Una noche tormentosa de invierno, no tenía intensiones de salir, solo quería cenar, mirar una peli o una buena porno. En ese entonces tenía 18 años, mis viejos siempre me sobreprotegieron así que nunca le agarre el gusto a salir de joda todos los findes, como todos mis conocidos y amigos. Me sentía aburrido para mi edad, los momentos más divertidos eran ir a jugar al fútbol, jugar a la play y los asados familiares, cuando me quedaba solo en casa todo era play, play, comer y xxx. Justo esa noche llovía a full, mi tío padrino que era el alma de todas las reuniones familiares, lo invito a mi viejo a mirar un partido en su casa, este acepto y me llevo, cosa que era costumbre. Comenzaron a beber en el partido, cuando terminó ya estaban en pedo, yo apenas di unos sorbos.
Afuera se caía el cielo por la tormenta, mi vieja le mensajea a mi viejo diciéndole que mejor nos quedemos con mi tío, no quería que manejara con esa lluvia y ya sabiendo que estaba tomado. Mi tío y además padrino era el típico cincuentón divorciado, jodon pero piola, el que te hace la segunda en todo. Mi viejo terminó durmiendo en el sillón, olvidándose por completo de mí.
“No te preocupes sobrino, que estamos entre machos” me decía con ese aliento a puchos y alcohol que daba vuelta, no iba a dormir ni loco en ese sillón con mi viejo desmayado.
“Me voy a dormir con vos tío jaja no me queda otra”, siempre le tuve confianza y un cariño especial a este tío, él me alentaba hacer cosas nuevas cada vez que podía, era un animador nato.
El se metió a la ducha, mientras yo me desnude y busque en su ropero algo, encontré un short de futbol de acetato, me acosté del lado izquierdo de la cama, ya sabía que el derecho era suyo, me tape hasta la cabeza con la frazada quedando dormido al toque. Entre dormido siento que se acuesta, por suerte bañado con olor a jabón y esa colonia musk tan varonil…
“No te vayas a poner mimoso he, mira que mi novia no me visita hace un mes jajaja tengo una leche…” esa broma de machitos alzados con los que crecí, me hizo reír claro, con mis amigos siempre bromeábamos en doble sentido, pero esta vez viniendo de él, me hizo sentir raro, sentí que traspasé un límite de la broma y la inocencia, reconocí a mi tío como un macho que necesitaba ser atendido. Me sentí frágil, algo inseguro, mi cuerpo delgado, mi piel se erizo dentro de ese suave short, suave como la seda, pero de un material barato. Lo escuché respirar profundo mientras se dormía, su presencia masculina invadió toda la cama, incluso a mí, me sentí pequeño al lado suyo, unas gotitas de miel sin color comenzaron a salir de mi pene. Me dio mucha vergüenza sentirme así, caliente no sé si por dormir con él, por lo que dijo, por su aroma, por todo…sentía que esta excitación nueva también invadía mi joven cuerpo, en medio de la oscuridad apenas alumbrada de a momentos por los relámpagos que se filtraban por ese ventanal…de fondo escuchaba a mi viejo roncando en la sala.
La noche avanzo y así comenzó a bajar la temperatura, me di cuenta que mi tío se acostó con la toalla puesta, con la que se secó, esta seguía húmeda. Me levanto para quitársela, verlo en bolas no era sorpresa ya que los conocía desnudos a él y a mi viejo, ellos a mí también de todas las veces que fuimos a pescar o a acampar. Lo tapo con la frazada, balbuceaba cosas que no se entendían, me acuesto más cerca suyo para que no se quede sin frazada si alguno se movía de más en dormido. Como buen macho peludo dormía a sus anchas, con sus gruesas piernas futboleras abiertas, yo me acomodé sobre mi lado izquierdo, mirando los destellos de tormenta en la ventana me dormí. A mitad de la noche, siento que el tío se mueve, acercándose más a mí, lo único que me protegía era la frazada, que la corre de un manotazo pegando su cuerpo velludo a mi espalda, cruzando su pesado brazo sobre mi cintura. Adormecido le digo “tío estas en pedo, déjate de joder no soy tu novia”, el tiraba palabras sin sentido riéndose como siempre. El calor de su cuerpo fuerte me puso nervioso, esa energía de hombre era a la vez cálida y linda sentirla, mil veces mejor que una frazada, el calor humano. Ya no podía quejarme, solo quería disfrutar de tener a mi tío favorito tan pegado a mí. Él nos tapó a los dos hasta las cabezas, apoyo su pelvis a mi cola, algo se estaba despertando.
