Eran como las once de la noche. Los dos bebitos de dos años ya los habíamos acostado arriba en el cuarto de los niños, bien dormiditos después de la pijamada. Abajo solo quedábamos nosotros tres: yo (Kadel), Daniela mi esposa y Aida, su mejor amiga de toda la vida. Las dos estaban todavía amamantando a sus bebés, así que sus tetas estaban bien hinchadas, llenas de leche, pesadas y con los pezones oscuros y grandes. Habíamos tomado bastante ron Zacapa y unas cervezas, y como siempre, cuando se emborrachan juntas se les prende el fuego lesbiano.

Estábamos sentados en el sofá grande de la sala. Daniela, con su blusa desabotonada, sacó una teta y empezó a apretarla. Un chorrito de leche blanca salió disparado.

—Mirá, Aida, todavía tengo mucha leche, la puta —dijo Daniela riéndose, medio borracha.

Aida, con los ojos brillosos por el trago, se acercó rápido y abrió la boca:

—Dame, cerota. Tirame esa leche en la boca, que me encanta el sabor de tus tetas.

Daniela apretó la teta con fuerza y le tiró un buen chorro directo a la boca de Aida. La leche le cayó en la lengua y Aida tragó haciendo ruido, gimiendo.

—Mmm… qué rica está tu leche, Daniela. Sabes que me pone bien caliente cuando me das de mamar como si fuera tu bebé.

Yo ya tenía la verga dura como piedra viendo eso. Daniela se volteó hacia mí, sonriendo puta:

—Mirá a tu esposa, Kadel, qué puta que es. ¿Querés que te tire leche en la boca también, mi amor?

Antes de que contestara, Aida se rio y dijo:

—Dale, Daniela, tirale a Kadel también. Que el pobre se ponga bien caliente viendo cómo nos chupamos las tetas nosotras.

Daniela se acercó a mí, sacó la otra teta y me apretó fuerte. Un chorro grueso de leche tibia me cayó en la boca. Sabía dulce y un poco salada. Tragué y gemí.

—Puta madre, qué rica está… —dije.

Las dos se rieron y empezaron a besarse entre ellas, bien cachondas. Se metieron las lenguas y se apretaban las tetas. De repente Aida le bajó la blusa completa a Daniela y empezó a mamarle las tetas como loca, chupando fuerte y tragando leche.

—Ay sí, mamame las tetas, Aida… chupá toda mi leche, puta —gemía Daniela.

Yo me saqué la verga y empecé a pajearme viendo el show. Ellas se quitaron toda la ropa. Daniela se acostó en el sofá con las piernas abiertas y Aida se le tiró encima. Empezaron a tijerear bien rico, rozando sus panochas mojadas y pelonas una contra la otra, gimiendo como perras.

—Ay mierda, qué rico tijereás, Aida… tu clítoris está bien duro contra el mío —decía Daniela.

—Puta, tu concha está empapada, Daniela. Me encanta sentir cómo me mojás toda.

Se besaban y se chupaban las tetas mientras tijereaban, leche salpicando por todos lados.

De repente Aida me miró con cara de mami dulce, con voz suave y caliente:

—Vení acá, mi bebé… vení con mami Aida. ¿Querés que mami te cuide esa verga tan rica que tenés?

Se acercó gateando, todavía con leche en los labios, y me agarró la verga con su mano tibia.

—Ay, mirá qué verga tan grande y dura tiene mi bebé… mami te la va a mamar bien rico.

Me metió toda la verga en la boca de un solo, chupando fuerte, haciendo ruidos de saliva y garganta. Me pajaba al mismo tiempo, bajando y subiendo la mano mientras me lamía la cabeza.

—Puta, Aida… mamame toda, así… qué buena mamadora sos —gemí.

Daniela se acercó y se puso al lado, abriendo las piernas frente a Aida.

—Mientras mamás a mi marido, chupame la panocha, puta. Tengo la concha bien mojada.

Aida, sin sacarme la verga de la boca, se inclinó y empezó a lamerle el clítoris a Daniela, metiéndole la lengua bien adentro.

—Así, Aida… lameme el chocho… chupá mi clítoris, sííí —gemía Daniela agarrándole la cabeza.

Yo ya no aguanté más. Agarré a Aida de las caderas, la puse en cuatro sobre el sofá y le metí la verga de un solo empujón en su concha caliente y resbalosa.

—Ay, la puta madre… qué rico me la metés, Kadel… cogeme duro, papi —gritó Aida.

Empecé a cogérmela fuerte, dándole verga bien profundo mientras ella seguía chupándole la vagina a Daniela. Daniela gemía como loca:

—Chupame toda, Aida… meté la lengua bien adentro mientras mi marido te coge… ay sí, puta, así…

—Tu concha sabe delicioso, Daniela… y la verga de tu marido me está partiendo el culo de rico —decía Aida entre lamidas y gemidos.

Yo le daba nalgadas fuertes a Aida mientras la cogía sin parar.

—Tomá verga, puta… qué concha tan apretada tenés… te voy a llenar de leche.

Daniela se corrió primero, temblando y gritando:

—Ay me vengo… me vengo en tu boca, Aida… tomá toda mi leche de concha, cerota…

Aida se corrió casi al mismo tiempo, apretándome la verga con su panocha.

—Puta madre, me estoy viniendo… cogeme más duro, Kadel… ay sííí…

Yo no aguanté más. Saqué la verga y les tiré toda la leche caliente en las tetas y en la cara a las dos. Ellas se lamían la verga y se besaban, mezclando mi semen con la leche de sus tetas.

—Qué rico estuvo esto, cabrones… —dijo Daniela jadeando.

Aida, todavía con semen en los labios, sonrió y dijo con voz de mami:

—¿Querés que mami te limpie esa verga con la boca, mi bebé?

La noche en San José apenas estaba empezando…