Nos encontramos nuevamente, este relato obedece a la solicitud enviada por un lector en el que me pedía una historia en la cual el protagonista es descubierto por la esposa, esta entonces comenzaba el proceso de feminizarlo. Como se imaginarán, comencé a escribirlo y mi imaginación comenzó a volar y si bien respeté la idea original, también terminé desviándome bastante de ella, espero les guste el resultado.
Como siempre, espero sus comentarios y sugerencias, los que me ayudan a mejorar mis relatos y por supuesto, si tienen alguna fantasía, no duden en enviármela que será un placer convertirla en una historia.
Ana Raquel
Descubierto
Capítulo I – Mis Inicios
Desde que tengo uso de memoria, siempre me fascinaron las prendas femeninas, la suavidad del tejido y su textura, ejercían un magnetismo que no podía evitar, tal es así, que a los doce años, una tarde que quedé solo en casa, no pude evitar desnudarme y ponerme las medias de nailon de mi madre.
Todavía recuerdo la excitación que sentía; los nervios, mi corazón casi saltando de mi pecho cuando subía las medias por mis piernas hasta llegar a mi muslo. Incluso, en mi inocencia, llegué a pensar que me estaba pasando algo malo cuando vi mi pene completamente erecto y comencé a masturbarme en un acto completamente instintivo.
Ese fue el momento en que tuve el primer orgasmo de mi vida, el semen cayendo al piso, mi preocupación, que me había pasado? que era lo que estaba haciendo?. Inmediatamente, me quité las medias, limpié y guardé todo en su lugar con la firme determinación de no hacer eso nunca mas.
Crees que pude cumplir la promesa? Por supuesto que no, ya estaba atrapado en mi propia red y cuando a la semana siguiente, volví a quedar solo, no pude evitar volver a calzarme las medias de nailon, por supuesto diciéndome a mi mismo: – Por esta vez, pero nunca más.
Moraleja, no hagas promesas que no puedes cumplir.
Han pasado ya bastante tiempo, ahora con 25 años estoy casado con María, una mujer un poco mayor que yo, 30 años, con un físico que daría envidia a cualquier actriz de cine, busto exuberante y firme, caderas amplias. No podría decir que su carácter es dominante, mas bien es asertiva, siempre está segura de sus propias opiniones, en muchas oportunidades me he preguntado a mi mismo que es lo que ha visto en mí.
Verás, como decía, tengo 25 años, delgado y de contextura pequeña, es cierto que tengo un buen pasar económico, soy analista de datos y en estos momentos de inteligencia artificial, he podido desarrollar un próspero negocio asesorando a varias corporaciones multinacionales, en cuanto a mi personalidad es justamente la opuesta de mi esposa, nunca termino de estar seguro de algo, siempre reviso una y otra vez un reporte buscando un error que nunca encuentro.
Tengo que aclarar que pese a mis promesas nunca dejé mi afición por las ropas femeninas, mas bien al contrario. Verás, en mi estudio, aquel lugar donde elaboro los análisis de datos, tengo gran cantidad de reportes e informes almacenados en cajas perfectamente ordenadas, entre ellas «Cálculo» contiene la ropa interior, «Álgebra» incluye zapatos de todo tipo, «Estadística» está destinada a los vestidos, y así cajas y cajas que ocupan prácticamente toda la pared, con una colección que ha crecido con el tiempo y que ahora incorpora también pelucas, maquillaje, uñas postizas, y todo lo que pase por tu mente (también algunos juguetes sexuales que he adquirido en línea).
Mi vida es hoy, agradablemente predecible, temprano por la mañana me levanto, preparo el desayuno, despierto a mi mujer y compartimos la primera comida del día, luego ella se cambia y sale rumbo a su trabajo, como enfermera en un centro médico.
Yo por otra parte, busco una camisa limpia (si voy a tener una videoconferencia no es necesario que me cambie por completo), y hasta el mediodía estoy en línea enviando informes, atendiendo clientes, etc.
Es en este momento que mi vieja pasión retorna, una vez que he finalizado, paso a cambiarme: medias, zapatos, maquillaje, peluca, etc., pasan a formar mi atuendo, José se va y aparece Marina, mi alter ego.
Disfruto de pasar un par de horas en línea, conversando con otras chicas como yo, visitando páginas de adultos (porqué te lo voy a negar) y luego, simplemente me pongo a trabajar en los reportes del día siguiente, hasta que a las cinco de la tarde, con un margen de seguridad, guardo toda la ropa femenina en su caja correspondiente, tomo una ducha y espero que llegue María (lo hace habitualmente a las seis de la tarde).
Cuando llega, siempre me encuentra sentado frente a la computadora, nos reunimos en la sala, compartimos un café y luego pasamos el tiempo a veces mirando una película, otras preparando la cena, o simplemente conversando.
Capítulo II – Sorprendido
Llevé esta doble vida durante mucho tiempo, algunas veces dudé si mi esposa no sospechaba nada, algunos pequeños indicios, por ejemplo, al llegar me olía mientras yo dudaba si había quedado algún rastro del aroma del maquillaje. En otras ocasiones, me pareció que las cajas que contenían las ropas de Marina, estaban levemente fuera de lugar.
Ya te conté que soy inseguro, comenzaba entonces a revisar toda la casa, había quedado alguna huella de mi actividad? Olvidé guardar algo, es que María había visto algo que yo no?
Rápidamente desechaba estas ideas asegurándome a mi mismo que nada de esto era posible, había sido cuidadoso, todos los rastros eran eliminados, mi seguridad (y la de Marina) estaban a salvo.
Que ingenuo que fui, mi esposa era mucho mas perspicaz y mucho mas astuta que lo que suponía y sin darme cuenta, me tendió una trampa en la que por supuesto, caí.
Un día, aproximadamente a las cuatro de la tarde y cuando todavía faltaba mucho para su llegada, la puerta de mi estudio se abrió de golpe, sin un sonido que la delatara, sin ningún aviso, me sorprendió totalmente transformada y redactando informes.
– Lo sabía, dijo furiosa.
– No, espera, yo te puedo explicar.
– Que me vas a explicar? Que eres una mariquita?
– No María, no es lo que piensas.
– Y como sabes que es lo que pienso? Usar faldas te da el poder de la adivinación?
Intenté convencerla que el hecho de vestirme no tenía nada de sexual, que simplemente me relajaba al hacerlo, que me sentía mas cómoda y tranquila, argumenté incluso que transformarme me hacía mas productiva.
