Una trampa con intenciones
Me he decidido a relatar cómo empezamos a disfrutar del sexo exclusivo, el sexo compartido, libre, morboso, etc. Mi mujer siempre tuvo claro que conmigo disfrutaría muchísimo en lo básico, pero llegó el momento de no conformarse y fue ella quien abrió la puerta a experimentar.
Somos muy morbosos, pero poco habíamos hablado de nuestros límites. Ella quiso comprobarlo haciéndome una trampa de la que nunca hemos hablado, aunque los dos lo sabemos todo.
Fue un viernes laboral. Me dijo que había invitado a cenar a un compañero de trabajo. No me pareció mal porque ya me había comentado de él. No sé si estaban unidos para hacerme la trampa y nunca lo he preguntado.
El caso es que se presentó por la noche a cenar. Lo recibí yo. Venía majete, perfumado y traía un vino bueno, lo normal. Tomamos unas cervezas picoteando hasta que cenamos los tres. Buen ambiente, se notaba.
Después de cenar tomamos café y mi mujer dijo de tomarnos una copita. Bueno, ya estábamos alegres la verdad. Cuando mi mujer dijo que bajaba a por hielo a alguna gasolinera, nos pareció genial.
Me quedé charlando con el compañero en el salón y se escuchó la puerta de la calle como si se hubiera ido. Yo ya estaba algo cargado cuando, de repente, el compañero se levantó, se puso delante mío y empezó a desabrocharse el pantalón mientras me decía que estaba seguro de que íbamos a disfrutar.
Yo no reaccioné, no me salió decir nada. No me esperaba esa situación y solo me quedé mirándole. Se bajó el pantalón y, aunque yo le miraba a los ojos, notaba que él estaba caliente, notaba que estaba duro por el gran bulto en su slip.
Pero yo seguía sin poder reaccionar, solo escuchaba su respiración cada segundo más fuerte. Cuando me puso una mano en mi cabeza guiándome hacia su slip, notaba por mi boca y mi cara lo grande y dura que tenía la verga.
Al rato se bajó el slip y, diciéndome que teníamos un rato para disfrutar mientras supuestamente mi mujer había bajado a por hielo, me separó la cabeza, se cogió la verga y empezó a rozármela por la cara hasta que me la metió en la boca.
Sin pensar nada, empecé a mamársela. Notaba cómo él disfrutaba con cada chupada que le hacía y eso me hizo disfrutar a mí. Se la mamaba una y otra vez, con ganas. Sentía mucho deseo de hacerle gozar.
Y todo esto sin darme cuenta de que estaba cayendo en la trampa de la cabrona de mi mujer. Ella vio todo. Nunca se fue, a pesar de que dijo y hizo que se iba a por hielo.
Reconozco que en plena situación la descubrí, pero ya era tarde para no seguir. Ella se quedó escondida en el pasillo y se acercó tanto que pude ver su sombra. Notaba y veía cómo se masturbaba y se retorcía de placer.
Y para no extenderme demasiado os diré que me acabó en la boca… y sí, me encantó.
Así fue nuestro comienzo, aunque por separado. Después de casi 8 años, seguimos disfrutando de muchas maneras juntos.
Espero que seáis comprensivos, respeto y discreción. Gracias, saludos.
Chao, chao.