
- Enrique: Si, he estado full con la info de algunos clientes y en ausencia de Sandra pues le he dedicado el 100% para terminar antes que ella venga, que tiene reservación para el vuelo de regreso el prox. Sábado.
- Yo: Mira que pequeño es el mundo, justamente tengo un colega del bufete que está buscando los servicios de un administrador.
- Enrique: Que te parece si al terminar la reunión, me acompañas a mi apartamento para mostrarte una propuesta…
Ya el paso estaba dado. Tenía que concentrarme en esta reunión, comportarme como un profesional para luego estar a solas con Enrique. Las demás personas integrantes de la Junta de Condominio llegaron, entre ellas una señora que trajo café, agua y jugo… pensé que esta reunión sería eteeeerna, pero afortunadamente las personas acá ayudaron a que fuera grata y luego de un par de horas, dimos por concluida la reunión. Enrique de inmediato me abordó para subir a su apartamento, yo estaba super nervioso. Cristina se anotó a subir también para buscar un libro contable o no sé de qué, realmente no era en lo que quería concentrarme, pero ellos son vecinos, sabrán como se tratan y lo menos que ambos queremos, supongo yo, es levantar un ápice de sospecha. Ya en el apartamento, Enrique nos ofreció una cerveza mientras buscaba el libro, luego de beberla nos ofreció otra y Cristina se excusó y se marchó…
Bebíamos la cerveza, sin decir nada, mirando a todo y a nada… Traté de romper el hielo
- Muy bonito tu apartamento, realmente me gusta mucho toda tu decoración.
- Gracias Raúl, el apartamento lo compramos así y solo hemos tratado de mantenerlo tal cual porque nos gusta…
Mientras hablábamos, notaba a Enrique inquieto asomado por el balcón…
- ¿Pasa algo?, no es el mejor momento?
- No pasa nada… pero va a pasar…
Y sin darme tiempo a reaccionar me agarro por la nuca y me dio un beso que su lengua casi se atora en mi garganta. Mi primera reacción fue apartarme…
- Disculpa Raúl, ¿quizá estoy malinterpretando algo?
- Discúlpame tu, es mi primera vez en todo esto y fue un acto reflejo, de verdad te pido perdón. ¿Podemos empezar de nuevo?
- Entiendo, para mí también es mi primera vez, siempre tuve curiosidad de saber como era estar con un hombre, pero nunca me atreví y quise iniciar yo porque estas en mi casa y de pronto estás…
No lo dejé terminar, ahora fui yo quien le di un morreo de película, luego me dijo que le permitiera asomarse de nuevo al balcón, quería cerciorarse de que Cristina se fuera y no viniera a molestarnos. Ahora si estábamos mas desatados, nos fuimos despojando mutuamente de nuestras ropas. Enrique fue el primero en quedarse en bóxer y se le marcaba una buena polla, mas o menos como la mía, no pequeña, no grande si un poco gruesa. Sin quitarle la vista terminé desnudándome completamente y mi polla morcillona fue el objetivo de los ojos de Enrique. Nos acercamos nuevamente y nos volvimos a besar, esta vez el me sujetaba la polla con algo de firmeza, lo cual ocasionó que tuviera una erección como nunca antes en mi vida. Le sujeté el bóxer por la orilla y se lo bajé de una sola vez, llevé una mano hacia su pene y lo apreté, estaba totalmente erecto. Que caliente ese pene, sentía como palpitaba entre mis manos, no me consideraba gay, pero esto era demasiado excitante para detenernos.
Solté a Enrique, pero no a su polla mientras me atreví a agacharme dando besos por su cuello, pecho, le chupé las tetillas, luego su abdomen hasta ir acomodando su pene cerca de mi cara. Sentía, su olor, olor varonil, lo masturbe un poco, es similar al mío, unos 15 o 16 cm, un tanto grueso con un glande oscuro y muy venoso. Pase mi lengua por la punta de su pene y su sabor me encantaba, definitivamente esta experiencia sería inolvidable. Lo miré a los ojos y me fui tragando completamente su hermoso y delicioso pene, convenía aprender sobre la marcha, pero pensé que debía hacerlo de la misma manera que sentía que lo hacia mi esposa conmigo, o mis antiguas novias… me lo tragué completo, apenas le di unas cuantas mamadas y Enrique me detuvo…
- Que pasó, ¿te hice daño?
- No, para nada, es que yo también quiero probar
Enrique me propuso ir hasta su cama y estando ahí hicimos una especie de 69, estábamos de lado con las piernas un tanto abiertas, yo me llevé el pene de Enrique nuevamente a la boca y sentí como el hacia lo mismo con mi polla. Sentí una descarga eléctrica en mi cuerpo de solo pensar que un hombre me estaba comiendo el rabo. Con mi mano libre le acariciaba las nalgas, los testículos… Estaba un tanto incómodo, pero logré llegar hasta su ano. Enrique dio un respingo, pero se dejó hacer. Con la baba que salía de mi boca, producto de la mamada fui lubricando su ano, poco a poco fui metiendo un dedo. Mi nuevo amigo se aventuró y copiaba lo que yo hacía, que delicia lo que estaba sintiendo. No pasaron muchos minutos, la excitación a esta nueva experiencia era demasiada. Enrique sacó mi polla de su boca para decirme que estaba cerca de acabar. Le dije que no lo sacara, quería probar su leche y el me pidió lo mismo y es así como al cabo de unos minutos mas estaba probando el semen de un hombre, la leche de Enrique, sin pensarlo dos veces me la tragué, varios chorros de caliente esperma rebotaban dentro de mi boca, tragué y tragué hasta que ya no quedaba nada y seguí mamando su polla hasta que ya estaba perdiendo la erección y en unos minutos mas fue mi turno de correrme en su boca, Enrique me abrazó haciendo que mi pene entrara al máximo en su boca, sentía su lengua dando vueltas sobre mi pene mientras eyaculaba. Ambos caímos de espaldas, satisfechos, con mas nervios que antes…
Me fui sobre el y lo puse boca abajo, le daba pequeñas nalgadas y mordisquitos. Le lamía las nalgas, duras y fuertes hasta que poco a poco llegué hasta su ano y comencé a lamerlo también. Metí la mano por debajo buscando su pene y sentí que rápidamente recuperó su erección …
- ¿Tenemos algo más de tiempo? (pregunté a Enrique)
- Si, tenemos bastante tiempo, ¿por qué?