Mi pene inexperto que solo conocía las pajitas de diez minutos mirando porno, se puso como un fierro, suave comencé a tocarlo sobre el short confiado en que el tío en coma alcohólico no se despertaría. Me asustaron sus gruesos dedos bajándome el short de golpe, palpando mis delicados y lampiños huevos, en ese entonces apenas me crecía el vello, quedé inmóvil, comenzó a pajearme lentamente, su mano fuerte no media la presión que ejercía sobre mi verguita, hasta que gimiendo dije “más suave tío por fa ha ha mmm porfa”, bajó la intensidad del movimiento volviendo su pajeo más agradable. Mi cuerpo gozaba queriendo moverse, pero estaba atrapado entre los brazos de este viejo solterón degenerado, mi verga no dejaba de soltar juguito transparente, me dijo “como te gusta esto mi amor…”
De pronto me quito todo el short, con sus manos me manejaba como una marioneta, haciéndome subir hasta su cara abierto de piernas para seguir mamando mi pijita, el quedo en la pose inicial, enseñándome como cojerle la boca.
Desnudo sobre la cabeza de mi tío padrino, mi cabeza se desconectó del mundo, me sostenía con las dos manos de la pared para que me hiciera gozar, mis gemidos se liberaron sin importar si alguien escuchaba, volaba del primer gran placer que alguien me hacía probar, mi respiración agitada, el sudor corriendo por mi espalda. “Ahí viene” le dije, sacó de su boca mi pilin mojado para pajearlo hasta que acabe un espeso chorro de leche sobre su barba, se limpió con una remera que quedó sobre la mesa de luz. Seguía durmiendo, yo me tire al lado super feliz, sin poder creer que este hombre me hizo debutar así.
Entre la oscuridad, curioso, tanteo su cuerpo morrudo hasta encontrarme con una verga madura, semi inflada, arrugada ya que tenía la capacidad de convertirse en una torre ancha y puntiaguda, acariciaba con ternura sus huevos redondos, peludos, firmes, no como los míos que les faltaba evolucionar. Desde mi pelvis nació una electricidad que se esparció por todo mi cuerpo, desde mis entrañas hasta los escasos vellos de mi piel erizada, mi boca comenzó a salivar más, mi mandíbula se abría sola, deseaba y necesitaba probar ese trozo de carne, por una sola vez, mi tío no se lo contaría a nadie, seria nuestro secreto. Mis manos delicadas tomaron su corneta para mamarlo dulcemente…sentía como crecía en mi boquita, amasaba esos huevos, esa verga gruesa ya no cabía dentro de mis virginales labios, no podía parar, cada vez la mamaba con más cariño. Sus manos acariciaron mi pelo, esas manotas agarraron mi cabeza para dirigir la chupada, de nuevo el me estaba guiando hacia el arte del placer, me disciplinaba de la mejor manera, con cariño y firmeza, el maestro enseñando al novato como se debe complacer al macho. La sacaba de mi boca solo para lamerla alrededor y en su extensión, se había erguido solida aquella torre de babel, era un centinela bien parado, listo para que lo complazcan y para penetrar.
Se me ocurrió darle lengüetazos en la cabeza mientras la pajeaba, esto le encanto, dijo “asi bebe que rico la mamas, seguí así ha ha ha ha ya viene la lechona”. Antes del final me tome cada gotita de jugo pre seminal, y propuso “¿tomas la mema del tío? Ahí vieneeeeee” automáticamente me trague cada chorro espeso de esa lechona que parecía no terminar, sentía el deber de complacerlo y ese fue mi primer gran orgasmo, con quien sigo visitando de vez en cuando.