Por supuesto, ninguno de estos argumentos la convenció, algunos eran reales (como que me relajaba y era mas productiva) y otros una descarada mentira (como que no tenía ninguna connotación sexual), mis esperanzas de mezclar mentira y verdad y con ello salir del paso se desvanecieron rápidamente.
– No me mientas, me dijo. Hace tiempo que sospecho algo así, ya conozco todos tus escondites y puedes tener la seguridad que también conozco todas tus actividades en línea.
– Pero como, yo nunca …
No me dejó terminar la frase: – Crees que lo sabes todo, eres tan arrogante, hace mas de dos meses que instalé un troyano en tu computadora, todos los días, invariablemente, recibo en mi celular los registros de tu actividad, se en que foros participas, conozco perfectamente a Marina, he visto las páginas que visitas, así que mejor empieza a ser sincero a partir de ahora.
– Lo siento, pregunta lo que quieras seré totalmente honesto. Puedo cambiarme primero? No me siento cómodo estando así frente tuyo.
– De ninguna manera, quiero conocer a Marina personalmente, así que te quedas así.
– Bien, que quieres saber?
– Cuéntame todo, desde el principio, cuando comenzaste con esto, porqué, y no omitas nada.
Comencé entonces con mi relato, intentando ser lo mas sincero posible, hablé de mi primera experiencia, de como me sentía, de que una y otra vez quise dejar de hacerlo, y como, al contrario, cada vez terminaba comprando mas ropa.
Detallé en la medida que me fue posible la relajación que sentía al transformarme, y no pude evitar tampoco contarle como me excitaba, la sensación de placer al sentir el roce de las medias contra mi piel, la suavidad de las ropas, etc.
– No sabes la suerte que tienen ustedes las mujeres al usar estas ropas todos los días, fíjate en lo siguiente, si tu vas a una fiesta y ves a otra mujer con el mismo vestido, te sentirías indignada.
– Al contrario, si yo voy a una fiesta con un traje formal, posiblemente no sea el único, habrá trajes azules, negros, incluso claros, pero todos mas o menos con el mismo corte de moda.
– Debo admitir que ahí tienes un punto. Me contestó.
– No es solo eso, le respondí, tu puedes ser mucho mas creativa, cambiar el color de tu cabello, modificar el peinado, los tonos de tu maquillaje y lo
único que recibirás serán alabanzas.
– Imagina esto, continué, que de un día para el otro tiño mi cabello de rubio, que pensarías que pasaría.
No pudo evitar sonreírse en ese momento y admitió: – Te verías ridículo.
– Claro, y si la semana siguiente aparezco como un pelirrojo?
– Creo que perderías a la mayoría de tus clientes.
– Entiendes lo que digo, una parte del atractivo es ese, poder jugar con distintas texturas, modelos, tengo varias pelucas como ya sabrás si revisaste mis archivos, elijo el color de mi cabello según mi estado de ánimo y nadie me juzga por ello.
– Que tengas un punto y que te entienda no significa que me halla olvidado de tu traición.
– Traición? No te parece demasiado?
– Si traición, porque podrías haber confiado en mí, podrías haberme tratado como tu compañera, me hubiera sorprendido por supuesto, pero me hubiera gustado que si esta es una parte importante de tu vida, lo hubiéramos compartido.
– Creo que te he contado todo.
– Un poco tarde y cuando no tenías otro remedio. Ahora me toca a mi hacer algunas preguntas.
– Adelante.
– Has estado con algún hombre? O tienes deseos de estar con un hombre?
– De ninguna manera, ya te he dicho que me excita, pero me gustan las mujeres, si quieres, puedes considerar a Marina como lesbiana.
– Lesbiana? Eso es muy interesante, y si hemos de ser sinceros me gustaría confesarte algo.
– Te escucho atentamente, nunca mas secretos entre nosotros.
– Bien, el hecho es que desde hace un tiempo he tenido fantasías de estar con otra mujer, y creo que Marina puede perfectamente cumplir esa fantasía.
– Me encantaría que así fuera.
Me levanté y me acerqué a ella, ingenuamente tratando de transformar una situación incómoda en un encuentro sexual.
– Ni lo sueñes, me atajó. Primero debemos perfeccionar tu transformación, estás a mitad de camino y si en algún momento llegamos a hacer algo, quiero que la ilusión sea perfecta.
– Que quieres hacer entonces?
– Primero te entrenaré, luego perfeccionarás tu transformación y cuando yo lo decida veremos que hacemos. Estamos de acuerdo?
– Perfectamente de acuerdo.
Capítulo III – El Entrenamiento.
Los sucesos que acabo de contarte ocurrieron un lunes, de común acuerdo con mi esposa decidimos que comenzaríamos al día siguiente, conforme a las reglas establecidas por ella:
1. Yo solo me cambiaría estando con ella, jamás volvería a hacerlo solo.
2. Dejaría de visitar páginas explícitas.
3. Sí podría ingresar en foros y blogs para intercambiar información y relatar mis experiencias.
4. A las cuatro de la tarde estaría listo para recibir mi entrenamiento.
5. Debía recordar permanentemente que ella estaba haciendo esto por mi.
6. Ella era mi tutora en feminidad y debía obedecerla en todas las instrucciones sin cuestionarla.
Por supuesto, estuve de acuerdo con todos los requisitos propuestos, al fin y al cabo, me estaría cumpliendo la fantasía de toda mi vida, no solo transformarme, sino ayudarme y luego estar juntos, imaginé que el martes, en el mismo día se convertiría en realidad mi fantasía.
Tengo que aclarar que no podía estar mas equivocado.
Yo estaba esperándola ya listo, con un sentimiento que no sabría decir si era ansiedad, nervios, cierto temor de perder respeto frente a sus ojos, caminaba de un extremo al otro de la sala, me sentaba (no mas de cinco segundos), otra vez me levantaba, iba hasta la cocina, me servía un vaso de agua, olvidaba tomarlo y volvía a la sala, mirando expectante la puerta de entrada, esperando su llegada.
Finalmente, cuando llegó, exactamente a las 16:00 horas, tal como había indicado, yo ya no podía mas.
– Estás un poco nervioso, no puedes quedarte un momento quieto?
– Discúlpame, es la ansiedad.
– Ten, toma esto, dijo alcanzándome una pequeña píldora blanca.
– Que es?
– Nada extraño, tómalo, te ayudará a relajarte.
Aproveché el vaso con agua que había dejado en la cocina para tomar el medicamento. Cuando volví me dice:
– Vamos al cuarto de servicio, allí comenzaremos tu entrenamiento.
