Yo, Laura

Yo, Laura

Después de haber publicado Wilfredo, mi marido, un aviso en Latinparejas, un día respondió una persona llamada Eduardo quien dio una descripción suya bastante interesante. Wilfredo concertó una cita en un café de Miraflores.

Nosotros llegamos primero y mientras disfrutábamos de un sabroso capuccino conversábamos sobre diversos tópicos hasta que llegó Eduardo.

Era una persona de unos 35 años, fornido, no mal parecido pero que tenía algo que no terminaba de convencerme.

Después de conversar un buen rato, quedamos en que nos llamaría mas adelante.

Yo le dije a Wilfredo que había algo que no me terminaba de gustar y que prefería no salir con él (la verdad era que todavía no estaba muy convencida de tener una experiencia de trío).

Sin embargo Eduardo llamó a Wilfredo en las dos siguientes semanas tratando de concretar una cita definitiva y ante tanta insistencia e interés demostrado, aceptamos reunirnos con él , quedando en encontrarnos un viernes a las 8:00 PM en un hostal bastante discreto y tranquilo donde permiten el ingreso a una misma habitación a tres personas o dos o tres parejas sin hacer de ello un problema.

Nosotros vamos con cierta frecuencia por allí y sabemos que es un lugar donde siempre la pasamos bien.

Cuando llegamos al hostal, Eduardo nos estaba esperando y luego de alquilar una habitación subimos los tres.

Ingresamos a la habitación alfombrada que tenía una cama amplia, dos veladores, un televisor con cable y circuito cerrado donde pasan películas porno y un baño con ducha fría y caliente.

Casi de inmediato tocó la puerta un muchacho que nos traía tragos de cortesía (tres cuba libres ), y procedimos a brindar a fin de ponernos algo mas cómodos.

Yo estaba algo nerviosa y apuré mi cuba libre para sentirme mas relajada.

Conversamos sobre diversos temas y esperamos que nos trajeran otra ronda de tragos.

Tocaron la puerta y Wilfredo se acercó a la misma y la abrió, apareciendo un muchachito de unas 20 años con una bandeja sosteniendo una botella de ron, hielo y coca cola.

Mientras el muchacho ingresó a la habitación para servir el trago, me sentía bastante incómoda pues estando sentada sobre la cama tenía la falda muy subida dejando ver mis bien contorneadas piernas y parte de mis bragas.

La situación era extraña para mí, pues yo estaba en un dormitorio con dos hombres y un muchacho al que se le iban los ojos tratando de captar lo mas posible el panorama completo que ofrecían mis piernas.

Para hacer algo apuré casi de un solo sorbo  el vaso que me sirvieron, comenzando a sentir un leve cosquilleo en la cabeza y en el cuerpo al mismo tiempo que notaba una extraña calentura que me iba invadiendo.

Wilfredo, que estaba muy caliente, se acercó a mí y tomándome de la manos me ayudó a bajar de la cama besándome ardientemente en la boca y comenzó a acariciarme mis senos con una mano y mientras con la otra me levantaba la falda y me  presionaba las nalgas.

Al ver ello, Eduardo se acercó por atrás apretándome contra su cuerpo, acariciándome mis senos y mis bragas por la parte delantera.

El trago ingerido comenzó a hacer sus efectos pues de pronto me sentía absolutamente desinhibida y cada vez mas dispuesta a disfrutar de la ocasión.

Me pegué a Eduardo presionando mi trasero hacia él y sentí nítidamente que su bulto crecía a medida que se restregaba contra mis nalgas. Me gustó la percepción del aumento operado y por un momento me olvidé de Wilfredo, dándome  vuelta ofrecí mis labios para que me los besara, Eduardo me atrajo hacia él y me introdujo su lengua, jugando con la mía, besándonos con desesperación.

Yo me sentía muy caliente y mi ocasional amante, apretándose contra mi cuerpo  me hacía sentir con mas nitidez el gran tamaño de su bulto.

