Capítulo 1
- Permiso para el callejón
- Lecciones de dominación familiar
CAPÍTULO 1: LA MADRE PRESTADA
POV JUAN
Joder, qué pinche morbo me carcome desde que papá me enseñó cómo se siente ver a tu hembra cogida por otro –como cuando presta a mamá a sus amigos o empleados, racionalizando esa mierda como “exploración de lazos” aunque sea puro cuckold invertido que lo pone caliente. Ahora quiero probarlo yo: prestar a mi propia madre, Elizabeth, a mi amigo Raúl, un cabrón de mi unidad en el ejército, musculoso y con pinta de macho alfa, para ver qué se siente que otro se la coja como a una puta mientras yo miro y controlo. Para hacerlo más morboso, le cobro –“Cien varos por montarte a mi mamá, cabrón, y lo haces como yo diga”–, convirtiéndola en una prostituta barata de familia, el dinero en mi bolsillo añadiendo esa humillación sucia que me pone la verga tiesa solo de pensarlo. Lo invito a casa esta tarde, cuando papá está en la oficina y Mara en la uni, asegurándome privacidad en el salón para este experimento incestuoso.
Raúl llega puntual, con una sonrisa nerviosa pero excitada, y yo lo llevo al salón donde mamá espera, vestida con una falda corta y blusa escotada, sus curvas maduras tensas, sabiendo el plan porque se lo conté antes –ella consiente, la puta sumisa que goza ser prestada. “Aquí está, cabrón”, le digo, cobrándole los cien pesos en efectivo que mete en mi mano como pago por usar a mi madre. “Cógetela en el sofá, pero yo miro y dirijo”. Él se baja los pantalones, su verga gruesa saliendo tiesa y venosa, goteando presemen, y yo empujo a mamá al sofá, levantándole la falda para exponer su concha sin bragas, ya mojada y brillante de jugo. “Ábrete para él, mamá, como la puta que pagaron por cogerte”, le gruño, y Raúl la penetra de un empujón, su polla hundiéndose en su calor resbaloso hasta que sus bolas chocan contra su culo, embistiéndola con fuerza mientras sus tetas rebotan salvajes bajo la blusa. Yo me siento al lado, pajeándome lento por encima de los pantalones, sintiendo el rush: ver a mi amigo montando a mi madre como a una zorra barata, sus gemidos llenando el salón –“Sí, cógeme duro, como pagaste”–, el sonido chapoteante de su verga partiéndola, salpicando jugo por sus muslos gorditos. ¿Por qué me excita tanto esto? Como si fuera papá, controlando y gozando el cuckold, pero con el twist morboso del dinero que hace a mamá una prostituta familiar real.
Raúl acelera, agarrándola de las caderas para clavarla profundo, pellizcándole los pezones duros hasta que grita, y yo dirijo: “Azótala, cabrón, hazla gozar como la perra que es”. Él obedece, palmadas resonando en su culo rojo, y mamá se corre gritando, su concha contrayéndose alrededor de su polla, ordeñándolo hasta que él se vacía dentro con chorros calientes que rebosan y gotean por el sofá. Yo termino pajeándome, corriéndome en mis pantalones con el morbo de haber “vendido” a mi madre, exhausto pero adicto a esta mierda tabú.
CAPÍTULO 2: EL BONO INESPERADO
POV RAÚL
Joder, qué pinche locura acabo de vivir: salgo de la casa de Juan con las piernas todavía temblando, la verga aún sensible después de vaciarme dentro de su mamá Elizabeth como si fuera una puta barata que compré por cien varos, sintiendo el morbo pegajoso de haber pagado por cogerme a una madurita curvilínea que gemía como una perra en celo mientras su propio hijo miraba y dirigía. Camino por la calle, el sol de la tarde pegando fuerte, y mi mente da vueltas procesando todo –nunca pensé que mi amigo, el soldado musculoso, me ofrecería a su madre como mercancía, cobrándome en efectivo para clavarla en el sofá, su concha caliente y resbalosa tragándose mi polla gruesa hasta las bolas, embistiéndola con palmadas resonantes en su culo gordito mientras sus tetas rebotaban y ella gritaba “sí, cógeme como pagaste”. ¿Por qué carajos me excitó tanto esa humillación? Pagar por una mamá prestada, ver a Juan pajeándose al lado, racionalizando esa mierda como “experimento familiar” –fue crudo, sucio, con chorros de su jugo salpicando mis muslos y mi lefa rebosando de su coño cuando me corrí, goteando por el sofá como evidencia de la transacción. Me siento como un cabrón pervertido, pero la verga se me pone tiesa de nuevo solo de recordarlo, imaginando si esto se repite o si Juan me mete en más de sus locuras tabú.