Bravo, pensé, ahora viene la parte que me viste y me maquilla. No, al llegar al cuarto de servicio ví que estaba completamente despojado de muebles, lo único que había era una pequeña mesa llena de potes de cremas de distintos tipos, y en el centro, una camilla alta.
– Recuéstate en la camilla.
– Para que?
– Vas a preguntar todo, pasaré mas tiempo explicando que entrenándote. Acuéstate de una vez, algunas cosas serán evidentes por si mismas, y otras te iré explicando en el camino.
Que podía hacer, estaba en sus manos, me acosté boca arriba en la camilla, completamente desnudo.
Tomó un pote de crema y mientras me aplicaba en todo el cuerpo, rostro incluido me dice: – Este es un exfoliante, si bien tienes una buena piel, esta crema me ayudará con las pequeñas imperfecciones.
Cuando terminó de aplicarlo, comenzó a masajear todo mi cuerpo, finalmente, con un paño mojado en agua tibia, retiró toda la crema.
– Ya está? Pregunté incorporándome.
– Recuéstate que recién comenzamos, ahora que removimos las imperfecciones de la piel, tenemos que remover esos pocos pelos de tu cuerpo.
– Es necesario?
– Por supuesto, eres lampiño por naturaleza, pero debemos retirar todo por completo.
Comenzó entonces a aplicar cera, retirándola luego de un tirón, cuando grité me dice: – Tranquilo, mira todo lo que he sacado.
Me mostró la cera y efectivamente no pude negar que estaba llena de pelos, y al mismo tiempo, la zona de mi pierna había quedado completamente libre.
No te voy a relatar la tortura que fue, recorrió todo mi cuerpo dejando solo un pequeño triángulo de cabello alrededor de los genitales.
Cuando terminó, comenzó a aplicar cera también en mi rostro.
– La cara también?
– Si por supuesto, no quiero besarte y sentir que me raspas, ya te dije antes que la ilusión debe ser perfecta.
Piensas que la depilación en las piernas y en el torso es incómoda, no tienes idea de la sensación al depilarte con cera los bigotes, debo admitir si, que cuando terminó mi piel era suave como nunca.
– Ahora debemos hidratarla ya que tu piel ha quedado irritada.
Comenzó entonces a aplicar en todo mi cuerpo una crema hidratante, masajeando suavemente para que mi piel absorba el producto.
– Bien, ya está casi listo, vamos a ver como queda.
Una vez que dijo esto, volvió con un par de medias de nailon color natural, enrolló una de ellas y comenzó a colocarla en mi pierna izquierda, luego repitió el proceso con mi otra pierna.
– Bien, como te sientes?
– Es asombroso, le dije mientras acariciaba mis propias piernas. La suavidad del tacto es increíble.
Comencé entonces a frotar mis piernas una contra la otra, sintiendo la fantástica sensación del nailon contra mi piel, no tenía palabras, no podía describirlo, simplemente le dije: – Gracias mi Amor, eres única.
– Espera, todavía falta un pequeño detalle.
Pensé que traería zapatos, o un vestido, algo para completar mi atuendo, pero no, en sus manos volvió con una pequeña caja que al abrirla demostró contener un dispositivo de castidad.
– No pretenderás que me ponga eso verdad?
– Por supuesto, o crees que no se de tus actividades, ya te dije que tengo todo grabado y no pienso permitir que te masturbes.
– Te prometo que no lo haré.
– Perfecto, entonces esto no te va a molestar, simplemente te ayudará a cumplir tu promesa.
Mientras lo decía, aplicaba el dispositivo en mis genitales, cerraba el candado y guardaba la llave del mismo en una cadena colgada de su cuello.
– Así estamos mas tranquilos todos, ahora vamos a cenar.
– A cenar? No me entrenarías.
– Si, y esta ha sido la primera lección, mantenimiento y cuidado de la piel, mañana seguiremos con tu entrenamiento.
Obviamente, no tenía ni voz ni voto en estos temas, así que no tuve otro remedio que obedecerla.
Luego de cenar, llegado el momento de dormir:
– Déjate las medias y ponte esto. Dice alcanzándome un camisón de seda, lo pasa por sobre mi cabeza y lo deja caer.
Otra vez, una sensación totalmente desconocida para mi, la suavidad del roce de la seda contra mi cuerpo completamente depilado fue indescriptible y una ola de placer recorrió cada centímetro de mi piel.
María, conociendo mi estado, comenzó a acariciarme, primero mi torso, luego mis piernas, mientras decía:
– Que bien te queda, creo que me gustará mucho Mariela.
Como pude, luego de mucho esfuerzo, finalmente quedé dormido.
Capítulo IV – Aprendiendo a Caminar
Al día siguiente, se repitió mas o menos la misma secuencia, diez minutos antes de la hora señalada, yo la estaba esperando, en esta oportunidad, completamente desnudo, con las medias de nailon y el camisón que me había entregado la noche anterior y por supuesto, el dispositivo de castidad impidiendo que me tocara.
Otra vez recorrí ansioso la sala, ahora a la expectativa de cual sería el entrenamiento de hoy, se agregaba la excitación que me provocaba el constante roce del nailon y la seda contra mi piel, imposible no acariciarme y sentir la textura de las medias, la suavidad de la seda, en un momento pensé que era el equivalente de la masturbación, pero ahora usaba no mis genitales sino todo mi cuerpo.
Al igual que el día anterior, justamente a la hora señalada, atravesó la puerta de nuestra casa.
– Hola querido, veo que estás esperándome.
– María, mi amor, por favor, quita esta cosa, no puedo más.
– De ninguna manera, no solo te impide tocarte, una ventaja adicional es que te enseñará autocontrol, en el momento oportuno de tu entrenamiento lo removeré, pero por ahora se queda.
– Por favor, si me quieres un poco …
– Basta, me interrumpió, tenemos mucho que hacer, sígueme.
La seguí hasta el cuarto de huéspedes e inmediatamente noté un cambio, la camilla que el día anterior ocupaba el centro de la habitación, ahora se encontraba plegada contra una pared, en cambio, en el centro había una silla de respaldo alto.
– Siéntate.
Obedecí sabiendo que de nada valdría preguntar, mejor dejar que los acontecimientos revelaran que era lo que tenía preparado.
Volvió con un par de zapatos negros con un tacón de aproximadamente tres centímetros.
– Dame tu pié izquierdo.
Colocó entonces el zapato y luego colocó el otro zapato.
– Bien, el talle es el justo.
Como supo que talle de calzado femenino me quedaría bien? Era todo un misterio para mí.
– Trata de ponerte de pié lentamente. Dijo mientras me tomaba de ambas manos, ayudándome con mi equilibrio.
– Como te sientes?