Wilfredo primero y después Eduardo se quitaron la ropa quedándose en calzoncillos y luego comenzaron a desnudarme acompañando esta acción con besos en todo el cuerpo y caricias cada vez mas audaces.

Yo ya estaba bastante excitada y sentía una gran humedad en mi sexo. Procedí a bajarle el calzoncillo a Wilfredo besando como a el le gusta su rico pene (mide unos 13 o 14 cms. y es bastante grueso).

Me sentía eufórica porque al fin podía cumplir con una de mis caras fantasías, estar con dos hombres a la vez y seguía disfrutando de manera golosa el rico aparato de mi marido mientras Eduardo me rozaba las nalgas con algo que cada vez era mas duro y que trataba de ser encajado entre mis nalgas por encima de mis pequeñas bragas que apenas resistían tamaña presión.

Me di vuelta,  comencé a besar y mordisquear el pecho de Eduardo y deslizando mi lengua por su torso hacia abajo llegué al inicio de su slip color negro notando la cada vez mas evidente forma que adoptaba su ya pronunciada carpa. Comencé a bajarle el calzoncillo a Eduardo y con ello liberé un enorme pene que saltó balanceándose frente a mi cara (calculo que medía unos 20 cms.) Yo estaba impresionada por la magnitud del hallazgo pues honestamente no pensaba que fuera tan grande.

Impresionada pero a la vez fascinada. Su sola vista me producía una intensa humedad y comencé a sentir como algunas gotas recorrían mis muslos.

Tomé el hermoso ejemplar entre mis manos y comencé a besarlo recorriendo con mi lengua los 20 centímetros de gloria que se me ofrecía hasta llegar a la base del monumento rodeada de pelos ensortijados que tenían un aroma indescifrable que poco a poco me hacía perder la cabeza.

Traté de introducirlo en mi boca pero fue prácticamente imposible por su gran tamaño, así que comencé a saborearlo como si fuera un delicioso chupete o un helado en barquillo que necesita ser repasado continuamente con la lengua.

Wilfredo, que siempre me dijo que las mejores mamadas de su vida se las había dado yo y que tenía una habilidad inusual para el sexo oral, estaba también impresionado por el descomunal aparato y acercándose a mi oído me dijo suavemente que esta era mi noche y que estaba seguro de que yo alcanzaría mi satisfacción total.

Seguí succionando a placer la poderosa verga que tenía entre mis manos, humedeciendo y lamiendo toda su extensión desde la punta de su cabeza hasta la casi redondez de sus huevos, sintiendo como Eduardo se estremecía moviendo acompasadamente su pelvis mientras me tomaba con fuerza la cabeza.

Al mismo tiempo, mi amor se banqueteaba con mi coñito introduciéndome la lengua y moviéndola hábilmente en el interior y en los costados, recorriéndola a plenitud , deteniéndose sabiamente en mi clítoris, bordeando su entorno con un fino y rápido movimiento haciéndome estremecer de placer, inundando su rostro con un chorro abundante de mis exquisitos jugos.

Eduardo me tendió en la cama y ante la expectación de mi marido, comenzó a introducir su enorme pene en mi sexo que se encontraba totalmente humedecido

Al principio tenía algo de temor y pensé que no lo iba a resistir por lo que le pedí que fuera delicado , pero luego de cierta dificultad, lo recepcioné con placer moviéndome cada vez mas a gusto mientras sentía que paulatinamente, Eduardo empujaba con mas fuerza su ya encabritado potro, ocupando totalmente mi cavidad.

Creo que perdí la noción del tiempo pues en ese momento solo existía la inenarrable sensación de estar siendo «ocupada» literalmente por una pieza monstruosamente bella Esta nueva dimensión del placer se acrecentaba porque tenía en mi boca la también formidable (por su grosor) pieza de Wilfredo.

Así pasamos un buen rato intercambiándose ellos arriba y abajo y yo explotando permanentemente ante cada descarga de mis fluidos.

Calculo que hasta ese momento habría tenido no menos de nueve orgasmos por lo que los tres estábamos totalmente mojados haciéndose evidente en la gran mancha húmeda de las sábanas.