Llego a mi casa, me tiro en la cama con el teléfono en la mano, y justo entonces vibra un mensaje de Juan: “Buen trabajo con mi mamá, cabrón. Como bono por pagar, te invito a repetir con mi hermana Mara –ella es una putita de 23, concha apretada y tetas perfectas, te la presto gratis la próxima vez, pero yo miro y cobro ‘entrada’ simbólica. ¿Estás?”. Joder, el corazón me late fuerte, la excitación volviendo –prestar a su hermana como “bono”, convirtiéndome en cómplice de su familia retorcida, imaginando clavarla mientras Juan dirige, quizás cobrándome unos pesos extra por el morbo. Respondo: “Hecho, cabrón. ¿Cuándo?”. Exhausto pero cachondo, me pajeo pensando en el dúo –madre e hija como putas familiares–, corriéndome con el recuerdo de la follada pagada y la promesa del bono.
CAPÍTULO 3: LA MADRE RECORDADA
POV JUAN
Joder, qué pinche calentura me invade recordando cómo Raúl se folló a mi mamá como a una puta pagada en el sofá, vaciándose dentro de su concha mientras yo miraba y cobraba, y ahora quiero revivir eso en carne propia –la llamo a mi cuarto esta noche, con la casa en silencio y papá en su estudio, excitado por el morbo de follarla brutalmente mientras le recuerdo cada detalle de esa cogida, racionalizando esta mierda como “reclamo de lo mío” aunque sea puro placer sádico de humillarla con el pasado. Ella entra, con su bata ligera medio abierta, sus curvas maduras tentándome, y yo la empujo contra la pared sin preámbulos, levantándole la bata para exponer su concha ya mojada, mi verga tiesa saliendo de los pantalones como una barra palpitante, venosa y goteando presemen espeso. “Te voy a partir como Raúl lo hizo, mamá, pero más duro, recordándote cómo gozaste su verga ajena por unos pesos”, le gruño, clavándola de un empujón salvaje, mi polla gruesa estirándola de golpe hasta que mis bolas chocan contra su clítoris con un golpe seco que la hace gritar, su calor resbaloso tragándome entero en un chapoteo obsceno.
La volteo y la tiro a la cama en cuatro patas, agarrándola del cabello para arquear su espalda, embistiéndola con fuerza bruta, mis caderas chocando contra su culo gordito con palmadas resonantes que dejan su piel roja y marcada, variando el ángulo para golpear profundo y egoísta: “Recuerda cómo Raúl te abrió, mamá, su verga hundiéndose en tu concha pagada, salpicando jugo por todas partes mientras yo cobraba como un chulo”. Ella gime, empujando el culo hacia atrás como la perra que es: “Sí, hijo… me folló como una zorra barata, pero tú me partes más, recuérdame todo”. Acelero como un animal, azotando su culo con palmadas firmes que resuenan en el cuarto, pellizcando sus pezones duros hasta retorcerlos rojos, metiendo dos dedos en su ano apretado sin lubricar mucho, empujando rudo para que sienta la invasión doble, el chapoteo de mi verga partiéndola mezclado con sus chorros calientes que salpican las sábanas. “Gozaste su lefa rebosando de tu coño, puta, pagada por cien varos, pero ahora es mi turno de llenarte como la madre prostituta que eres”, le escupo, tirando de su cabello para que mire mi cara mientras bombea salvaje, su concha contrayéndose como un vicio alrededor de mi polla, ordeñándome con espasmos que me hacen correrme fuerte, vaciándome chorros espesos y calientes dentro de ella hasta que rebosa y gotea por sus muslos en un desastre pegajoso. Jadeamos, yo exhausto por la brutalidad, sabiendo que revivir la follada de Raúl la hizo gozar más, transformándola en mi puta personal.
CAPÍTULO 4: EL RECLAMO PATRIARCAL
POV CARLOS
Joder, qué pinche orgullo paternal siento cuando Juan me confiesa en el estudio esta noche, con esa cara de cachorro excitado, que prestó a su madre Elizabeth a su amigo Raúl por cien varos, follándosela en el sofá mientras él miraba y cobraba como un chulo –“Quería saber qué se siente, papá, como tú lo haces”–, y yo, el patriarca que todo lo controla, lo felicito con una palmada en la espalda: “Bien hecho, hijo, eso es iniciativa, convirtiéndola en puta pagada para tu morbo”. Pero le recuerdo firme, mirándolo a los ojos: “Recuerda, cabrón, tanto Elizabeth como Mara son MIS putas primero –yo decido quién las usa, cuándo y cómo. Si quieres prestarlas o follarlas con otros, pídeme permiso, ¿entendido?”. Juan se disculpa rápido, bajando la cabeza: “Perdón, papá, no volverá a pasar sin tu aprobación”. Yo asiento, satisfecho por su obediencia, y lo despido, ya planeando reclamar a Elizabeth para recordarle su lugar en esta jerarquía familiar retorcida que racionalizo como “fortalecimiento de lazos”, aunque sea puro poder y humillación que me pone la verga dura.
