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El ligue

El ligue

Antes que nada, permítanme decirles que si bien soy un travestí desclosetado, por razones laborales algunas veces tengo que actuar como «hombre» y como tal, vestirme y tratar de no ser tan obvio.

En una de esas ocasiones, después de tratar un asunto de negocios, nos fuimos un amigo y yo, a comer y tomarnos unas cervezas a un restaurante cercano a mi departamento.

Este amigo, aunque conoce mis preferencias sexuales, no es del ambiente pero es bastante tolerante.

En fin, cuándo llegamos al restaurante se encontraba ahí un señor de unos 55 años, de muy buena presencia y se veía de agradable carácter.

En el transcurso de los brindis y la degustación de sabrosas viandas, me di cuenta que el señor (que se encontraba a dos mesas de distancia), constantemente nos veía pero sin mucha insistencia y sin definir a quien de los dos.

Con ya tres cervezas bebidas, le empecé a dirigir miradas, que según me dijo mi amigo, eran de coquetería (¿tengo alguna otra forma de mirar?).

Al cabo de unos momentos, llegó el mesero con otra ronda de cerveza diciéndonos que nos las invitaba el señor Gustavo, dirigiendo la mirada a donde se encontraba.

Le agradecimos efusivamente su cortesía y lo invitamos a sentarse en nuestra mesa, cosa que aceptó de inmediato.

Después de las mutuas presentaciones entablamos una charla referente al clima, pues estábamos en la temporada de ciclones y amenazaba una tormenta.

Gustavo se dirigía mas a mí y sin querer casi nos olvidamos de mi amigo, pues su participación en la conversación era casi nula.

Hablamos de mujeres y de la moda de las dietas, haciendo él el comentario de que no entendía como era que a las jovencitas actuales les gustaba estar tan flacas, siendo que a la mayoría de los hombres les gustan más, sino gorditas, rellenitas (aclaro que una servidora está algo pasadita de peso), a la vez que me lanzaba miradas hacia mi pecho, pues algo que no puedo esconder, es el volumen de mis senos (40C) que ocasionalmente me han producido bochornos al no contenerlos las camisas de hombre, y literalmente, avientan la camisa hacia delante por mas grande que las use.

Como les decía, mi amigo conoce de mis inclinaciones sexuales y además es muy discreto, así que al darse cuenta que Gustavo y yo ya estábamos en pleno ligue, se despidió argumentando un compromiso contraído con anterioridad.

Al quedarnos solos Gustavo y yo, me descaré un poco mas y le pregunté que si alguna vez había tenido relaciones con algún travestí, contestándome que solo lo había hecho con algunos gays (él es soltero), pero que no lo satisfacían completamente, además de que algunos le pidieron «correspondencia» y no estaba dispuesto a aceptarlo.

Sin hacerle ningún comentario sobre mi personalidad, lo invité a mi departamento a tomar algún digestivo para quitarnos la pesadez de las cervezas, a lo que de inmediato aceptó.

Le informé que mi hábitat se encontraba muy cerca y podíamos ir caminando, pero me dijo que era mejor que se llevara su auto por seguridad.

Al llegar al departamento, le serví una copa de brandy y yo una de jerez y brindé por que se estableciera un vínculo amistoso entre los dos, pues le dije, que tenía un carácter muy agradable.

Puse unos CD’s de música clásica (Albinoni, Chopin, Ravel) y charlamos acerca de los temas que estábamos escuchando mientras tomábamos y fumábamos.

Después de la segunda copa, Gustavo me preguntó que si tenía otro nombre, además de con el que me presenté, yo sin dudarlo le dije: Si, me llamo Andrea; pero solo cuando asumo mi otra personalidad, la verdadera.

Se quedó meditando unos segundos y dijo: Me gustaría conocer esa personalidad, ¿me la presentas?. ¿A quien le dan pan que llore?, pensé. Si me permites unos minutos con mucho gusto te la presento; le contesté. Ponte cómodo mientras voy por ella.

Me dirigí a mi recámara y rápidamente me cambié de ropas y me hice un maquillaje exprés, poniéndome una peluca castaño-oscuro larga y rizada.

Regresé a la sala entrando súbitamente y provocando que Gustavo casi derramara el trago que estaba por tomar.

Mi vestimenta era la siguiente: zapatillas rojas de alto tacón (10 cm.), medias de encaje negras, liguero negro de satín (¡desde luego!), una brevísima tanga roja (que hacía resaltar mi de por sí voluminoso trasero), un brasier rojo transparente que me horma deliciosamente mis senos, y encima de todo esto, un camisón de seda negra también negro con su bata a juego.