Yo estaba encabritada y sentía como mis dos amantes disfrutaban a placer todos los rincones de mi cuerpo, no quería que se acabe la mas gloriosa follada de mi vida y se los hice saber gritando que continúen, que me penetren , que yo les pertenecía y que podían hacerme lo que quisieran.

Besando desesperadamente a Eduardo le repetía al oído que me lo meta, que quería sentirlo todo dentro de mí, Eduardo me abrió las piernas separándolas con tal fuerza que comencé a sentir un fuerte dolor en las caderas y tomándome por los tobillos me encajó brutalmente la totalidad de su pieza sacando y metiendo, anchando cada vez nas mi hasta ayer reducida gruta.

Sentía que la cabeza de tan formidable ariete me golpeaba internamente, de manera desesperada y tenía la impresión que deseaba atravesarme, lo cual no me importaba en absoluto. En un momento, Wilfredo se separó y fue al baño.

Nos quedamos solos Eduardo y yo. Sentía que el mundo se había reducido a nosotros dos y juntábamos nuestros cuerpos, uníamos nuestros alientos, sentía su sudoración impregnarme cada milímetro de mi cuerpo y quería mas, mucho mas, no estaba dispuesta a renunciar a tan maravilloso regalo que se me había ofrecido esa noche y le dije que era suya que hiciera de mí lo que quisiera.

Ante esa petición,  Eduardo dejó de empujar su gloriosa verga dentro de mí y la sacó dejándome un vacío desesperante que reclamaba ser llenado nuevamente, yo sentía que estaba quebrando todos mis records de venidas, siempre fuí multiorgásmica y la vez que mas vaciadas tuve fué en otra jornada gloriosa con mi marido donde tuve 17 orgasmos.

Eduardo me ayudó a levantarme y cambiando de posición me puso doblada sobre mis rodillas en posición de perrito, luego se colocó detrás mio y sentí el dedo de Eduardo humedeciendo mi ano, introduciéndolo y girando por los entornos despertando una extraña sensación .

Adivinaba lo que vendría y un estremecimiento recorrió mi espina dorsal cuando Eduardo comenzó a besarme las nalgas apretándolas con sus manos, acercando su lengua a mi ano e introduciéndola mientras con sus dedos separaba cuidadosamente mis nalgas, luego me colocó su enorme pieza y comenzó a introducirla.

Por un momento se me paralizó la sangre al pensar en la para mí infructuosa empresa de tratar de introducir tan descomunal arma en un orificio tan reducido y delicado, pues Wilfredo muchas veces trató de ingresar por esa vía sin resultados ya que su enorme cabeza no lograba pasar produciéndome solo dolor.

Grande fue mi sorpresa al sentir como se introducía dentro de mí sin mayor esfuerzo hasta llegar a aplastar sus huevos contra mis nalgas. Parecía mentira, mi pobre culito había recibido en toda su magnitud y esplendor esa formidable lanza que taladraba sin miramientos mis profundidades.

Yo sentía  que le pertenecía, nunca antes había sentido tal disfrute, todo desapareció, incluso mi marido, en ese momento glorioso solo existíamos los dos , yo y mi amante furioso que sacaba y metía su enorme verga con fuerza y velocidad. Nunca antes había sentido lo que era ser dominada literalmente  y  me sentía desfallecer.

La sensación era extremadamente agradable y su intensidad era tal que comencé a convulsionar estallando en una serie ininterrumpida de orgasmos que mojaron por completo mis piernas , aumentando groseramente el borde humedecido de las sábanas.

Yo gritaba sin ningún tipo de control y le pedía que me lo metiera mas profundamente, pero ya no había mas que meter, pues sentía el golpeteo constante de sus huevos contra mis nalgas.

Hubiera dado mi vida para que ese instante supremo continuara, que nunca acabara, yo seguía convulsionando ante cada ataque feroz de mi adorado amante.

