Capítulo 3

Capítulos de la serie:

Como conté en mis relatos anteriores, volví a las playas de Monte Hermoso por invitación de Tito (un amigo de años), con la idea de ver algunas ofertas de maquinaria y aprovechar las tardes y noches para recorrer las arenas cálidas.

Creo necesario describir a mi amigo Tito para entender esta secuencia de historias. Con él nos conocemos desde los 19 años (hoy tenemos 59) y es lo que en Argentina se suele denominar “un pirata”.

Hombre de la noche y el comercio, tiene mil experiencias de todo tipo: comerciales y otras no tanto. Cuando empezamos a estudiar a nivel terciario compartíamos carrera y ambos nos recibimos con el mismo título, pero no es un tipo que uno pueda encerrar en oficinas o aulas. Le gusta la noche, la joda y apenas pudo, montó una distribuidora de productos alimenticios.

Eso le abrió muchas puertas comerciales, y su capacidad de convencimiento, las piernas de secretarias y negociantes mujeres. Pero no se quedó con eso, supo utilizar cada logro y contacto para mejorar sus expectativas comerciales.

Ha tenido grandes progresos y sus ingresos le han permitido incursionar en muchos rubros. Este año, decidió ampliar su cartera al rubro gastronómico. Tuvo una oferta más que interesante y decidió encararla, para ello me llamó y consultó respecto del ramo, ya que es una de mis debilidades y siempre ha sido mi idea desde que dejé la docencia. Con su dinero y mis conocimientos, fuimos a ver negocios que cerraban por bajo rendimiento, y necesitaban vender equipamiento para sanear deudas. Eso nos llevó a Monte Hermoso y aprovechamos sus habilidades y mis conocimientos para pasar varios días en el lugar y disfrutar de las bondades de la ciudad.

Ya habíamos pasado varios días viendo equipamiento y aprovechando las noches para ligar con mujeres desinhibidas, solteras o divorciadas en busca de acción, pero nos quedaba explorar un rango de edad que se decía era muy intensa, fogosa y desprejuiciada.

Para dos hombres de más de 50 años, lograr algo con chicas que no superaran los 30 sería complicado. Pero Tito me mostró como se llega a esos terrenos.

El día jueves 29 de Enero, llegamos a Monte a las 9 de la mañana evitando las altas temperaturas pronosticadas. Fuimos al domicilio donde nos alojaríamos: a diferencia del viaje anterior, alquilamos una casa no muy grande pero con dos habitaciones, parrilla y las comodidades típicas. Dejamos los bolsos con la ropa, nos pusimos ropa adecuada al calor y fuimos a desayunar a una de las clásicas confiterías del centro. Mientras tomábamos un café, Tito le preguntó al muchacho que nos atendía si había algún Relaciones Públicas de los paradores y antros en la zona. Le señaló uno y le hizo un gesto para que se acercase a nuestra mesa.

Tito: buen día maestro, ¿dónde podemos pasarla bien esta noche?

El muchacho nos miró y nos recomendó una confitería que era concurrida por maduras en busca de acción.

Tito: no me entendiste, somos empresarios gastronómicos y buscamos algo más joven.

Al chico se le abrieron los ojos como dos platos, mientras Tito llamaba al mozo y le pedía que le sirviera lo que él pidiese. Ante esa situación, cambió la actitud del RRPP. Ya pidió un café con nombre extraño y un par de croissants, y se sentó a la mesa. Comentó algunas opciones, pero nos aclaraba que las posibilidades eran bajas.

Tito: ¿si te pido un pase para un VIP, qué chances tenemos?

RRPP: muchas, ahí no entra cualquiera, pero vale una moneda.

Tito: si la mercadería es buena, podemos negociar.

RRPP: ¿hablamos de unos $ 80.000?

Tito: mitad ahora y la otra una vez que estemos dentro

RRPP: duro para negociar, ¿tu nombre?

Tito: me llamo Alberto pero me conocen como Tito, podés averiguar si llamás a este número de qué moneda manejo

Le extendió la tarjeta de nuestro contacto para la compra de equipamiento y tan solo leer el nombre del vendedor, nos extendió dos pulseras de papel color verde flúor.

