Buen día. Aquí recordando el pasado y me llega una erección inevitable. Esto pasó en Querétaro. Yo siempre he sido muy caliente.

En una de tantas veces que llegué alegre a casa, le pedí a mi pareja que me acompañara al Oxxo a comprar más cerveza, a lo que accedió. Ella sabía que le pediría una rica mamada en el camino. Se puso un mallón negro algo traslúcido y una blusa corta.

Total, agarramos un libramiento que es muy solitario. Antes de que se lo pidiera, ella ya estaba de rodillas en el asiento del copiloto, lista para empezar a darme una rica mamada. Ni tardo ni perezoso, me bajé los pantalones y seguí conduciendo mientras, con dificultad, le quité por completo su mallón y su calzoncito que llevaba puesto para poder meterle mano por sus ricos hoyitos.

Me calenté y le dije que me gustaría que nos vieran, no sé, algún camionero que circulara por la carretera. Antes de que contestara, vi uno que iba lento, por lo que me le emparejé y encendí la luz interior. Dejé que viera a mi esposa desnuda, con su culito parado en la ventana, sin que dejara de mamar. Eso me calentó mucho. Sentí que me venía.

Total, seguimos nuestro camino y ella se sentó un rato para descansar. Más adelante me orillé en un espacio y me bajé del carro para empezar a cogerla en el cofre del coche. Pasaban muy rápido los carros, por lo que no tenían tiempo de ver con claridad o detenerse.

Mientras la tenía ensartada, le decía que le alegráramos la noche a un despachador de gasolina, dejando que le viera el culito a sus anchas. Respondió que sí, por lo que rapidísimo la subí al carro y empecé a conducir hasta la primera gasolinera que encontrara, antes de que se arrepintiera. Conozco bien la zona y llegué pronto a una. Me paré con la ventana abierta, como si fuera a cargar. Por lo que, al acercarse el despachador, lo que vio fue el culito de mi esposa paradito en la ventana, ella totalmente desnuda y mamando mi verga.

Al ver que no reaccionó ni dijo nada, decidí moverme de ahí. Ella siguió mamando. Ya ahora le dije que me gustaría ver que alguien más se la cogiera. Me dijo que estaba loco. Ahora eso es lo que yo quería: ver cómo se la cogían. Por lo que empecé a buscar algún afortunado desconocido.

Se me acababan las opciones y ya casi llegábamos a casa de regreso. Vi una obra en construcción, era un pequeño fraccionamiento en obra y, al fondo, vi un camión. Estaban dos trabajadores en espera para descargar material. Recuerdo que uno era joven, unos 16 o 17 años máximo, y el otro se veía de más de 50.

Me acerqué caminando y les dije lo que quería. Temerosos me dijeron que no sabían cómo (qué pendejos) y me comentaron que le hablarían al velador, que ese sí le atoraba. Le hablaron y vi un sujeto de 1.90 más o menos, fornido y de unos 25 años. Le comenté lo mismo y todavía le dije: «Vamos, y si te gusta lo que ves, te la coges».

Me subí al carro y le dije a mi mujercita: «Quiero que me des una mamada y levantes las nalgas para que vean bien lo que me ando comiendo. Tú relájate, no digas nada, solo escucha cómo de chulean tu culito. Solo sigue mamando y ya».

Total, se acercaron los tres y, agarrándose el bulto, vieron cómo me la estaban mamando. Me dirigí al velador que se me quedó viendo y le pregunté si le gustaba lo que veía, que podía agarrar sin problema. Enseguida estiró la mano directa a los pechos de mi chaparrita. Sentí como me dio un ligero pellizco en la pierna y apretó los labios. El amigo le empezó a tocar todo: pechos, piernas, nalgas, hasta la cabeza. Y cuando se acercó a su cosita, le metió los dedos. Empezó el mete y saca con su mano. Mi chaparrita soltó un gemido muy cachondo.

Aproveché para atacarla. Le empecé a preguntar: «¿Quieres que te la metan? ¿Quieres que te cojan? ¿Quieres sentir otra verga?». Ante tanta calentura y cachondeada respondió: «¡Síiiii!».

El amigo sacó un condón y me dijo: «Vete al fondo, deja cierro para que no vaya a entrar una patrulla y ahorita voy». Me fui enseguida y mi esposa, ya con miedo, me decía que nos fuéramos. Me negué: «Ya estamos aquí, le dije, empezamos ahora terminamos». Me tomó del brazo y dulcemente me dijo: «Está bien, pero solo que sea uno, con los tres no».

Observé en la oscuridad que venía el amigo y lo fui a encontrar para llegar juntos al carro. Yo no sabía cómo avanzaría esta situación, era su primera cogida de mi mujer, cómo la acomodaría… Y cuál es mi sorpresa que, al abrir la puerta, la veo de rodillas empinada en el asiento del copiloto. Le pregunté: «¿Eso qué?». Y me dijo: «Pues no que me la iban a meter».