Sentimos el ruido de la puerta del baño y le comenté a Eduardo que mi marido nunca pudo hacerlo pues cada vez que lo intentó solo me causaba un gran dolor y seguramente le ba a parecer increíble lo que estaba viviendo.

Efectivamente, Wilfredo retornó del baño y se quedó atónito ante el espectáculo que se ofrecía ante sus ojos.

Vio a su mujer totalmente encapsulada por detrás, gimiendo y gritando de placer mientras su furioso jinete empujaba y sacaba violentamente su poderoso armamento.

No lo podía creer, se negaba a aceptar lo que veía y se acercó para comprobarlo constatando que efectivamente el enorme pene de Eduardo entraba y salía con pasmosa facilidad y su mujercita, a la cual nunca pudo sodomizar disfrutaba hasta el delirio.

Eduardo sacó su hermoso juguete y me invadió un gran alivio pues sentía como si me hubieran descorchado, pero a la vez también sentía que me faltaba algo, que por alguna extraña razón se me había formado un vacío interior que necesitaba llenar pues en ese momento hubiera jurado que el habitáculo natural de ese monstruoso aparato era mi cavidad anal.

En ese momento Wilfredo tuvo una brillante idea y nos propuso hacer una doble penetración.

A estas alturas yo estaba dispuesta a todo y verdaderamente deseaba sentir desesperadamente esta nueva experiencia.

Eduardo se echó de espaldas sobre la cama mojada y yo me subí sobre el poniéndome en cunclillas, tomé su enorme pieza con la mano, presionándola con placer y la introduje de a pocos en mi ano, comencé a hacer presión al sentarme sobre el, sintiendo como se llenaba totalmente mi interior y disfrutando de esta nueva sensación moviéndome hacia arriba y hacia abajo, midiendo calculadamente mis movimientos a fin de asegurarme mayor placer.

Wilfredo mientras tanto me besaba en la boca con sus labios y lengua experta trabándonos en una desenfrenada y desesperada orgía bucal.

Yo estaba sentada sobre Eduardo, dándole la espalda y me recosté ligeramente hacia atrás, luego, mi amor se acercó por delante, se arrodilló y comenzó a introducir su pene en mi vagina, primero con mucha dificultad y luego de manera abierta y decidida, llevándome al paroxismo.

Lo que sentía en ese momento era algo increíble, ni en mi imaginación mas audaz me había acercado algo a lo que estaba viviendo.

Mis dos hombres introducían y sacaban sus miembros a la vez produciéndome una gama de sensaciones que estremecían de manera intensa todo mi cuerpo, sus enormes, queridas y monstruosas piezas ocupaban totalmente mis interiores yo me sentía desfallecer alcanzando una serie ininterrumpida de orgasmos que hacían brotar los líquidos cual fuente milagrosa.

Yo gritaba de placer y los ojos se me llenaban de lágrimas de gratitud por el sublime momento que estaba viviendo y quería que pararan ya de una vez, pero al mismo tiempo deseaba que nunca se acabara el ejercicio.

Mi ano y mi vagina se habían unido en un solo elemento.

Creo que si alguien hubiera tomado una fotografía en ese momento, yo aparecía con una cara de loca desatada pues en verdad el momento fue sublime y extraordinario, intenso y emocionante por la novedad del exitoso experimento.

Sentía que todo se nublaba y me mojé varias veces.

Wilfredo no pudo resistir mas y se vació llenándome de leche caliente que se comenzó a derramar por mis muslos alcanzando también a Eduardo quien no pudo resistir mas y estalló en convulsiones mientras descargaba un potente chorro caliente que llenó mis entrañas mientras yo me estremecía con varios orgasmos desatados en cadena.

Fue en verdad una noche para recordar en la que tuve tal vez unos cuarenta orgasmos y que hicieron de mí una fervorosa devota del sexo anal.

Hoy tengo dos hombres que se comprenden muy bien y que siempre están dispuestos a satisfacer mi cada dia mas fuerte adicción pues después de haber probado este delicioso manjar, siento que es una experiencia absolutamente repetible.

Un comentario

¿Qué te ha parecido el relato?