– Extraño, nunca había usado tacones.
– Vamos a practicar ahora, ahora apóyate en mi.
Todavía tomado de las manos, comencé a tratar de caminar.
– No así no, no pises con la punta del pié, hazlo naturalmente, primero el tacón y luego desplaza el peso hacia adelante.
Traté de seguir sus instrucciones lo mejor que pude.
– Así, bien, ahora no camines como un pato, pasos cortos, un pié delante del otro.
Comencé a adquirir cierta destreza, cuando me sentí lo suficientemente seguro, me soltó de las manos, se sentó en la silla y me ordenó que caminara en círculos en la habitación.
– Perfecto, ahora con un poco mas de gracia, me indicaba.
– Continúa, tienes que adquirir práctica, de a poco te sentirás mas seguro.
Cuando ya me sentía seguro y ella consideró que había adquirido destreza me dice:
– Salgamos del cuarto, no vamos a estar dando vueltas en círculos todo el día.
Salimos al pasillo y me ordenó que bajara las escaleras, no pude evitar mirar mis pies mientras lo hacía.
– No así no, no mires los escalones, tienes que hacerlo con mas gracia.
Pasamos entonces al segundo paso, subir y bajar las escaleras, sin mirar los escalones.
– Vista al frente, la espalda recta, con mas seguridad, otra vez, sube y baja de nuevo.
Repetí el ejercicio tantas veces hasta que estuvo conforme.
– Bien, vamos al cuarto de huéspedes.
Y ahora? Seguramente ahora sí, me quitaría el dispositivo y por fin tendríamos sexo.
Otra vez me había equivocado. Me senté en la silla y retornó con otro par de zapatos, esta vez con un tacón mas alto, de por lo menos cinco centímetros.
Repetí el proceso, caminar hasta acostumbrarme, luego las escaleras con los nuevos zapatos.
Cuando estuvo satisfecha, otra vez al cuarto de huéspedes.
Que te imaginas que pasó? Pues que apareció nuevamente con otro par de zapatos, ahora con un tacón aguja de diez centímetros.
Ya estaba bastante acostumbrado a los tacones y esta vez me tomó mucho menos tiempo adquirir destreza, caminé, subí y bajé las escaleras y ya mis pies me estaban matando cuando me dice:
– Perfecto, hoy hemos aprendido a caminar, es suficiente, vamos a cenar.
Me quité los zapatos y comencé a masajear mis pies.
– Que piensas que estás haciendo? Ponte los zapatos.
Obedecí y cenamos tal como estaba, las medias de nailon, el camisón de seda, mis zapatos nuevos con tacón de diez centímetros y el infaltable dispositivo de castidad.
Capítulo V – Marina aprende a maquillarse
Y así llegamos al siguiente día de entrenamiento, por supuesto, yo estaba cada día peor, a la excitación que me producía la suavidad de la seda del camisón, el placer que me daba el rozar una pierna contra la otra, ahora se sumaba el sonido de mis tacones contra el piso de la sala.
Me sentaba en uno de los sillones y era peor, contemplaba mis piernas, ahora con los zapatos puestos y solo podía ver las piernas de una mujer, acariciaba mi cuerpo, me ponía de pié, caminaba de un extremo al otro, y todo era para peor.
A las cuatro en punto María llegó: – Hola mi amor, veo que estás listo.
– Mas que listo, María, por favor, la excitación me está matando, haz algo.
– Lo haremos, a su debido momento, ahora, debemos continuar con tu entrenamiento.
La seguí una vez mas hasta el cuarto de huéspedes, que estaba nuevamente cambiado. En que momento realizaba las modificaciones? No lo sabía, probablemente mientras dormía.
El cuarto ahora presentaba en una de sus paredes un tocador con un importante espejo rodeado de luces, en su superficie había innumerables artículos de maquillaje, frente a el una silla.
– Siéntate, hoy aprenderás a maquillarte como corresponde.
– Yo creía que lo hacía bastante bien.
– Ten en cuenta que uno no es buen juez de si mismo, no estaba del todo mal, pero te falta mucho por aprender.
– Primero comenzaremos perfilando un poco esas cejas.
– Cuidado por favor, tengo clientes por videoconferencia.
– Simplemente le daremos un poco de forma, algo muy delicado y removeré esos pelos largos.
Una vez que terminó de darle forma a mis cejas, pasamos a los párpados.
Aquí vino una lección sobre como aplicar sombras, como combinar distintos colores, incluyó también el delinear los ojos para acentuar la mirada.
Luego pasamos a las pestañas postizas, colocar el pegamento en la pestaña, utilizar un espejo de aumento, aplicarla en el borde del párpado partiendo de su centro, asegurarlas luego con una pinza de depilar.
Una vez que mis cejas, ojos y pestañas estuvieron a su satisfacción, comenzamos con el rostro, aplicar la base para disimular imperfecciones, utilizar sombras para afinar mi barbilla, rubor para realzar mis pómulos, etc.
Finalmente, los labios, primero delinearlos para que parezcan mas carnosos y gruesos, marcar la v del labio superior.
Cuando terminó, presentó un espejo y solo puedo decir que vagamente reconocía la imagen que tenía ante mí. Su trabajo había sido perfecto, solo el cabello corto me delataba.
– Perfecto, ya has visto todo el procedimiento, ahora, utiliza esto para remover el maquillaje y hazlo tu.
Como los otros días, comenzó aquí una etapa de aprendizaje y entrenamiento, mis primeros intentos fueron bastante groseros.
– No, así no, debes colocar el pegamento en la pestaña y esperar un poco.
– Menos rubor en los pómulos, pareces una caricatura.
– Los labios no están del todo mal, intenta hacerlos un poco mas gruesos.
– Usa varios tonos de sombra en los párpados.
Así una y otra vez, maquillar, remover, volver a maquillar hasta que el resultado final fue satisfactorio.
– Ahora sí, el toque final, anunció mientras volvía con una peluca negra con flequillo y larga hasta los hombros.
Al colocarla en mi cabeza y ver mi imagen en el espejo el cambio era radical, veía frente mío una mujer sensual, no había rastro alguno de José, ahora solo existía Marina, una Marina mucho mas femenina y sensual que la que yo conocía.
– Me gusta el resultado, me dijo. Es mas, tengo que confesarte que Marina me excita. Ahora vamos a cenar.
Pensarás que la cena fue bizarra en todo caso, yo completamente transformado en Marina, camisón de seda, medias, zapatos de tacón aguja de diez centímetros, completamente maquillada y ella tratándome como si fuese una vieja amiga, charlando de cosas de mujeres, maquillaje, moda, etc.