RRPP: los esperamos esta noche en el Parador

Dicho esto, se puso de pie y se alejó con los $40.000 en el bolsillo y la seguridad de haber hecho un buen negocio.

Tito: ¿viste que fácil es entrar en el ruedo? Ya tenemos la mitad de la noche salvada.

Alejo: sos terrible loco, invertir sin seguridad…

Tito: quédate tranquilo, esta noche el pibe este nos entrega hasta la madre.

Terminamos el café, y nos fuimos a cerrar el trato por el equipamiento. Cuando estábamos en el local, Tito le contó la charla con el RRPP y el vendedor nos dijo que él haría su parte para que la noche fuera inolvidable.

Se cerró el trato, se pagó un 60% de la compra en efectivo y volvimos a la zona céntrica a dar un paseo. Cada vez que nos cruzábamos al pibe del parador, nos hablaba, nos contaba las bondades del sitio y nos daba alguna recomendación a respecto. La última fue fundamental: era noche de BLANCO, había que llevar una prenda blanca indefectiblemente.

Volvimos a la casa y revisamos los bolsos, cuando no hallamos nada, retornamos al centro en busca de algo que nos permitiera ingresar. Una remera para Tito y una camisa para mí. Cenamos en la zona céntrica, haciéndonos notar con algún detalle y a las 23 horas nos fuimos al parador.

Nos recibieron con un par de bebidas gentileza de la casa y nos ubicaron en un sector especial. Había muy poca gente todavía. Las copas volaron rápidamente y pedimos un champagne que nos trajo una mesera que no superaba los 20 años, con tres copas.

Tito: ¿para qué tres copas?

Segundos después el vendedor del equipamiento del negocio, Pepo, se acercó a la mesa.

Pepo: buenas noches muchachos, gracias por venir, soy uno de los anfitriones.

Sirvió las tres copas y brindamos por el negocio realizado.

Pepo: ¿Están solos?

Tito: si

Pepo: ya les hago llegar compañía.

Se quedó un rato charlando hasta que aparecieron varias mujeres en la recepción. Hizo señas y dos de ellas se acercaron.

Pepo: ellas son Rita y Trini. Lo que necesiten, se lo piden.

Las invitamos a sentarse y compartieron con nosotros un par de botellas. Rita era rubia, unos 24 años, buen físico pero se notaba que no estaba muy de acuerdo con estar allí. Trini, quizá 26 años, morocha algo más menuda que su compañera y bastante más amable, sabía de qué venía la mano.

Trini: chicos, ¿qué les gustaría hacer?

Tito: con ustedes, nada. No nos gusta que estén obligadas.

Rita: gracias por ser tan caballeros

Se pusieron de pie y ambas se fueron. La noche avanzaba y estábamos en blanco (por la ropa y por la compañía), hasta que apareció el RRPP.

RRPP: bajen a la arena, al sector VIP, ahí está mejor la noche.

Terminamos la última botella y bajamos. Ahí había buena música, los tragos corrían con la pulsera que nos habían entregado y las compañías se multiplicaban: rubias naturales, de peluquería, morochas, pelirrojas, jóvenes, maduras, flacas, rellenitas, desprejuiciadas, mojigatas: lo que te fuera en ganas.

Nos acoplamos a un grupo donde los hombres eran casi de nuestra edad y las acompañantes más jóvenes, se bailaba sin problemas, se intercambiaban parejas, había rondas de tragos masivas, en definitiva un descontrol.

Tito se enganchó con una morocha muy bonita, de vestido muy holgado, excelente figura y muy extrovertida. Yo me quedé algo alejado fumando hasta que una pelirroja se aproximó en busca de lumbre para su cigarrillo.

Fabi: ¿me darías fuego? Perdí mi encendedor en medio del quilombo.

Alejo: servite – le dije extendiéndole el encendedor

Fabi: gracias, ¿te estas aburriendo, cierto?

Alejo: algo así

Fabi: yo también, vine con una amiga y me dejó en banda. Se rajó con el promotor.

Alejo: mi amigo se enroscó con una flaca y desapareció.

Fabi: estamos iguales. ¿Vamos a caminar? Esta música me aburre

Alejo: dale, si no te molesta

Fabi tiene unos 45 años, divorciada con dos hijos ya independientes, vive de los ingresos que le produce su residencia para adultos. No es despampanante, pero tiene su atractivo.