Además de un juego de aretes, collar y pulseras de rubí (sintético, mi presupuesto no da para más).Así que estaba realmente espectacular, tal como me demostró su cara de asombro.

Se puso de pie y dijo: ¿Realmente eres tú, o acaso me están jugando una broma? ¿Eres su hermana o algo así?. No Gustavo soy Andrea y esta es mi verdadera personalidad, le contesté. Pero por favor, sigue sentado y te acompaño.

Me senté a su lado y levantando mi copa dije: porque esta reciente amistad dure mucho tiempo, ¡Salud!. Tomamos nuestros tragos y le pedí permiso de cambiar de música, pues sentía ganas de bailar (mas bien de sentir su cuerpo pegado al mío).

Cambié los discos y lo tomé de la mano y nos pusimos a bailar con una música muy romántica.

Al sentir sus brazos rodeando mi cuerpo casi tengo un orgasmo, pues Gustavo es de complexión fuerte y es mas alto que yo.

Me repegué a su cuerpo y sentí su verga que ya estaba dura como un hierro, frotando mi región púbica, a la vez que sus grandes y fuertes manos acariciaban mi espalda y lentamente se desplazaban hacia mis nalgas.

Cuando llegó a ellas, tomó los dos globos y sentí como los abría suavemente y sus dedos comenzaron a juguetear al borde de mi ya para entonces, caliente y ansioso culo.

Mientras, yo no estaba estática. Retiré uno de mis brazos de su cuello y dirigí mi mano traviesamente hacia su entrepierna, donde cada vez se ponía mas dura y crecía su gran verga.

Le bajé el cierre del pantalón y metí mi mano para sentir el calor de ese cetro que adoramos tanto las mujeres.

Lo que palpé era una verga que si bien he conocido más grandes, no dejaba de ser respetuosa y mas bien gruesa que larga. Afortunadamente circuncidada y con un glande más grueso que el tallo.

Duro pero con esa suavidad aterciopelada, ya goteaba liquido preeyaculatorio que yo ansiaba libar. Mientras Gustavo me besaba ansiosamente en la boca y sentía su lengua palpando la mía, lo que excitaba bastante, aunque no tanto como sus dedos que ya había introducido en mi caliente ojete.

No me pude contener un instante más y deshaciendo el dulce abrazo, me deslicé al suelo a tomar la posición de pleitesía al priapo, esto es: de rodillas. Su verga, exultante, turgente, caliente, húmeda, apuntaba directamente a mi boca, que golosa y ansiosamente se abrió a todo lo que dio para recibir el majestuoso miembro que parecía que iba a reventar.

Con un poco de dificultad pude tragar el glande, que como dije era más grueso que lo demás. Pero una vez que ya lo tuve dentro de mi acariciante boca, comencé a jugar con él, pasando mi lengua por el frenillo y succionando el rico liquido seminal.

Gustavo me dejaba hacer mi tarea, pero al poco tiempo me rogó que nos fuéramos a la cama, pues quería interactuar conmigo. Accedí de inmediato pues yo también estaba necesitada de recibir la dureza de su verga en mi caliente culo.

Ya en la cama, le pedí que se acostara y lo empecé a desnudar, pues para mi no hay nada más erótico que ir despojando de su ropa a mi pareja lentamente, para apreciar su cuerpo y dar suaves caricias a sus partes más sensibles.

Y así lo hice, al quitar su camisa mordí ligeramente sus tetillas hasta que se pusieron duras, dándoles unas breves mamadas.

Su pecho estaba cubierto de abundante vello, en el que enredaba mis dedos; fui bajando hacia su ombligo besando todo el trayecto y al llegar, metí la punta de mi lengua ocasionando un respingo por parte de Gustavo.

Afortunadamente resultó ser una persona muy aseada y no encontré ningún mal sabor u olor en su cuerpo. En el aspecto del aseo, diré que soy muy puntillosa, pues basta algún olorcito desagradable para acabar con mi eroticidad.

Continuando con el camino, aflojé su cinturón y el pantalón bajándolos hasta las rodillas quedando en la trusa que cubría su hermosa verga.