Al irnos de dormir me advirtió, solo quítate los zapatos, quiero dormir con Marina.
Capítulo VI – Marina Emerge
Si los días anteriores no pude controlar mi ansiedad, en este momento era mucho peor, a la sensación de mis piernas cubiertas con el nailon de las medias, el roce de una contra la otra al caminar, la suavidad de la seda del camisón sobre mi piel depilada, el delicioso sonido de los tacones resonando en la sala al caminar.
Ahora al pasar frente al espejo, una mujer desconocida para mí hasta ayer me devolvía la mirada, comencé a ensayar poses y gestos frente al espejo, arquear la espalda para exponer mis glúteos, asomar la lengua por mis labios en un gesto sensual, ensayar una mirada depredadora, en fin, estaba descubriendo un mundo nuevo gracias a mi esposa.
Lástima el dispositivo de castidad que me impedía siquiera acariciar mis genitales, aunque debo confesar que la sensación de acariciar mi nuevo cuerpo era sumamente agradable.
Como era habitual, exactamente a las cuatro de la tarde la puerta se abre y entra María.
– Veo que ya estás lista para la lección de hoy.
– Lista y ansiosa por saber que tienes preparado para mí.
– Ven al cuarto de huéspedes y lo averiguarás, fue su respuesta.
La seguí hasta el cuarto para encontrarlo una vez mas con un mobiliario diferente, al tocador y la silla, ahora se había agregado un ropero. Como se arreglaba para realizar estos cambios? Obviamente, ella sola no podría haber corrido los muebles, además, yo no había percibido ningún sonido.
En fin, cosas que quedarán para resolver mas adelante.
– Quítate el camisón y desnúdate por completo.
Obedientemente, quedé tan solo con mi maquillaje, la peluca y el inefable dispositivo de castidad parada frente a ella.
– Hoy vamos a completar la transformación. Me informó.
En primer lugar, fue hasta el nuevo ropero y retornó con un corsé de cuero en sus manos.
– Da la vuelta que yo te ayudo a ajustarlo.
El corsé era rígido, armado con ballenas que moldeaban mi cuerpo, lo pasó por detrás y comenzó a ajustar los lazos a mi espalda.
– Cuidado, estás apretando mucho.
Se acerca y me dice al oído, casi susurrando: – No estoy apretando, estoy moldeando tu figura.
– Siente como se reduce tu cintura.
– Como realza tu busto.
– No te aprieta, te abraza, te hace sentir mas femenina.
Mientras me decía esto, yo miraba mi imagen ir mutando lentamente en el espejo, mi cintura mas fina, mas femenina. La sensación era de un erotismo indescriptible, mi transformación ahora incluía no solo mi rostro sino también mi cuerpo.
Tenía razón, el abrazo del corsé no me contenía, me liberaba.
Cuando mi cintura llegó a un tamaño aceptable para ella, volvió al ropero con dos prótesis que colocó en las tazas del sostén del corsé, ahora no solo tenía una cintura mas femenina, ahora exhibía un busto bastante prominente.
Me ordenó que me sentara, y procedió a ponerme un par de medias de nailon negras con costura, prestando atención que la costura estuviera recta y luego asegurándola con ocho tiras al corsé.
Finalmente, un par de zapatos negros stiletto con un tacón de diez centímetros.
– Ya está le dije.
– No, todavía faltan algunos detalles, quédate sentada frente al tocador.
Que podía hacer, la esperé sentada mirando maravillada mi nuevo busto en el espejo.
Volvió al poco tiempo con una pequeña valija de mano, al abrirla, ví que tenía una serie de herramientas de manicura.
– Tenemos que hacer algo con esas manos, no puedes tener esa figura despampanante con manos de leñador.
– No es para tanto, tengo dedos largos y delicados.
– Déjame a mi esas consideraciones.
Comenzó entonces a trabajar con mis manos, primero corrigiendo la cutícula, luego limpiando las uñas, finalmente aplicó uñas postizas bastante largas (al menos dos centímetros) para terminar pintándolas del mismo color que mis labios (rojo intenso por si no lo recuerdas).
– Ya está listo, déjame verme en el espejo.
– Espera, todavía falta algo.
Tomó de la caja una serie de anillos y colocó dos en mi mano izquierda y tres en mi mano derecha.
Luego, un juego de pulseras en mi brazo derecho y finalmente un collar de imitación de perlas alrededor de mi cuello.
– Ahora sí, puedes mirarte.
Me puse de pié y contemple a una mujer completamente nueva y desconocida, la cintura pequeña, el busto prominente, el maquillaje intenso, uñas largas, manos delicadas y femeninas (en esto María tenía razón), las medias y los zapatos con tacón aguja daban en conjunto una sensación de feminidad, sensualidad y erotismo que nunca había sentido antes.
Se había producido además un cambio en mi personalidad si se quiere, ahora me sentía completamente femenina, mis gestos automáticamente se suavizaron, comencé a pensar en mi misma como Marina, por fin, y gracias a mi esposa, ahora era toda una mujer.
Obviamente pensé, ahora es el momento en que por fin vamos a la cama.
Una vez mas, estaba equivocada.
– Falta algo, me dice.
– Imposible, no puedo ser mas femenina que esto.
– Un poco de paciencia por favor, ten confianza en mi.
Mientras decía esto, pasó por sobre mi cabeza un vestido para luego subir el cierre a mi espalda. El vestido era negro, con falda tubo, que resaltaba mis glúteos y llegaba justo cinco centímetros por encima de mi rodilla, ajustado de forma que realzaba mi figura y con un escote cuadrado que revelaba mi flamante busto.
– Ahora sí estás lista, es mas, si supieras como me excita verte así, las ganas que tengo de arrojarte sobre la cama y hacerte el amor.
– Y por qué no, me encantaría que abusaras de mi.
– Ten cuidado con lo que dices. Espérame en la sala, prepara un trago para las dos, mientras me cambio de ropas.
Ya sabía que cualquier argumento de mi parte sería desestimado, y que cualquier cosa que tuviera mi esposa en su cabeza sería como se desarrollarían los acontecimientos, simplemente obedecí. Descendía las escaleras hasta la sala (sin mirar los escalones), dudé si servir un vino blanco dulce o algo mas fuerte, finalmente me decidí por un vaso de whisky (fuera lo que fuera que tenía reservado María para mí, necesitaba relajarme).
Luego de una media hora aproximadamente, yo ha había terminado mi trago cuando ella descendió por la escalera siguiendo mis pasos.
Siguiendo mis pasos solamente no, ahora estaba vestida exactamente igual que yo hasta el último detalle.