Caminamos un buen rato hablando de todo un poco, del descontrol de la fiesta, las locuras que suelen hacerse en busca de un momento de distracción, de lo que se consume (y no necesariamente alcohol), lo poco que se valoran alguna mujeres para obtener beneficios, cómo se aprovechan los hombres de esas circunstancias, de la inconsciencia de unos y otras y las consecuencias que acarrean esas actitudes.

Fabi: me molesta que las chicas se regalen por un par de tragos, pierdan la conciencia y no recuerden al día siguiente lo que vivieron en la noche.

Alejo: totalmente de acuerdo, nosotros nos divertíamos de otra manera y nos encantaba pasar una buena noche y saber con quién despertábamos al lado.

Fabi: ustedes se aprovechan, más si son pendejas.

Alejo: y ustedes no nos van en saga, eligen los mejores partidos.

Soltó una carcajada y me dio un leve empujón con el hombro: “Si andás de caza, buscas la mejor presa” dijo entre risas.

Alejo: a nosotros nos pasa lo mismo, buscamos presas apetecibles

Fabi: ¿preferís carne joven sin experiencia o algo menos tierno pero con conocimientos?

Alejo: ¿qué tal un mix?

Fabi: ok, ni tanto ni tan poco

Alejo: ¿y vos?

Lo pensó un poco, y cuando nos acercábamos a la zona de la rambla me señaló un bar que aún estaba abierto. “Vamos por un café y te cuento” dijo invitándome a compartir un rato más.

Ya ubicados, y habiendo pedido la primer ronda, retomamos la charla.

“Cuando tenés cuarenta y tantos, surgen otras necesidades: buena charla, momentos agradables, una buena comida, generalmente buena música y cuando todo eso se conjuga, quizá una buena noche compartida, mimos, besos…” comenzó con su monólogo. “En mi caso, ya no busco parejas estables, aunque no las descarto. Vivo bien sola, pero cada tanto un poco de actividad no viene mal. Nada de compromisos. ¿vos?”

Alejo: llevo algo más divorciado que vos, pero me parece muy buena tu postura. Ya no tengo ganas de compromisos, aunque si me gusta la buena compañía. Obvio que me siguen gustando las mujeres, pero nada complicado”

Llegó la segunda ronda de café y la charla se volvía más amena e íntima.

Fabi: ¿por qué fuiste a la fiesta? ¿qué buscabas?

Alejo: una minita joven para recordar tiempos pasados y de paso acompañaba a un amigo que está cerrando un negocio.

Fabi: y te fue mal…

Alejo: no creí que la noche hubiera cambiado tanto. Pibas regaladas a cambio de tragos y “pasadas de rosca”

Fabi: y te aburriste y terminaste charlando con una colorada más lúcida.

Alejo: si, me aburrí, pero la “colorada” es muy interesante

Fabi: Apuremos el café, que están queriendo irse los empleados. Sigamos caminando

Pagué la cuenta y volvimos a la arena, ya comenzaba a amanecer, la luna daba paso a los primeros rayos del sol. En las carpas de los balnearios podía verse como los jóvenes terminaban su noche a puro sexo. Los gemidos podía escucharse claramente y nos tentamos de risa al oírlos: “Una pena que no puedan disfrutarse como corresponde en una cama, ¿te imaginás cómo van a quedar? Van a tener arena por todos los agujeros, ja ja ja” dijo tentadísima.

Alejo: lo que debe raspar… por favor…

Fabi: esta tarde aparecen paspadísimas y caminando como robots

Nos reímos de la ocurrencia y nos encaminamos a la zona del centro.

Eran casi las 5 y la noche había dejado paso a la mañana, cada tanto nos rozábamos y teníamos la tentación de tomarnos de la mano, pero solo amagábamos sin dar el siguiente paso. El aroma de una panadería que recién abría nos invadió y casi como acto reflejo entramos en busca de unas facturas aún tibias.

Fabi: ¿estamos lejos de tu casa? ¿Vamos por unos mates?

Alejo: estamos bastante alejados, ¿tú casa?

Fabi: departamento, está a 3 cuadras. Vamos, yo invito.

Llegamos y abrió la puerta de acceso, de allí al ascensor, el silencio era importante, parecía que el edificio estaba deshabitado.