Se la mordí por encima suavemente y pude ver como saltaba al ponérsela aun más rígida. Descubrí su orgulloso miembro y pude disfrutar de su perfecta construcción: un glande terso, bulboso, opíparo, mas destacado que el resto de la verga, lo que hizo que mi culo se estremeciera de placer anticipado, pues lo imaginaba ya distendiendo mi esfínter.

El tallo con unas venas bastante gruesas y ya en ese momento pulsátiles tal vez anticipando una tumultuosa eyaculación. De su meato brotaba el perlino liquido preeyaculatorio, que escurría como lava de volcán.

No pude resistir mas tiempo esta hermosa visión y abriendo mi golosa boca, me zampé casi toda la verga de un solo bocado.

¡Que ricas sensaciones obtuve de ese tremendo falo!, su glande palpitando en mi boca, era algo increíble, sentía sus venas con mi lengua como aumentaban de volumen, y su liquido seminal dejaba un rico sabor que me excitaba aun más.

Él no pudo contener sus ansias y me tomó de la cabeza y moviéndola hacia delante y hacia atrás, me clavaba su estaca hasta las profundidades de mi garganta. Afortunadamente tengo mucha práctica en el sexo oral, y puedo acomodar mi garganta para que no me provoque arcadas la introducción de un miembro de casi cualquier tamaño.

Gustavo ya estaba incontrolable y presentía que no iba a aguantar mucho tiempo mi trabajo oral, así que traté de liberarme de sus manos que retenían mi cabeza pegada a su verga para que no eyaculara, pero fue por demás.

Se vino en un tumultuoso orgasmo que inundó mi boca de un rico y cremoso semen, del que escurrió por mis labios por la gran cantidad que era.

Un poco desilusionada, me separe de él paladeando su descarga y retirando los restos de mis labios, pues pensé que ahí iba a terminar todo. Sin embargo Gustavo se incorporó y abrazándome fuertemente, me acomodó en la cama y colocándose sobre de mí me besaba de una manera bastante erótica.

En correspondencia yo lo acariciaba en su espalda y sus nalgas, arañando suavemente su piel.

Cual no sería mi sorpresa cuando sentí que su verga volvía a la vida y me presionaba entre las piernas, pues jamás imaginé que dada su edad, tuviera esa reacción en tan poco tiempo.

Sus grandes y hermosas manos ya acariciaban mis senos y se los llevaba a la boca para succionar mis pezones.

Creí desfallecer por el placer que esto provocó en mi, pues los tengo muy sensibles y grandes. Mientras él me mamaba los senos yo acariciaba su verga y la sentía en mi mano como aumentaba de tamaño, lo que me estimulaba aun más.

Sentir esa verga crecer por el estímulo que yo ocasionaba, me hizo sentir la urgencia de ser penetrada de una manera violenta. Acomodé mis piernas para rodear el cuerpo de Gustavo y pude, entonces, sentir su tremenda erección en el borde de mi ansioso culo.

Casi gritando le pedí que me la metiera, y como él tardaba, me repegué a su verga y sentí que entraba un poco de su glande.

Al sentir Gustavo que ya estaba bien apuntado, sin compasión me la dejó ir de un solo envite.

A pesar del dolor que esto me ocasionó, crucé mis piernas alrededor de su cuerpo e hice que su verga penetrara aun más. Me sentí en éxtasis al comprobar que sus testículos golpeaban mis nalgas, señal de que tenía completamente clavado su miembro en mi caliente culo.

Dolía, si dolía, pero el placer superaba con mucho ese dolor; mientras Gustavo se apoderó de mi boca y me besaba de una manera sensual, clavando su lengua casi hasta mi garganta y mordisqueando mis labios.

Yo apretaba con mi esfínter su dura verga y sentía como aumentaba de volumen. Podía sentir las gruesas venas como palpitaban y se engrosaban en mi interior.

Gustavo ya había pasado de mis labios a mis senos y chupaba mis pezones fuertemente. Mis manos apretaban las sábanas en señal de excitación, de mi boca salían gemidos de placer.

Su verga ya entraba y salía de mi culo con gran velocidad y me sentía transportada al paraíso de la cantidad de placer que sabía estaba proporcionándole y que estaba yo sintiendo.

El orgasmo se acercaba de una manera implacable. Deseaba que no llegara y prolongar ese éxtasis por la eternidad. No pude contenerme más y con un grito derramé mis jugos de una forma bestial.

Sentí que me vaciaba completamente y durante mucho tiempo el flujo de mi orgasmo corrió libremente, sin embargo, Gustavo continuó propinándome ricas arremetidas con su aun rígida verga. Le pedí que cambiáramos de posición pues quería probarlo en todas las formas.

