Capítulo 2

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Cristina subió, y mientras veía la tele, notaba unos tremendos calores. ¿Por qué esa excitación? No le había ocurrido nunca, era activa en el sexo pero siempre dentro de la moderación, cada noche que podía le hacia una felación a su marido y hacían el amor dos o tres veces por semana.

Por eso no entendía que tuviera el sexo tan húmedo todo el día y que se hubiese masturbado en la habitación de su hijo.

Se tomó la pastilla de las seis, como había dicho Malena, y notó que su furor uterino aumentaba.

Necesito follar. – repitió mentalmente en su cabeza –

Recordó la imagen del vídeo, y fue tal su excitación, que se levantó del sofá y fue directa a su habitación.

Abrió la puerta y vio la cama frente a ella, era el mismo ángulo en que su hijo la había grabado teniendo sexo con Andrés, imaginó la misma escena y recordó su culito en pompa con la pequeña braguita metida en medio de los cachetes.

Sintió que su braga se mojaba y tocó la telilla con los dedos.

Ummmm. ¡Vaya excitación! Era incapaz de comprenderlo.

Ojala estuviese su marido, le pediría que entrase, le bajaría el pantalón y se lanzaría como una perra en celo sobre su maravilloso miembro erecto.

¡Dios! Que calor sentía en su sexo. Le mamaría la polla, le chuparía los huevos y se pondría en cuatro corriendo para ofrecerle sus dos agujeros, le daba igual por donde fuera, necesitaba que la metiese la verga y se corriera dentro.

Siiii, eso necesitaba. Que la sujetase por las caderas y la embistiese por detrás golpeando repetidamente su cuerpo.

Ufffff. Solo de pensarlo se puso cachonda, imaginó la pelvis de Andrés rebotando contra sus nalgas.

¡Plas! ¡Plas! Siii, siiii, es lo que necesitaba.

Cerró un instante los ojos y recordó la imagen del vídeo, ella inclinada sobre su marido y su enorme culazo mirando a la puerta.

¡Wow! Necesitaba chupar una verga o masturbarse corriendo. Dio dos pasos, se tumbó sobre la cama, se puso en la misma postura del vídeo y comenzó a meterse los dedos.

No, eso no, quería verse otra vez, se levantó, abrió las puertas del armario y las colocó orientadas con los espejos.

¡Ahora sí! Se vio reflejada y se sintió muy satisfecha, puso el culazo hacia arriba y agachó la cabeza como si estuviese mamando una verga.

Quiero grabarme, quiero grabarme. – decidió en ese momento – Volvió al salón, cogió el móvil y al regresar a su habitación lo enfocó hacia el espejo.

Uffff. ¡Que excitación! Lo que hacía no era normal, pero tenía que hacer caso a Malena, se lo había dicho muy claro “Déjate llevar, tienes que fluir y hacer caso a tus deseos, no te reprimas si tu pasión se acelera”.

Se miró, bajó la cabeza y levantó el trasero arqueando la espalda. Guau. La imagen era perfecta, estaba ofreciendo el culazo a quien mirase desde la puerta.

Siii, estaba hermosa y provocativa, pero, pero la sobraba el vestido.

Desabrochó los botones, lo dejó caer al suelo y vio como emergían sus pequeños pechitos desnudos.

Ummm. ¡Que calor sintió en su sexo al verlos! No llegaba a entenderlo, nunca había necesitado tocarse ni se había comportado de una forma tan libidinosa.

Se pellizcó los pezones y vio que se ponían erectos, eran dos garbancitos pero estaban duros como el acero. Ensalivó dos dedos y acarició los pezoncitos con ellos.

¡Dios! Que gusto, si seguía tocándolos acabaría corriéndose. Pero quería más, no se conformaba con eso, cogió los pezones con las yemas y tiró con fuerza de ellos.

  1. Ummmm. – gimió presa de un enorme placer –

Cogió la cámara del móvil y se grabó un primer plano de los pechos.

A pesar de su maternidad los tenía tersos y erguidos, se amasó la tetita con la mano, la apretó ligeramente con los dedos y notó que un torrente de jugos salían de su sexo.