- Quiero que me cojas
Sin pensarlo dos veces, Enrique fue a buscar un pequeño bote de lubricante. Al regresar me volteó boca abajo y me dio un poco del mismo tratamiento que le di a él. En muchas oportunidades mi esposa me ha dado un beso negro, inclusive me ha metido un dedo, pero jamás será igual a que te lo haga otro hombre y de paso que apenas acabas de conocer. La sensación de su lengua hurgando en mi culo es única, no se compara con nada, mi cuerpo reaccionó arqueando la espalda, levantando más el culo para darle mas comodidad y sentirlo mucho mejor. Luego sentí como me untaba el lubricante y masajeaba con un dedo, yo busqué relajarme lo mas posible hasta que sentí ese dedo adentro. Lo metía y sacaba como follándome, cuando sintió que no había resistencia metió otro dedo. Poco a poco me fui adaptando a él, con mucha suavidad me estaba masajeando la próstata, yo sentía que estaba en las nubes. Minutos después un tercer dedo invadió mi recto, sentí que todo estaba mucho mas apretado, pero con la ayuda del lubricante todo iba bien y Enrique fue extremadamente cuidadoso. Esos tres dedos ya entraban y salían cómodamente de mi culo, ese masaje prostático es de otro nivel, nunca había sentido algo parecido…
- Ya estas listo (me dijo Enrique)
- (Girándome boca arriba) Si me vas a desvirgar el culo quiero mirarte a los ojos
Enrique se acomodó entre mis piernas, luego pasaba la cabeza de su pene por la hendidura de mis nalgas hasta que se detuvo en la entrada de mi ano donde empezó, muy sutilmente, a empujar la caliente cabeza de su polla en mi virginal esfínter, mientras nuestros ojos se apuntaban entre sí. Al tener la cabeza completamente adentro, se detuvo unos instantes…
- ¿Estas bien? (me preguntó)
- Me siento demasiado bien…
Sacó la cabeza de mi culo, pero no la retiró completamente, la introdujo de nuevo y luego la volvió a sacar, así estuvo un par de minutos, follándome solo con la cabeza, mientras subió una de mis piernas a su hombro. En ese instante, su mirada se paralizó en mi mirada y empujó, poco a poco toda su polla dentro de mí. Nos quedamos quietos por breves instantes, apenas sentía algo de dolor, ese pedazo de carne que tenía dentro de mi culo me hacia sentir en las nubes. Bajé la pierna de su hombro para abrazarlo con ambas piernas, como en la pose del misionero. Se acercó a mi y nos dimos un profundo beso dando inicio a un mete y saca pausado al principio que me dejaba sin aliento, por la novedad y por la excitación, para ir adquiriendo velocidad y fuerza poco a poco. Sentía su pene palpitando en mis intestinos al tiempo que entraba y salía, ya no sentía dolor, solo placer, un placer indescriptible que nunca en mi vida había sentido. El golpeteo a mi próstata aunado a la excitación hizo que me corriera sin apenas tocarme, Enrique pasó sus dedos por mi abdomen, recogiendo parte de mi eyaculación en sus dedos y llevándolo a su boca, hacia esto mientras su pene seguía castigando mi intestino sin piedad…
Enrique se salió de mi y me pidió que me pusiera en 4, me penetró lentamente y cuando estuvo todo adentro comenzó a follarme, ahora con más fuerza, me estaba culeando brutalmente, yo empujaba mi culo más hacia el mientras su pene me taladraba las entrañas, estaba completamente entregado a él. Quería que esto nunca terminara, quería tener ese pedazote siempre en mi culo.
Enrique me sacó la polla para luego metérmela de una sola embestida, lo hacia una y otra vez penetrándome hasta el fondo, follándome arrebatadamente, gimiendo con fuerzas, con sus manos sujetándome firmemente por las caderas, haciéndome suyo. El gritaba marcando su poderío en la follada y yo gemía muy fuerte. Al cabo de unos instantes, Enrique empezó a gemir mucho mas fuerte, sentí que su polla se hinchaba aún más, latía más fuerte, la sentí muy caliente. Luego me jaló enérgicamente por los hombros y me empujó su verga lo mas profundo que se podía al tiempo que empecé a sentir como inundaba mi culo con su semen, sentí nítidamente como varios chorros de su esperma salían de su polla para alojarse en mis intestinos, las palpitaciones de su pene eran fortísimas, Enrique me sujetaba muy fuertemente hasta que terminó de correrse, luego se tumbó sobre mi hasta que su polla salió lentamente de mi culo al perder la erección…
Siempre tuve la curiosidad de como sería tener sexo con un hombre, al igual que Enrique, teníamos miedo de y con quien dar ese paso. El destino nos colocó en el mismo lugar, con las mismas ganas. Seguramente tuve la dicha de conocer a mi amigo Enrique, quien fue muy sutil, muy respetuoso, haciendo que esta experiencia fuera sublime, logró transportarme a un estado de bienestar y placer emocional difícil de explicar…
Por cierto, ahora me toca hacerle sentir a él lo mismo…
FIN