Eso me calentó muchísimo y le dije: «Pero así no». La tomé del brazo con fuerza y la bajé encuerada del carro. Y cual vil puta la dirigí del brazo entregándosela al amigo, que también la tomó del brazo y la hizo caminar como unos 5 pasos a su lado sin soltarla. Ahí le empezó a agarrar todo. Le costaba trabajo por lo alto y mi esposa por sus 1.50 de estatura. Se las ingenió para mamarle los pechos y meterle dedo por su panochita.

Yo la levanté enseguida, quedando ella frente a mí, toda coloradita de la cara, y la dirigí a que me la mamara. Le pregunté si estaba lista. Asintiendo con la cabeza que sí, sin dejar de mamar. Se acercó el amigo, dobló un poco sus piernas y se la dejó ir de golpe. Mi chaparrita, al sentir la embestida, dejó de mamar, soltó un fuerte grito y me apretó las piernas. Y con justa razón: yo tenía al amigo de frente y vi el tamaño de su animal. La verdad era enorme, más grande y grueso que el mío.

Así estuvimos un rato: ella me la seguía mamando mientras él se la cogía. De vez en cuando ella me soltaba para emitir unos gemidos. Esa carita no la olvido jamás: su cara de satisfacción, de cachondez, de lujuria. Esa cara que ponen cuando les estás metiendo la verga una y otra vez, pero ahora enfrente de su esposo.

Disfrutaba ver cómo alguien más se saboreaba el riquísimo y bien proporcionado culo de mi esposa, ese culo que muchas veces pensé en lo injusto que era que solo yo pudiera disfrutarlo y no podía permitirlo. Y ahí estaba, compartiendo a mi muñeca.

Me le acerqué al oído y le dije: «Ahora voy yo, me toca a mí. Date la vuelta para metértela por el culo y se la empiezas a mamar». Con un firme «no» que recibí en respuesta de su parte. Le dije: «No te preocupes, trae puesto el condón y los fluidos son tuyos, mamasela». Y dijo: «No, solo a ti».

La volví a empinar para que me la siguiera mamando y se la volví a ofrecer al amigo que seguía frente a nosotros masturbándose. Se acercó y se la volvió a clavar de un solo golpe. Mi chaparrita volvió a gritar pidiendo más, gritando «¡qué ricooo!».

Le dimos batalla un rato más y terminé viniéndome en su boca. No se la saqué hasta que se tragara hasta la última gota de mi leche. Poco después se derramó el amigo y le siguió dando hasta que vi cómo se le doblaban sus torneadas piernas a mi chaparrita.

Me acerqué y le pregunté si le había gustado. Me respondió: «Me encantó, ya no puedo más». Le hice una seña al amigo para que se la sacara y volví a ver ese pene ahora fallido con el condón lleno de semen.

Subí al carro a mi chaparrita, cerré la puerta, le di un beso en la frente y le dije que no levantara la cara para que no la fuera a reconocer, debido a que estábamos demasiado cerca de casa, a unas escasas cuadras. Me subí al carro y emprendí el retorno a casa.

Ella nunca vio al amigo, solo sintió sus manos y cómo su verga invadía su ser. Me ignoró la muy putita, levantó la cara, se hizo a un lado el cabello dejando su rostro descubierto y lo volteó a ver, ahí parado desnudo, masturbándose enfrente de ella. Me tomó suavemente la mano y avanzamos.

No dijimos nada en el camino, solo silencio. Llegamos a casa, ella seguía desnuda, sus piernas aún temblaban. Cerré, entramos a casa. Le pregunté si le había gustado y volvió a decir que estaba loco, pero gracias, te voy a complacer en todo lo que me pidas. Me encantó y quiero repetirlo, pero ahora con algún conocido, el que tú quieras, el que tú digas. Entrégame con el que quieras.

Me calentó mucho escucharla y más me calentó porque me lo estaba diciendo de una manera tan seria, tan lujuriosa y, lo que es mejor, sin una gota de alcohol, porque ella no había tomado nada. Apenas iba a empezar a tomar cuando comenzó nuestra aventura.

La recosté sobre la cama y me la empecé a coger de nuevo. La hice que me limpiara sus fluidos y me la cogí por el culo hasta venirnos nuevamente los dos. Quedamos exhaustos.

Algo extenso mi relato, pero real. Les platiqué todo lo que pasó en ese recorrido que hicimos esa noche. En el libramiento surponiente de Querétaro ahí empezó todo, y donde nos la cogimos el amigo y yo ahora se llama Paseo Querétaro, antes carretera a Mompani, ya casi para llegar a la col. La Peña.