  • Aaahhh. – volvió a gemir de nuevo –

Ufff, como la gustaba grabarse con el móvil, igual que había hecho su hijo. Lo colocó sobre la mesilla, orientado hacia la cama, y vio que grababa todo su cuerpo.

Siiii, se sintió una niña mala, arrebatadora y provocativa y se puso en cuatro deprisa con el culazo mirando a la puerta.

Sonrió a la cámara coqueta, como hacía en su adolescencia, se acarició sensualmente los pechos y apoyando la carita sobre la sabana metió la mano entre sus piernas.

Me voy a tocar otra vez. – decidió – Y comenzó muy despacio a pasar los dedos por la braguita, recorría la telilla que tapaba su vulva, llevándolos de lado a lado a lo largo de su rajita.

  • AAAAAHHHHH. -soltó un fuerte gemido –

Empujó el culo hacia arriba como si estuviera ofreciéndolo.

Podía ser su marido, quizá un desconocido, incluso…., no eso no, por un instante había pensado en su hijo.

Pero estaba tan excitada que le daba igual quien fuera, ella se masturbaba pero no estaba contenta con eso, necesitaba más, mucho más, necesitaba que la metieran la verga en su sexo,…., o quizá,…. Siiii, mejor, mucho mejor en el culo.

  • ¡Fóllame! Mi amor. – pidió como si hubiera alguien con ella –

Llevaba una braguita rosada que apenas tapaba su sexo y los gajos prominentes y carnosos se comían la tela. Pasó los deditos por la raja y los empujó con fuerza hacia dentro.

¡Joder! Tenía el cuerpo en tensión, el coñito empapado y no paraba de estremecerse.

  • Dámela, mi amor, déjame que te la chupe. – exclamó con un sofoco inmenso –

Apartó la braguita rosada, se metió enteros los dedos y comenzó a follar su coñito como si tuviera una verga dentro.

  • AAAAHHHH. – gimió más fuerte que nunca –

Sabía que Rubén estaba en su cuarto pero la daba igual que la oyera, disfrutaba tanto en ese momento, que era incapaz de controlarse y los gemidos salían de sus labios enlazando uno tras otro.

Pensó en la foto que había hecho su hijo y adoptó la misma postura, incorporó ligeramente la cara, levantó el culazo hacia arriba y fingió que su cabeza subía y bajaba como si mamara la verga de su marido.

  • Aaahhh. Mírame mi amor, mira que culazo tengo. – gimió sacudiendo las nalgas como si la viesen desde la puerta –

Las movió arriba y abajo con la braguita rosada metidita muy adentro.

¡Zas! Se dio una fuerte nalgada y se miró en el espejo sonriendo.

  • Aaahhh – gimió apartando la telita de la braga para mostrar su agujerito estrellado a la puerta –

Miró pícaramente a la cámara y se mordió obscenamente los labios.

  • Ummm. Solo tu padre me la ha metido por el culo.

Estaba hablando a su hijo, era algo imperdonable, era algo inmoral y prohibido, pero recordó la verga de su hijo y no pudo contralarse. Bueno, ni pudo ni quiso, se lo había dicho la sicóloga y ella lo cumplía la pie de la letra “no te reprimas si tu pasión se acelera “.

Abrió sus nalgas con las manos ofreciendo a su hijo su agujerito trasero.

  • Aaaahhhh. Pero la tuya es muy grande, mi amor, la tuya no me cabría. – soltó con un fuerte gemido –

Llevó dos dedos a su boca, los mamó como si fueran la verga, y cuando los vio ensalivados, se los metió por el culo.

  • AAAAAAAHHHHHH. – gimió sin control alguno –

Estaba enardecida y notaba los juguitos que salían de su sexo. Nunca había sentido esto, ni cuando conoció a su esposo ni en las múltiples ocasiones que él se la había follado por el culo.

Pegó la cara a la sabana y la mordió como loca, con una mano apartaba la braga y con la otra se follaba salvajemente el trasero. Cristina estaba desatada, había perdido el control y miraba con lujuria a la cámara con sus pequeños deditos penetrando una y otra vez su recto.