Fabi: la mayoría de los ocupantes son pibes, no habrá ruido hasta pasado el mediodía.

Llegamos al 7mo piso, el ascensor se abrió y solo dos puertas marcaban los departamentos. «No creas que es mío el semi, lo alquilamos junto a mis hijos, pero no vendrán hasta la semana próxima junto con sus familias” mencionó.

Ingresamos y pude sentir la fragancia del perfume de Fabi, que llenaba los ambientes. Caminamos rumbo a la cocina, dejó el paquete sobre la mesa y me indicó donde estaba cada cosa, así preparaba el desayuno mientras ella se cambiaba de ropas. Volvió con el típico vestido playero, muy holgado, casi transparente que dejaba ver su ropa interior (o bikini) de color rojo.

Mientras se terminaba de calentar el agua, pedí permiso para pasar al baño y lavarme un poco las manos y mojarme el pelo, busqué una toalla y tras secarme, la dejé en un cesto de ropas, donde ví algunas prendas, entre ellas una tanga minúscula color blanca que tenía una pequeña mancha en el centro. Estaba húmeda todavía, era más que claro que las imágenes de la playa y las carpas habían hecho efecto en Fabi. Sentí deseos de aspirarlas, pero si demoraba mucho ella se daría cuenta, volví y la hallé revisando su celular y enviando un mensaje de voz: “no me esperen hasta la tarde, estoy ocupada” dijo y cortó todo contacto.

Me senté junto a ella y mientras retomábamos la charla, tomamos unos mates y comimos las facturas tibias. Se sirvió una medialuna y la comió de manera sugestiva, haciendo algunos movimientos llamativos. La tomó por la punta y me la extendió, invitándome a morderla, la situación se ponía interesante.

Cuando quise aproximar mi boca a la masa, la retiró y se acercó hasta rozar mis labios con los suyos.

Fabi: no podés demorar tanto en intentar algo, quería que me lleves a tu casa para poder terminar una excelente noche. Vamos a mi cama.

Alejo: me gusta cómo te manejas, no quería que lo tomes a mal.

Fabi: a mal lo tomaría si no me llevás a la cama

Por primera vez nos besamos, tranquilamente, sin urgencias. Ella jugaba con mi pelo y yo me dedicaba a acariciarla delicadamente, sin apuro pero de manera intensa. Nos pusimos de pie y me tomó de la mano para llevarme a uno de los cuartos, abrió la puerta y pude observar una cama gigantesca, apoyada en la alfombra, sin base. Me señaló donde estaba el baño de la suite y me pidió que me diese una ducha rápida para quitarme la transpiración y los restos de arena.

Me esperó tendida en la cama, se había quitado el vestido y solo la cubría ese biquini rojo, diminuto, que dejaba escapar algunos vellos vaginales y parecía reventar por la presión de los pechos. Extendió la mano y me invitó a recostarme a su lado, me ubique a la derecha y estiré mi mano para rozar su piel por primera vez.

“Ya te dije, nada de compromiso, solo diversión y satisfacer necesidades, ¿sí?” murmuró mientras extendía una de sus piernas para cruzarla sobre las mías. Nos enfrentamos y nos besamos, delicadamente al principio para volverlo más intenso mientras las caricias empezaban a recorrernos. Las lenguas se entremezclaban y los dedos luchaban con las prendas del otro.

Demostré una vez más la torpeza para desprender su brassier, ya que no podía hallar el broche en su espalda.

Fabi: estos se desprenden por delante, antiguo…

Alejo: ¿y la tanga?

Fabi: se bajan como siempre…

En segundos quedamos desnudos sobre las sábanas, nos disfrutamos mutuamente, mimando y besando cada curva de nuestros cuerpos. “nada de mamadas, quiero juegos directos, ya no somos niños” dijo mientras abría sus piernas y se subía sobre mí. La humedad de su cueva era intensa y me permitió ingresar en ella sin dificultad, sintiéndose penetrada, comenzó a moverse suave y profundo.

Fabi: apretame la cola, no me dejes sacarla de adentro.