La llamo a mi cuarto, cerrando la puerta, y la empujo contra la cama sin preámbulos, levantándole la falda para exponer su concha aún marcada por las folladas recientes, mi polla tiesa saliendo gruesa y venosa, goteando presemen mientras la penetro de un empujón profundo, sintiendo su calor resbaloso tragándome hasta las bolas con un chapoteo obsceno. “Mírate, puta, dejándote prestar por tu hijo a un cabrón cualquiera por unos pesos”, le gruño, embistiéndola con fuerza, mis caderas chocando contra su culo gordito en palmadas resonantes que dejan su piel roja. Ella gime, arqueando la espalda: “Sí, Carlos… Juan me vendió como a una zorra barata, Raúl me partió el coño mientras él cobraba y miraba”. Yo acelero, agarrándola del cabello para tirar su cabeza hacia atrás, clavándola más profundo: “Recuérdalo bien, Elizabeth –eres MI puta primero, yo decido quién te abre las piernas. Juan puede follarte cuando quiera, es su derecho como hijo, pero si otro cabrón te toca, debe ser con MI permiso, ¿entendido? No lo olvides, o te castigaré como la perra desobediente que eres”. Ella empuja el culo hacia mí, su concha contrayéndose alrededor de mi verga: “Sí, amor… soy tuya primero, Juan me usa cuando quiere, pero para extraños, tú mandas –Raúl pagó por mi concha, me llenó de lefa caliente mientras gemía como una prostituta, pero todo bajo tu sombra”. Pellizco sus pezones duros, retorciéndolos hasta que grita: “Exacto, puta, gozaste su verga ajena, chorros de tu jugo salpicando mientras te partía, pero ahora sientes la mía reclamándote, bombeando profundo para que sepas quién es el dueño”. Acelero salvaje, variando el ángulo para golpear su cervix, el sonido chapoteante mezclado con sus gemidos: “¡Sí, Carlos, reclámame, hazme tuya de nuevo!”. Siento el orgasmo subiendo, su coño ordeñándome como un vicio, y me vació dentro con chorros espesos y calientes que la llenan hasta rebosar, goteando por sus muslos: “No lo olvides, Elizabeth –eres mi puta, y solo mía para prestar”. Jadeamos exhaustos, yo satisfecho por reforzar mi dominio.
CAPÍTULO 5: EL CALLEJÓN DE LAS PUTAS (VERSIÓN AMPLIADA)
POV CARLOS
Joder, qué pinche delicia es recibir el mensaje de Raúl esta tarde, el cabrón amigo de Juan que ya se folló a Elizabeth por unos pesos –me contacta directo, como Juan le indicó, explicando su deseo sucio: “Señor Carlos, quiero cogerme otra vez a su esposa, pero en un callejón oscuro, como a una puta callejera. Pido su permiso, como Juan me dijo”. Yo sonrío en mi oficina, la verga endureciéndose al imaginar el morbo, y le respondo: “Acepto, cabrón, pero con condiciones –1) La sodomizas, métela por el culo hasta que grite; 2) Traes a un compañero para que también se la folle, doble ración para la perra; 3) Yo superviso y filmo todo para Juan, y al final, tú y tu socio se arrodillan para ver cómo Elizabeth me mama la verga hasta tragarse mi lefa. ¿Entendido?”. Él acepta rápido, excitado: “Hecho, señor. Traeré a mi compa Diego, un cabrón con verga gorda. ¿Esta noche en el callejón detrás del bar de la colonia?”. Perfecto, pienso, racionalizando esta mierda como “expansión de lazos” aunque sea puro control y humillación que me pone a mil –aviso a Elizabeth: “Prepárate, puta, esta noche te follan en un callejón, pero bajo mis reglas”. Ella responde con un gemido por teléfono: “Sí, amor… seré tu perra callejera, hazme gozar la degradación”.
Llega la noche, el callejón oscuro y apestoso a basura, orines y humo de cigarro rancio, con luces tenues de faroles lejanos filtrándose por las paredes grafiteadas, y yo estoy ahí primero con Elizabeth, su falda corta y sin bragas, temblando de frío y excitación, sus curvas maduras tensas bajo la blusa escotada. “Estás nerviosa, puta? Bien, eso te moja más –recuerda, eres mía para prestar, pero yo mando”, le susurro, pellizcándole un pezón duro a través de la tela. Ella gime bajito: “Sí, Carlos… me excita ser tu zorra prestada en este antro sucio, haz que me usen como merezco”. Raúl aparece con Diego, un tipo fornido con pinta de matón, verga ya marked en los pantalones, y yo enciendo el teléfono para filmar, supervisando como el patriarca: “Empiecen, cabrones, pero sigan las condiciones –sodomízala primero, Raúl, y Diego, prepárate para la doble. Yo filmo y comento, para que Juan vea cómo se hace”. Empujan a Elizabeth contra la pared sucia y fría, Raúl levantándole la falda para exponer su concha brillante de jugo y su culo gordito, y empiezan el diálogo sucio mientras la usan, yo interviniendo con comentarios y Elizabeth respondiendo con gemidos y palabras obscenas, el eco resonando en el callejón vacío.