– Ven conmigo, mira en el espejo.
Vi dos figuras exactamente iguales, yo levemente mas alta que ella.
– Parecemos hermanas verdad?
– Definitivamente, fue mi respuesta.
– Bien, toma tu abrigo, que ahora iremos a pasear y tomar algo.
– Que !!!, no de ninguna manera, nunca he salido en público.
– Por eso, la salida en público es la culminación de tu transformación, le mostrarás al mundo tu nuevo ser.
– No puedo, se darán cuenta, será una vergüenza.
– A ver señorita, después de todo el trabajo que me he tomado, no acepto un no por respuesta.
– Es que yo, … , no se, me da miedo.
– Tranquila, estarás conmigo, además, estoy segura que causarás sensación entre los hombres.
– Bueno, pero a un lugar discreto por favor, y si me siento incómoda, prométeme que volveremos.
– Está bien, te lo prometo, aunque estoy segura que no pasará.
Capítulo VII – La Salida en Público
Antes de salir, me alcanza un vaso con agua y una pequeña píldora.
– Ten toma esto.
– Que es, un relajante como el del otro día.
– No es una droga que estamos ensayando en el hospital para ciertos tratamientos, tiene un efecto ligeramente desinhibidor, como si hubieras tomado un poco de alcohol.
Tomé el comprimido que me estaba ofreciendo y ella dice: – Yo también tomaré uno, creo que lo necesitaremos.
Fuimos entonces hasta la cochera, me acerco a nuestro automóvil y al abrir la puerta nuevamente me interrumpe.
– Conduciré yo, tu todavía no lo has hecho con tacones y requiere cierta práctica.
Era evidente que ella dirigiría el espectáculo esta noche, así que simplemente me senté en el asiento del acompañante esperando que todo terminara de la forma mas tranquila posible.
Los sucesos del resto de la noche me demostraron que era evidente que no me cansaba de equivocarme.
Sentada en el asiento del acompañante, me relajé poco a poco, María condujo por varias calles solitarias y poco a poco nos fuimos aproximando a calles mas concurridas, hasta que de pronto, ingresó en el estacionamiento de un conocido Shopping Center (Paseo de Compras) de la ciudad.
– Que estás haciendo?
– Vamos a pasear un poco y mirar vidrieras.
– Te has vuelto loca? Esto está lleno de gente.
– A ver señorita, basta de esa actitud, estás hermosa y quiero que de una vez por todas lo reconozcas.
Sin ningún argumento, bajamos del automóvil y nos dirigimos al ascensor. Tengo que reconocer si que a los nervios propios de la situación, se agregaba la agradable sensación de caminar acompañada por el sonido de mis tacones contra el cemento del piso.
Tomamos el elevador y salimos a la planta principal.
– Ves, si te miran es solo para admirarnos.
En esto tenía razón, detecté un par de miradas de algunos hombres que pasaban y tengo que reconocer que sentí como me recorrían con los ojos, empezando por mis tacones, siguiendo por mi busto y una sonrisa asomando al llegar a mi rostro.
No se si sería el whisky que tomé antes de salir, la medicación que María me había dado o simplemente el hecho que me estaba acostumbrando a la situación, pero poco a poco, comencé a relajarme cada vez mas hasta que finalmente, me desubrí a mi misma devolviendo la sonrisa.
– Estás preciosa hermanita, atraes todas las miradas. Me dijo María.
Jugaríamos entonces el papel de dos hermanas, no tenía ningún inconveniente con ello.
– Gracias hermana, tu también tienes lo tuyo.
A estas alturas ya estaba disfrutando de la situación, mi caminar se hizo mas seguro, erguí la espalda exhibiendo mi nuevo y prominente busto, me paraba junto con mi «hermana» frente a las vidrieras y continuamos con una conversación casual, mi voz también, producto de la práctica, se hizo mas femenina, mas sensual.
– Mira, un bar, vamos a tomar algo.
Porqué no, pensé, será una buena forma de terminar la noche.
Al llegar al bar, este tenía una iluminación suave sobre las mesas, mientras que la barra se encontraba bastante mas iluminada. Me dirigí entonces hacia una de las mesas ubicada en un rincón del salón.
– No, ven aquí, no vas a esconderte.
– Adonde?
– Aquí vamos a sentarnos en la barra.
Ya no tenía energías para discutir y además, me estaba gustando exhibirme, el temor inicial había cedido poco a poco y ahora en realidad, me excitaba sentirme mirada.
– Que van a tomar señoritas? Preguntó el barman.
– Dos margaritas, respondió María.
Al traer los tragos, le pregunté: – Cuanto es?
– Ya está pago, esos dos caballeros se han hecho cargo de la cuenta.
Miré en la dirección que indicaba el barman y vi que en una mesa se encontraban sentados dos hombres de edad madura, quizá unos 45 o cincuenta años, vestidos con traje y corbata formal, que en ese momento levantaron sus copas.
María respondió al saludo y levantó su trago en ademán de brindar.
– Vamos, saluda que te han invitado un trago.
– Estas desvariando, tuviste un ACV? Si los saludamos van a venir.
– Esa es la idea, será tu prueba de fuego. No terminó de decirlo que tomó mi brazo y lo guió para que yo también hiciera el ademán de brindar.
Los dos hombres de la mesa, se levantaron inmediatamente, y con sus copas en la mano se dirigieron hacia nosotras.
– Buenas noches, dijo uno de ellos, con mi amigo Raúl no pudimos dejar de notar que estaban solas.
– Buenas noches, María, un placer, y esta es mi hermana Mariana.
Le dí la mano a al que se había presentado como Raúl, y cuando le dí la mano al otro, este se acercó y dándome un beso en la mejilla me dice: – Ramón, un verdadero placer conocerte.
Donde me había metido, sería solo una salida tranquila y ahora estaba en un bar flirteando con dos hombres, como saldría de la esta situación?
Comenzamos una conversación, ellos nos contaron a que se dedicaban, María hizo lo propio y yo por supuesto, mentí descaradamente.
La charla era agradable, ambos hombres educados y poco a poco, comencé a sentirme cada vez mas segura, tengo que admitir que en este momento estaba excitada, jamás habría pensado en estar en una situación así, seduciendo a dos hombres, mostrándome sensual y sintiéndome admirada.
Luego de un buen rato, uno de ellos, Ramón, dice: – Porqué no vamos a un lugar mas tranquilo, mi departamento está a apenas cinco minutos caminando.
Tenía que buscar una forma de negarme, no me desagradaba estar con Ramón, pero temía que descubriera mi secreto y reaccionara violentamente, en ese momento María dice:
– Vamos al baño a retocar el maquillaje, ya volvemos.