Sin desprenderse de mí, fue recargándose hacia un costado y manteniendo abiertas mis piernas quedamos en la posición de «cucharas», esto es, acoplados de lado a lado.

En esta postura, mas relajada que la anterior, pude tomar un respiro y lo dejé hacer lo suyo.

Su verga en un poderoso vaivén, casi salía completamente de mi, para ese momento relajado culo, pues con el reciente orgasmo, no tenía fuerzas ni ánimo para ofrecer alguna resistencia.

Sin embargo con la fricción y el hecho de sentir sus vellos púbicos rozando mis nalgas, me fui excitando poco a poco.

Gustavo parecía no cansarse pues sus movimientos eran bastante vigorosos.

Yo sentía que su verga se clavaba mas y más y pensé que en cualquier momento se iba a venir, por lo que apreté un poco los músculos de mi colita, pero esto lo que provocó fue que Gustavo aumentara el vigor de sus arremetidas.

Desconcertada hasta cierto punto, le pedí que intentáramos otra posición pues esta parecía un poco cansada (¡mentira, quería sentarme en él para sentirla más profunda!), a lo que él inmediatamente aceptó.

Le pedí que se colocara de espaldas y me dejara dirigir el acto. Una vez colocado en pose, su verga pareció decaer un poco por lo que le di unas deliciosas mamadas hasta que obtuvo la dureza y tamaño adecuados.

Acomodándome en cuclillas de frente a él, tomé su miembro con una mano y lo dirigí a la caldera que en esos momentos era mi culo. Fui descendiendo lentamente mi grupa y logré introducir mas de la mitad de su tremenda verga. Me detuve unos instantes para tomar alientos, y sin más ni más me dejé caer sobre ese duro garrote.

¡Cielos! que sensaciones me invadieron al tener, en esa posición, su verga clavada hasta los más recónditos rincones de mi cuerpo.

Me sentía empalada y violada, violada por mi propio gusto.

Gustavo, comprendiendo que si él hacia cualquier movimiento me podía lastimar, se quedó quieto dejándome a mí toda la iniciativa.

Pasado el momento de cierto dolor provocado por el empalamiento, me recosté sobre su pecho y así recomenzamos el dulce y eterno movimiento del amor.

Como Gustavo no se podía mover, yo me desfogué y me movía como la mujer en celo que soy, gritando y gimiendo, subiendo y bajando a lo largo de la tranca que destrozaba mi culo.

El orgasmo, una vez más, se acercaba de una manera incontenible.

Dándose cuenta Gustavo que ya estaba yo a punto del orgasmo, me empujó haciendo que me separara de él.

Un poco desconcertada, quedé jadeante al lado de él, quien sin tardanza se incorporó y volteándome boca abajo, me tomó de la cintura y levantando mi grupa me colocó en la exquisita posición de «perrita».

Sin mas trámite, clavo su enhiesta verga sin compasión hasta el tope.

Me sentí desfallecer tanto por la violencia de la penetración como por el placer ocasionado.

Gustavo se empezó a mover rápida y fuertemente, bombeando, saqueando, rompiendo mi pobre recto.

Ya había perdido la cuenta de mis orgasmos, pues estos venían casi en forma ininterrumpida.

En eso, dio un fuerte empujón que me hizo gritar y sentí mis intestinos inundados de un liquido caliente y espeso, que vino a aliviar el ardor que sentía en mis interiores.

Nos quedamos estáticos unos momentos en lo que Gustavo terminaba de expulsar su semen, el que ya escurría fuera de mi culo.

Su verga fue disminuyendo de tamaño y saliéndose de su acogedor estuche.

Derrumbándome en la cama, Gustavo se acostó en mis espaldas embarrando los restos de su semen en mis nalgas y dejando su flácido miembro entre ellas.

Al fin, separándose de mí, se acostó a un lado y besó dulcemente mis labios y nos quedamos dormidos.

Desde luego que no terminó ahí todo, pues al despertarnos continuamos con nuestra pasión todo lo que restaba de la noche.

Ahora estamos viviendo nuestro romance, casi como una luna de miel.

Gustavo quiere que vivamos juntos y que lo atienda como si fuera mi esposo, pero desgraciadamente yo no soy «mujer» de un solo hombre y así se lo dije.

Comprendiéndome, me pidió que por lo menos lo pusiera en los primeros lugares de mi larga lista de amantes.

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