  • Aaaahhh. Me voy a correr, mi amor. – chilló apretando uno de sus pechos –

Se dejó caer en la cama estirando su pezoncito y con los deditos aún metidos en su estrechísimo agujero.

  • Buuuufff. Vaya orgasmo. – exclamó resoplando como loca –

Miró hacia el armario sonriendo y vio una imagen reflejada en el espejo, era su hijo Rubén que estaba escondido tras la puerta con el móvil en la mano, se giró rápidamente y vio como la sombra desaparecía.

Se tapó deprisa las tetitas y se colocó la braguita corriendo.

  • Joder. ¿Qué es lo que he hecho? – se preguntó arrepentida –

Pero notó que su coñito se mojaba y soltó un fuerte suspiro. No se veía como madre, se sentía una niña traviesa que estaba jugando con su hijo.

¿No era eso lo que había dicho Malena? Estaba dejándose llevar, fluyendo, interactuando con Rubén como si fueran dos amigos.

  • Ummmm. Mañana lo veré en su ordenador. – musitó muy excitada –

Seguro que se ha hecho una paja viendo como me metía los dedos. En vez de remordimiento, fue esto lo que la vino a la cabeza.

Estaba deseando confirmarlo, quería ver lo que había grabado su hijo y comprobar si se había masturbado mirándola desde la puerta.

Seguro que mañana en el PC vería la mano de Rubén, estaría sacudiéndose la verga, mientras miraba con excitación el culazo de su madre muy abierto.

¡Dios! Cristina estaba otra vez caliente y deseaba hacerse una paja. Pero ahora no podía, tenía que preparar la cena por si llegaba su marido.

Intentó calmarse, recapacitar, actuar como una madre juiciosa y llamar la atención a Rubén, decirle que hacía mal y que no debería repetirlo. Pero fue al baño, se aseó, y mirándose lujuriosamente en el espejo, se dio cuenta que no la importaba que la hubiese visto su hijo, al contrario hubiese deseado que entrase en su cuarto abriendo por completo la puerta.

No era posible, así no era ella. ¿Qué coño le pasaba?

Desde que tomaba pastillas su comportamiento había cambiado por completo, había descubierto en ella un apetito sexual hasta ahora desconocido, más aún en lo relacionado con su hijo.

Cuando estaba en el salón y le oyó ir al baño, se levantó, se acercó y pegó el oído a la puerta para escuchar todo lo que hacía dentro. Como desabrochaba su bragueta, el leve ruido del pantalón al meter los dedos dentro para sacarse la verga, y el murmullo de la meada impactando sobre el retrete.

¿Se estará tocando su miembro? – pensó presa de una gran excitación – Ese que ella había visto en el vídeo y la había subyugado tanto.

Como tardaba en salir, una sola idea ocupaba su mente. ¿Se estaría masturbando pensando en ella chupando la verga de Andrés? ¿O quizá viendo como se metía los deditos en el culo?

Siii, quería pensar que eso era cierto, Rubén vería el vídeo en el móvil y se haría una paja observando su cuerpo, sus pequeñas tetitas, su estupendo culazo y su cabeza subiendo y bajando con la verga de su marido metida entre los labios.

Desearía estar dentro con él y lo imaginó con los pantalones bajados, los calzoncillos a media pierna y sacudiendo su verga erecta sobre el lavabo.

¡Que excitación más grande! Cristina se sofocó tanto pensándolo, que metió la mano y acarició su vulva bajo el vestido, se tocó deprisa, con ansia, necesitaba correrse antes de que su hijo saliera, empujó con fuerza metiendo dedos y tela en su coñito mojado.

  • Aaahhhh. – se le escapó un pequeño gemido –

¿La habría escuchado su hijo? No, por Dios, eso no, Rubén no podía enterarse.

Cuando escuchó que abría el grifo y lavaba sus manos, volvía al salón para que no la pillase.

Era una situación insólita, algo tan prohibido como excitante. Tenía que dejar las pastillas o cualquier día haría una locura con Rubén.

Tomó una seria decisión, mañana iría a ver a Malena para que la cambiara el tratamiento.

Una Psicóloga muy especial

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