Ya en el baño le digo: – Tenemos que hacer algo.
– Por supuesto, vamos a ir con ellos.
– Estás desvariando? Me descubrirán y vamos a tener problemas.
– A ver señorita, todo esto es por usted, fuiste tú quien quiso que la entrenaran, fuiste tú quien quería ser mujer, bueno ahora es el momento de hacerse cargo.
– Pero que vamos a hacer, no pensarás que vamos a su departamento solo a tomar algo?
– Por supuesto que no, pero ya veremos como lo resolvemos. Ahora vamos.
Salió del baño, fue hasta la barra, tomó del brazo a Raúl y le dice: – Vamos.
La seguí, tomé el brazo que Ramón me ofrecía y partimos los cuatro.
Capítulo VIII – En el Departamento de Ramón
Al llegar noté dos cosas, la primera que el departamento de Ramón era gigantesco, una sala inmensa amueblada con buen gusto, María se sentó en el sofá y cruzó sus piernas, rápidamente la seguí y me senté pegada a ella, con mis piernas cruzadas a nivel de los tobillos, temerosa de lo que pudiera pasar.
Los hombres, ambos con una sonrisa en su rostro, se sentaron Raúl a la derecha de María y Ramón a mi izquierda, al sentarse, casi descuidadamente acarició mi pierna, subiendo levemente mi falda al hacerlo.
No te mentiré, no voy a decir que no quería, que me desagradó, etc., al contrario, fue excitante, percibí que era lo suficientemente atractiva como para que un hombre intentara seducirme, esto hizo que me sintiera mas confiada, mas femenina.
Ramón entonces, comenzó a acariciar mis piernas, el roce de su mano contra mis medias era realmente excitante, luego, con cierta delicadeza tomó mi mano izquierda y la depositó sobre su entrepierna, pude sentir su pene rígido por debajo del pantalón, y en un acto casi inconsciente, comencé a acariciarlo por encima de su ropa.
– Mira como me has puesto, me dice.
– Yo …, yo… quizá, …. fue lo único que pude responder, las palabras no salían de mi boca.
Busqué a María, con la esperanza que me ayudara a salir de esta situación, pero para mi desgracia (o no, no lo sé todavía), vi que Raúl tenía sus pantalones al nivel de los tobillos, su pene erecto estaba libre, y María, para mi sorpresa, lo estaba besando como si no hubiera un mañana.
– Adelante Mariana, no dejes esperando a Ramón me dijo.
Giré para contemplar a mi compañero y me encontré con una situación similar, sus pantalones también estaban al nivel de sus tobillos y el estaba exhibiendo su miembro totalmente erecto.
Tomó mi mano y guiándola me dice: – Acaríciale un poco.
Comencé a masturbarlo, era una sensación extraña el tener el pene de un hombre entre mis manos por primera vez, podía sentir su calor, su textura, casi diría que pulsaba y al mismo tiempo, eran mis manos, perfectamente manicuradas, con uñas largas y de apariencia femenina, quienes lo estaban acariciando.
– Porqué no le das un beso? Como está haciendo tu hermana, le va a gustar.
No podía hacerlo, no sabía como, además, María estaba a mi lado, que pensaría de mí. Estaba cavilando sobre esto cuando de pronto mi esposa me dice:
– Vamos yo te ayudo.
Y mientras me lo dice, siento una mano que me toma por la nuca y comienza a ejercer presión para acercar mi boca a los genitales de Ramón.
No podía hacer nada, si me rebelaba, corría el riesgo de revelar mi secreto, por otra parte, María me estaba incitando a hacerlo, casi te diría que en su voz se percibía su excitación.
Lentamente acerqué mis labios a su pene, comencé entonces a acariciar sus testículos con una de mis manos, rozándolos con mis uñas, tratando de que el momento fuese lo mas erótico posible, extendí mi lengua y lamí su glande, luego descendí por tronco de su pene hasta llegar a sus testículos.
Me estaba dejando llevar por el momento, ya no sentía la mano de mi esposa animándome, de hecho ya no era necesario, entonces cambié de posición, introduce sus testículos por completo en mi boca, mientras con mi mano continuaba masturbándolo.
Luego, volví a envolver su glande con mis labios, abrí mi boca y poco a poco fui tragando su miembro mientras jugaba con mi lengua. En cierto momento tuve una arcada cuando su pene golpeó contra el fondo de mi garganta.
Me retiré un poco, Ramón, siempre educado me preguntó: – Estás bien?
Asentí con mi cabeza, cambié de posición quedando de rodilla a sus pies e intenté tragar nuevamente sus genitales. Poco a poco, cada vez un poco mas hasta que por fin tuve éxito y pude sentir sus testículos golpeando contra mi barbilla.
Percibí que María estaba al lado mío, exactamente en la misma posición, éramos en ese momento, dos hermanas mamando a dos hombres, aceleramos el ritmo y comenzamos a aspirar buscando provocarles el orgasmo.
Cuando finalmente llegó, fue casi simultáneo, nuestras bocas se llenaron de semen, María entonces se retiró, me tomó otra vez por la nuca y comenzó a besarme, nuestras lenguas se entrelazaban, intercambiando el orgasmo de nuestros amantes. Tengo que confesar además, que su sabor era bastante agradable y que podría acostumbrarme fácilmente a el.
Raúl entonces le comenta a su amigo: – Mira Ramón, como se besan las hermanas, me excita lo perversas que son.
María interrumpe el beso y me dice: – Vamos a arreglarnos el maquillaje.
Otra vez al baño, retocamos por supuesto nuestro maquillaje y le pregunto:
– Y ahora, que hacemos?
– Ahora nos vamos, diré que estás indispuesta o algo así.
Salimos a la sala donde nuestros amantes nos estaban esperando, por supuesto, con toda la intención de continuar con la actividad.
– Discúlpeme caballeros, pero debemos retirarnos, mi hermana está indispuesta en este momento.
No le dió oportunidad de responder o reaccionar, abrió la puerta y salimos rumbo al ascensor, luego a nuestro automóvil y rumbo a casa.
Capítulo IX – De regreso en casa
Subimos al automóvil y camino a casa no pude contenerme mas y le pregunté a María:
– Que fue eso?
– Que fue que?
– Prácticamente me obligaste a mamar la verga a Ramón, te parece poco?
– No te hagas la indignada que se bien que te gustó.
– Bueno, si, … tienes razón, pero nunca hablamos de eso y jamás pensé que pasaría algo así cuando dijiste hoy de salir a tomar algo.