Raúl: Mira esta puta madura, Diego –su concha ya gotea jugo pegajoso, lista para que la partamos como a una zorra callejera. Yo la sodomizo primero, métela por el culo hasta que suplique por más.
Diego: Joder, Raúl, qué culo gordito y abierto tiene –mira cómo tiembla, untémosla con su propio jugo salado que chorrea por los muslos. Yo la cojo por delante después, clavándole mi verga gorda hasta las bolas, salpicando lefa por el piso sucio.
Carlos: Así, cabrones, untadla bien –Elizabeth, dile a estos putos cómo te moja que te sodomicen en un callejón como la perra barata que eres.
Elizabeth: Sí, amor… me excita que me abran el culo aquí, en la mugre, sientan mi ano apretado tragando su verga, háganme gritar como una puta prestada.
Raúl: Siente cómo aprieta mi polla en su ano, Diego –empujo despacio, estirándola centímetro a centímetro con mi cabeza hinchada, hasta que mis bolas peludas chocan contra su concha chorreante. Gime más fuerte, puta, dile a tu esposo cómo te gusta que te rompan el culo por su permiso.
Diego: Mientras tú la rompes por atrás, yo le meto los dedos en la concha empapada, frotando su clítoris hinchado y rojo hasta que chorree como una fuente sucia. Mira cómo se retuerce, la perra goza ser dobleteada en este basurero.
Carlos: Buena, Elizabeth –grita para la cámara, que Juan vea cómo gozas ser sodomizada por extraños, tu concha salpicando jugo por el permiso que te di.
Elizabeth: ¡Ah, sí, Carlos… su verga me parte el culo, duele rico, y los dedos de Diego me hacen chorrear, soy tu puta callejera, préstenme más!
Raúl: Acelero, cabrón –clávala tú ahora por delante, haz un sándwich con esta zorra rellena, siente cómo mi verga roza la tuya a través de la pared delgada, salpicando jugo y presemen por sus muslos sucios y pegajosos.
Diego: Joder, sí –la penetro de un empujón brutal, mi polla hundiéndose en su concha empapada y caliente, chapoteando obsceno mientras tú la sodomizas desde atrás. Grita, puta, dinos cómo te sientes rellena por dos vergas como una prostituta barata en un callejón oscuro.
Carlos: Miren cómo chorrea, cabrones –Elizabeth, confiesa para el video cómo te excita ser dobleteada en la mugre, rebosando jugo mientras yo filmo para tu hijo.
Elizabeth: ¡Dios, sí, amor… me parten por ambos lados, sus vergas frotándose dentro de mí, chorros calientes salpicando el suelo sucio –soy su puta rellena, gozo esta degradación por ti!
Raúl: Me corro pronto, Diego –bombea más duro, haz que su concha y culo ordeñen nuestras vergas, chorros calientes y espesos llenándola por ambos huecos, rebosando lefa pegajosa y blanca por el piso asqueroso.
Diego: Sí, cabrón –mira cómo tiembla, su orgasmo exprimiéndonos, lefa goteando por sus muslos marcados, la perra callejera bien usada.
Ellos la follan brutal, sodomizándola y penetrándola doble con embestidas sincronizadas, sus diálogos sucios y mis comentarios intercalados elevando el morbo, Elizabeth respondiendo con gemidos y confesiones obscenas mientras chorros de jugo y lefa salpican el suelo mugriento del callejón. Al final, se vacían dentro de ella en un clímax caótico, goteando desastre viscoso, y yo los hago arrodillarse: “Ahora miren, cabrones, cómo una verdadera puta mama a su dueño”. Elizabeth se pone de rodillas ante mí, mamándome la verga tiesa –chupando la cabeza hinchada con labios ansiosos, lamiendo las venas palpitantes de arriba abajo, tragando profundo hasta la garganta mientras yo gruño: “Traga bien, puta, muestra a estos cabrones cómo sirves a tu patriarca”. Me corro en su boca con chorros espesos y calientes, lefa bajando por su garganta mientras ella traga todo, lamiendo las gotas restantes bajo sus miradas humilladas. Apago la cámara, riendo: “Buen trabajo, putos. Esto va para Juan –y Elizabeth, recuerda, eres mía para prestar, pero siempre vuelves a mamarme a mí”.