Capítulo 1
Capítulo 2: Manos a la obra
Los años pasaron y nada mejoró, mis intentos nunca cesaron pero continuaba con los constantes y muy dolorosos rechazos con las chicas de mi edad y con mi madre.
Deje pasar varios meses para volver a intentarlo con mamá, esta vez sabía que no tenía que ser desde el deseo físico sino de la seducción, cada que podía le hacía tiernos cumplidos como “que linda que estás” comencé a ser su confidente cada vez que se peleaba con mi padre, ella me contaba con lujo de detalle y llorando todos los improperios que él le profería y yo más de una vez me metí en medio de una discusión de ellos para defenderla cuando ella le reclamaba una infidelidad y él le gritaba profiriendo los peores insultos, aun así ella nunca quiso divorciarse de él. Fueron a consejería matrimonial varias veces, un imbécil de terapeuta le recomendó a ella recuperar la actividad sexual con él sin embargo para ella era casi un abuso por las que lo intentó y redoblaba esfuerzos por parecer sexy al menos verbalmente.
Una vez al salir del matrimonio de un familiar se refirió a un primo suyo muy gordo con mi padre diciendo “viste que ha adelgazado desde que está con su nueva novia? Debe ser porque le está dando mucho SEXO” intento tanto ser sucia pero me resultó tan tierna, a mi padre esto le pareció hasta ridículo y se le burló a mí me encantó y hubiese deseado que me lo dijera a mí para besarla.
Cuando podía intentaba retomar el juego de mi infancia en nuestras siestas pero ahora cada vez que intentaba pegarme a ella y sentía mi erección (porque solo estaba en boxer) ella me apartaba con mucha delicadeza y con ternura me decía “mi hijito, soy la mamá” yo fruncía el seño, me apartaba y disimulaba que no sabía de lo que estaba hablando, otras veces, me hacía el cariñoso y saltaba encima de ella mientras estaba acostada a besarle el cuello, la frente; la mejilla cerca de la comisura de sus labios y decirle que la quería mucho; mientras ella me apretaba aprovechaba y dirigía mi rostro a sus axilas que también eran mi nuevo fetiche, eran tan suaves, olían delicioso siempre y de vez en cuando se asomaba alguno que otro delgado vellito que a veces por un segundo trataba de atrapar con mi boca y lamer su axila pero nunca lograba culminar mi misión debido a que mi erección se asomaba rápida y violentamente haciendo que ella me aparte con disgusto y brusquedad.
Muchas otras veces debido a las peleas de mis padres o porque me hacía el enfermo, ella iba a dormir conmigo y yo haciéndome el dormido apegaba mi erecto pene en sus caderas o la abrazaba para posar mis manos en sus tetas hasta que ella emitía un sonido en desagrado y otras esperaba a que ella estuviera profundamente dormida y debido al calor separaba sus piernas para que entrara algo de aire a su hermosa mente velluda vagina así que yo trataba de escabullirme lo más cerca posible de aquel misterioso tesoro para lograr percibir en algo su olor y deslizaba mis dedos con cuidado en medio de sus piernas sin tocarla para no despertarla con la esperanza de lograr llegar hasta aquel lugar que era mis obsesión pero cuando mi dedo se encontraba con uno de sus largos vellos que se asomaban con imprudencia por su calzón ya sea a los costados o incluso traspasando la tela debido a la vejez de su prenda y lo alargados y erizados que estaban terminaban funcionado como una alarma automática donde ella cerraba con violencia sus piernas cada vez con más desagrado lo cual solo por ese momento hacía que los odiara y deseara que no existieran, únicamente por ese instante.
A los 15 me rendí, mi madre cada vez estaba más físicamente distante de mí aunque seguía siendo muy cariñosa verbalmente y en atenciones pero cada vez que intentaba algo le rechazaba con mayor molestia y eso estaba afectando más de lo debido a mi salud emocional. Decidí conformarme con desearla y desquitarme en secreto, conformarme con lograr al
Menos ver por una sola vez como era su vagina; si estaba totalmente cerrada o sus labios vaginales sobresalían, como era su clítoris? Mi apuesta era que debido a la falta de uso todo estaba tan bien en su lugar y sus labios mayores eran gordos y perfectos, que su clítoris era pequeño redondo y cubierto muy bien por sus labios y por supuesto por su barrera de vello que me obsesionaban, empecé a ver videos de incesto madre e hijo en internet, cada vez me masturbaba más, cuando mis padres salían iba al bote de ropa sucia y tomaba los calzones más sucios y usados de mi madre los amarraba en mi nariz como máscara lo más apretado posible de manera que cada vez que intenté respirar por la nariz se metiera la zona donde iba su vagina en mis fosas nasales haciendo que ese delicioso olor se quedaba impregnado dentro de mi nariz y me acompañara hasta a veces el siguiente día.
A mi madre le habían retirado el útero cuando tenía 5 años así que ya no menstruaba por ende el olor que despedían sus calzones usados eran 100% de flujos de su vagina.
Cada que podía intentaba ver entre sus piernas cuando las tenía abiertas mientras estaba acostada o durmiendo o viendo la Tele pero se daba cuenta enseguida y las cerraba procurando cubrirse lo más posible y poniendo cara de enojo apenas y alcanzaba a divisar sus vellos saliendo abundantemente a los costados de su calzón como si ellos también estuviesen de acuerdo conmigo que esa maldita prenda cubría un tesoro que debía y merecía recibir aire directamente andar libre sin ser escondido y sobre todas las cosas ser visto por mis ojos porque su vagina era arte y arte yo el que mejor sabía apreciarla.
Otras veces (en las navidades) aprovechaba a ayudarla a guardar los adornos o bajarlos en una bodega que tenía arriba de mi habitación sosteniéndole la escalera mientras gozaba de la vista aérea pero cuando quería ver más allá de sus calzones volvía a darse cuenta y se tapaba.
No sabía si yo era demasiado obvio o ella sentía mi deseo sexual tan fuerte que se cohibía enseguida porque sabía (o al menos así lo consideraba ella) que era algo “prohibido y malo” y así seguí hasta mis 18 años.