Doña Viky MILF VII: Seduciendo jovencitos
Saludos de nuevo soy Viky espero y sigan disfrutando de mis relatos
Relatos eróticos sobre señor
Saludos de nuevo soy Viky espero y sigan disfrutando de mis relatos
Mi señor me ha vuelto a pedir que escriba otro relato, en el anterior ya os conté que me he comprado casa, y la verdad que estoy deseando poder estrenarla
La última vez que quedé con mi señor, me expuso como nunca antes lo había hecho
Una tarde de verano mi señor y yo estábamos en una playa abarrotada de gente, tenia puesto un bikini que por supuesto, mi señor había elegido con anterioridad
Mi señor me ha pedido que escriba sobre cuanto me gusta que él adorne mi culo
Para que veais que esto es una historia real, aquí os muestro una de las tantas conversaciones que tenemos mi señor y yo. Para ser exactos esta conversación la tuvimos mientras yo viajaba en tren,
Mi señor me ha pedido que escriba sobre lo que me gusta chupársela, sobre cómo me gusta que me folle el culo.
Tras un tiempo sin vernos, mi señor y yo por fin hemos quedado para pasar un día los dos solos dentro de una cama de un hotel.
Tras un año con mi educación finalizada, por un momento volví a ser sumisa con mi señor, aunque fuese una sumisión a distancia, por un momento todo pareció ser como antes.
Entramos en la habitación mi señor y yo, me mandó desnudarme
Mi señor me mandó ponerme de rodillas en el suelo, él se sentó en el borde de la cama.
Todo lo que escribo esta revisado y corregido por mi señor.
Mi señor me mandó desnudarme me levanté de la cama y empecé a desnudarme pero como siempre....
Capítulo 1: Inicio esta cuenta por orden de mi señor, quien me domina. Los hechos descritos son 100% reales.
Relato de Mi esclava cris,que habla sobre lo que es la sumision
Esperaba sentada en la estación de tren, con el libro recién comprado y apenas leído, para poder ser correctamente identificada por su señor, llevaba puesta una falda plisada de tenis, a la altura de las rodillas, un polo azul ajustado, bragas y sostén negros.
El metro de México D.F. no iba tan lleno cuando nos subimos pero en la siguiente estación subió demasiada gente que quedamos todos muy juntos.
—¡Ay! papito … ¿cómo lo haces? … mis piernas me tiemblan con escalofríos y mi chochito no deja de palpitar … quisiera que nunca se acabaran estas sensaciones … me acostumbras mal … no hago más que pensar en ti y a como me haces sentir, papito rico … me haces feliz …
Cuando me le acerque, aceptó servirse un trozo de torta y un vaso de bebida que le ofrecí. Nos acercamos una mesa instalada en una sala en que se reunían a ver televisión. Cerca había otras mesas y estaban al principio desocupadas pero después mientras conversaba con él fueron siendo ocupadas por otras compañeras que reían tanto con abuelitas o abuelitos que no eran muchos puesto que la mayoría de los de ese hogar eran damas incluidas las que los atendían.
SeaLord le ofreció trabajo y cobijo, le enseñó, pacientemente, un idioma del que no conocía más allá de diez o doce palabras y le mostró un mundo insospechado de perversión y de placer. Aquel era un lugar extraño, gobernado por un ser extraño, donde ocurrían cosas extrañas.