Así estuvimos por un buen rato hasta que decidimos acelerar en busca de un orgasmo intenso. Ella lo hizo primero y yo minutos después, dejándole dentro toda la carga de mi verga. Se dejó caer sobre mi cuerpo y se dedicó a besarme lenta y delicadamente mientras se notaban los latidos de su vagina y los últimos espasmos de mi verga.

Fabi: qué ganas tenía de terminar esta noche así, con alguien que lo disfrute tanto como yo, nada de violencia y sacudones impulsivos de un pendejo.

Le corrí los cabellos del rostro y le di un beso largo, como agradecimiento.

Nos quedamos un rato así hasta que fui perdiendo vigor y me salí de su cuerpo. Recién en ese momento se bajó y se acostó a mi lado.

Fabi: vamos a descansar y antes de despedirnos, vamos a tener un segundo round, ¿sí?

Descansamos un buen rato, hasta casi mediodía. Nos despertamos abrazados, ella desnuda y yo apenas cubierto por las sábanas, nos miramos y antes de iniciar cualquier acción, fuimos al baño para darnos un cortísimo baño y volver a la cama.

Ya duchados y todavía húmedos, nos trenzamos en besos y caricias que complementaron mi clásica erección matinal que ella supo aprovechar al máximo. Me dediqué a comerle los pechos y cuando pretendí bajar en busca de su zona más caliente, me detuvo.

Fabi: algo que no te dije, no hago ni dejo que me hagan sexo oral, no porque no me agrade, ya no disfruto de dar placer tanto como que me lo den a mí y esto debe ser mutuo. No te chupo, ni te pido que lo hagas aunque me hace disfrutar descontroladamente.

Dicho eso, empezamos a darnos tantos besos y caricias que la humedad de ambos se hizo muy intensa. No era necesario mucho para que su vagina candente me permitiera penetrarla sin la más mínima exigencia. ”Solo voy a pedirte algo, quiero sentirte a fondo, dámela en 4” dijo antes de ubicarse en el centro de la cama y acomodarse para recibirme.

Abrió sus piernas y estuve tentadísimo de pasar la lengua por esa raja brillante, pero tal como lo habíamos hablado, me limité a frotársela por los labios y comenzar a meterla en ese volcán candente. Primero fue muy lento, pero cuando los gemidos de ambos crecieron olvidé la delicadeza y lo hice de manera intensa.

Tan solo unos minutos después, estábamos a tope y nada tardamos en llegar a un último orgasmo, feroz, intenso y fogoso. Se dejó caer sobre las sábanas que tenían los restos de nuestra intensidad.

Nos relajamos, nos dimos un último baño juntos, y lentamente nos fuimos vistiendo. Volvimos a la cocina, charlamos de cosas banales, completamos el termo de mates y casi a las 14 horas, nos dimos el último beso.

Intercambiamos teléfonos y nos prometimos volver a vernos en breve (cosa que no se si sucederá), me acompañó a la puerta del ascensor y nos despedimos agradeciéndonos la noche vivida y satisfechos por la sesión de sexo.

Salí a la calle que ya empezaba a nutrirse de gente en busca de las cálidas arenas de la ciudad, me fui a la casa donde encontré a Tito rendido después de una noche muy intensa con la morocha que había sido su pareja.

Tito: la minita estaba re loca, se había puesto con pastillas, me destruyó.

Alejo: suerte la tuya, yo podría decirte que pasé una de mis mejores noches con una mujer de 45, muy interesante.

Tito: vinimos con ella y una amiga buscándote, pero me tuve que decidir por una y menos mal que lo hice con ésta, la otra estaba pasadísima. Durmió toda la noche.

Acomodamos las cosas, fuimos a verificar el envío del equipamiento y pasadas las 17 horas volvimos a casa.

Alejo: Tito, ¿realmente la pasaste bien?

Tito: garché como loco, pero las minitas estas están requemadas. Mejor sigamos con las veteranas, son menos complicadas.

Así terminó mi experiencia por las arenas montehermoseñas, con un aprendizaje seguro: YA NO SOMOS JOVENES Y NO ESTAMOS EN CONDICIONES DE COMPLACER A LAS CHICAS, MAS VALE EXPERIENCIA Y TRANQUILIDAD QUE JUVENTUD Y DESCONTROL.

Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.

Saludos,

Alejo Sallago – alejo_sallago@yahoo.com.ar

Visita playera

Visita playera II