– Eso es cierto, yo solo pretendía salir, pasear mirando vidrieras y luego tomar algo.
– Y entonces?
– No sé, sería fácil atribuirlo a la droga que derribó nuestras inhibiciones, o al alcohol, pero hay algo mas.
– Que fue?
– Ya sabes que al verte así me excité mucho, luego al ver como te desenvolvías, te veía cada vez mas femenina y paralelamente, me excitaba cada vez mas.
– Yo también, reconozco que poco a poco me gustaba cada vez mas jugar el papel de seductora.
– La cuestión es, cuando estábamos en el departamento, vi como seducías a Ramón y directamente enloquecí, te imaginaba besando su pene y no pude contenerme. No digas que no te gustó.
– La verdad sí, me encantó, y luego lo que hiciste fue perverso y asqueroso.
– Besarnos?
– Perverso, asqueroso y excitante, creí que tendría un orgasmo ahí mismo, con el dispositivo puesto.
En ese momento, comenzó a reír y dijo: – Hubiera sido fantástico.
– Ahora sin embargo tengo una duda, sigues enamorada de mi, o acaso ahora me ves solo como una mariquita?
– Al contrario, estoy mas enamorada que nunca, ahora sé que mi marido tiene un lado femenino, que no tiene miedo de mostrarlo y puedo compartir con el muchas mas cosas, además, me encanta tener una hermana tan perversa como yo.
En ese momento llegamos a casa, María estacionó en la cochera y fuimos al dormitorio matrimonial.
– Quítate el vestido.
Seguí sus instrucciones y ella tomó la llave que pendía de su cuello, retirando por fin el dispositivo de castidad.
– Quédate así, ya vuelvo.
Me recosté en la cama, aguardando su llegada mientras repasaba los sucesos de la noche, sentir un pene por primera vez en mi boca, acariciar unos testículos con mis uñas largas, besarme con María intercambiando semen.
Mientras mi mente divagaba comencé a acariciar mis propios genitales, maravillado al ver como esas manos tan femeninas acariciaban mi pene, sintiendo las uñas rozar mis testículos, rogando por fin tener un orgasmo.
Estaba entretenida en esta tarea cuando regresó mi esposa, si recuerdas, ella estábamos vestidas exactamente igual, ahora la similitud era mayor todavía ya que tenía un arnés con un strapon de generosas dimensiones.
– Que bonito, empezaste sola sin esperarme.
– Que es eso?
– No te gusta?
– Me da miedo, que es lo que piensas hacer?
– Pienso no, te voy a hacer mujer por fin.
Mientras manteníamos esta conversación se fue acercando, me ofreció su pene artificial mientras decía:
– Vamos, dale un beso, imagina que es el de Ramón.
Yo a estas alturas, estaba sentada en el borde de la cama, con ella de pié frente mío, parada entre mis piernas, tomó mi cabeza por la nuca y ejerció presión.
– Vamos, no seas tímida.
Comencé a besar su pene, recorriendo con mi lengua el glande artificial, acariciando también los testículos de látex (eran extremadamente realistas) y finalmente, ante su insistencia, comencé a tragarlo entero (por fortuna ya había adquirido cierta destreza gracias a Ramón).
Estuvimos un tiempo así, hasta que en determinado momento, me indica que me posicione de cuatro en el borde de la cama.
No sin cierto temor, obedecí mientras ella colocaba un preservativo en el pene artificial y luego procedía a lubricarlo.
Sentí como la punta ejercía presión en la entrada de mi ano. – Despacio por favor.
Se inclinó de forma tal que sus pechos rozaron mi espalda, entonces me dice, susurrando en mi oído:
– Tranquila, te va a gustar, ten aspira un poco de esto.
Mientras me lo decía, puso frente a mi nariz un pequeño recipiente de vidrio con un aroma intenso (luego supe que eran los famosos poppers), inmediatamente sentí como una ola de calor recorría mi cuerpo, la excitación aumentó aún mas, perdí todas las inhibiciones y el pene de mi esposa penetró un poco mas dentro mío.
– Otra vez preciosa, aspira un poco más.
Esta vez, aspiré un poco mas profundamente y las sensaciones se intensificaron, sentí como lentamente mi esposa me penetraba por completo y los testículos artificiales chocaban contra mis muslos.
– Ves, no fue tan complicado.
– Mas, por favor, sigue. Fue la única respuesta que pude darle.
Comenzó entonces a cabalgarme con estocadas profundas, luego me pidió que me diera vuelta ya que quería ver mi rostro en el momento del orgasmo.
Quedé entonces recostada sobre mi espalda, mis piernas extendidas y apoyadas sobre sus hombros, ella penetrándome cada vez mas profundo, sentía sus estocadas y literalmente gemía de placer.
– Un poco mas mi putita. Me dijo mientras me ofrecía el frasco para que aspirara nuevamente.
Otra vez la ola de calor recorrió mi cuerpo, mi excitación alcanzó su clímax y yo también, eyaculando copiosamente sobre el corsé.
María recogió mi orgasmo con una de sus manos, lo lamió y luego me dice: – Bésame.
No pude negarme, con ella aún dentro mío, se recostó sobre mí, su busto natural sobre el mío, nuestras lenguas entrelazadas intercambiando mi propio orgasmo.
Epílogo
Pensarás que aquí termina la historia? En realidad no, este fue solo el comienzo, si bien las mañanas siguen siendo exactamente iguales, nos levantamos, tomamos el desayuno, ella va a su trabajo en el hospital mientras que yo preparo informes y mantengo videoconferencias.
Las cosas han cambiado radicalmente por las tardes. Aproximadamente a las 14:00 cuando termino mis tareas me transformo en mi alter ego femenino, la cuestión es que he descubierto que también podría haber sido una excelente actriz y me encanta encarnar distintos papeles.
De esta forma, cuando María llega a casa, no tiene idea de quien se encontrará, algunos días puede ser Mariana, su amante lesbiana, en otras oportunidades he sido una mucama francesa, sumisa y obediente.
También he sido una enfermera compañera de trabajo, una alumna que necesita clases de apoyo, una gobernanta inglesa estricta. Hoy, aprovechando que no tengo puesto el dispositivo de castidad, he decidido que seré una Dómina Fetichista, María se llevará una sorpresa cuando llegue y la someta a mis caprichos.
Si hay algo que ha permanecido constante, la salida de las hermanas de los viernes, podría contarte todas las aventuras que hemos vivido, pero mejor dejarlo para otro relato.
Espero les haya gustado esta historia y como siempre, espero ansiosa sus comentarios y opiniones.